12. De Visakhapatnam a Bhopal.

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Vainica DobleLo ya escrito. Me toca la litera superior del pasillo. La peor de todas. El revisor me cambia a la superior de un departamento de cuatro donde el de abajo no quiere perder su privilegio de estar largo. Primero se sienta invadiendo parte de mi plaza y luego se tumba de la misma manera pero como no se puede poner largo del todo me pide que me vuelva a mi antigua litera del pasillo. Le digo que no. Insiste. Le explico que quiero leer y que en la litera donde me dice no hay luz y no se ve nada. Y me contesta como jodido: “Bueno, pues si quiere leer…” Le propongo que me cambie su litera pero resulta que tiene un problema en la pierna. Pero es que son todavía un poco más de las cinco de la tarde.

Y no sé si es él para castigarme o es el de enfrente pero uno de los dos no para de gasear el ambiente. Menos mal que no se puede fumar porque si no hubiésemos explotado.

Y pasan los de la cena. Solo hay una, sin elección. Soy el único del departamento que la pide pues los otros dos han comprado cosas en las estaciones del recorrido. Yo esperaba una bandeja con cajitas de aluminio como en otras ocasiones pero me traen una bolsa de plástico que contiene: un paquete de papel de aluminio caliente cerrado hermético con arroz blanco, un saco de plástico con una masa de patatas, otro con un caldo vegetal, otro saquito con una mezcla de yogur y leche y otro de agua, cuatro tortitas planas y una servilleta. Y sin herramientas.

Mal voy a cenar hoy. Hecho la masa patatera entre dos tortitas y me la engullo como puedo. Luego echo el caldo sobre el arroz y cojo lo que puedo con las tortitas. Dada mi reluctancia a comer con las manos estaba dispuesto a comerme el arroz como el ganado. Pero como no estaba solo me dejé casi todo. (Cuando estoy escribiendo el borrador pasan a preguntarme si comeré mañana pues aunque todavía son las 8 de la noche ya están preparando la comanda.  De entrada le digo que no, pero mis compañeros me explican que la comida va en bandeja y con cuchara, como en el resto de los viajes, así que me aventuro a pedir un “veg”).

Y a las 8 de la tarde-noche me hago la cama y me subo a la litera para que el compañero pueda tumbarse.

Otro de los inconvenientes de las literas superiores es que la salida del aire acondicionado –no muy frío, es verdad, pero estamos en noviembre- te da directamente en la cara. Soluciono parte del problema tapando con papel de periódico una tobera.

Y allí estaba yo a las 8 intentando dormirme pero con la luz eléctrica encendida a unos 30 centímetros de mi cabeza, pues el “compañero” de abajo sigue leyendo y sentado. Mañana cuando me levante tendré unas palabras con ese modorro porque si a las 5 de la tarde quería estar largo y yo me tenía que ir a otro sitio, a las 8 se queda sentado.

Para tranquilizarme saco mi reproductor de música comprimida y me pongo a escuchar las suites para violonchelo de Bach. Pero el cabrón sigue leyendo. Estoy a punto de decirle algo pero decido esperar a mañana. Luego me pongo a Adamo. Los jóvenes ni lo conocéis pero era un cantante francés parecido a Raphael pero sin su desmesura. Suavecito y muy indicado para los guateques de los años 60. Forma parte muy importante de mi vida sentimental. Y es mejor a veces no entender las letras porque en francés suenan de maravilla pero luego el significado es un poco ratonero. Imagino que como muchas actuales en inglés.

Pues allí estaba yo oyendo al tierno Adamo con “Y mis manos en tu cintura – pero mírame con dulzor – porque tendrás la aventura -de ser tu mi mejor canción” cuando a las diez en punto el vecino de abajo se levanta, coge su maleta y se va. Menos mal que no le eché la bronca; el pobre estaba esperando para llegar a su estación y por eso no se dormía.

En esa parada cambian de revisor y me dirijo al nuevo: “¿Es usted el jefe?”. A todos que llevan uniforme les encanta que te equivoques “por arriba”. Pues vuelvo a decirle lo de cambiar de litera. Que si se puede se hará. Pero sube otro pasajero. Lo único que éste parece más normal.

Por la mañana pasan ofreciendo desayuno. A pesar de la mala experiencia de la cena me atrevo a pedir una tortilla pero ahora ya es normal.

Veo que otro de los pasajeros se ha puesto una sábana que traía de su casa. Os recuerdo que aquí te proporcionan dos sábanas muy limpias –más que las de cualquier hotel-, una almohadita, una manta y una toalla pequeña. ¿Por qué no se fiará de las del tren? Además la de este señor parece más bien un mantel. Me hubiese gustado preguntarle porqué lo hacía pero pienso que quizás en este país sea inadecuado este tipo de preguntas. Y no lo hago.

