Los restaurantes alrededor de la estación de autobuses de Indore que ayer estaban a rebosar hoy a la hora del desayuno los están limpiando y no admiten clientes todavía así que va a ser un problema hacerlo aquí a no ser que me coma alguna fritanga o algún platillo de lentejas. No ha habido manera de conseguir una tortilla. Y si esto es en Indore me imagino que en Ujjain será peor pues es más sagrada y no digamos en Haridwar.
Al fin me decido por tomarme un té en un restaurantillo. Enfrente de mí hay un joven comiendo una fritanga. Como te las envuelven en papel de periódico aprovecha para leer el envoltorio.
Voy a coger el bus para Ujjain y me quieren “captar” para uno que está totalmente vacío. Casi lo cojo, pero es que cuando no hay nadie me hace sospechar. Y era un autobús viejo y maltrecho y el que cogí finalmente era bastante nuevo. ¿Por qué no habrá autobuses nuevos en este país? Porque no es que sean antiguos, es que son muy, muy viejos. Sin embargo atravesando Indore para salir a la carretera veo varios autobuses urbanos casi nuevos. Es la primera vez en la India. Y es que ahora, después del accidente, me fijo más en los vehículos y me percato de la gran cantidad de ellos que tienen la parte derecha, la del conductor, laminada. Y más todavía son los que tienen algún desperfecto en la parte derecha del frontal.
En muchas paredes veo un gran letrero de publicidad: “LUX VENUS”.

Son unos calzoncillos. Imagino que el publicista no sabía latín y querría decir “Luz de Venus” entendiendo “Venus” como “amor” o la “diosa del amor”. Porque referirse al planeta ya me parecería excesivo. De todas maneras no sé si se pasó con el nombre por el lado poético o el erótico, pero vista la publicidad me he quedado con las ganas de comprarme unos para mí.

En Ujjain la guía recomienda dos hoteles, uno de ellos el del turismo de M.P.
Al llegar pregunto en la estación de autobuses para ir allí andando pues según el mapa está a una “walking distance”. Me dicen que está muy lejos y que coja un rickshaw. Como el hotel está muy cerca de la estación de ferrocarril les pregunto como ir hasta ella y me dicen que el hotel está a dos minutos. Nunca te puedes fiar de la primera información.
El hotel es estupendo. El mejor del recorrido y uno de los mejores que he estado en la India. Más caro de lo presupuestado pero creo que me lo merezco después del de Indore. Además esta ciudad será el punto final de la primera parte del viaje y además hoy es exactamente la mitad del viaje, el día 15 de los 30 previstos.
Ujjain.
Escribo este borrador en el tren que me lleva de Ujjain a Haridwar. Enfrente tengo a un joven brahmán y le pregunto cuáles son las siete ciudades sagradas de la India. Sólo le salen seis. Al pobre le he dejado un poco pillado. Al cabo del rato me dice la séptima.
Esta ciudad es una de las siete sagradas junto con Haridwar, Ayodhya, Benarés, Mathura, Dwarka, y Kanchipuram. (Esto de “las siete ciudades sagradas” es difícil de determinar pues hay quien incluye a Puri, Rameswaran y Allahbad y encima alguna vez se refieren a ellas con sus nombres en sánscrito).
Tiene medio millón de habitantes pero ni una sola oficina bancaria donde cambiar moneda extranjera. Imagínate tu ciudad española favorita de ese tamaño y que no cambien. La verdad es que con el euro ya no hace tanta falta pero es sorprendente.
La guía dice que sin lugar a dudas una energía late a través de los templos quizás por su importancia en el mundo hindú o porque el trópico de Cáncer pasa a través de Ujjain. Y eso que se supone que está escrita por anglosajones racionalistas.
Es una ciudad con una antigua historia detrás de ella. Incluso fue capital de un reino en el siglo IV a.C. Y así paso de unas manos a otras hasta que los Scindias movieron la capital desde Gwalior aquí a comienzos del siglo XIX. Luego llegaron los británicos y hasta ahora.
Y el hecho de que sea una de las ciudades sagradas hace que aquí acudan muchos peregrinos y también muchos shadús.
Además es famosa porque es una de las cuatro ciudades sede del Kumbha Mela durante el cual acuden millones a bañarse al río Shipra. Como ocurre cada 12 años el próximo será el 2016. Miedo me daría venir aquí entonces pero seguro que los grandes fotógrafos y reporteros de viajes ya tendrán una habitación reservada para entonces porque debe ser sobrecogedor.
Pregunto en el hotel para ir al templo más importante y me dicen que desde allí organizan un tour con un autobusillo y que aunque sale del hotel el punto de partida oficial es desde ese templo y que puedo ir con ellos hasta allí. Porque, como en Pachmarhi, la oficina oficial de turismo organiza ese recorrido pero solo si hay más de 8 clientes. Pues para una ciudad con tantísimos peregrinos hindúes parece una nimiedad pero el chófer no logra captar más que a dos parejas, así que somos cinco y se suspende el tour. Y yo me quedo a ver el templo.

