56. Final, segunda parte.

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El inglés. (De los ingleses).

Gracias a la palabra “reverencia” en inglés “bow” y que aquí tanto se utiliza, he aprendido una de esas rarezas de este idioma de pronunciar una palabra de forma diferente en función de su significado. Pues cuando es “bow” de barco, o sea “proa”, o de “reverencia” se pronuncia de una forma distinta de cuando es “bow” de “arco” de flechas o de música.

Y te lo advierto para que evites las confusiones. Claro, que no sé como hacerlo.

El inglés. (Mío).

En Sapporo busqué un restaurante recomendado por la guía que estaba en la “Ramen Alley”. “Ramen” es la sopa típica china que se come por doquier pero “Alley” yo creía que era por lo menos “Avenida”. Es un nombre que implica, para mí, una cierta distinción así que no solo era “avenida”, que eso es “avenue”, sino que debía ser una “avenida muy cuidada y con árboles en el centro” como los bulevares. Y por eso en el primer intento no daba con ella.

Decepción: “alley” es callejón. Que es como era el de Sapporo.

Y los últimos recuerdos para mi amiga Almudena a quien no podé volver a preguntarle más palabras en inglés. La primera recuerdo que fue “statins” y una de las últimas sobre los calamares y las sepias. Se reía tanto…

El inglés. (De los otros).

Esta vez no es el mío.

En este viaje he estado en varios hoteles de la misma cadena donde no solían utilizar el inglés.

Debajo de la cama de esos hoteles había una caja de cartón, del tamaño de una de 12 botellas de vino. Vacía.

Pregunté en la recepción para qué era la dichosa caja. No logré enterarme para qué servía aunque sí me dijeron que era propiedad del hotel. Extraña propiedad.

Así ocurrió la primera y segunda vez en que vi la caja vacía, o sea lo que para mí se había transformado en la “empty box”. Seguí preguntando en cada hotel hasta que en Sapporo, casi al final del viaje, logré enterarme que lo que había en la caja era un humidificador que los clientes utilizaban o no según les interesaba.

Pero la tercera vez que vi la caja, antes de saber lo de Sapporo,  no comprobé si estaba vacía o no, pero puesto que no había humidificador en la habitación deduzco ahora que estaba llena así que cuando preguntaba por la “caja vacía” en la recepción pensaban que era un imbécil.

Yo iba con el problema sin solución de la caja en mi mente y antes de subir a la habitación al llegar al de Hakodate pregunto a la recepcionista que era muy amable por la dichosa caja.  No había manera de que me entendiera.  Y eso que la frase era muy sencilla: “cama-debajo-caja-vacía”.  Conocía la palabra “cama” y le dibujé una caja debajo. Así que entendió “caja debajo cama”. Sacó un diccionario de inglés-japonés y le ayudé a buscar “vacío”.   Y seguía sin entenderme. Yo pensaba que me había entendido lo de “caja” pero resulta que no era así y quizás la construcción se quedo en que “debajo de la cama estaba vacía”.  Y debía pensar, a pesar de lo amable que fue, que yo estaba atontado y que  qué quería que hubiese debajo de la cama.

Al final le sonreí y le di las gracias como si me hubiese sacado de todas las dudas.

Luego comprobé que a diferencia de los otros en ese hotel debajo de la cama no había nada. O sea que sí estaba vacío debajo de la cama pero la pobre chica debía pensar que yo tenía una especie de manía persecutoria pero al revés y que estaba preocupado porque no había nada ni nadie debajo de la cama.

Así que no se trata de saber o no inglés: es que si preguntas una tontería sin sentido no hay traducción posible.

Sobre la tecnología japonesa.

El año pasado escribí sobre la sorpresa que me produjeron las tazas eléctricas de los retretes japoneses. (¡Qué pena que esta palabra haya caído en desuso!).

Pero me siguen maravillando.

Normalmente el botonaje está en la tapa pero en un museo el “cuadro de mandos” estaba en la pared. Creo que por lo complicado que era pues no había espacio para ponerlo en la tapa.  De esta manera el personal podía leer las instrucciones mientras obraba. (Esta acepción de “obrar” también ha caído en desuso aunque el DRAE la sigue poniendo en su quinta acepción. Curiosamente yo recuerdo la última vez que la oí pronunciar y quien la utilizó).

Pues podría leerlo siempre que, obviamente, supiese japonés. Pero seguía habiendo misterios en su funcionamiento pues solo está en marcha cuando te sientas encima y en esa posición es difícil investigar. Así que en un hotel “engañé” al artefacto simulando el peso de mi cuerpo. Pulsé uno de los botones y salió un brazo articulado lentamente que me recordó al monstruo de “Alien” y tan fascinado estaba en su visión que por poco me lava la cara en lugar del culo. ¡Vaya susto! Y encima como se supone que el chorro encuentra un impedimento en su camino sale con bastante fuerza y al apartar mi cara de la trayectoria se llenó el suelo de agua.

He decidido dejar otros misterios sin resolver para mi próximo viaje.

