42. Hiroshima, día 3.

by

Lui

Tu n’as rien vu à Hiroshima. Rien.

Elle

J’ai tout vu. Tout.

Así empieza “Hiroshima mon amour” de Marguerite Duras.

Una ciudad de más de un millón de habitantes, situada en el sur de la isla de Honshu. Grandes avenidas, edificios modernos y un nombre histórico.

Estar en Hiroshima es como estar en Luxor, en Estambul o en Micenas…Aunque aquí no es la historia de un gran imperio la que está detrás, ni siquiera la de una gran batalla. Es la historia de la sinrazón y de la crueldad de la guerra. En las del siglo XX la mortalidad era de un 80% aproximadamente entre los combatientes, varones por tanto, y un 20% de población civil. En las guerras del siglo XXI el 80% son de población civil, mujeres, niños y ancianos, y el 20% de los ejércitos. Y en muchos de estos últimos, altamente tecnificados, ni siquiera eso. Pues en Hiroshima se adelantó la historia. La muerte fue indiscriminada. Se quiso que la muerte fuese ejemplar. Si eres un guerrero, y por tanto estás vivo, probablemente tendrás motivos para explicarlo. Como Einstein, que no fue guerrero y pasa por pacifista, le pidió a Roosevelt que se fabricase la bomba atómica. O como los estrategas americanos y británicos que decidieron masacrar esta ciudad para que los rusos no tomasen ventajas. Podrás explicarlo pero no convencerás. A mí no.

Esta ciudad está situada en el delta del río Otagawa y uno de sus puentes en forma de te, que cruza uno de los canales, se eligió como diana. El 6 de agosto de 1945 a las 8:15 de la mañana lanzaron la primera bomba atómica de la historia. La hicieron explotar a 600 metros de altura para provocar más devastación. Alrededor de esa zona hay una serie de monumentos en recuerdo de aquel momento.

Lo primero que me encuentro es el “Gembaku Domu”. Son los restos conservados de un edifico construido por el arquitecto checo Jan Letzel en 1915. Entonces era un edifico notable con una bonita cúpula. Le llaman “la cúpula de la bomba atómica” y sus restos son el símbolo de la ciudad. Y me entra una angustia terrible estando allí.

Gembaku Domu.
Después encuentras unos jardines, el Parque Conmemorativo de la Paz, donde hay varios monumentos recordando aquel día. Así el “Monumento por la Paz de los Niños”.

Pajaritas de papel

Esta inspirado por una niña que murió de leucemia a las 10 años. Ella creyó que podría curarse haciendo pajaritas de papel porque según una tradición japonesa si una persona desea algo se convertirá en realidad. Las pajaritas representan grullas y este animal es el símbolo de la longevidad y felicidad y la niña creyó que si conseguía hacer 1000 grullas se salvaría. La niña murió pero su acción se convirtió en una leyenda que hace que los niños japoneses sigan haciendo pajaritas de papel y las depositen en ese monumento.

Muy cerca está el “Monumento en memoria de las víctimas coreanas de la bomba atómica”. Esta ciudad tenía entonces 350 mil habitantes y había una gran población de coreanos viviendo aquí.

Monumento en memoria de las víctimas coreanas de la bomba atómica.

En ese momento Corea era una colonia japonesa y por ello había desde ciudadanos normales que habían venido aquí a trabajar y prosperar hasta trabajadores forzados. Se calcula que el 10% de los que murieron eran de ese país. O sea más de 20 mil. Dice un letrero: “No hubo funerales para ellos, ni servicios religiosos en su memoria y por eso sus espíritus están vagando sin poder ir al cielo”. No fue hasta 1970 en que se erigió el monumento “para que sus almas pudiesen estar en paz”.

Un poco más allá está el “Montículo Conmemorativo de la Bomba Atómica” donde están enterrados los restos de los que fallecieron.

Después el “Cenotafio para las víctimas de la Bomba Atómica”. Que contiene los nombres de los que murieron. Tiene una llama que se apagará el día que sea destruida la última arma nuclear. O sea nunca.

“La Sala Nacional de la Paz en Memoria de las Víctimas de la Bomba Atómica de Hiroshima”. Es el monumento más reciente de todos, de 2002. Es una gran sala para pensar en todo ese sinsentido y donde hay registros y fotos que se han conseguido de todas las víctimas, así como de sus testimonios. Muy sobrecogedor. Y muy bonito.

Sala Nacional de la Paz en Memoria de las Víctimas de la Bomba Atómica de Hiroshima

Finalmente el “Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima”. Un lugar donde se describe toda la historia anterior, en el momento de ocurrir la tragedia y después.

Y cuando acabas de ver todo esto tienes el espíritu encogido.

