En realidad debería escribir “Día 1 y medio” pues ayer después de ir al hotel aún tuvimos tiempo de dar una vuelta.
La guía dice de esta ciudad que “el mundo exterior parece estar muy lejos de Hsipaw”. Y realmente lo está.
Una vez fue el centro de un pequeño estado Shan. El último “príncipe” fue detenido durante el golpe militar de 1962 y no se ha sabido más de él. Para que veas como se las gastan los de la Junta.
Nuestro hotel, el más conocido en esta ciudad, ”Mister Charles”, está al lado de la calle principal. Ésta está ahora cortada por obras en dos lugares lo que hace que no circulen coches, solo alguna moto y bicicletas.
Lo primero que te sorprende es la cantidad de puestos de piñas. Y es que es la ciudad de la piña. No creo haberlas comido mejor en mi vida. Por supuesto te la ofrecen nada más llegar al hotel y también es la fruta del desayuno. Pero, insisto, es una exquisitez.
En esa calle hay un arco que lleva a una especie de feria. Acaba en un descampado donde hay un escenario y el tiovivo más cutre que he visto en mi vida, junto con alguno de la India. No debe ser la hora de la fiesta porque el tiovivo está parado y el escenario vacío.

Hay puestos de venta de utensilios de cocina y de ropa. Allí encuentro las camisas más baratas que te puedes imaginar. El año pasado en la excursión al monte Popa conocimos a un español, Luis, muy madrileño aunque era de Segovia, y muy simpático, que nos explicó que él se había traído un montón de nikis y que no los lavaba. Los iba tirando conforme se le iban ensuciando. Pues aquí, Luis, ni siquiera se los hubiese tenido que traer. Los precios de las camisas eran de mil, dos mil y tres mil kyats. O sea, medio euro, un poco más de uno y un euro y medio. Vaya, que por 20 duros tienes una camisa. Por supuesto nuevas, no como las de los mercadillos indios, que encuentras ropa muy barata, y alguna incluso buena, pero que provienen de las organizaciones caritativas occidentales que las venden a peso y acaban en esos mercadillos a precios tirados, reventando de paso la industria textil de algunas regiones. Ya veis como a veces las buenas obras producen inesperados resultados. Tú das la ropa que te sobra a una ONG y una chica del tercer mundo pierde su trabajo. El efecto mariposa.
Pero ésta era ropa nueva. Yo me compré una magnífica camisa por 2000 kyats cuya etiqueta decía que era nada menos que “John Langford of London”. Que igual es el sastre del príncipe de Gales. Claro que allí también había algunas de las camisas más feas que he visto en mi vida. Y los niquis, que no compré, eran todos de famosas marcas internacionales.
Acabamos el paseo en un restaurante que se llama “Mr Food”. Y es que aquí son muy británicos. Nuestra pensión, por lo visto, se llamaba “Myat Yatana” pero han encontrado más fácil llamarla “Mr Charles”. A un librero que se llama Ko Zaw Tun se le conoce como “Mr Book”. Y el restaurante al que fuimos se llama de verdad “Law Chun”. Pero las leyes del marketing mandan.
Una cena deliciosa y encima acompañada con unas jarras de cerveza de barril.
El único inconveniente, y no pequeño, de esta ciudad es que no hay fluido eléctrico y los generadores particulares de cada negocio los ponen de seis y media de la tarde a nueve o diez de la noche.
El mozo que estaba en la estación esperando viajeros nos dijo que en el hotel había una pareja belga con tres niños. Dada la escasez de turistas imaginé que podrían ser los que vimos en el lago Inle con el ridículo numerito de los gatos. En efecto, estaban cenando en el Mr Food. Intercambiamos algunas impresiones con ellos pero cuando acabaron de cenar apareció una estupenda furgoneta para buscarlos y llevarlos al hotel. O sea que vamos a los mismos sitios pero parece que hacen otro tipo de viaje. Del restaurante al hotel hay diez minutos andando con tranquilidad. Así aunque seas Mr Gates si vienes aquí debes alojarte en Mr Charles y cenar en Mr Food.
Por la mañana en el desayuno nos hemos encontrado los ocho extranjeros de Hsipaw: los cinco belgas, Daniel y nosotros. Los belgas se marchan esta mañana a Mandalay y el austríaco lo hará mañana, así que si no hay una nueva remesa nos vamos a quedar solos. En este hotel, como en el del lago Inle, nos dicen que este año no viene casi nadie.
Nos vamos a dar una vuelta por el mercado. Aquí hay uno central, importante, pero dedicado a ropa y productos no perecederos. Un señor de un puesto nos debe ver despistados y nos pregunta que qué buscamos: “pues pescado, vegetales, flores,…”.
No sé como se dice “productos perecederos” en inglés y tampoco si ellos entenderían ese concepto dado que la falta de electricidad debe hacer que casi todo que no sea metálico, de madera o textil, sea perecedero. ¿Son las almas en el mundo budista perecederas? Pues el que nos ayudaba no dice que tenemos que ir al “morning market”. Yo ya había preguntado en el hotel pero me dijeron algo así que como era luna llena estaría cerrado y además que ya era muy tarde aunque eran solo las ocho de la mañana. Pues al “morning market” nos fuimos. Muy interesante. Como siempre. Y también como siempre la gente muy amable. Aunque lo vemos en todos los mercados no deja de sorprenderme la cantidad de flores frescas que tienen a la venta.

Realmente debe ser muy tarde o lo de la luna porque el mercado está casi vacío de clientes aunque están todos los puestos.
Nos vamos a la pagoda Mahamyatmuny. En el camino nos encontramos un monasterio con un grupo grande de novicios y un monje joven. Están cortando un montón de piñas, imagino que para la comida, y charlamos un rato con el monje cortador.

La camisa.
La camisa que compré ayer además del rimbombante “John Langford of London” tiene un envoltorio de celofán donde dice que es de la marca “Diesel for successful living”. Y hasta pone la URL de su web, por si tienes que consultarles algo, imagino. Pero hay unas instrucciones en un lenguaje desconocido y debajo de la palabra “cuello”, en inglés, aparecen en tres columnas las palabras “haiswijdte”, bovenwijdte” y “tallewidjte”.
O sea que no se puede obtener más información por menos dinero.

Que estoy encantado con mi compra.
25/11/2008 a las 20:58
En cuanto al comentario del doble destino de la ropa reclicada, la cosa tiene su enjundia pues en un documental que ví comentaban que lo positivo de dicha obra caritativa era a su vez la cantidad de gente que vive de dicha cadena desde su origen (en este caso Alemania) hasta su destino (un pais africano).
Me hace mucha gracia el uso del vocablo «nikis» (que debes ser de los pocos que lo usan todavía?¿)
Pues parece que a los novicios la dieta de la piña les mantiene el tipo!
Bonita camisa por 20 duros si señor!
perecedero = perishable
17/12/2008 a las 13:30
Tienes razón: la DRAE reconoce «niqui» y no «niki».
21/05/2015 a las 09:14
Un articulo muy bien redactado, me gusta mucho esta pagina web, Sigue escribiendo!.