La guía recomienda para comer un buffet en un gran edificio comercial. Y el mismo problema de siempre: hay una docena de restaurantes y no sé cual es porque todos tienen los nombres en japonés. Pregunto a unas señoritas. A veces es muy divertido. Es como si les hubiese preguntado un marciano por la sorpresa que muestran y luego por la alegría de que el marciano les hubiese preguntado precisamente a ellas. Me acompañan hasta la puerta del restaurante. Y yo venga “arigato, arigato” e inclinaciones de cabeza. Es que los únicos que tienen el nombre con caracteres latinos son los de comida occidental, sobre todo italianos. Claro que a nadie se le ocurre abrir un restaurante de comida británica y menos después de lo de Nagasaki, que los hambrientos preguntando que a quien se le había ocurrido lo del “porridge” y los curas chinos diciéndoles que eso era comida británica. En las cosas dulces occidentales la palma en cuanto a nombres se la llevan los franceses. De españoles ya expliqué lo del de Hiroshima. He leído que aquí hay uno de cocina española que se llama “Café Txoko”, aunque el propietario se llama Shimada-san y dice que es fan de todas las cosas españolas pero sobre todo de la cocina y cultura vasca. En su menú de comida hay tres posibilidades: “pasta set”, “paella set” y “Txoko set”. Cada una de ellas incluye una selección de pinchos, una ensalada y una bebida, además del plato principal. Y avisa: el nombre del restaurante se pronuncia “choco”. Excepto esto para los nombres españoles nos tenemos que quedar con los nombres de coches.
El buffet ha sido un éxito y estaba a rebosar sobre todo de gente joven. Y no te controlaban los 90 minutos del de Nagasaki. Después de la primera tanda me he servido una sopa de alubias rojas pequeñas con huevos de codorniz. Error: era una sopa dulce y los huevos eran también algo dulce. Y he pensado que hacía como los elegantes que os bebéis un helado entre plato y plato.
Al acabar doy una vuelta por el centro comercial. Es todo tan bonito…Veo por primera vez en mi vida una escalera mecánica en curva. Los de mantenimiento de esa escalera debería pasar una temporada en España enseñando a los de RENFE y Metro que siempre las están levantando. Y eso que parece que siendo rectas son más fáciles.
Paso luego por un centro comercial y de ocio que se llama Canal City. A mí no me entusiasma pero es muy fotogénico. Si te gustan las fotografías urbanas te volverías loco allí.Y quizás por ser sábado por la tarde está lleno de gente.

Ideas religiosas y ciencia. 3
A propósito de “juman’okudo”, que como os escribí es una de las palabras para designar paraíso en japonés. He investigado y éstos han sido los resultados:
“Juman” significa cien mil, o sea 100.000 (5 ceros) y «oku» es cien millones, 100.000.000 (8 ceros), o sea un uno seguido de trece ceros, total que son los diez billones que os dije. He querido comprobar si era verdad y he pedido esa cantidad en una tienda y no me han entendido. Resulta que diez billones se dice «juttyou». Y además sigo sin saber la unidad de medida pues “do” significa “tierra”. O sea la tierra de los “cien mil cien millones”. Muy poético pero no se entiende nada. Tengo un amigo budista que a veces me lee y quizás lo pueda explicar.
Tendrían que pedirles a los de Ikea que hiciesen un manual de instrucciones que entonces seguro que se entendía. Y además como lo hacen sin texto sirve para todos los idiomas.
Para los que estáis flojos en la numeración: diez billones es diez elevado a 13: 10¹³ (esto de escribir el superíndice seguro que no te lo esperabas).
El acuario del amor.
En la revista donde he visto la información sobre Txoko leo también el siguiente anuncio: “Marine World Aquarium Love”. Que al leerlo así pensé en lo que conté el otro día de las pelis porno en que fornicaban debajo del agua. Pues no. Dice: “Para celebrar la estación del amor tendrá lugar un show especial de delfines y leones de mar dándose besos”. Para matarlos. Y la noticia acaba con “también podrás meter tus dedos (dice “dedo” pero imagino que serán todos) en el tanque del “doctor pez”. Allí un pez, sin dolor, te quitará los pellejos de piel muerta de tus manos y una nueva piel fresca y vigorosa te volverá a crecer. ¿Por qué no traes a alguien especial para ti a una sesión romántica en Marina World?” Tu quieres conquistar a “ese” o “esa” tan especial para ti y primero lo llevas para que vea como se morrean las focas (como diríamos en nuestra juventud para ponerla “cachonda”) y luego le dices eso de “ahora es que te comería entera”. Y la llevas a que la carpa se le coma los repelos y los padrastros. Lo dicho: ¡ para matarlos!
Internet.
En Nagasaki me dieron una hoja con los precios de internet de los diferentes lugares y el abanico no podía ser más variado. Desde uno que cobraba 200 yenes por 10 minutos (un disparate) hasta otro que cobraba lo mismo por dos horas. Unos te exigían una tarjeta de socio que equivalía al pago de 10 ó 20 minutos. Otros estaban en un restaurante o en una cafetería y te daban gratis 30 minutos si consumías por encima de una cantidad. Era realmente complicado.
En la información de la guía de lugares con internet de Fukuoka hay uno del que dice que de la una de la madrugada hasta las 8 de la mañana hay un precio especial, sin límite de acceso a internet, en sillones reclinables. Y que es posible “quedarse a dormir” e incluso ducharte. Y de otro dice que hay dos ordenadores con “love seats”. Para mí eso significa “sillones del amor” y no me imaginaba como podrían ser. Me caía a trasmano que sino me hubiese gustado echarles una ojeada y ver como eran. Claro que si vas tú solo y preguntas por los “love seats” igual se creen que eres un onanista, ¡San Kobo no lo quiera!