Lo pondría como lección de historia o de “Educación para la Ciudadanía” que todo el mundo debería ver este parque.

Se calcula que unas 140 mil personas murieron como resultado de la explosión entre el seis de agosto de 1945 y el final de ese año. Pero desde 1946 miles más han muerto cada año como consecuencia de las radiaciones. Incluso se creó una palabra nueva para designar a los supervivientes: “hibakusha”, que literalmente se traduce como “persona afectada por la explosión”.

Y entre estas visitas me vuelvo a encontrar con las españolas de Cornellá y Cuenca.

En un edificio cercano, tipo Palacio de Congresos, hay muchísimos jóvenes. Algunos llevan uniforme y muchos ramos de flores. Primero pienso que quizás están para hacer una ofrenda floral y luego que esperan a algún ídolo juvenil. Veo un señor con un brazalete y una cámara de fotos que parece estar esperando a alguien. Le pregunto. No habla nada de inglés pero creo entender que es una ceremonia de graduación de una universidad. Van saliendo jóvenes poco a poco del edifico con una bolsa de plástico y unos papeles. En algunos casos, pocos, la familia espera fuera, pero en la mayoría son los amigos y colegas quienes les esperan. Muchas de las chicas van vestidas de “baturras japonesas “. Se hacen fotos y yo aprovecho para fotografiarlos también.

Mamá, hemos ganado
Al lado de tanta tristeza la alegría. La vida no ha parado ni un instante.

Hay un letrero en el parque que dice: “Traficar con drogas, recaudar dinero, vender en la calle, o conductas relacionadas están prohibidas dentro del parque”.

Notas varias.

1. Mi suministrador de internet. ¡Cómo se puede ser tan malo! Intento abrir su página web para acceder a mi correo y me dice que tengo que tener instalado “flash”. ¿Y si estás en Japón? ¿Y si el ordenador no es tuyo? ¿Cómo se puede diseñar algo tan mal? Tengo tres cuentas de correo, dos gratis y una pagando, ¿adivinas cuál es la peor de las tres? Y, claro, no puedo abrir mi cuenta ni comunicarme con ellos.

2. Veo de nuevo una tienda de Zara y me da una gran alegría. La fotografío. Espero que no sea de ninguna familia real y tenga problemas por ello. Solo logro saber que abren de 11 a 20.

Zara en Hiroshima

3. Pasan a mi lado dos tipos escuálidos y mayores con una maletita y parece que llevan chalecos antibalas. Ayer también vi a una pareja semejante salir de una furgoneta. No veo que lleven armas y si son de transporte de fondos o valores me parecen insignificantes. Claro que a lo mejor son los abuelos de Bruce Lee.

4. Ayer por fin vi a un ciego al salir de la estación. Seguía la línea marcada que hay en todas las calles importantes. Me lo volví a encontrar cerca de mi hotel y me sorprendió. Claro que yo me perdí y el ciego no vería pero no era tan tonto como yo. Recordé a una compañera de trabajo que se había casado con uno que descendía de un pueblo cerca del mío. Le hacía mucha gracia que la abuela del novio para indicar que alguien era muy espabilado decía: “es que los de ese termino (así con pronunciación llana) son muy pitos”. Pues eso, que los ciegos de Hiroshima son muy pitos.

4. Cuando iba a salir del parque esta mañana un señor, no japonés, me pide que le haga una foto. Me pregunta si hablo inglés y que de donde soy: “Pues mejor hablamos español”. Era iraní y había vivido una temporada en Madrid y en La Manga. Ahora vivía en Los Angeles. Japón le ha maravillado tanto que quiere venir a vivir aquí. Dice que en Estados Unidos no se puede vivir y que se han perdido todos los valores.

5. Me cruzo con una “gótica” japonesa. Después de Tokio no había vuelto a ver gente tan rara (incluida unas punkis occidentales esta mañana). ¡Mira que son estrafalarios algunos jóvenes japoneses! Sobre todo ellas. El iraní no los debe de haber visto porque no creo que le guste compartir la ciudadanía con estos personajes.

6. La guía recomienda un restaurante español y por casualidad paso por allí. El nombre, desde luego, no lo es: Zucchini. En el toldo dice: “Saborea el “gourmet” de España, sur de Europa. Los 43º de altitud norte cruzan desde Toscana, en Italia, hasta Provenza, en los Pirineos, Francia. Alta calidad y agradable sabor de la verdadera Europa. El sabor más apetecible está al norte de la latitud 43º”. No se puede ser más español. Ni más confuso. Por supuesto no entré a comprobar lo de la latitud y la altitud. Y qué entendían ellos por cocina española.

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