43. Nagoya, día 1, primera parte.

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Hoy en el desayuno del hotel veo sentada a una chica muy guapa. A mí me lo parece pero ¿lo será también para los japoneses?  En la mesa de al lado hay dos “manchurianas”, para mí muy poco favorecidas ¿y para los japoneses?  También hay un occidental grandote de unos 35 años con una muñequita oriental, seguramente del sudeste asiático o de Filipinas. Si los hubiese visto en Tailandia me parecerían un ligue de vacaciones pero aquí deben ser una pareja estable.

Y ya en Nagoya lo primero es ir a recabar información a la oficina de turismo que está en la estación pues los dos días anteriores como he llegado un poco tarde ya estaba cerrada. Al salir del hotel me encuentro con el bar España que a estas horas está cerrado.

Después del vendaval.

Hoy hace un día primaveral pero con bastante viento. Muchas bicicletas están tiradas por el suelo. Cerca de la estación hay un aparcamiento en la calle para bicicletas. La diferencia es que es de pago.  Ponen la rueda delantera encima de un sujeta-ruedas y se cierra el mecanismo. Cuando van a recogerla pagan el aparcamiento en una máquina y se les abre el cierre.  Lo único que he leído del precio es que son 100¥ por 24 horas. Más tarde he visto letreros de prohibido aparcar bicicletas y amenazas de que se las llevarán pero el personal no hace caso. Y me sorprende dado lo disciplinados que son.

Como cuando llego a la estación es más tarde que ayer no encuentro las riadas de “trabajadores-disfrazados-de- ejecutivos” de ayer. Hoy son gente más joven, bastantes estudiantes y chicas con gabardinas.

Dentro del edificio de la estación hay una especie de pastelería donde dos reposteros están trabajando de cara al público separados del exterior por un vidrio.  Uno corta de un enorme cilindro de algo que parece bizcocho unas “ruedas” de unos 15 centímetros de diámetro y el otro los envuelve en unas cajitas. Pues está cerrado al público pero ya hay una cola considerable esperando la apertura. Y esos bizcochos o son de ayer o se han pegado un madrugón fenomenal para hacerlos.Estación de ferrocarril. JR Nagoya.

Veo las entradas a los andenes y me siento como desnudo pues es el primer día de mi estancia japonesa sin pase de ferrocarril. Y me dan ganas de entrar como he hecho casi todos los días para coger un nuevo tren.

En la oficina de turismo me atiende una señora mayor. Me da los planos consiguientes, me explica particularidades del transporte en la ciudad y paso al “¿le importaría que le hiciese un par de preguntas?”. (Acabarán poniendo mi foto en las oficinas de turismo como hacen aquí con los malhechores en las comisarías).

Le explico lo de la “high alert” de Tokio de ayer. Y no me entiende. Se lo escribo. Y no conoce la palabra. Se lo vuelvo a explicar. Ni por esas. Como ve que no me rindo al final acude al diccionario. Pues es porque yo decía “alert” marcando mucho la “erre” y según ella la palabra se pronuncia “alat”. Pero tampoco lo sabía.

Luego le he preguntado lo de la señorita azafata del tren que señala el techo o el cielo al final del vagón. Tampoco se había fijado nunca pero me dice, para contentarme, que la próxima vez que coja el shinkansen que se fijará.  Hemos quedado amigos aunque me hubiese gustado poder decirle en japonés “a buenas horas mangas verdes”.

Al salir echo una ojeada a los edificios de la plaza de la estación.  Han construido una terraza, ahora llena de flores, y es un mirador estupendo.  Algunas de las construcciones son increíbles.  Luego en el camino paso al lado de la “Lucent Tower” y creo que es uno de los edificios más espectaculares que he visto.

“Lucent Tower” .

Mi primera visita turística en esta ciudad es el museo Toyota.  Su nombre  oficial es “Commemorative Museum of Industry and technology”.  Está situado donde estuvo la primera fábrica de Toyota. Lo primero que sorprende es la tranquilidad y la amplitud de la entrada. Quizás en un fin de semana o si coincides con una visita escolar esto sea un follón pero hoy era un paraíso. Y lo segundo es que viniendo a ver un museo del primer fabricante mundial de automóviles lo que ves son…máquinas textiles. Y es que Toyota fue creada por el señor Sakichi Toyoda que fue el inventor del telar automático. Y más tarde su hijo Kiichiro Toyoda fue el que siguió con el negocio de los telares pero empezó con los coches.

El primer artefacto que ves es el “telar circular” que “simboliza” (¿) el espíritu de este museo: “El espíritu de ser estudioso y creativo” y “la importancia de hacer cosas”.  Y estos dos lemas fueron los que siguió toda su vida el fundador y luego su hijo.

