13. Bhopal. Llegada.

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Una de las estupas de SanchiEstoy escribiendo sentado enfrente de la gran estupa de Sanchi. En estos momentos un grupo de jóvenes me rodean y miran sin disimulo como escribo. Afortunadamente no les intereso mucho y se han ido en seguida.

Acabo de hablar con un grupo de jovencitas estudiantes de ingeniería en la cercana Vidisha, aunque algunas eran de Benarés. Casi todas hindúes menos una musulmana. Una de ellas rápidamente me ha dicho que era de familia brahmán. Ha sido agradable la charla. Lo gracioso es que se dirigían a mí llamándome “tío”, que aquí quizás sea una fórmula de respeto pero que a mí me sonaba a eso de “oye, tío”. Aunque en España no hace mucho en los pueblos también era un tratamiento respetuoso para la gente mayor.

Una de las estupas de Sanchi

Luego cuando me he sentado se han vuelto a acercar tres de ellas para que les escribiese una dedicatoria en un cuadernillo. “¿Qué te escribo?”. “Algo que sea un resumen de tus vivencias”. ¡Pues no me pide nada! Le he puesto que busque la felicidad.

Cuando yo era joven pensaba que lo más importante era buscar la verdad. Ahora creo que es más importante buscar la felicidad.

Tengo una amiga, “Carmen, la de Flickr”, que una vez me dijo algo así como que “vaya sitios tan estupendos que te buscas para escribir”. Pues éste era de esos.

Ayer por fin llegué a Bhopal. Digo “por fin” porque salí de Visakhapatnam a las 15:10 y debía llegar a Bhopal a las 16:50 pero llegamos a las 17:30. O sea 26 horas y 20 minutos.

Casi al final del viaje, el pasajero de la otra litera superior que estuvo durmiendo todo el recorrido se sienta abajo, me pregunta de donde soy y…pues que era muy aficionado al fútbol: conoce al Madrid y al Barcelona. Y me pregunta donde está Valencia.  Rápidamente le dibujo un mapa de España y se la sitúo. “¿Y dónde está Betis?”. Porque era un seguidor de ese equipo. Es algo increíble. Tú le preguntas a cualquier sevillano sobre Visakhapatnam, de donde era él, y me apuesto cinco euros que no sabe donde está. Pero aquí hay un seguidor del Betis.

Visto lo que me pasó en Birmania este verano, en Hsipaw, donde en un monasterio me dieron varias estampas de un santo monje, creo que debería llevar también fotos de futbolistas y dárselas a los seguidores nobles y leales como el de ayer. Realmente no sé de donde se sacan esas fotos pero seguro que si voy a la sede del PP y pido fotos de sus líderes seguro que me dan un montón de fotos del Sr. Rajoy y puedo decir que es el presidente del club por el que me pregunten. Y si no les pido del Sr. Acebes y Zaplana que de esos seguros que tienen varias cajas llenas y no saben que hacer con ellas. El Sr. Zaplana incluso podría pasar por entrenador, que tiene un porte atlético.

Cuando el seguidor del fútbol español me preguntó por el Valencia estuve a punto de explicarle que es una región famosa porque dan las clases de “Educación para la Ciudadanía” en inglés. Con gran éxito, por cierto. Y es que solo se le puede ocurrir a un valenciano de derechas esa extravagancia. ¿Te imaginas a uno de la CEDA, quiero decir del PP, de Soria dando esa consigna? Seguro que no.

Pero pensé que estábamos tan cerca de Bhopal que ya no me daba tiempo de explicaciones.

Antes de llegar a la estación saco mi mochila del saco y ese momento siempre es de expectación entre la gente que me rodea, sobre todo si cuando he llegado a mi asiento no estaban, porque no saben qué voy a sacar de allí.

Ya sabéis el artilugio que utilizo –si no lo explicaré otro día- pero es de las cosas más prácticas que se me han ocurrido para viajar.

