20. Fin del lago Inle.

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Aquí nos hubiésemos quedado días y días paseando y dándonos la gran vida pero un turista no puede estar tanto tiempo quieto y de relajo y hay que seguir la ruta.

Cuando pienso en el cura de la cueva de ayer, once años él solo y sin moverse de aquel agujero…Y solo con unos libros en birmano.

Además los belgas están esperando que nos vayamos para ocupar nuestra habitación que parece que es la mejor de todas. Claro que cuando llegamos a este hotel estábamos solos y ahora hay uno que creo que es un chino de Hongkong y una chica oriental, y los belgas.  Hoy se han levantado los cuatro y se van a un mercado con la dueña del hotel. Ayer cenaron una cena normal y hoy se van en un viaje de dos horas por el lago. ¡Esos no son problemas intestinales!

Nos despedimos de ellos. Ha sido el mejor encuentro de las vacaciones. Hasta ahora. El año pasado fueron Maria Jesús e Hiro y éstas Lut y Walter.

Damos un paseo por el pueblo por zonas que todavía no habíamos visitado y nos enteramos de los transportes para salir esta tarde pues debemos ir de Nyaungshwe, donde estamos a Shwenyaung donde está el cruce de la carretera que va de Taunggyi, la capital, a Rangún y Mandalay, donde queremos ir.

Damos una vuelta por el mercado que aunque no es día de tal está abierto pero con pocos puestos. Realmente en esta zona hay que visitar los mercados el día que tocan porque sino están totalmente vacíos como en Indein o con muy poca actividad como esta mañana aquí.

Hoy hemos estado viendo a un grupo de cinco novicios budistas elegir una cinta de casete de música. Me hubiese encantado poder hablar con ellos y saber que tipo de música les gustaba. Y también saber como distribuyen los gastos y de donde vienen los ingresos porque imagino que las donaciones matutinas las tienen que entregar a los monasterios.  Y si reciben dinero de sus papás.Novicios eligiendo una casette- Pero mucho dinero no tenían porque han tardado muchísimo en decidirse por una cinta.

Después del mercado nos vamos por una carreterilla para ver los campos de arroz.

Campos de arroz en Nyaungshwe

Llegamos a una aldea y nada más hacerlo un señor nos invita a entrar en su casa. En la planta baja hay seis mujeres haciendo cheroots, y otras dos mirando, además de un par de hombres y el dueño. Nos ofrecen asiento, té y un par de plátanos enanos. El dueño nos explica como puede quienes del grupo son de la familia. Y allí estamos un buen rato entre conversaciones familiares viendo como hacen los cigarros.

Al enterarse de que somos españoles me dice que “passport”. Le enseño mi pasaporte.  En mis viajes me encuentro a veces con gente que les encanta ver tu documentación. Este lo mira educadamente pero sin mucho interés. Luego me dice algo más que no acabo de comprender pero que es algo del euro. También me encuentro con gente que le gusta ver las monedas y billetes de tu país. Le enseño un billete de 50 €. No llevo a mano ningún otro. Como con el pasaporte tampoco le hace mucho caso a pesar de que le explico la equivalencia en kyats y debería parecerle algo astronómico. Luego creo que me habla del “espacio Schengen” y de cómo podemos viajar de España a Alemania sin pasaporte. Le enseño entonces mi DNI y le intento explicar que con ese documento no solo podemos viajar a Alemania sino también a Francia, a Italia…Pues él parece más interesado en viajar a Alemania desde España sin pasaporte. De repente se me hace la luz: no dice “pasaporte” dice “deporte” y lleva más de 20 minutos hablándome del partido de fútbol España-Alemania. ¡Qué risas! Y eso que la conversación era en un 99% en birmano. Por su parte. La mía fue a base de enseñarle todos mis tesoros.

Elaboración de los cheroots

A pesar de que le digo que no fumo me regala un cheroot. Yo que estoy contra las drogas no sé a quien se lo regalaré.

Acabamos la mañana con una comida en el restaurante del que nos hizo de guía el día de la caminata.  La mejor cocina de todo el viaje, especialmente un plato de berenjenas que también comimos el otro día. Nos gusta tanto que Marisa le pide la receta.  Somos los únicos clientes y me temo que muchos días estará vacío.  No sé como se las arreglarán esta pobre gente.  Además tienen el problema de la conservación de los alimentos por el corte de corriente eléctrica un día sí y otro no. La ventaja es que están muy cerca del mercado y si quieres algo lo van a comprar para ti.

