31. Mandalay. Día 1.

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Después de los cantos religiosos de Hsipaw más los cantos matutinos de todos los gallos del contorno –y los cabrones cantan sobre las cuatro de la mañana- lo de este hotel parece un cementerio.

Nos encontramos en el desayuno con la familia belga. Lut y Walter van a ir a Hsipaw y les contamos nuestras experiencias. Nos despedimos de ellos pero solo hasta Bagán donde esperamos volver a encontrarnos.

Esta mañana vamos a ver la pagoda de Mahamuni, la más famosa y popular de Mandalay.

Pagoda de Mahamuni.

Fue construida en 1784 y para llegar hasta ella desde el palacio real se construyó una carretera pavimentada de ladrillo. Los reyes siempre tan piadosos. En 1884 fue destruida por un incendio así que la pagoda actual es bastante reciente.

La fama de esta pagoda le viene de su imagen principal, el Buda Mahamuni. Ésta fue “confiscada”, realmente robada, de Mrauk U, en el estado Rakhaing, en 1784. Creen que fue hecha en el siglo primero antes de nuestra era.

Buda Mahamuni.

Para acceder hasta ella hay que pasar por un largo pasillo cubierto lleno de puestos de ventas de multitud de cosas inútiles. Y ya para ir por todo este pasillo debes ir descalzo; y no está especialmente limpio. Lo intentamos evitar llegando por otros accesos laterales pero te tienes que descalzar de todas las maneras en otros patios antes de acceder al lugar central y principal. Sé que soy reiterativo pero sigo sin entender esos tabúes religiosos. Quizás Buda que procedía de una rica familia hindú iba calzado y sólo iban descalzos los que no tenían dinero para comprarse sandalias. Como ahora. Y quizás decidió que todos fueran descalzos para ser iguales. O vete a saber. Pero no lo entiendo.

Delante de la gran estatua de Buda muchas mujeres rezando. Pero a la distancia que les permite el letrero de “prohibido pasar desde aquí a las mujeres”. Pues es lo mismo de siempre.  ¿Por qué ese empeño en formar parte de un club en el que solo te dejan formar parte como figurante o como trabajador manual y gratuito?  ¿Y donde están los hombres? Pues subidos al lado de la estatua poniéndole pan de oro. Porque ésa es la gran ofrenda de este templo: el pan de oro. Y las mujeres no pueden ponerlo. Solo los hombres. Ellas rezando y ellos ganando puntos para el más allá. Pero ¿porqué aquí es el oro lo que en otros sitios son los cocos? Por favor, necesito un budista que además de piadoso sea un experto en el tema y me explique todas estas dudas.

Buda Mahamuni

El otro gran atractivo del templo son las figuras khmer de bronce. También las cogieron en Rakhaing. Realmente son estupendas y podrían estar en la sala principal de cualquier museo del mundo. Es raro que no se las llevasen los británicos cuando fue colonia. Originalmente estas figuras estaban en los santuarios de Angkor Wat de Camboya. De allí fueron robadas por los tailandeses en el siglo XV. En Ayuthaya  fueron robadas de nuevo por   un rey birmano en el siglo XVI  y llevadas a Bago, donde en el siglo XVII fueron sustraídas por el rey de Rakhaing. Y de allí aquí en el XVIII que las trajeron aquí.  No creo que haya otro ejemplo de robo continuo o al menos que esté documentado.

Ahora las gentes las van a ver, pero como van a Lourdes, o iban, para tocarlas y que les resuelvan sus problemas de salud, pues te curan la parte que tocas. Así podrías hacer un estudio epidemiológico   de las dolencias de Mandalay por las partes que están más desgastadas. En el elefante de tres cabezas se suben los niños a horcajadas y los adultos les tocan los colmillos. Al elefante. No sé que opinarán los dentistas de esta competencia desleal.

