Esta mañana, a pesar de mis temores de anoche, me he despertado sin una picadura. Ni siquiera un mordisquito. Pero con dolor de garganta y bastante sed. Y es que la noche ha sido fresca.
La que debe ser la cocinera oficial me ha preparado un suculento desayuno: un té indio y un plato grande de fideos amarillos. Eran como una masa homogénea y bastante densa y comérselos con una cucharilla de postre no ha sido fácil.
Después me han enseñado los talleres. Yo me imaginaba que me iba a encontrar con cien señoritas haciendo trabajos manuales pero apenas había media docena de señoritos. (El machista Word reconoce la palabra “señorita” pero da como error “señorito”). Y es que me dicen que se dedican sobre todo a promocionar los trabajos artesanales de las aldeas de la zona. Así siempre te queda la duda de que si son una ONG como se presentan o bien simplemente comerciantes. Como el periodista me dijo que son una ONG pues para mí lo son.

Aquí había uno con un torno de alfarero, otro en una fragua, haciendo una hoz, una señora haciendo dibujos en una pieza de barro fresca y otros vaciando un gran horno lleno de piezas de barro. Y luego la tienda. Porque está claro que tienen que vender. Y aquí he hecho algo de lo que me arrepentiré a lo largo de todo el viaje: he visto una figura metálica hecha con la técnica de la cera perdida que me ha recordado a mi hija y se la he comprado. Y un par de cositas más. Así me he metido tres kilos adicionales encima. Pudiendo comprarlas en Delhi al final del viaje las he comprado aquí; pero es que a veces soy débil.El mismo muchacho que me llevó ayer a cenar con la moto me ha llevado esta mañana al cruce de la carretera. Y es que estaba a una “walking distance” pero exactamente a un kilómetro.
Antes de marcharme me han pedido que firmase en el libro de visitas: soy el vigésimo este año. Muy pocos me parecen. De ellos hay dos italianos, un griego, un británico, un alemán, un canadiense, un holandés y ahora yo. El resto son indios y en lugar de escribir su dirección ponen su cargo: director de tal, secretario de cual…Todos parecen muy importantes. Luego me han explicado que es que allí solo firman los huéspedes, como yo, y los VIP. Que ahora ya he entendido la palabra a la primera.
Allí en el cruce de la carretera he tenido que esperar un buen rato.
El joven motorista me ha explicado que estos días con motivo de las elecciones el gobierno tiene contratados muchos autobuses para trasladar al personal de seguridad y que por tanto hay menos
servicios.
Como en aquel cruce había un par de restaurantillos, el de la cena, y otro enfrente, algunos camiones y autobuses paraban a comer algo. Ya sabes, la parada de cinco minutos. Pues los conductores estacionan el vehículo donde les parece que a veces es el arcén pero otras en medio de la carretera. Así lo han hecho un camión y un autobús que se han estacionado en paralelo dejando un estrecho paso solamente. No he visto un país más anárquico que éste. Serán unos genios de las matemáticas y el “computing” pero son un desastre social.
El autobús que cojo es de literas pero de otro tipo diferente que el de ayer: solo tiene literas arriba. Abajo hay una fila de dos asientos y otra de tres (lo que llaman en Asia “2+3”) y así la litera que está encima de la de tres debe ser de “matrimonio” de lo grande que es. Pero hoy solo había pasajeros sentados en los asientos de abajo.
Solo hemos parado en el primer pueblo,Kondagaon, al que pertenece Saathi, en la estación de autobuses y me he lanzado a comprar agua embotellada. ¡Qué buena es el agua cuando tienes sed! Pero no me he enterado que esa parada de cinco minutos era para comer y me he quedado sin. Bueno no exactamente pues he echado mano de mis reservas de turrón de Alicante.
El recorrido atraviesa arrozales donde están segando a mano con hoz y algunas zonas de bosques muy densos.
Llegamos a Jagdalpur.
Afortunadamente en la guía recomiendan un hotel en la ciudad. Pero solo uno. Así que no hay duda.
No está mal y me quedo.
Esta ciudad es el centro de la región Bastar, donde parece que hay más “adivasis”, las famosas “tribus”.
La guía dice que hace 50 años el maharajá de Jagdalpur desde lo alto de su residencia cazaba animales en los bosques que había alrededor de su palacio. Y casi nada más.
Me he enterado que mañana domingo hay un mercado al que vienen gentes de toda la comarca así que me quedaré a verlo.
