23. De Pyin U Lwin a Hsipaw. Primera parte.

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Lleno de melones

Volvemos a desayunar porras donde lo hicimos ayer. Son las seis y media de la mañana pero el lugar está muy concurrido. Solo hay una mujer entre toda la clientela.

En el hotel nos espera el carrito que nos llevó ayer a los jardines y al que contraté para ir a la estación. A ésta llegan más carritos cargados hasta los topes de fardos con productos vegetales.

Estación de ferrocarril de Pyin Oo Lwin

En la estación hay un ambiente extraordinario. Tiene cinco o seis vías pero no he visto en mi vida ninguna con tanta hierba.

Me voy a buscar al “station master” pero como hemos llegado antes de la hora prevista no debe estar por aquí. Me hacen esperar en su despacho y luego me llevan a otra oficina donde me venden el billete. Los birmanos están haciendo cola en una ventanilla pero a mí me han tratado como a un marqués. Claro que pago varias veces su billete. Imagínate que eres un birmano y quieres ir de Madrid a Zaragoza con el AVE y en lugar de ir a una ventanilla te llevan a un despacho y multiplican varias veces el precio del billete. Pensarías que los de la RENFE estaban locos. Pues eso es lo que hacen.

En esta estación, como en general en todo el país, te puedes dejar el equipaje en el andén sin ningún temor. Comparamos esta situación con Sudamérica y el cuidado constante que debes tener. Y con Madrid, sin ir tan lejos.

Llega Daniel y me dice que él quiere “ordinary class” para convivir con la gente de aquí. A las ocho llega el tren que viene de Mandalay y va hasta Lashio. Llega hasta los topes de personal.  La gente que estaba esperando lo toma al asalto y además van cargadísimos de bultos. El austríaco se queda de piedra. Si en aquel momento tiene que elegir seguro que decide la primera clase y menos convivencia, pues es imposible subir a cualquier vagón.

Subir al tren al asalto

Busco mi vagón de “first class” pero solo hay tres de “ordinary”. Encuentro al “master” y me dice que me espere que en esta estación añaden más vagones. Efectivamente ponen dos más pero son de los “ordinarios”. Lo malo es que van muy llenos y nosotros a pesar de haber pagado el doble no tendremos asiento. Afortunadamente el empleado que nos vendió los billetes nos los cambia y además nos devuelve la diferencia.  Seguimos encontrando gente muy amable en este viaje. Entramos en nuestro vagón pero los asientos están numerados en birmano. A base de preguntar logramos saber cuales son los nuestros. Parece que el material es del que dejaron los británicos cuando eran la potencia colonial. O sea, muy viejos y con los asientos de madera. Los suelos son de tablas mal ajustadas y las ventanillas solo llevan una tapadera de madera.

Enfrente de nosotros dos birmanas y alrededor algunos de pie. Parece que los que tienen billete con asiento ocupan todos los que pueden pues algunos van largos ocupando dos pero la gente que no lo tiene va de pie. Es la famosa solidaridad de los pobres del tercer mundo.  Aquí, como allí, el que tiene un derecho no lo suelta de ninguna manera.

Algunos llevan una cantidad de mercancía increíble. Una señora musulmana, muy mayor, lleva esos melones que se llaman “jack fruit” (Artocarpus heterophyllus) y del que desconozco su nombre en castellano. No es que lleve algunos, es que debe llevar unos 50 y cada uno pesará más de 10 kilos. Total que por lo menos unos 500 kilos. Una barbaridad.

Los birmanos con asiento se pasan el viaje durmiendo. Y no un rato. Todo el trayecto excepto cuando se dedican a comer.  Pues aparte de los vendedores ambulantes, que suben y bajan continuamente, en todas las estaciones venden comida que la ofrecen en bolsa de plástico o envuelta en hoja de banano si es arroz. En algunas de la paradas los que lo saben incluso tienen tiempo de comer sentados en puesto que hay colocados en los andenes de las estaciones.  Nosotros nos hemos comprado cerezas pasas, que no las había comido en mi vida, y un par de bolsas de fideos y de otra cosa que era un vegetal desconocido. Te los venden con un par de palillos muy finos para que así puedas comer como un caballero, oriental, pero sin mancharte las manos. La comida más barata de todo el viaje. Completamos la comida con turrón de alicante.

