Las tazas de retrete, llamadas inodoros en el habla políticamente correcta, siguen maravillándome (las japonesas). Y cavilo en como las habrán diseñado. Porque después de la idea genial viene el diseño de la pieza y sus mecanismos. Pero antes de lanzar la producción hay que tener un modelo que sea lo más universal posible. Así imagino que hicieron un modelo en metacrilato o algún material transparente y resistente. Y luego han buscado voluntarios. Primero en la misma empresa. No ha salido ni uno. (Cuando estuve trabajando en una fábrica de cervezas con nombre de santo, y no doy más información para mantener el anonimato, trabajaba conmigo uno que me decía: si vienen a buscarme para la cata de cervezas diles que estoy ocupado contigo y que me necesitas. Porque resulta que se apuntó a catador de cervezas cuando pidieron voluntarios. Al principio debía ser interesante, divertido e incluso puede que se ligase con eso en los bares y daba prestigio social. Pero luego, me explicó, se dedicaban a hacer putadas para ver si se notaba en el producto o no. Y a veces se notaba. Nada insalubre, que coste. Pero le sabía mal borrarse de catador. Por cierto era uno de los grupos de gente más estupenda que he trabajado en mi vida. Porque siempre te sale algún borde o algún rebotado pero estos eran todos encantadores. Lamento haber perdido ese contacto). Volvamos a Japón. Pues buscan voluntarios. Y primero deben hacer una selección de traseros. Porque esa taza debe hacerse con criterios universales. O por lo menos nacionales. O sea que deben ser culos de todas las tipologías, morfologías y tamaños. ¿Cuántos se deben elegir? Pues eso debe estar estadísticamente determinado. Digamos que para el mercado japonés 317 culos. Ya tienes la taza transparente y los culos. Ahora a probar donde se sitúan las posaderas para ver donde colocar las resistencias que dan el calorcito y hacia donde dirigir los chorritos de agua. Y entre qué márgenes de temperatura se debe trabajar.
Pero si la taza está donde se colocan todas pues el pobre técnico probador-observador no solo debe estar 8 horas viendo culos, que eso no se paga con dinero, sino que además tiene que estar largo en el suelo con la cara pegada a las baldosas, así que se me ocurre que solo hay una forma de trabajar: como con los coches en sus dos variantes de la ITV:
A) Foso: la taza está donde están todas y alrededor hay un foso donde está el técnico. Problema: que como en los de los coches se llena de grasa y aceites aquí lo hace por lo menos de meados. O peor.
B) En lo alto. Se coge una columna hidráulica y se sube al cagón encima de la taza hasta 1,6 metros de alto. Más limpio que la otra opción pero difícil de probar pues estar sentado allí, con un par de ingenieros técnicos industriales (peritos industriales cuando se diseñó) mirándote el culo y a más de dos metros de alto eso provoca estreñimiento. Seguro.
Pues me encantaría saber como lo hicieron. Porque el chorrito da en el blanco.
Ni un día sin una nota gramatical.
Creo que llamar inodoro a la taza del retrete podría ser una antífrasis.
Del DRAE:
antífrasis. Figura que consiste en designar personas o cosas con voces que signifiquen lo contrario de lo que se debiera decir.
26/05/2008 a las 22:24
Cavilación técnico escatológica erótico festiva
¡Qué cosas cavilas hijo mío!
06/06/2009 a las 12:37
Me parto Angelito! pero debe dar un poquito de «nosequé» lo del chorrito o que no estamos acostumbrados! jajaja