A propósito de un sastre.

A importantes políticos valencianos “presuntamente” les regalaban trajes. A mí nunca me han regalado ninguno. Ni siquiera un chándal. Y me temo que hasta el sudario me lo tendré que comprar.

Morir… ¿a qué edad?

Cuando estuve en Takayama vi en el templo Hida Kokubun-Ji un gingko del que decía un letrero que tenía 1200 años. Y me acordé de un cuento zen que leí que se titulaba así “Morir… ¿a qué edad?” (“Mourir à quel âge?” de Henri Brunel).

Es la historia de un poeta japonés del siglo XVIII, Ryokan, que era famoso por su sabiduría y por una ceremonia que realizaba, kito, que servía para conseguir deseos.

Una vez se le presentó un distinguido monje de 80 años que le pidió que hiciese un “kito” para que vivir hasta los cien.  Y el sabio le dijo: “Si has venido de tan lejos ¿por qué contentarte con cien años?”. Así que se lo pensó y le pidió 150. Ryokan volvió a hacerle una reflexión parecida a la anterior y el monje subió a 300 años. “Pero las tortugas viven 1000 años ¿por qué sólo 300 años?” “Pues mil”. Y así al final le pide un kito para ser inmortal.

El monje se queda a vivir con el poeta en la cabaña de éste. Realizaban todas las tareas del día juntos, comían juntos y “se reían viendo el vuelo de un torpe arrendajo”. Pasaron juntos un invierno, una primavera y un verano. Una tarde al final de éste le dijo Ryokan al monje que se preparase para hacer la ceremonia que le haría inmortal. El monje le contestó que ya no entendía por qué le había pedido ese deseo.

Y acababa el cuento: “Lo finito es lo infinito, y lo infinito es lo finito. El presente es la eternidad”.

Y si leéis francés lo tenéis en este enlace con posibilidad de oírlo. Os lo recomiendo en esta última forma. Es precioso.

(Para que no todo sea tan perfecto hay dos pequeños errores: en el texto del enlace repiten un par de párrafos fuera de su sitio y en el sonoro la voz del octogenario monje no tiene más de 17 años).

Pensamiento desde Takayama.

Eficacia rezadora.

En algunos templos hay unas grandes banderolas colocadas verticalmente que son muy bonitas. Yo pensaba que serían jaculatorias tipo de “Sagrado Corazón de Jesús en vos confío” que era una clásica de nuestra infancia o algo semejante referida a la gloria o misericordia del dios de lugar. Pues no, es algo mucho más prosaico pero también eficaz. Porque cuando alguien se dirige a un ser divino es para pedirle algo aunque utilice fórmulas de compromiso para empezar tipo “Eres el más grande y el más poderoso,…, por favor arréglame lo de la hipoteca”.

Aquí no, aquí van directamente al grano. Las banderolas dicen: “la seguridad de la familia” o “la prosperidad de los negocios”.

Ni siquiera un verbo. Que el ser celestial ya lo entiende.

No deja de sorprenderme este país y sus gentes.

Jinja nobori

 

Fotos.

Como en otros viajes una selección de fotos de este viaje está en Flickr. Las he escogido, como siempre, en función de los sitios de los que he escrito y pretendiendo que sean más complementos de las crónicas que fotos bonitas por sí mismas. Estarán organizadas en carpetas según las ciudades que he visitado. Para acceder a ellas pulsad en el párrafo.

De esta manera se va directamente a las carpetas. Una vez allí se selecciona la carpeta que se quiere ver y lo más cómodo es pinchar en “view as slideshow”. Cada foto tiene su descripción que se ve al poner el puntero del ratón encima de ellas.
También se puede acceder tecleando http://www.flickr.com/photos/elangel/
De esta manera salen las carpetas pero también todas las fotos. Al pinchar en “sets”, salen todas las fotos desde el 2005 agrupadas por lugares o temas. Espero que os gusten.

ESE en Japón.

Los lectores habituales de ESE ya sabéis lo que le gusta al editor los palíndromos. He aquí un homenaje al editor. Palíndromo en japonés se llama “kaibun”. Ha sido una sorpresa para mí descubrir que en japonés también existen. Aquí tenéis un ejemplo de “kaibun”. Ni idea de cómo se acentúa.

“Las flores perfuman el aire.

En el canto alegre de un pájaro

resuena la verdad”.

Ka ya biraki

nori toku tori no

kirabiyaka

Y además de un palíndromo silábico es un haiku, del siglo XVIII.

Final.

A media luz

Mi viaje a Birmania lo acabé con una frase de mi nieto mayor, de 4 años.

Permitidme que lo acabe con otra no menos críptica que aquella y también de él.

No volveré a cerrar un final de viaje con una frase de mi nieto, a no ser que siga diciendo cosas tan sorprendentes.

Le ha dicho a Marisa que quiere que yo le traiga de Japón un tigre muerto y una jirafa enfadada.

¡No me podía haber pedido nada más difícil!

Si por lo menos hubiese sido al revés…

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