Vendedora de comida en una estación

Como todo tren “bueno” (recuerdo que es de fabricación británica) nuestro vagón tiene un retrete en cada extremo.  No por la vetustez del material sino porque no dispone de agua no quiero ni contaros como están.

A poco de salir pasa el revisor. Me dice que es el “ticket collector” y se sienta a charlar un rato con nosotros. Un ferroviario encantador y de sonrisa fácil. Hablamos de las familias y me pregunta la edad. Me dice que yo estoy “strong” y que él no. Tenía un compañero de trabajo de esos de cerca de dos metros y siempre por encima de los cien kilos, que me decía que a él le gustaba comprarse la ropa en “El Corte Inglés” porque siempre le decían que “estaba fuerte” pero nunca pronunciaban la fatídica palabra “gordo”.  Pues lo mismo quiere decir el ferroviario birmano. Pero se lo agradecí. Nos dijo que hacía años había visto una corrida de toros por la televisión.  Se ve que no le iba el fútbol. Yo ya había tenido esta mañana mi sesión de selección española pues el austríaco me dijo que era de Salzburgo y parece ser que “habíamos estado jugando allí”. Y encima él era seguidor de un futbolista español concreto, pero no recuerdo su nombre. Pues el revisor nos contó lo que había visto en la tele y por los movimientos que hacía parecía más una sesión de esgrima que una corrida. De toros.

En la estación de Pyin Oo Lwin antes de coger el tren, otro birmano nos dijo algo de Pamplona y de una batalla con tomates. Cuando me cuentan todas estas hazañas patrias me gustaría ser de otro país.  Esquimal, por ejemplo. Porque mira que solo te conozcan porque unos matan con crueldad a un mamífero y otros porque tiran tomate en lugar de comérselo… ¿Cuándo será que al decir “español” te digan “¡oh, la patria de Séneca!” o “pues yo he leído a Gil de Biedma”? Creo que ya lo he contado, pero una vez en un remoto pueblo de Laos nos encontramos con un chino que me recitó todos los jugadores de fútbol de La Coruña. Claro que aunque me hubiese dicho los del Zaragoza tampoco habría descubierto el engaño porque de este club solo conozco a Marcelino porque metió un gol de cabeza al equipo ruso y entonces Rusia era el enemigo de la cristiandad.  Pero me temo que ese Marcelino ya no juegue. Creo que era ese jugador el que, cuando yo estudiaba en Zaragoza, tenía un Volvo deportivo lo que debía ser un lujo increíble. Además era igual que el que llevaba un personaje entonces famoso en la tele “El santo” interpretado por Roger Moore.

Pues nada que el revisor después de imitar varios pases de florete se fue y no volvió más en todo el viaje.

El recorrido es precioso. Pasa por campos de arroz y gente trabajando en ellos. ¡Mira que da trabajo el arroz! Eso podría ser una solución al paro. Se llena todo el valle del Ebro de arroz y se cultiva como el sudeste asiático.  Se acabó el paro y los problemas de obesidad y de colesterol.   Incluso se podría vender como clínicas de lujo para adelgazar.

También se pasan por muchas zonas boscosas. La vegetación es tan densa que a ratos el tren hace de segadora y no paran de caer trozos de hojas y de pequeñas ramas dentro del vagón. Y eso que circula un tren diario en cada sentido. Si dejasen parado el servicio una semana no sé si podría pasar de nuevo.  Así vas por un túnel verde pero no sabes lo que hay detrás. Por supuesto te tienes que apartar de la ventana porque las ramas te pegarían en la cara continuamente.

El punto fuerte de todo el recorrido por el que casi merece la pena el viaje es atravesar el viaducto de Gokteik.

Viaducto de Gokteik.

Los rusos.

Me explicó un amigo que su madre cuando vio el partido de fútbol al que aludo arriba, el de España contra Rusia, al ver a los jugadores rusos exclamó sorprendida: ¡Anda, si son como nosotros!

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Una respuesta to “23. De Pyin U Lwin a Hsipaw. Primera parte.”

  1. Luigi Says:

    Precios a foto la del viaducto.

    Raca, raca con el futbol (que pesaditos que son, eh?:) Yo también soy esquimal!

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