43. De Hiroshima a Nagasaki.

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Parece el título de un guión escrito en el laboratorio de Los Alamos en 1945.

Me despido del hotel con pena porque he estado allí de maravilla. Por otro lado he tenido suerte porque hoy llovía y hacía un día muy feo. Un día así en Miyajima hubiese sido horrible. Pero para viajar casi es mejor, tú agradablemente instalado en el tren y afuera los elementos que hagan lo que quieran.

El recorrido de hoy lo voy a hacer en dos tramos. Primero de Hiroshima a Hakata en un tren de los llamados “shinkansen”, de los rápidos: 90 minutos. Todas las grandes ciudades suelen tener una gran estación de ferrocarril dividida en dos: una es la parte “shinkansen” y la otra con el resto de los trenes. Y como son tan grandes es mejor llegar con bastante adelanto. El tiempo que espero antes de subir al andén, en una sala de espera abierta pero con sillones muy cómodos, veo a otros pasajeros de trenes “shinkansen” que llegan a Hiroshima: el 80% son hombres y el 97% va con traje oscuro y corbata. En los andenes del “shinkansen” de Hiroshima paran tres tipos de trenes: los “hozomi”, que son los únicos que no se pueden coger con el pase que llevo, los “hikari” y los “kodama”. En el suelo están marcados los números de los coches y el punto exacto donde debes ponerte para hacer cola porque los vagones paran milimétricamente allí. Y aunque sean vagones con asiento reservado el personal también hace cola. Lo que ocurre es que hay tres números, uno por cada tren y así depende del que tú vayas a coger. Pregunto y me indican uno, vuelvo a preguntar en la cola y me envían a otro. Cuando llega el tren un empleado me dice que no es ése mi vagón pero que suba deprisa. Y es que para unos segundos. Y no se puede badar. (Extraño verbo que se suele emplear solo en infinitivo e imperativo en su forma negativa).

El paisaje es montañoso todo cubierto de bosques con alguna masa de bambú. En las pocas estaciones que para estos trenes suben y bajan pasajeros y me percato que hay bastantes que llevan gabardina. Esa es una prenda que ha desaparecido en España. Yo tengo un par y no me las puedo poner porque no las lleva nadie. ¡Con lo que me gustan a mí y lo prácticas que son! Una vez di clases de castellano a unos extranjeros y un día les expliqué las diferentes clases de prendas de vestir. Conocían la palabra pero no la prenda. Para ellos “gabardina” era una forma de cocinar las gambas.

Preparando mi estancia en Nagasaki llegamos a Hakata. Hemos pasado de la isla de Honshu a la de Hyushu. Mirando el mapa del archipiélago japonés, esta isla es la que está más al sur y al oeste. Cuando pasas de Honshu a Shikoku, la otra isla que he visitado, atraviesas un gran puente pero de Honshu a Hyushu el punte debe ser muy pequeño porque no me he dado ni cuenta.

La guía dice que esta isla es la históricamente que ha tenido más tratos con el exterior y que esto se nota sobre todo en Nagasaki.

En Hakata cojo un tren “menos bueno” que el anterior pero que también está muy bien. Este tramo son dos horas. El paisaje son campos verdes quizás de arroz y más tarde montañas y de nuevo bosques. Paso al lado del mar con marea baja y llena la orilla de cañas clavadas en la arena.

Hasta ahora había viajado con tanta premura y tanta necesidad de organizar la siguiente etapa en cada trayecto que no había tenido ni tiempo de oír la música que llevo más que en algún hotel. Siempre llevo la misma música pues me gusta tanto que me cuesta cambiarla. Después de mi viaje a Asam decidí quitar lo último que había grabado, algo de canción italiana que para mí es demasiado pegajosa y almibarada con mucho “amore”, “sole” y “stella”. La sustituí por un disco de Llach, uno de mis autores favoritos, que me regaló mi hijo. Ahora más relajado puedo oírlo. Y soy feliz porque como él

“Ara que els meus ulls entreveuen
la serenor del meu capvespre
aprenc certesa en la veritat
que abans endevinava:
Jo només tinc un desig d’amor,
un poble i una barca”.