También me percato de que todos los pasajeros han atado sus maletas menos yo. Y es que en todos los trenes indios hay unos cables de acero a los que puedes atar el equipaje. Incluso en las entradas de las estaciones suele haber unos puestos de venta de candados y cadenas para tal fin. Claro que es mucho más fácil coger -robar- una maleta de 50X40 que una mochila.

La verdad es que en otros viajes la he atado pero hoy no.

La estación de Bhopal es la típica estación india: enorme, con muchos andenes, con pasos elevados que te llevan de uno a otro y con mucha, mucha gente. Y tiene una particularidad que comparte con otras estaciones: tiene dos salidas y como es tan grande mejor que no te equivoques, sobre todo cuando vas cargado.

Le pregunto a un joven sobre la dirección a la que quiero ir pues está muy cerca y lo puedo hacer andando, la famosa “walking distance”. Me pregunta que de donde soy y me dice que quiere ir a España porque muchos amigos suyos ya han ido. Y que por qué no le escribo ahora una carta de invitación para poder ir. Y es que hay algunos que no pierden ni un segundo. Imagínate la escena: acabo de llegar de un viaje en tren de más de 26 horas, llevo una buena mochila detrás y otra delante, es casi de noche, había cientos de personas por todas partes caminando a tu lado, varios conductores de rickshaw me presionan para que me suba al suyo y aquel quería que le escribiese una carta.

Por fin me indicó el camino y llegué a la zona donde había media docena de hoteles de características semejantes.

Zona de hoteles en Bhopal

Menos mal que te lo advierte la guía: del que estoy dice que “no te desanimes por el aspecto de la calle de entrada”. Quiere decir que el entorno es tirando a horroroso.  Era para pasar de largo.

El primer hotel estaba lleno (excepto las “suites de lujo”) pero cuando les dije que me iba a quedar tres días me ofrecieron una habitación enana al precio de una normal.  En el segundo tampoco hay libres de las que yo quería pero me ofrecieron una que no está mal (si entras en el cuarto de baño con los ojos cerrados) para la primera noche y que luego me cambiarían a otra.   Además fueron muy amables en la recepción. Me preguntaron que donde había conocido su hotel y les enseñé las páginas de mi guía. Me dijeron algo de “photocopy”. Pues no, que no son fotocopias –ya me ha pasado en algún otro sitio-, que lo he comprado. Y es que la gente te ve como un vulnerador de los derechos de autor.

Luego vuelvo a la estación para comprar el billete para irme desde Ujjain a Haridwar. Eso será dentro de unos días pero quiero evitar lo de las literas del pasillo porque va ser un viaje largo. Además solo hay un tren directo y que circula dos días por semana así que me lo quiero asegurar.

Todo el entorno alrededor de la estación es de los verdaderamente agobiantes. Y además de noche todavía más. Claro que para llegar hasta aquí has tenido que pasar por alguna otra ciudad india, pero si te trajeran directamente aquí, desde Salou por ejemplo, y sales a esta estación no me extrañaría nada que te quisiese volver el mismo día.

Preguntando, preguntando, llego hasta la oficina de reservas de los billetes, y sorpresa: la mejor de todo el país. Hay una ventanilla de información –como en casi todas- pero con un empleado detrás –en muchas está vacía- y que además te informa y te ayuda.  Hay formularios originales de imprenta de petición de billetes, no fotocopias de fotocopias ilegibles, que en muchos sitios recuerdan las hojas de propaganda de los partidos de izquierda al final de la era escolapio-franquista. Sí, aquellos ciclostilados de difícil lectura y comprensión.

Formulario de petición de billetes de tren.

Pero es que estos formularios están en hindi y conviene que estén legibles.
Y encima no sé si por mi condición de “senior citizen” (os recuerdo que en la India es a partir de los 60), de extranjero o de escritor de este blog, un empleado con un gran bigote les dice a los de la cola donde estoy para sacar el billete después de pasar por la de información, que me pase el primero.  De todas maneras las colas funcionaban muy bien y hubiese tardado 10 minutos solamente. Además la ferroviaria que me atendió me dio “lower bed” que es lo que yo quería.

