Ese concepto, el de “colonización de nichos” se estudiaba en una asignatura que se llamaba “ecología”. Ahora la “ecología” es una cosa divertida con gente que se dedica a salvar las ballenas, los árboles del Paseo del Prado en Madrid y otras causas nobles. (Y con alguna inconsistencia personal. Tengo un amigo que opina que los ecologistas que conoce gastan mucha más agua caliente que la media de la población).
Cuando yo era un jovencito la ecología era una asignatura que la impartía el único ecólogo que había en el país, el Dr. Margalef , y que gozaba de un gran prestigio entre los alumnos. Como era una asignatura electiva yo asistí en una ocasión a una de sus clases para decidir si la elegía para el próximo curso. Fue una de las clases más mortales que recuerdo de toda mi vida. Se pasó una hora explicando los problemas de la salinidad de los lagos de…no me acuerdo. Y es que no tenía esa aura de cosa moderna y solidaria que tiene hoy que en ese caso no hubiese dudado.
Total que elegí edafología. Pero esa es otra historia.
Y eso me ha venido a la memoria a cuenta de cómo las especies van ocupando los nichos que encuentran en la naturaleza. Por ejemplo en Omkareshwar.

Primero va algún occidental y ve lo interesante que es aquello. Sólo se enteran sus amigos y sólo alguno de ellos quizás vaya también.
Más tarde va alguno de una guía de viajes, ve que es interesante y lo publica.
Después vamos la tercera generación: los que hemos leído esa referencia y aunque sólo le dedica unas líneas creemos que puede merecer la pena. Y ahora, en ese punto, es el momento actual.
Omkareshwar y otros muchos sitios como él están sin “colonizar”. Va tan poca gente y tan desperdigada que es como si no fuese nadie. Te puedes encontrar a alguien pero también puedes estar solo.
La cuarta oleada ya cambia el signo: uno que ha sido un viajero solitario monta una pequeña agencia de viajes o se pone a trabajar para una de esa que llaman de “aventura”. O como una francesa de los años 70 cuyo lema era “En dehors des sentiers battus” y que Marisa y yo lo utilizábamos como una broma cuando estábamos medio perdidos en algún sitio. O totalmente, que pocas veces nos ha pasado pero sí alguna.
Pues ese nuevo profesional organiza un viaje “especial” por la India para gente de 50 a 60 años, que se lo puedan pagar, para que parezca que hacen algo arriesgado y fuera de lo habitual. Son esos grupos que ves vestidos como de coronel Tapioca. Nunca más de una docena. Los encuentras en sitios sorprendentes, pero se les distingue además de por su atuendo porque llevan guía y siempre les espera un minibús estupendo. Eso sí, cuando tienen “tiempo libre” se van en parejas o tríos o dobles parejas –que parece algo de póquer- a recorrer algún mercado. Nunca con todo el grupo.
Y sitios como Omkareshwar no creo que pasen de este estadio. Porque el siguiente es de alguien que va 12 días a la India utilizando cuatro de ellos en Nepal, y recorriendo Delhi, Jaipur, Udaipur, Agra, Benarés y Khajuraho y a esos no creo que les dé tiempo. Por supuesto para hacer ese recorrido hay que llevar no todo organizado, sino supercontrolado.
NB. Cuando hablo de la cantidad de personal siempre lo hago con la óptica etnocentrista occidental por la cual los únicos que contamos somos nosotros. A esos sitios “solitarios” van millones de indios. Si quieres un lugar realmente solitario no vengas a la India. Vete a Teruel.
PD. Lejos de mí el criticar como viajas. Yo tengo un amigo, Javier, que se reconoce como “viajero de Sheraton”. Pero tampoco debes avergonzarte por ello. Creo que ya he escrito en alguna ocasión que me suelo encontrar a viajeros de esa “cuarta oleada” y que se disculpan por viajar así.
Cada uno lo hace como quiere o como puede.