Los Ayuntamientos españoles llevan en sí el germen sonoro de la corrupción. ¿Porqué una afirmación rotunda y grave? Porque cuando se pierde el respeto por tus ciudadanos en algún aspecto, es más fácil comenzar a perderlo en otros y en el aspecto sonoro los Ayuntamientos no tienen solución.
Ya es grave dar por hecho que forma parte de sus obligaciones fomentar y financiar el simple entretenimiento; me refiero, claro está, a un mundo imperfecto en el que las necesidades perentorias son muchas incluso en los municipios de grandes presupuestos y en los que los festejos de todo tipo tienen costes nada pequeños. Si además esas fiestas impulsadas y financiadas por los ediles rumbosos violan las propias normas municipales y son una enorme molestia para muchos el resultado es inaceptable.
Cuando a más de un kilómetro de distancia del recinto de fiesta se puede oir nítidamente letras y músicas a la una de la noche víspera de laborable, lo que contraviene ordenanzas contra el ruido, y la única justificación es que lo ha programado el Ayuntamiento algo importante falla.
Y aunque es irrelevante, no es cierto que guste a una mayoría. La mayoría prefiere y está intentando dormir o leer a Chirbes o la prensa gratuita de la mañana o escuchar algo mejor o ver algo que le distraiga. Muchas cosas antes que sucumbir al ruido municipal.
Y no hablamos de los cohetes, cohetitos y cohetazos que de tan habituales parecen legales y obligatorios.