44. Nagasaki, día 1.Primera parte.

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Si ayer hubiese sido un día con una climatología favorable esta crónica sería “Nagasaki. Día 2”, pero es que no pude ver nada.

Hoy me he despertado más tarde que ningún día: no entraba luz en la habitación y el despertador no ha funcionado. Es un fallo de mi superreloj: cuando la carga de mi batería está baja solo siguen funcionando las manecillas y como por la noche no se carga…no ha sonado. Además la noche anterior había dormido mal: había tenido pesadillas pues había soñado con un enemigo. Pero esta noche ha sido de lo más reparadora.

Cuando voy a salir dispuesto a ver el mundo descubro, afortunadamente, que la mochila pequeña que llevo en los recorridos diarios tiene un agujero en la parte inferior por la que hubiese perdido parte del equipaje. Así que me he puesto a hacer un cosido. Mis primeras prácticas remendonas las hice cuando tenía 15 años cuando me fui a estudiar fuera de casa. Y no es que haya cosido mucho pero alguna vez he tenido que dar algún punto y aunque ahora hacía mucho que no lo practicaba he salido del paso.

Cojo el tranvía y veo a una señora con rasgos negroides. (Espero que no sea incorrecta esa palabra, porque el eufemismo de “rasgos correspondientes a africanos subsaharianos de color oscuro” me parece muy rebuscado). Por la edad podría ser descendiente de algún soldado negro americano. ¿Estarían discriminados cuando eran niños? Seguro que sí.

Nagasaki. La crueldad.

Hiroshima podría ser el paradigma del horror. El “horror” del Kurtz de Conrad. Nagasaki es la crueldad. Porque si la primera bomba no hacía falta, y menos en la situación en que se encontraba Japón, la segunda fue el acto más cruel e innecesario de toda la guerra. Creo que para los estrategas militares tenía una razón económica: así las bombas salían a mitad de precio cada una.

El 9 de agosto de 1945 un avión norteamericano después de sobrevolar Kokura, el primer objetivo, y encontrar malas condiciones meteorológicas se dirigió al segundo objetivo, Nagasaki. Allí también estaba nublado pero se despejó un poquito y así pudieron lanzar la bomba que era casi el doble potente que la de Hiroshima. La ciudad tenía una población de 240 mil habitantes y hubo 73.884 muertos y 74.909 heridos. La mitad de la población se quedó sin casa. La última cifra del 9 de agosto del 2007 es de 143.124 muertos por efecto de la explosión. La bomba cayo en el distrito de Urakami, que entre otras cosas tenía la iglesia católica más grande de Asia.

Llego al Parque de la Paz y se me vuelve a poner la carne de gallina.

Nada de lo relacionado con la bomba es tan grande y bonito como lo de Hiroshima. Es que Nagasaki fue la segunda y no tiene esa aureola histórica de la primera. Pero es igual de terrible lo que te muestra. Para mí, mucho más.

El parque está presidido por una estatua de bronce de 10 metros de alta de Seibo Kitamura y hay otras muchas estatuas donadas por diferentes países.

Parque de la Paz

Hoy además hay una “sentada” por la paz. Y como estamos en Japón todo muy ordenado. Cuando llego hay unas veintitantas personas con unos petos con letreros en japonés sentadas detrás de una pancarta. Los que van llegando cogen un peto y se sientan. Además de todos los letreros en japonés hay uno que dice “War can not make peace”. Creo que casi todos lo suscribiríamos. Luego uno que está de pie coge un megáfono y les dice algo a los sentados. Me he quedado un rato pero no he logrado saber quiénes eran ni qué pretendían.

De allí me voy a ver la reconstruida catedral de Urakami. Es de 1959 y en un principio pensaba no visitarla pues me parecía que el edificio no tenía un interés especial pero sí lo tienen, para mí, los fieles de religiones minoritarias y que han sufrido, además, persecuciones recientes. En la puerta hay un coche funerario. No sé si lo había escrito antes, pero siempre pensaba que nunca veía coches así en estos países y hoy me encuentro a uno y en la puerta de una iglesia. Nada más entrar hay una monjita. ¿Tendrán problemas de vocaciones en Japón? Es una gran nave con 45 filas de bancos (están numeradas) formando cuatro columnas, de la A a la D. En cada banco hay dos mitades y en cada una de ellas hay libros para tres personas, aunque con el tamaño japonés en cada banco cabrían 10 fieles en lugar de los seis que indican los libros. Los bancos están muy pegados entre sí de manera que te puedes poner de pie pero no arrodillar. (O sea que comen arrodillados pero rezan de pie). El suelo es de moqueta, increíble en cualquier país y más en un país de lluvia abundante. Y efectivamente están oficiando una misa de funeral. Hay algo más de 100 personas y todos van de negro u oscuro, los hombres con traje y corbata y muchas de las mujeres con mantilla. Detrás del ataúd una fotografía del difunto. Hay un armonio y un coro de mujeres que a veces canta partes de la misa en latín y otras en japonés.