Otra atracción importante son un par de cascadas que hay en la zona. Pregunto en el hotel por los transportes para ir allí y me dicen que a estas horas solo puedo ir en taxi. Y voy solo. Quiero decir que tengo que pagar el vehículo entero. Y aquí claramente no vienen demasiados extranjeros para compartir algo. Se me ocurre preguntarles si conocen a algún motorista que pudiese llevarme. Pues con una moto del hotel.
Las cascadas de Chitrakote están a casi 40 kilómetros y el mejor momento para visitarlas es al atardecer. Y allí estaba yo con unos cuantos indios, pero a pesar de que son espectaculares no había demasiados.
Un grupo rodeaba a un equipo de televisión que estaban filmando a un santón que parecía que vivía en una cuevecita allí al lado. Me han visto y me han hecho una pequeña entrevista. Pero ésa de verdad, no como las que me hacían los escolares en Tailandia. Con una bella señorita locutora. El que parecía el jefe del grupo, que era también el cámara, me ha dicho que me iban a preguntar que “qué sentía”. La verdad es que me ha parecido una pregunta bastante tonta para hacérsela aun extranjero aunque tendré que buscar todos los significados de la palabra “feel” por si hay alguno especial que se me escapa.

Cuando me han preguntado si volveré otra vez –estos chicos no tienen ni idea de lo lejos que está esto- he aprovechado para colocarles el rollo de que viajo solo porque mi mujer trabaja, y así cuando me vean los televidentes no les entren sospechas y oculten a sus niños y hermanas y esposas y otros seres queridos a mi paso. Y también que en cuanto ella deje de trabajar vendremos los dos a ver las cataratas. Ahora pienso que quizás no he empleado el tiempo verbal adecuado y quizás haya dicho que vendremos en cuanto ella “salga de trabajar”. Bueno, como luego ellos decían en hindi lo que yo había balbuceado en inglés habrán dicho lo que hayan querido.
Voy hasta la parte inferior de la cascada donde unos adivasis pescaban en canoas de madera construidas de una sola pieza.
En un letrero ponía la siguiente información:
Longitud: 1722 metros
Altura: 96, 32 metros
Temperatura máxima: 46,5º C
O sea que mejor que no vengas en verano, forastero.
Y allí viendo el atardecer se nos ha hecho un poco tarde para volver. Porque es una carretera muy buena, con poca circulación de camiones y coches, ningún autobús, alguna moto, muchas bicicletas, mucha gente andando por la carretera y pastores con grupos de búfalos y vacas por en medio de la calzada.
Resultado: que era cada vez más de noche y aquí tienen la impresión de que es de maricas encender las luces de los vehículos y todo el mundo circula a oscuras hasta que no se ve absolutamente nada. Pero los ciclistas no llevan ni luces ni nada reflectante y menos los peatones. Y no te digo ya nada de los búfalos y las vacas. Total, que he regresado bastante intranquilo. No me he dado cuenta pero debía estar apretándole al motorista con mis piernas porque en un momento dado me ha preguntado si todo iba bien. Y yo encima estaba preocupado por él porque le estaban acribillando todos los insectos voladores que había. Y eran legión.
Me ha parado en una tienda de ropa del centro de la ciudad donde podían conseguir los billetes de tren por internet, cosa que yo no puedo hacer. Así que ya tengo el billete de aquí a Visakhapatnam y de allí a Bhopal. Ya veremos como sale el viaje.
Intento entrar en internet en un par de sitios pero sin éxito. Lo intentaré mañana, sobre todo para tranquilizar a mi familia.
Ceno en el restaurante del hotel: una cena estupenda. Me como unas berenjenas que no eran tan buenas como las de lago Inle, pero casi. El único punto negativo es que estaba yo solo en el típico comedor indio con poca luz, que a ellos les encanta y es un signo de categoría, pero a mí me parecen demasiado sombríos.
Política estatal.
En un periódico local leo que “Cong promises rice at Rs. 2” O sea que si ganan ellos pondrán el arroz 2 rupias para la gente pobre. Eso sí son promesas electorales concretas.
A las cataratas ha llegado una furgoneta de propaganda electoral. Eran del CPI, el Partido Comunista de la India. Me ha dicho el motorista que a ese partido aquí le votan todos los adivasis pero solo ellos. Le pregunté si ellos, los musulmanes votaban al BJP, que es nacionalista hindú. No, ellos votan al Congreso.