Es un aparato notable que hacen funcionar a horas determinadas pero decido no esperar tanto.

Todo comenzó en 1911 cuando el señor Toyoda, padre, creó una planta para fabricar telares automáticos. La filosofía del Sr. Toyoda era que ningún invento debería ser lanzado al mercado a menos que se hubiese probado totalmente antes.  Y esa filosofía que yo conocí en el ámbito de la informática ahora suena a filosofía empresarial medieval. Si no, ¿por qué los continuos parches de Microsoft para sus productos? Claro que no se les llama “parches” sino actualizaciones que suena mejor. Si el Sr. Toyoda levantase la cabeza…

Es un museo de tecnología muy interesante y con muchas demostraciones. Lo que pasa es que si vas solo y no sabes japonés…Algunas azafatas que te explican algo sacan, las pobres, unas cartulinas plastificadas con media docena de líneas en inglés. Hasta hay una que te enseña como se hila el algodón.

Museo Toyota. Hilando a mano.

Coincido varias veces con un señor con sus dos hijos pequeños y entonces algún empleado les pone la maquinaria en marcha y les explica el funcionamiento. Es un museo muy didáctico.

Y acabas con el telar y empiezas con el coche. Y entre una y otro, no sé porqué hay un par de hélices de madera muy bonitas. Entonces me he acordado de un antiguo compañero de trabajo, que era una bellísima persona, demasiado bueno para el ambiente de tiburones donde se movía, cuya mayor afición era hacer hélices de madera.   No recuerdo con qué motivo pero las construía y eran una maravilla. ¡Curiosa afición!

En la parte automovilística explican desde el origen de la producción con la fundición y forjado de las piezas. Hay un operario que me explica en japonés el funcionamiento de una prensa pero creo que él piensa que lo dice en inglés. Coje un cilindro de unos 4 centímetros de largo y uno de diámetro lo pone al rojo vivo y luego lo mete en la prensa enorme de donde saca una pieza para el coche. Como ha sido tan amable y estábamos él y yo solos he intentado explicarle que mi abuelo fue forjador pero manual. Creo que no me ha entendido pero cuando me iba me ha llamado y me ha regalado la pieza que acababa de hacer.

Museo Toyota.

Y como aquí les gusta clasificarlo todo, en el año 2001 la colección del Museo Toyota fue declarada “Systematical inventory and research of historical material relating to science and technology in pre-modern    Japan”. (Lo pongo en inglés    porque me mareo al traducirlo). Y después dicen muy sabiamente: “Abreviado como ‘Inventos del periodo Edo’”. Y yo me pregunto si es una clasificación de los bienes de todo tipo del país o van dando, Mimamoto y   Yamasako,  un nombre diferente a cada cosa que se les pone por delante.  Porque lo lógico es la clasificación pero ¿cuántos más “Systematical inventory and research…”  hay en este país?. Y además en “pre-modern    Japan”.

Y acaba el museo con una parte de inventos muy apropiada para ir con niños.

Y bonitos pasillos y un sitio agradable donde descansar.

Un gusto de lugar.

Para finalizar tienes una exposición de piezas propiedad de Toyota que no tienen nada que ver con el resto y que aunque es solo una habitación es algo que merece realmente la pena. Hay unos incensarios que se utilizaban para medir el tiempo sin ningún patrón conocido pero que a los monjes que lo usaban les servía: haces una “serpiente” con incienso y la enciendes. Según en qué porción esté la brasa   sabrás cuanto tiempo ha pasado. Así el patrón sería “media serpiente”, “casi toda”,…Y dependería de la longitud y del tipo de incienso, pues cada uno tiene una velocidad de quemarse diferente. Muy curioso. Y más todavía una colección de relojes   o mejor de aparatos para medir el tiempo que se llamaban “wadokei” y que se utilizaron durante le periodo Edo (1630-1867). Se dividía entre seis intervalos para el día y otros seis para la noche.  Los intervalos eran iguales dentro de cada grupo pero la longitud, o sea la duración de esa “hora” dependía de la época del año y se conseguía mediante ajustes en el mecanismo.

Para acabar hay un par de autómatas increíbles.

Al salir coincido con dos parejas de occidentales mayores que van con unos japoneses. Uno de los occidentales, de unos 70 años, les hace una fotografía a los porteros. Nada espectaculares: uniforme azul con gorra de conserje.  Posan encantados y luego el fotógrafo les enseña la foto tomada en el visor de la cámara. Me sorprende mucho pues eso se puede hacer con poblaciones que no conocen la fotografía digital y les hace gracia verse así retratados, pero en Japón…