Catedral de Urakami
La iglesia, como no podía ser menos, es muy funcional. Preside el altar mayor, y único en este recinto, un gran Cristo y en la parte alta una vidriera con una Inmaculada como la de Murillo. En las paredes un Vía Crucis. Las 14 estaciones. Se me hace extraño ver aquí algo que forma parte de mi niñez. Recuerdo el empleo de los ordinales a partir del diez que sólo se empleaba en el rezo del viacrucis: “duodécima estación”. Tenías siete años y ya sabias que el duodécimo era el número de orden que había entre el 11 y el 13. ¿Qué pensarán los niños de esa edad ahora cuando les digan “undécimo”? Por si acaso a mi nieto de dos años le estoy enseñando del primero al trigésimo. Son el número de escalones que hay en casa de mis padres hasta la bodega. Así él, en lugar de relacionar los ordinales con el sufrimiento, los relacionará con algo placentero como el vino.

Y estando yo allí en aquel funeral pienso en lo raras que son “mis” misas. Una vez estuvimos en una en Kinshasa (¿se llamará ahora así?) y fue algo increíble. Y quizás ya lo haya escrito en otro viaje, pero igual de espectacular, o más todavía, fue otra en la ermita del padre Foucauld en el Assekrem.

Cuando llega la comunión la toman el 98% de los fieles. ¡Qué fuertes se hacen los seguidores de las religiones minoritarias en condiciones adversas! Véase sino los primeros cristianos. Claro que aquí no los echan a los leones.

Y parece que aquí, tan lejos, haga como en España, que al único acto religioso-social al que asisto sean los funerales. Últimamente a demasiados. Las bodas, a las que no voy, no tienen nada de religioso aunque algunas familias se empeñen en lo contrario. Y las primeras comuniones se han transformado en una mezcla de “puesta de largo” y boda de niños (sin pareja).

Estando en este funeral me acuerdo de mi padre. Y de que quizás el primer viaje especial del que tengo memoria fue a La Pobla de Segur, él y yo solos, a pescar.

Cuando acaba la misa se retiran los tres curas que había y regresa uno pero sin los hábitos solemnes que llevaba antes; solo con una sotana negra. Y parece que empieza la parte familiar. Forman al lado del ataúd los más cercanos y dos de ellos dicen unas palabras. Luego pasan todos los asistentes delante del féretro dejando una flor y dando el pésame a la familia.

Salimos a la calle. El ataúd es blanco y el difunto, por la fotografía, de unos 80 años.

Coche fúnebre en la catedral de Urakami
El coche fúnebre también es blanco. La gente se queda en la puerta de la catedral. El chofer del coche saca un micrófono y dice algo al personal por la megafonía que lleva incorporada ese coche. Luego la viuda se sienta en un asiento especial al lado de la caja.

El otro día fue el oficio sintoísta en Miyajima y hoy el funeral católico que me han desbaratado mi plan inicial, pero como lo hago yo y soy el único que lo debe cumplir pues lo cambio.

Me voy al Museo de la Bomba Atómica de Nagasaki. Como en el de Hiroshima te muestran como quedó la ciudad, restos de aquellos momentos y una explicación muy detallada de cómo se preparó todo por parte de los americanos. Una cosa curiosa es que reconocen la culpa propia en cuanto la agresión japonesa a sus vecinos chinos, especialmente 15 años antes de la segunda guerra mundial.

La entrada al museo tiene un letrero que no puede ser más bonito: “Nagasaki, donde el telón de la historia se abrió con la llegada de barcos portugueses en 1547”.

Nagasaki fue el único puerto abierto en Japón desde 1641 hasta 1859. La historia que describe se acaba con “Nagasaki donde una sombra oscura cayó durante la guerra con China y la Segunda Guerra Mundial. Nagasaki, rodeada en tres de sus lados por montañas y presumiendo de una colorida historia de 374 años, recibió la mañana de verano del 9 de agosto de 1945”. Y éste es el momento fatídico que va a repetirse continuamente: las once y dos minutos del 9 de agosto de 1945.

Se describe la historia de una forma detallada de todo el proceso, semejante a la que se muestra también en Hiroshima: el 18 de septiembre del 44, casi un año antes de la explosión, Churchill y el presidente Roosvelt deciden en una reunión utilizar la bomba atómica contra Japón. El 27 de abril del 45 se seleccionan los objetivos. Algunos de ellos se eliminan porque había campos de prisioneros. El 5 de julio Alemania se rinde. El 31 de mayo deciden utilizar la bomba contra Japón sin darle al país ningún aviso previo. Desde el 20 de julio se practican con “bombas calabaza”. Gracioso término utilizado por los estrategas americanos para designar a bombas no nucleares pero que eran una réplica de éstas para ver como se comportaban en su caída. Seguro que en el argot militar tienen otra traducción. Las United States Army Air Forces las llamaron “pumpkin bombs” a esas bombas inertes.