Mahakaleshwar desde el punto de vista monumental no es espectacular, más bien normalito, pero antes de entrar ya te encuentras toda la fauna de los templos de peregrinación y en éste más pues es de los importantes. Vendedores de ofrendas, mendigos, shadús, vividores,…

Y como en los días de peregrinación fuerte esto debe ser una locura tienen montado una serie de pasillos metálicos sin fin para que no se desborde la cola. Bajas a un subterráneo y allí te encuentras a uno de los doce lingas más famosos de la India., lo que se conoce como los “Siva Jyotirlingas”.

En el recorrido hay una bonita estatua de una vaca o quizás sea el toro Nandi. La gente se agacha y le habla a la oreja. No sé si es para pedirle algo o para confesarse de lo malo que han hecho. Si hubiese sabido que era para pedir lo hubiera aprovechado. Por ejemplo algo que deseo mucho para mi hijo y otra cosa para mi hija. O por lo menos que se arreglase lo de las acciones del Santander. Pero ante la duda me abstuve.

Si era para confesarse me pareció un gran hallazgo: menos personal que los curas católicos pero con el mismo resultado. “Mira Nandi, que me acuso de que le he querido romper las piernas a mi jefe pero no tenía los cinco mil euros que me costaba un sicario albanés”. Y resuelto. Y además no te dicen lo de “reza tres credos y un yo pecador”. Pero igual de eficaz.
Delante del linga sagrado la gente se vuelve loca rezando y con las ofrendas pero, insisto, en las grandes peregrinaciones debe ser espantoso pues es una cámara subterránea pequeñita. Un poco angustiosa. Luego en el exterior hay una placita con diferentes capillitas donde los fieles siguen haciendo ofrendas. Y te encuentras un cajero automático con un puesto de guirnaldas al lado. Un gran contraste.

En uno de los puestos, pero de los que tienen un dios, la gente se acerca para que les pongan un cordel atado a la muñeca. Y es que al hindú le encanta que le reconozcan como tal y que sepan que viene de rezar. Siempre con el puntito rojo cuando visitan un templo y aquí además con el cordel.
En algunos sitios del patio hay un brahmán sentado con una familia alrededor haciendo uno de esos ritos a los que son tan aficionados.

PD.
Cuando estaba en el autobús de turismo esperando a ver si venían más clientes, uno de los pasajeros, bien arreglado, con aspecto de clase media me pregunta de donde soy: “¿España? En Alemania, claro”.Y me imagino a aquel joven que nos encontramos en un hospital de Bangkok que me dijo que era “vasco, del norte de España”, intentando explicarle a aquel indio donde estaba su pueblo. Yo siempre creía que el nacionalismo se curaba viajando pero visto el empecinamiento de algunos parece que el viaje es más bien un método de proselitismo.
NB. De casualidad descubrí los apellidos de aquel joven. Seguro que en cuanto puede se los cambia pues no tenían ningún pedigrí nacionalista.
10/03/2009 a las 15:09
Ángel, ¿cómo conociste los apellidos del viajero del norte de España? Anda, no seas malo y devuélvele la cartera, al menos con la documentación.
12/03/2009 a las 13:09
Pues como compartimos el hospital por error me dieron un papel con su nombre y apellidos y eran cualquier cosa menos vascuences. Creo que guardo el papelito. Si lo encuentro te los diré.