Figuras khmer de bronce en la pagoda de Mahamuni

Hay un par de salas con objetos de templos que darían para un museo completo. En una de ellas hay una noria con un pájaro central que levanta las alas al girar. Debajo hay unas figuras que deben representar los signos astrales de cada budista birmano y delante de ellas unas cazuelas de unos 25 centímetros de diámetro. El personal hace una bola con un billete y lo tiran a la olla con la esperanza que caiga dentro. Hay un montón de pasta allí. Imagino que eso te da también puntos para la vida en el más allá. O quizás para el más acá.   Es uno de los objetos religiosos más graciosos y feos que he visto en mi vida. Y además con un gran éxito de público. Me gustaría ver qué hacen con los billetes y a quien encargan de la tarea de deshacer esas bolitas. Imagino que siempre que sea gratis lo podrán hacer las feligresas. Nada como unas manos femeninas para este tipo de trabajo delicado.

Pagoda de Mahamuni.

Muy cerca de esta pagoda está el barrio donde hacen las esculturas de Buda en mármol pero no lo encuentro y pregunto en una casa donde hay una joven amamantando a un niño y el que me atiende la llama porque cree que habla inglés y el infante se queda a mitad de la comida.  Con sus indicaciones volvemos sobre nuestros pasos y al poco nos alcanza al que le preguntamos y nos acompaña para que no nos perdamos. ¡Mira que son amables!

Aquí deben hacer todas las estatuas de Buda de Birmania. Hay muchas figuras a las que solo les falta acabar la cabeza. No sé si es también algún tabú religioso o es que el fiel comprador le pide un toque final al escultor del tipo “póngale una cabeza que se parezca a mi primo”.

Los talleres están al aire libre y en uno de ellos hay un señor haciendole la nariz con una radial a una escultura bastante grande. El señor es bastante oscuro pero tiene toda la cara blanca del polvo de mármol. Por supuesto trabaja sin ninguna protección para la cara o la vista, ni filtro para la respiración. Si el carbón producía la silicosis en los mineros que lo extraían y éstos acababan con los pulmones negros me imagino que estos pobres acabarán con los pulmones también mal. De mármol blanco pero igual de jodidos.

Acabando un Buda

En otro taller están escribiendo sobre una placa de mármol. Si es difícil escribir en birmano imagínate lo que debe ser hacerlo con un cincel.

Para regresar logramos hacerlo con una furgoneta de transporte público.  Ya nos hacemos con la ciudad.

Comida ligera, descanso ligero y nos vamos a Mandalay Hill.

Al salir del hotel un taxista de los de coches enanos se nos ofrece para llevarnos. Me pide un disparate. Le digo que sólo quiero ir a Mandalay Hill, no comprarle el coche. Sin más regateo me baja a la mitad. Esto de que pidan a lo loco me saca de quicio y generalmente a esos no los contrato aunque me rebajen al precio que creo que es justo. Es que en esas circunstancias es que no quiero ni regatear. Encontramos una furgoneta que va en esa dirección pero un avispado conductor de trishaw nos pide lo mismo. Y aunque es más lento, si no llueve, es un viaje muy agradecido.

Mandalay Hill.

La guía la define como un lugar que con sus 230 metros de alto rompe la uniformidad de la llanura lisa como una tabla que se extiende alrededor de esta ciudad.

Mandalay Hill
Nosotros ya habíamos estado el año pasado pero lo recordábamos como un sitio muy agradable para ver la puesta de sol. Hay varias formas de acceder a la cima pero hacemos lo mismo que el año anterior: el triciclo nos deja en la base y subimos las escaleras sin fin. Lo primero que hay que hacer es descalzarse. Lo de siempre en religiones de descalzos. Pero es que éste es el camino budista más sucio y asqueroso que recuerdo. Hay muchos perros por allí y por tanto muchas cagadas.  Además me da la impresión que los birmanos suben en coche lo máximo que se puede pues la ascensión la hacemos casi en solitario. Y además, como en el resto del país, no hay turistas. De todas maneras parece que a la jerarquía budista (¿hay “jerarquía budista”?) o a la jerarquía turístico-militar les importa una mierda la suciedad de este entorno. Es curioso porque en la cima hay unas grandes fotografías de la visita que han hecho hace poco   los altos mandos militares. Los debieron llevar por otro sitio. También arriba, están haciendo obras y los cascotes los han tirado directamente por la barandilla.

