21. Hacia Pyin Oo Lwin.

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Hacia allí.

El autobús de Shwenyaung a Mandalay nos cuesta lo mismo que desde Rangún a Shwenyaung a pesar de que debe ser la mitad de distancia. Y encima es bastante peor el autobús. Vaya, tirando a malillo y salimos a las 7 de la tarde y deberíamos llegar a Mandalay a las 5 de la mañana. O sea, un montón de horas. Lo único mejor es que sus DVD son de música melódica. Sale mucho uno que es como nuestro Raphael pero con gafas negras como la Niña de los Peines. O para los más internacionales –a veces me lee gente de otros países y culturas- como Ray Charles. O, si sois más jóvenes, como Stevie Wonder.

El montaje de los números musicales es de lo más malo que he visto. Entre otras cosas nunca coincide el fin del sonido con el fin de la acción.

Como en el bus de venida, además de las paradas en restaurantes donde hay servicios en mejor o peor estado, también hacen alguna parada en medio de ningún lugar y ya se sabe que los hombres hacemos pipí en cualquier sitio pero para las señoras no es tan fácil sobre todo porque a los lados de la carretera hay un bosque bastante tupido y por la noche no ves por donde andas y además sigue siendo una carretera por donde pasan camiones y autobuses. Pero que nadie intente buscar igualdades ni solidaridad en los pueblos asiáticos. Al menos en los que conozco.

En el restaurante en que paramos a cenar venden dos clases de vinos: uno de uva y otro de miel. Ni idea de cómo se hace vino con la miel. Pero cada vez me encuentro más a gusto en estos restaurantes. Al comienzo de nuestros viajes comprábamos fruta y galletas porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar. Ahora ya sabemos que podremos comer en cualquier sitio que paremos. La verdad es que en la India a veces hemos tenido algún pequeño problema.

Sigue el incómodo viaje. Todas estas carreteras tienen una calzada central en un estado que va de malo a lamentable, con algunas pocas excepciones, donde cabe un vehículo y un gran arcén de tierra a cada lado con unos baches enormes. Realmente más que baches son agujeros. Como el tráfico de camiones es bastante continuo el autobús debe echarse a un lado o pararse cada vez que se cruza con uno y eso hace el viaje lentísimo.

Ponen un DVD en inglés con subtítulos también en inglés. No sé a quien se le habrá ocurrido la idea porque somos los dos únicos extranjeros. Es una peli un tanto especial de la que me he perdido los títulos de crédito y no sé como se llama pero es divertida e interesante. Y además con mensaje conservacionista. Cuando está en lo mejor paramos en un ensanchamiento de la carretera.  Pensamos que es una parada-pipí y nos lanzamos a buscar un sitio que no sea demasiado horrible ni visible. Empiezan a sacar herramientas y se meten debajo del autobús. ¿Será un pinchazo?  Pues no, pero mis conocimientos mecánicos me impiden saber qué pasa aunque he deducido que era algo hidráulico. Después de un buen rato arrancamos de nuevo pero se han olvidado de la película. Me despierto varias veces por la noche con dolores articulares diversos pero al fin se hace de día y llegamos a Mandalay a las 6 de la mañana. O sea 11 horas de viaje para unos 300 kilómetros de carretera.

La estación de autobuses de Mandalay está muy lejos del centro. La guía dice que lo mejor es coger un taxi compartido. Nada más bajar del autobús nos asaltan para llevarnos en taxi a la ciudad y desde allí coger un nuevo transporte a Pyin Oo Lwin nuestro próximo destino. Nos aseguran que no hay autobuses para ir allí desde esta estación y que hay que ir a otra. Nos piden tanto dinero como para ir a Rangún. Después de llegar de noche a una ciudad que no conoces esto es lo peor que te puede pasar: llegar por la mañana atontado después de un mal viaje a una estación de autobuses. Eres la presa ideal para cualquier cabrón que quiere sacarse en diez minutos el jornal de toda la semana. Y entonces aparece el milagro en forma de un autobús que viene de Rangún y va a Lashio, en nuestra dirección, y que busca más pasajeros. El mejor vehículo que hemos cogido y encima nos cuesta menos dinero que ir desde la estación de autobuses de Mandalay a la ciudad.

Así a las 8 de la mañana ya estamos en nuestro destino, Pyin Oo Lwin o también llamada Pyin U Lwin.

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7 comentarios to “21. Hacia Pyin Oo Lwin.”

  1. pepa Says:

    Hola, estoy oyendo el disco de musica que me regalastes y hubiera sido el ideal para dormirte en ese autobús tan incomodo con el que tuvisteis que viajar hasta Mandalay. Curioso.

  2. jose luis Says:

    Vaya viajes de autobús, me recuerdan algunos de Marruecos cuando no usaba los autobuses nacionales de la CTM, bastante mejores.
    Mientras no pongan música de José Feliciano todo bien.

  3. Angel de Birmania Says:

    Pepa, hay autobuses donde te ponen música religiosa budista al empezar el viaje con unos DVD de figuras de Buda tomadas de todas las maneras posibles. Realmente ayudan a dormir.

  4. Angel de Birmania Says:

    Joseluis, no sé si es que no te gusta José Feliciano o es que a los autobuseros marroquíes les gusta demasiado.

  5. jose luis Says:

    La verdad es que no me gusta mucho. Menos aún sabiendo que decía agradecer a Dios el ser ciego, porque de esa manera podía evitar ver los horrores del comunismo. Con el fascismo, capitalismo y demás no parecía tener problemas. En fin, el verá.

  6. Angel de Birmania Says:

    Joséluis, lo de “él verá”, tratándose de quien se trata, te ha salido, imagino que premeditadamente, un oxímoron, aunque con un poco de mala leche.

  7. jose luis Says:

    Pues claro, y sólo me arrepiento de haberme olvidado un acento.

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