El presidente Truman da la orden y el siete de agosto dice: “lo hemos hecho para acortar la agonía de la guerra y así salvar la vida de miles y miles de jóvenes americanos”. ¿No te recuerda ese tono a algunas frases antes de la invasión de Irak?

Una de las cosas curiosas es que para que explotase a 500 metros del suelo y producir mayor destrucción echaron también unos radiosensores en paracaídas. Uno se quedó en las ramas de un caqui. Y como en Hiroshima también aquí había muchos coreanos. Unos habían llegado en busca de una vida mejor pero también había trabajadores forzados y soldados de leva forzada. Se cree que murieron de 13 a 15 mil coreanos, unos 650 chinos y 200 prisioneros de guerra británicos, australianos y holandeses. Los coreanos se quejan de que fueron discriminados después del ataque en recibir las ayudas y de que siguen siendo discriminados ahora en cuanto a las ayudas para los supervivientes.

Los rusos tenían un tratado con Japón pero les declararon la guerra el 8 de agosto. ¿Por qué? Es tan lejana y desconocida para mí esta historia…

Acaba la exposición con testimonios de personas que estaba en contra de estas bombas como Eisenhower, Einstein (¡a buenas horas mangas verdes!), Russell. .. y con la situación del armamento nuclear actual.

Y cuando sales a la calle después de ver todo esto solo se me ocurre una palabra: ¡cabrones!

Me voy al hipocentro: el lugar exacto en la perpendicular de donde estalló. Y como en todo es menos espectacular que en Hiroshima, especialmente porque han dejado menos espacio libre y las casas están más cerca, pero me entra la misma angustia que allí. Queda un resto de la iglesia de Urakami trasladado allí al lado de una fotografía de aquel momento.

Hipocentro de la bomba atómica. Restos de la catedral de Urakami.

Acabo la visita en la “Sala del recuerdo”, lugar de recogimiento que es impresionante. Allí están registrados los nombres de todas las víctimas: los datos actualizados a 9 de agosto de 2007 es de 143.124 víctimas. Ya lo he escrito antes, pero hay cosas que se deben decir más de una vez. Muchas.

Sala del recuerdo.

Salgo a la luz de la calle con el espíritu maltrecho.

Me queda ver el último recuerdo de aquel momento: el pilar Sanno Shinto, que quedó de una puerta de un santuario shinto. En él había dos grandes alcanforeros que se mantienen todavía. Uno tiene 21 metros de alto y más de ocho de circunferencia. Hay una foto de entonces: un paisaje desolado donde solo quedan los troncos de estos dos árboles. Los dieron por muertos pero se recuperaron. Estos árboles son todo un símbolo.

Alcanforero de Sanno Shinto.

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2 comentarios to “44. Nagasaki, día 1.Primera parte.”

  1. luigi Says:

    Con tanta crueldad no es extraño que te aparezcan “enemigos”.

    Muy buena idea el aprendizaje de los ordinales al nieto!

    peace 🙂

  2. 39. Japón 2015. Décimo séptimo día de viaje.15 de marzo, domingo. Kagoshima. Mañana. | El sol es... Says:

    […]  En la cadena de hoteles donde nos alojamos tienen un mismo tipo de desayuno con algunas variantes que no sé si serán locales, regionales o por casualidad. Y además suelen variar algunos platos cada día. Lo que sí hemos detectado es que aquí gustan mucho los boniatos. También son distintos los clientes de fin de semana que los que hay los días laborables. Lo que son idénticas en todos los hoteles son las dos señoras que están en la pequeña cocina y que además de cocinar y preparar las 5 ó 6 cosas que te puedes comer, también friegan y surten la mesa donde coges los manjares. Pues bien, todas son pequeñitas, mayores, y de una rapidez asombrosa. Y te dicen mil veces “arigato” en cada ocasión en que dejas los restos de la bandeja y los cubiertos, vaya los palillos, en su sitio. Se ganan bien el salario, sea el que sea. Había anunciadas lluvias y se ha cumplido la previsión: llovía cuando nos hemos levantado y sigue lloviendo cuando hemos salido del hotel, no mucho pero de forma continua. Así que hemos decidido hacer una visita turística en un autobús de esos que hacen un recorrido circular con paradas en los sitios más importantes y que puedes volver a coger de nuevo. Y funciona de maravilla. Aquí tienen el valor añadido (que creo que no lo tienen en Madrid o Barcelona) de que el billete te sirve para coger cualquier tranvía o autobús urbano de la ciudad durante el periodo de validez. La primera parada, donde nos hemos bajado, era en el parque de San Francisco Javier. Y hemos sido los únicos. Es un pequeño parque con una iglesia católica dedicada a ese santo. Yo tenía interés en verla pues siendo domingo quizás podríamos ver una misa. Cuando estuve en el 2008 en Nagasaki visité la catedral de Urakami y me topé con un funeral. Fue r… […]

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