33. De Mandalay a Bagán.

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Después del desayuno cogemos un taxi y nos vamos a la estación de autobuses. El año pasado Marisa hizo allí unas fotos muy bonitas de unas monjas budistas. Hoy “ve” también una foto, echa mano de la cámara, pero, ¡ay!, ha desaparecido el botón del disparador.   Y cuando haces un viaje tan fotográfico como éste eso puede ser un desastre. Aunque también llevamos mi máquina, por si las flais, está al fondo de la mochila y ésta en el fondo del autobús debajo de otros equipajes.

(Así que en esta crónica no tengo las fotografías del día y pongo un par del mismo lugar pero del año pasado. Perdonad por la licencia).

De repente nos damos cuenta de que es una pieza que ayer encontró ella en la recepción del hotel y que entregamos al recepcionista. Así que hemos aprendido una cosa: si te encuentras algo a tus pies primero de todo piensa si no lo habrás perdido tú.

He llamado al hotel explicándoselo y pidiéndoles que si algún extranjero del hotel va hacia Bagán se lo entreguen para que nos lo traiga. Pero era todo demasiado complicado y creo que no me entendían lo del “botón disparador de la cámara fotográfica” y que lo hubiese podido perder.

Afortunadamente aparece un joven empleado del hotel que va a despedir a otra huésped que se va y se lo explico en persona. (A mí nunca viene ningún empelado a despedirme. Quizás para eso hay que tener un romance).

El autobús es tan malo como el del año pasado –quizás sea el mismo- a pesar de que para la distancia a recorrer es carísimo: solo 180 kilómetros aunque salimos a las 8:30 de la mañana y llegaremos a las 3 de la tarde. O sea 6 horas y media.Mi autobús y su conductor (del 2007)

Nosotros tenemos los asientos 1 y 2. El recepcionista “italiano” que nos los vendió nos dijo que teníamos los mejores porque estaban en la primera fila. Yo le contesté que también los más peligrosos porque si ocurría algo saldríamos disparados. Buda no lo quiera. Y creo que este viaje es uno de los que le da más trabajo a Buda en Birmania. Porque al ir delante ves toda la carretera y aunque el chófer sea un señor sensato, el hijo de puta que manda en el mantenimiento de las carreteras no lo es. Y si vas sentado por la mitad del autobús, con toda la gente que hay en el pasillo o de pie al lado de la puerta, no ves nada, pero desde donde estaba sentado veía todo.  Y así te explicas porqué en distancias tan cortas tardas tanto tiempo. Primero hay un trozo en el que vas por la carretera que va a Rangún y es un desastre pero no está mal para lo que te encuentras luego: una sola vía que debes dejar toda o en parte cada vez que te encuentras con otro vehículo. Además llena de baches enormes y con unos mordientes que dan miedo.

Vendedora en la parada de autobús (del 2007)

El año pasado en este autobús íbamos once extranjeros, que recuerde: cuatro polacas, cuatro españoles y nosotros tres. Así que quizás íbamos más. Hoy además de nosotros dos iba una suiza alemana que ya vimos hace unos días y a la que despedían y un europeo que me pareció francés. Y los cuatro estábamos en el mismo hotel de Mandalay. El francés está sentado en lo que serían los números 3 y 4. O sea en el los asientos de la fila al lado de la nuestra.  Vi que el tío es de los que se empapan enseguida de la cultura local. Así, no para de escupir por la ventanilla y también ha decidido ser tan insolidario como ellos  y se ha sentado en posición de loto ocupando dos asientos. Y el autobús va lleno pero como aquí asustamos un poco pues nadie se sienta a su lado aunque en el pasillo ponen unos taburetes de plástico y van todos ocupados.  Al final llega un señor que tiene que estar de pie y se sienta tímidamente a su lado con medio cuerpo fuera del asiento. Cuando se cansa de estar con las piernas cruzadas las pasa por encima del separador que tiene entre él y el chófer y pone un pie encima de mi mochila. Le pido que me la dé. Imagino que no ha visto amistad en mi mirada porque no me ha dirigido una palabra en todo el viaje. ¿Cómo puede un europeo creer que tiene derecho de molestar a los otros?

En el camino paramos a echar gasoil. Eso es algo normal y necesario en cualquier país. Lo diferente aquí es que lo echan en una especie de surtidores piratas que deben estar permitidos pero no sé si son legales. El año pasado los habíamos visto para coches y motos y eran gente con un carrito o un sombrajo que tenían unas cuantas botellas de combustible a la venta. Los proveedores de los camiones y autobuses son cabañas en la carretera que tienen como distintivo una lata de unos 10 ó 15 litros acabada en un lateral en un tubo de plástico. Para el autobús, salen con un par de latas enormes y echan el combustible por la que tiene el tubo.

Cuando falta una hora para llegar ha parado en un lado de la carretera. El ayudante baja con un listón de madera y ya me lo he imaginado: yo hago lo mismo para saber el contenido de un barril de vino. Así que no debe llevar marcador de combustible y nos habíamos quedado sin él. Afortunadamente estábamos a unos 200 metros de una “gasolinera” y debíamos estar totalmente “secos” porque el ayudante ha ido andando hasta allí y al rato ha aparecido con un par de jóvenes y sus latas con el gasoil. Por supuesto como se ha aprovechado la parada para fumar todos los fumadores se acercan a ver como se echa el combustible. Tengo que espantarlos.