Después del desayuno decido bajar y el de la litera de abajo me dice que me siente, se aparta, le pido que pongamos la litera en posición de asiento y lo hace sin problemas. Después de las malas caras de ayer esto es una maravilla.

Pero “nadie es perfecto”: éste es de los que llevan un transistor –o quizás sea un teléfono celular- y pone música cuando le apetece. Y es que esto es la India, la patria de la individualidad y la de hacer cada uno lo que quiere. Si quieres respeto personal, limpieza y comidas no picantes quédate en Europa.

Pero me ha jodido porque después de comer –esta vez sí en bandeja y con cucharilla- me he puesto a oír mi música pero él ha decidido que también quería oír  su música pero quería oírla él y que la oyese yo. Por lo menos no es rap.

Paso parte del viaje leyendo información sobre mis siguientes pasos y las distintas alternativas que tengo. Creo que después de unos días en M.P. me iré en tren a Haridwar y allí me volveré a plantear la última etapa antes de volver a Delhi.

Canciones.
El que las canciones envejecen lo veo, o mejor lo oigo, en una de “Vainica Doble” que dice: “yo no cambio tu salmón por mi salmonete”. Ahora sería al revés.

Y peor todavía: en la misma dice que “mete la Rolleiflex en un cajón”. ¿Cuántos de vosotros sabe qué es (era) o ha visto una Rolleiflex? Para quienes no las conozcais os recomiendo que escucheis  a Vainica Doble, hay mucho suyo en youtube, entre otras una formidable versión de Sisa de su  «Un metro cuadrado». Oigo también a Hilario Camacho que canta: “tienes ya veinte años cuerpo de ola“.

¿Se hacen ahora canciones así?

Información ferroviaria.

En el vagón hay un letrero que informa que dispone de 48 asientos y 48 literas.

La temperatura en verano será de 23 a 25ºC y en invierno de 19 a 21. Frío me parece para invierno. Ahora estaremos a 24 ó 25ªC.

Los servicios son de dos tipos: “Indian style” o “Western style”. Este último a veces tiene el letrero de “latrine” en la puerta. En inglés eso significa “retrete público en zonas militares”. O sea “letrina”.

Los aragoneses.
(Durante este largo viaje en tren he recordado una historia que me contó un amigo).

Como sabéis soy aragonés. Aunque me defino como mitad aragonés, mitad catalán y mitad madrileño. Es que soy un hombre con tres mitades. Y es que he vivido la mitad de mi vida en Madrid, la otra en Barcelona y el resto en Aragón.

Hace un tiempo comí con unos antiguos colegas del trabajo y uno de ellos me dijo que desde su infancia había tenido una admiración especial por los aragoneses. Ni su familia lo era ni había visitado la región. Todo venía de la actuación de un niño aragonés en un colegio de Madrid donde ambos estaban internos. Eran los finales de los años 40 ó comienzos de los 50. Un internado duro, duro. Un auxiliar la había tomado con un niño de unos 9 años que era aragonés y al que sometía a todo tipo de abusos . Estando en una piscina le obligó a que le cantase una jota. El niño respondió que “yo a usted no le canto una jota”. Esa fue la continua respuesta al aumento de violencia del maltratador que según mi amigo casi lo ahoga.

Él desde entonces practica la “admiración aragonesa”.

2 respuestas to “12. De Visakhapatnam a Bhopal.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Generalizar siempre es un gran error, y si lo haces con la población india sería grandísimo. Pero yo ya he encontrado a varios indios maleducados, guarretes y un poco capullos. Siempre en los trenes, curioso. Y muchas veces bengalíes.
    Perdón, pero tengo los vinilos de mi madre de Adamo, Charles Aznavour, Francoise Hardy, Hervé Vilard, Gilbert Becaud, etc. Y les he cogido tanto gusto que además colecciono clásicos ye-yés de los 60, tanto franceses como italianos. Mis amigos me miran raro, todo hay que decirlo.
    Ángel, -y mis manos en su cintura, quizás sea una de las canciones que más he oido de pequeño, tanto en español como en francés. Mi madre emigró a Francia y de allí trajo muchas cosas buenas que nunca dejaré de agradecerle. Una de ellas la música.
    Et pourtant, Capri c´est fini son otras de las muchísimas que encabezan el Top 10 de mi mami.
    Te entiendo al hablar de sentimientos porque veo la cara de mi madre cuando ponemos estos clásicos y es todo un libro abierto. Y si mi padre ronda por ahí, no dudan un segundo en agarrarse por la cintura, mirarse a los ojos y bailar. ¡Cuánto quiero a mis padres!

  2. Avatar de Angel de la India Angel de la India Says:

    Joséluis, gracias por esta lección de amor filial.

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