En la subida te encuentras con algunos puestos de refrescos y de objetos turísticos, pero está todo como muerto.  Pasamos al lado de un pintor que está haciendo unos bonitos cuadros. Nos ofrece tres por 2000 kyats, poco más de un euro y son de tamaño casi A4. Pensé comprar un centenar y así resolver el problema de qué llevar a mis hijos durante los próximos 50 años.

Cuando llegamos arriba la vista es espectacular.  Bajamos un nivel y nos quedamos para ver la puesta de sol.   El año pasado en este lugar estábamos media docena de occidentales. Hoy estábamos solos hasta que se nos acerca un monje y nos pide que le hagamos una foto con su cámara. Luego me pide que me haga otra foto con él.

Lástima que no hable inglés. Más tarde aparecen un par de jóvenes y uno de ellos sí lo habla y además está muy interesado en charlar conmigo. Es un joven abogado y me explica que el problema de su país es que no se respetan los derechos humanos. Es la primera vez que alguien me habla así. Claro que antes de hacerlo, y de una manera instintiva, ha mirado hacia los lados para comprobar que allí no había nadie más. Hace años estuvimos en Chile cuando todavía mandaba el cruel dictador y además había estado de excepción (o algo así) porque acababan de matar a un coronel jefe de la inteligencia militar. Durante el mes que estuvimos allí ni una persona nos habló mal del régimen. La primera persona que lo hizo fue en el vuelo de regreso, de Santiago a Madrid, y además era una joven que no pensaba volver a su país.

Regresamos ya de noche. El conductor del trishaw nos estaba esperando. Cuando nos traía a la colina nos dijo que “I am hungry of customers”. Que daba un poco de miedo y parecía que se te iba a comer. Pues el pobre no se había quedado ahíto con el viaje de ida y allí estaba esperando el de vuelta. Nos dijo que por culpa del tifón no venían turistas este año.

Vamos a cenar con José y Maitane. Nos contamos algunas experiencias viajeras y sobre todo el viaje que él hizo a la India y que parece le marcó para siempre. ¡Qué suerte haber hecho un viaje tan joven a aquel país!  Mi primer viaje fue con Marisa y mis hijos.  Espero que ellos hablen con la misma pasión que José.  Nos cierran el restaurante por tarde y nos tenemos que ir. La primera vez que nos pasa en Asia. Claro que eran las nueve y media de la noche.

En el hotel charlo con el recepcionista. Lo divertido es que lo hacemos en italiano. Sobre todo él. No entiendo como un birmano habla italiano y no español, más dedicándose a la hostelería pues italianos se ven muy poquitos.  Es que le enseñó un cura católico italiano aunque él es budista. Le encargo la compra de un billete de autobús para ir a Bagán pero me quedo intranquilo porque toda la conversación ha sido en italiano y no sé qué habrá entendido.

Afortunadamente no había ningún italiano por allí.

Los descalzos.

Tengo un amigo que ha hecho el camino de Santiago y ha explicado su experiencia en un blog. Uno de los días adelantó, porque lo hacía en bicicleta, a uno que iba descalzo. Lástima que no le preguntase el porqué. Quizás me hubiese dado alguna pista sobre la relación de la religión y el hecho de los pies desnudos. A lo mejor era un budista converso.

Por cierto, no debe haber información más detallada de cómo hacer ese recorrido en bicicleta que en esos artículos.  Quizás todos los ciclistas seáis así de meticulosos y descriptivos con desniveles, distancias y pesos, pero a mí me dejó atónito.  Aquí tienes un enlace, joven ciclista. (Porque hay que ser joven para hacerlo, no nos engañemos).

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