9. Jagdalpur.

by

De nuevo en ruta. Estoy escribiendo el borrador correspondiente al día de ayer en un tren en el que voy a estar casi 12horas. Un tren muy especial pero eso será la crónica de hoy.

Ayer fue un día regular.

Cuando yo era un niño debía estar muy preocupado por mi situación social en el mundo porque preguntaba a mis padres: “¿Nosotros somos pobres o ricos?”. Y ellos siempre me respondían: “somos regulares”. Pues así fue el día de ayer: regular. Porque no siempre puedes estar como unas castañuelas. Se juntó un resfriado que iba “in crescendo”, con un malestar general que acabó con problemas intestinales. Y para mí la mejor medicina en estos casos es el ayuno.

Ayer comencé mi visita turística con un recorrido por el mercado de Jagdalpur. Era domingo y por tanto día de mercado. Lo primero especial que vi fueron unos vendedores de cañas de azúcar. Las familias se acercaban y compraban un par de ellas.  Como no estaban cortadas por arriba a veces parecían las palmas del Domingo de Ramos.  Más tarde tuve la explicación: era “Ekadashi”. Se hace una ceremonia en casa de ofrenda de esas cañas a los dioses y luego se las comen los niños.

Vendedores de caña de azúcar en JagdalpurHasta ese momento apenas había hecho ninguna fotografía pero este mercado era impresionante. Y la falta de turismo occidental se notaba en que había gente que te pedía que les fotografiases.

Otra diferencia con otros mercados es que aquí había muchos adivasis vendiendo sus productos. Las señoras mayores llevaban el pelo recogido en un moño en el lado derecho e iban sin sujetador. Imagino que hace nada irían con el pecho al aire pero ahora se lo cubren de cualquier manera. De ahí mi observación.

Mercado en JagdalpurAdemás de todos los productos más o menos habituales aquí venden “dhupe”, una especie de resina extraída del “sal”, (entrecomillas porque es el nombre de un árbol, no el cloruro sódico), y que se quema no sé si por el olor o por motivos religiosos. Toda esta información la recojo preguntando al personal, lo cual no quiere decir que sea veraz. Así al regresar a casa busco “dhupe” y encuentro que “dhupa” es un árbol endémico de la India, Vateria Indica, de cuya corteza se obtiene una resina que se utiliza como incienso y que también se usa en la medicina ayurvédica.Lo mismo me puede pasar con cualquier otro nombre que recojo así que no hay que fiarse demasiado.

La estrella del mercado, al menos para los ojos de un turista occidental, como los míos, eran las hormigas rojas. La unidad de venta era una cestita hecha con una hoja verde.

Los clientes compraban unas cuantas de ellas y el vendedor las ponía en una hoja más grande que cosían con una fibra vegetal. Las hormigas, pequeñitas, tenían unos granos blancos que no sé si eran larvas o bien   granos de arroz. (Si era arroz quizás así conseguían un plato desde el punto de vista dietético como añadir arroz a las legumbres). Las hormiguitas se movían como demonios e imagino que no picaban pero la vendedora no paraba de darse manotazos.

Venta de hormigas.Otra cosa curiosa de estas vendedoras es que no logré encontrar ningún patrón de distribución por el mercado, como en algunos que se ponen todos juntos o bien forman grupos de productos complementarios.Los polleros y los pescateros sí estaban agrupados. Los pollos los vendían vivos y no logré ver ningún puesto de venta de carne de ningún tipo.

Los pescateros tenían una gran cuchilla curva sujeta a la mesa con la que limpiaban y cortaban el pescado.    Es una técnica inversa a la nuestra que también utilizan en algunos países del sudeste asiático.  En lugar de dejar fijo el pescado y mover la cuchilla hacen al revés. Incluso vi a uno limpiando langostinos con esa gran cuchilla. Que para eso se requiere una gran habilidad.

Limpiando langostinos.