Comida en Nyaungshwe

Regresamos al hotel, nos despedimos con pena por dejarlo con lo bien que hemos estado y con un pick-up colectivo nos vamos al cruce de Shwenyaung a esperar nuestro bus. Una espera larga pues el último pick-up sale antes de las cuatro de Nyaungshwe y nuestro bus debe pasar por el cruce a las seis de la tarde. Pero siempre te hacen ir media hora antes.

Al llegar al cruce dejamos el equipaje en un cobertizo que sirve como sala de espera para los viajeros y damos una vuelta por el mercado próximo que en un día de mercado debe ser también impresionante.

El cruce de la carretera es un lugar con mucha vida. No deja de pasar gente y no paran de circular camiones y autobuses. Allí descubrimos uno de los aspectos más deprimentes de nuestro viaje.

Al lado del cobertizo-sala-de-espera donde estamos hay una caseta con un policía sentado en su puerta.  Estamos a unos cuatro metros de la carretera. Cada vez que pasa un camión el policía toca el silbato, se para el camión,   baja un ayudante a la carrera, se acerca y le da un billete. En estas carreteras hay muchos peajes y éste puede ser uno más pero algunos camiones no paran, muy pocos, y el policía pone cara de decir “la próxima vez te vas a enterar” y además no les da ningún recibo, ni comprobante. A uno que está por allí y que tiene cara de saberlo le pregunto y sin querer darme detalles me dice que le pagan 500 kyats cada vez. Le digo la palabra “corrupción”, asiente y me dice con una sonrisa que “Burma police”. Además del cáncer que supone cualquier corrupción policial, aquí lo peor es que lo hacen con toda publicidad y sin ningún recato.  Esto creo que es una muestra de hasta donde llega la corrupción. La desfachatez de la actuación indica que es un cáncer terminal. Imagino que el dinero no será para ese policía en concreto sino que se repartirá en toda la pirámide de mando. Puede parecer poco dinero si lo transformas en euros pero si piensas que un “conductor” de una barca a motor cobra 2000 kyats por nueve horas de trabajo, el día que lo tiene, y calculas que pasa un camión cada minuto en 15 horas se sacan medio millón de kyats cada día.

Corre a pagar la mordida.

Pues además el bus llegó casi una hora tarde así que tuvimos corrupción para rato.

El encargado del cobertizo lleva un llavero del club de fútbol de Barcelona y en la pared tiene un póster de sus jugadores; “number one” me dice.

Como lo de los nacionalismos y lo de la gente sensata a la que le gustan los toros, lo del fútbol también se escapa a mi entendimiento.

Al fin llega nuestro autobús y partimos rumbo a Mandalay.

Información de carreteras.

Sobre los camiones.

Los que siempre paran a pagar al policía de la “Shwenyaung junction” sin necesidad de toque de atención del silbato son los camiones que pasan cargados con unos troncos enormes.  Siempre son camiones Nissan. Imagino que es porque realizan siempre ese servicio pasando por ese lugar y no quieren tener problemas; porque si tienes que pagar sin infringir ninguna norma debe ser la leche cuando te saltas alguna.

Sobre los autobuses.

Como ya he contado, en Birmania se conduce por la derecha pero todos los coches, camiones y autobuses vienen de Japón, sean nuevos –casi ninguno- o de segunda mano y allí se conduce por la izquierda. Así el lugar del conductor es el asiento delantero de la derecha y cuando un autobús quiere adelantar a otro se tiene que fiar de lo que le dice el ayudante. Otro problema adicional es que en los autobuses las puertas de los pasajeros están situadas en la izquierda y por tanto para subir y bajar tienes que hacerlo por la parte central de la carretera y aunque muchas no tienen apenas circulación cuando vas por una que sí lo tiene es bastante espeluznante.

Observación antropológica.

Cuando estamos esperando el autobús llega una joven pareja; él alto y guapo, con un par de niños y un equipaje impresionante. Viene a despedirlos un tipo en bicicleta con un sombrero de paja, como muchos por esta zona, que es de tez bastante clara pero que tiene dos características que lo diferencian del resto de la población: tiene bigote y una nariz casi aguileña, además de ser alto y delgado. Parece un “gondoliero” veneciano. Le pregunto al fanático del Barcelona: es que es indio, lo mismo que la pareja a la que viene a despedir. Aprovecha para decirme que esa pareja va a coger el mismo autobús que nosotros. Es que el pobre debe estar aburrido de que cada autobús que pasa le pregunto si es el nuestro y en la hora de espera han pasado un montón.

Una respuesta to “20. Fin del lago Inle.”

  1. Avatar de Luigi Luigi Says:

    Nacionalismos, toros, futbol, policía, corrupción…mmm, (se unen en algunos de sus vértices, con perdón!)

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