Llego a Nagasaki lloviendo pero voy a un hotel que está en la misma estación, incluso puede que sea propiedad de la misma compañía ferroviaria.

Pensaba quedarme dos noches y empezar la visita esta misma tarde pero el tiempo es francamente malo con lluvia fuerte con rachas de viento y nubes muy negras y bajas l oque hace que todo el ambiente esté muy oscuro. Así que me quedaré tres noches.

Me voy a comer a un restaurante de los que recomienda la guía. Es uno típico de sushi con una cinta sin fín con platos que pasan por delante de ti y coges el que quieres. Cada uno tiene un precio en función del tipo de plato sobre el que está; por ejemplo los azules un precio, los rosas otros, los de rayas…Vaya, lo general de todos estos restaurantes de sushi. Lo que pasa es que aquí todo está solo en japonés incluido los números y cojo los que me parecen, como en los restaurantes finos que las cartas para “ellas“ no tienen el precio de los platos. Como si fuesen unas “mantenidas”. Pues así también en este restaurante. ¡Qué bueno es el sushi!

Después me voy a buscar información de la ciudad. En ésta también hay una oficina en la estación y otra de la prefectura. Me voy a la segunda. Hay una tienda de productos “regionales”. Parece que una de las cosas típicas son objetos hechos con conchas de tortugas. La guía recomienda no comprarlos porque tú no los necesitas y las tortugas sí que precisan de su caparazón. El personal de información, como siempre, muy amable y eficaz.

Luego me doy un paseo hasta una calle que es una galería comercial cubierta. Esto es un símbolo y punto de referencia en cualquier ciudad japonesa. Hasta Kotohira tenía una pequeñita. Pero el día sigue mal así que regreso a la comodidad del hotel. Al regresar veo la primera monja católica de este viaje.

Lecciones de inglés.

1. En Hiroshima y Nagasaki he comprendido porqué en el hotel de Matsuyama no conocían la palabra inglesa “tram” o “tramway” a pesar de estar al lado de la parada de tranvías. Y es que en Japón se utiliza “streetcar” que es la forma USA y que yo desconocía.

2. Fomite. Es un objeto inanimado contaminado por un organismo infeccioso. Por ejemplo un teléfono celular cuando tienes la gripe o el ratón o el teclado del ordenador cuando estornudas encima y tienes el ébola. Pero si tienes salmonelosis y se te comen los caníbales tú no eres un “fomite” eres un vector biológico. A que mola, que diría el Doctor House.

Observación de antropología física (y cultural, creo).

En Tokio me sorprendieron las piernas de las chicas japonesas. Incluso tuve una charla con Hiro sobre la selección natural y su relación con el tema. Luego volví a la sorpresa en Hiroshima y esta tarde en la “shopping arcade” de Nagasaki. No he visto en mi vida piernas como las de aquí. He pensado que si alguien hace un estudio o incluso una tesis doctoral con este propósito podría contratar para la parte gráfica al salido que me encontré y reprendí hace unos días en el tren. Y seguro que lo hacía gratis.

Ya sé que eso de las piernas, como de cualquier parte del cuerpo, es una cosa cultural y que depende del tiempo y del espacio en el que estás situado. Y que yo juzgo según mis patrones culturales y que quizás aquí encuentren extraordinarias también esas piernas pero en otro sentido. Pero me cuesta creerlo.

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3 comentarios to “43. De Hiroshima a Nagasaki.”

  1. Carmen Says:

    Siento contradecirte pero es que hoy sin ir más lejos he visto varios caballeros vistiendo gabardinas…será cosa del Norte, pero aquí es muy usual y práctica en días lluviosos como los de este atípico 28 de mayo.
    Un voto a favor de las gabardinas.

  2. Carmen Says:

    Lo de las piernas arqueadas de las japonesas es un hecho innegable; será el kimono, será la forma de sentarse/arrodillarse, será la genética…será lo que sea. Igual es que la ortopedia no se practica, no?

  3. Angel del Japón Says:

    No se me había ocurrido que la culpa la tenga el kimono. Claro que otra vez me fijaré también en las piernas de ellos.
    Y me alegro que vuelvan las gabardinas. Por lo menos a tu norte.

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