La gente se va sentando al lado del europeo “solidario”   como última opción pero en cuanto pueden se cambian o se bajan. Uno de los que se sienta se queda dormido con la cabeza hacia atrás. Es joven y descubro con estupor que tiene dos nueces.  ¡Dos nueces! Quizás sea una característica regional. Ahora me dedicaré a espiar los cuellos de los que se duermen en esa posición, pero a mí me parece algo fuera de serie. ¡Lástima que la cámara de Marisa no funcione! Me quedo sin documento fotográfico. Y sin saber cómo se llaman a los “bi-nueces”.

A lo largo del camino pasamos por muchos pueblecitos y en muchos de ellos hay grupos de unas 10 personas con los cuencos metálicos con los que piden. La formación siempre es la misma: en el extremo por el que llega el autobús hay uno con una bandera budista y luego cuatro o cinco personas en cada lado de la carretera pidiendo Y también en cada lado hay uno con una rama de árbol acabada en un montón de hojas. Y es que hay algunos que tiran dinero desde los coches o los autobuses sin parar y los de las “escobas” los recogen rápidamente. Creo que son gente del pueblo más cercano a la carretera que piden para la construcción de una pagoda o una estupa. ¡Con la falta que les hacen los hospitales y dispensarios!  Siguen las preguntas sin responder. O aunque fuera servicios “menos” sociales como una máquina que separase el arroz de las gavillas que he visto que en muchos sitios lo hacen a mano golpeando las gavillas contra un bidón grande debajo del cual han colocado una manta donde recogen el grano.

Pero no, a pedir para estupas.

En el autobús viaja un monje. En la parada única que hacemos en todo el recorrido para comer e ir al lavabo me aborda. Las preguntas típicas. Y me dice que en este país hay muchos problemas poíticos. Le digo que sí, pero que nosotros tuvimos una dictadura -¿nadie se acuerda?- y que duró casi 40 años. No es para desanimarlo pero la suya lleva desde 1962. Llegamos los dos a la conclusión de que mientras China les siga dando soporte a los generales no habrá nada que hacer.  Ya convocaron una vez elecciones y de la manera en que salió el resultado no creo que lo vuelvan a intentar.

El monje tiene los dientes y las encías destrozadas del betel. No puedes entrar en el patio de un templo calzado porque desairas a Buda, pero puedes dejar el país lleno de escupitajos rojos, destrozarte los dientes y las encías y tener cáncer de boca y quizás de faringe y estómago pero eso no le preocupa a nadie.

Cuando el monje se ha bajado en un pueblo me ha dicho por donde se iba a su monasterio por si quería ir a verlo.

Otro personaje curioso del autobús era un sij. Ya he visto alguno más, incluso una gurudwara creo que en Rangún. pero me sigue sorprendiendo encontrarme a gente así, tan fuera de su lugar. Porque, ¿cómo se sentirán ellos tan lejos del Punjab?  Será birmano pero se sentirá sij.  ¿Hasta cuando se podrán mantener estos grupos separados de sus raíces?

Y así nos vamos acercando a Bagán. Sabes que has llegado porque paran el autobús al lado de una caseta, tipo fielato, como la que también hay a la entrada de Nyaungshwe, donde los extranjeros tenemos que entrar y pagar 10$ por entrar en la zona arqueológica. Si estás varios días es una tasa aceptable, aunque los birmanos no pagan nada.

La entrada en la ciudad recuerda un poco una vía triunfal. Después de los últimos 50 kilómetros que han sido una carrera de obstáculos por el estado de la carretera, la velocidad a la que íbamos y la pericia del conductor, parece que llegas a la Roma imperial. Doble carretera con jardín central, los límites marcados con piedras pintadas y cada 50 metros una farola que imagino que no funcionará. Parece algo irreal después de lo que hemos pasado pero luego caigo que la mayoría de los turistas extranjeros llegan por ferrocarril o avión y esta carretera sirve para ambos Así que no ven el verdadero estado viario del país.

Y hemos salido a las 8:30 y a pesar de que dijeron que llegaríamos a las 3 de la tarde lo hemos hecho a las 5: ocho horas y media. La suiza me dice que cree que va a nuestro hotel porque estuvo allí hace tres años y le gustó. El “solidario” le dice que va a probar a uno que nos han ofrecido en el   peaje turístico.

En “nuestro” hotel del año pasado está en la recepción la misma Ms. Cho y con el mismo encanto.

Después de las abluciones bajamos a pedir consejos a esa sabia mujer. El año pasado fueron esenciales en lo bien que nos fue aquí. Nos explica que la situación turística está muy mal en toda la zona. Ha habido un gran descenso de visitas. A pesar de eso en su hotel hay bastantes extranjeros. Incluso el “solidario” ha aparecido por allí.

Nos recomienda un restaurante que está al lado. Una cena buenísima en un ambiente encantador.

Regresamos al hotel. Desde su terraza un cielo estrellado precioso.

¿Se puede pedir más?

Pues sí: Zelenka está sonando en mi reproductor de música. Llevo esta pieza en todos mis viajes y siempre la escucho. Y siempre me parece algo nuevo.

Hoy día sin fotografías.

PD.

Me niego llamar a mi reproductor de música por el nombre de un estándar. Además esta pieza de Zelenka está en formato WMA.

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