Otra particularidad es que la mayoría de los polleros eran partidarios del Partido del Congreso y los pescateros del BJP. Y es que todo está lleno de banderas de esos dos partidos.

A diferencia de otros mercados asiáticos que suelen ser muy tempraneros y si vas a las 8 de la mañana ya casi está acabado, en éste a mitad de la mañana seguían llegando vendedores que ponían su escasa mercancía en cualquier trozo libre del suelo.

Cuando desayuné por la mañana en el restaurante del hotel había un grupo de 6 u 8 indios. Uno de ellos me saludó y me dijo que era un guía turístico.  (Bueno realmente era casi obligado porque me levanté para ver qué desayunaban y pedir en consecuencia; es una técnica “social” y gastronómica que empleo con frecuencia en los restaurantes: me acerco a una mesa y si veo que hay algo que podría comer le pregunto al comensal qué es y como se llama).

Más tarde los vi en el mercado filmando lo de las “palmas”.  El guía me dijo que era un equipo indio pero que el director era de Singapur, seguramente de origen indio, y que estaban haciendo un reportaje de varios meses por casi toda la India. El fue quien me explicó el significado de las cañas de azúcar. También me dijo que con unos pocos días en esta región no tenía suficiente.  Que unos españoles habían estado dos meses. Claro que los que él conoció estaban haciendo un reportaje para la tele. Podría haberle respondido que hay gente que dedica toda su vida al Museo del Prado.

A pesar de ser noviembre el sol pegaba bastante fuerte. Y no me encontraba en mi mejor momento. Así que decidí echarme una siesta. Además la piernas me dolían, no sé si por el quebranto general o de agujetas de la tensión de la moto.

El guía me había dicho que había un mercado muy interesante por la tarde en un lugar cercano. Me dijo que “gambling market”. Así que era algo de juego pero no pregunté más.

Y entre el quebranto y las ganas de ver algo nuevo prevalecieron estas últimas. Pregunté en el hotel y había unos taxis compartidos que iban hacia allí. Buscando buscando encuentro un autobús y le pregunto al chófer si va hacia allí. Mueve la cabeza como hacen los indios y expliqué en otro lugar  y no sé si puedo subir o no. Afortunadamente un pasajero me toma bajo su protección y me dice que suba y que me siente encima del motor. Fue como un milagro porque a los dos minutos no cabía ni un alfiler. El pasajero-samaritano no hablaba inglés pero me preguntó si yo era indio: “español”. Y entonces lo repitió varias veces en voz alta para que se enterase todo el personal.  Y me dice luego que si voy a las peleas de gallos. Y así descubrí que ese mercado era famoso por esa característica. Por si había alguna duda yo tenía enfrente a un señor con un pollo en sus brazos. El animal me miraba a los ojos y yo esperaba que entendiera que yo estaba en contra de tan bárbara costumbre. Porque es que tenía el pico del pollo a 20 centímetros de mi nariz.

Al bajar del autobús la primera sorpresa es que aquello no era un pueblo; no había ni una casa. Era una feria de ganado en medio de un bosquecillo. Solo había búfalos y vacas.   Algunos con unos cuernos enormes. Y es que aquí hay búfalos salvajes y a veces se aparean con los domésticos y salen esos retoños.

Pegados a ese mercado genuino me encontré primero a los apostadores de dados. Ya los había visto en Sikkim. Ponen un hule donde está pintado un tapete de juego con seis figuras. La gente pone la pasta encima y el que hace de banca y crupier vuelca un capazo que hace de cubilete con unos grandes dados de plástico.

Partida de dados.

Y finalmente encontré el plato fuerte: un campo de lucha elíptico de unos 20 metros por 10 marcado con una cuerda, rodeado de público, todos hombres. Antes de cada combate se ponían a apostar como locos. Obviamente no entendía nada porque si es difícil entender las normas de cualquier apuesta de un juego imagínate además en hindi.