Tan contento estaba que me fui a la ventanilla del supervisor y le felicité por lo bien que funcionaba.  El tío debía estar acostumbrado a recibir solo broncas y problemas de viajeros airados y debió pensar que yo estaba orate, porque no paraba de preguntarme que cuál era mi problema. Al final entendió mi felicitación.

Luego me voy a la estación de autobuses que también está a una “walking distance” del hotel. Da gusto cuando desde tu hotel se puede ir andando a ambos sitios. La estación de autobuses es como todo este barrio: cochambrosa. Bueno, más que el barrio. Pero he encontrado gente amable que me ha informado de todos mis posibles trayectos.

Luego busco un sitio con internet.  La calle está cortada a la circulación pues viene una procesión. Me dicen que es en honor de Sai Baba. Hay unas grandes fotografías de un anciano venerable que me suenan de haberlas visto en algún sitio antes. Creo que una vez estuve en una ciudad donde daban un mitin sus seguidores y había una viejecita que era su viuda. Igual estoy equivocado y el de hoy es un personaje del siglo XV.

Lo curioso es la organización de la procesión. Si la vieran los que organizan las procesiones de Semana Santa de mi pueblo se desmayarían.  No es muy grande el cortejo pero hay dos vehículos con unos altavoces grandísimos. En general los DJ de las religiones pertenecen al grupo de los macarras de los coches tuneados por el volumen que usan. Ahora bien, uno de los generadores, aunque cabría con los altavoces, va en un carro de cuatro ruedas empujado por un hombre y el otro en un triciclo.  Como los llevan a toda potencia y van tan cerca el uno del otro no se oye nada. También van músicos, pero excepto los que tocan los tambores tampoco se les oye. Hay un grupo de una docena de instrumentos de viento. Llevan un uniforme rojo y seguramente se han dado cuenta de que da lo mismo que soplen o no: forman la tropa más desarrapada que te puedes imaginar.

En un palanquín muy tapado va alguien que pesa poco dada la envergadura de los cuatro que lo transportan. Quizás la abuelita que vi aquella vez.

Me voy a internet y luego a cenar.

Encuentro un restaurante estupendo y tomo un plato muy bueno pero que no sé como se come. Además es un sitio muy concurrido y tienes que compartir la mesa. Aquí no te dicen ni mú, ni cuando tú te sientas, ni cuando lo hace otro. Para desquitarme de la precariedad de alguna de las comidas del viaje acabo con un helado maravilloso que me recuerda a los que comía en Ahmedabad, con unos fideos dulces hechos con harina de garbanzos.

Mañana será otro día.

Una de las estupas de Sanchi

(En estos momentos todo este precioso entorno donde escribo el borrador esta lleno de gente porque hoy es fiesta. La gran estupa frente a la que estoy sentado va tomando el color de la puesta de sol).

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Una respuesta to “13. Bhopal. Llegada.”

  1. jose luis Says:

    Sai Baba (o el que yo creo que es) es un gurú bastante famoso en India, pero de más calado en el extranjero. Especialista en el engaño (Sai “Cheater” Baba), tiene una gran cantidad de seguidores, la mayoría guiris. Entre sus numeritos, está el de sacarse un huevo de oro de la boca, mediante un truco de lo más cutre. Lleva un afro muy cachondo, y lo peor de todo es que le gusta mucho juguetear con los hijos pequeños de los guiris que atraen hacia sus diversos ashrams. Vamos un pederasta que cuando le destapan algún escándalo se marcha y desaparece aprovechando la ocasión para dejar tras de sí un halo de misterio.
    Después de unos años, vuelve a aparecer por otro sitio distinto y vuelta a empezar.
    Una vez en un tren encontramos a dos alemanas que iban siguiendo su rastro, creo que por Haridwar. Así que ya sabes pregunta si le han visto.

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