Pelea de gallos.Cogen a cada gallo un profesional, que no es el dueño, y los azuzan el uno contra el otro. Si alguno de los contendientes es blanco se le ve la sangre por todo el cuerpo. Porque previamente los dueños de los pollos los han llevado a un puesto donde unos expertos viejecitos les atan a la pata derecha un espolón que es una navajita muy afilada de unos 5 centímetros.

Espolones para la pelea de gallos.No sé si el combate acaba siempre con la muerte de alguno o también hay pérdida por puntos. Pero algunos acaban muertos.

Y más sorprendente aún: vi a un propietario que cuando le estaban colocando el espolón artificial y asesino le hizo tragar una pastilla al gallo: ¿dopaje avícola?

Un espectáculo horrible. Menos que nuestra “fiesta nacional” pero también horrible.

En aquel descampado del mercado de ganado había también señoras adivasis que vendían licores de alta graduación.  Y algunas con puestecitos con trozos de carne.

Cuando decido regresar me encuentro con el problema del transporte. Me pongo en la carretera para ver si algún vehículo para. Afortunadamente el guía de los del equipo de la tele me ofrece regresar con ellos porque no se detenía ni Cristo.

Eso es un viaje. Cuando sea mayor también yo viajaré así. Bueno, no hace falta ser mayor porque he leído en los periódicos que estos días Mr .Gates está en la India y ha hecho alguna visita turística e imagino que viajará sin preocuparse de si los autobuses le pararán o no.

Llego a Jagdalpur y antes de irme a buscar un sitio de internet me voy a la habitación del hotel para ponerme repelente de mosquitos en los tobillos. No sé porqué pero a los mosquitos les encanta el ambiente de las habitaciones con ordenadores personales y especialmente los tobillos de los internautas.

Envío las notas familiares para evitar preocupaciones innecesarias y me voy a dormir. Sin cenar. Mañana será un día de tren y seguramente sin comer.

PD.

A veces tomo notas en papeles que ya están utilizados por una cara.

En ésta hoja hay un artículo dedicado a algunas exquisiteces de la cocina francesa y la relación de algunos platos con la composición química de las moléculas que componen los sabores y olores. Visto el personal que hay en las estaciones del recorrido del tren donde escribo este borrador ves lo terriblemente injusto que es el mundo.

Por si lo dudas: “Un goût ‘ventre de liêvre’, d’olives noires, de prunes d’ente, il possède la textura du fruti. Avec le plat, il est un mariage extraordinaire de contraste à la fois rustique et elegante”.

Para compensar: este artículo procedía de una revista científica (Sciences et Avenir) y era para explicar que los bebés reconocen el olor de los alimentos que toman las madres durante el periodo de su embarazo. Por ejemplo, si una toma regularmente brócoli y se coloca cerca de la cabeza del bebé un algodón impregnado en olor a brócoli en un lado y de jazmín en el otro, el bebé busca el del brócoli.

En el curso de los tres últimos meses de embarazo, a través de líquido amniótico, el feto conoce y memoriza, sin prejuicios, lo que la madre toma. Luego de adulto su percepción del gusto estará influenciado por múltiples experiencias, buenas y malas.

Información local.   Precio de un capacito de hormigas rojas: 2 rupias. Seguro que en una tienda de delicatessen exóticas te pegan una clavada.

2 respuestas to “9. Jagdalpur.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Una vez vi un documental en el que hablaban sobre los mosquitos. Parece ser que la preferencia a picar en la zona de los tobillos viene marcada por el olor que desprenden los pies después de todo el día.
    Realizaban una prueba que consistía en dormir sin calcetines habiendo lavado apropiadamente uno de ellos para desprenderlo de su olor.
    El resultado era el esperado, picaban más en el pie con olor.
    No quiero decir que los mosquitos pican a aquellos que les huelen los pies, y que si te duchas por la noche garantizas estar a salvo de ellos. Pero es lo que vi.

  2. Avatar de Angel de la India Angel de la India Says:

    Joséluis, muy interesante lo de los mosquitos. Tendré que probarlo.

Los comentarios están cerrados.