37. Hiroshima, día 1.

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La estación de Hiroshima ya te muestra que vas a estar en una gran ciudad. Hay dos salidas y como te equivoques, el paseo de penitencia es considerable. Hay que coger la sur. Hay incluso una oficina de información turística en cada salida. Allí me vuelvo a encontrar con la eficacia japonesa. La empleada habla inglés, los mapas están también en inglés y son una maravilla y sus explicaciones también. Además parece que estuviese esperando mis preguntas. Sí, ya sé que todos los turistas tenemos las mismas dudas, pero ¿por qué no hacen lo mismo en todas las oficinas de información turística del mundo?

Esta vez no voy a estar alojado cerca de la estación así que le pregunto por el transporte para ir hasta allí. Me lo explica. Luego llama al hotel que quiero ir para comprobar que hay plaza y no ir en vano. Me hace la reserva a mi nombre y me da un formulario con el precio para que no haya dudas. Todo ha sido a iniciativa suya. Como aquí el medio de transporte es el tranvía y si necesitas coger dos con trasbordo hay un método para pagar un solo billete, se lo pregunto y me da una hoja donde explica todos los pasos a seguir detalladamente. “¿Y para ir a Mijayama teniendo el JP Rail Pass?” Pues otra hoja con la explicación y horarios del ferry y cuáles debes coger para que sea gratis. Es que le hubiese dado un abrazo de agradecimiento.

Cojo el tranvía y como va con cobrador me dice donde debo bajarme. Y luego el hotel es una maravilla. Es el más funcional y práctico que he visto nunca. Si tuviese que diseñar un hotel para alguien que viaja como yo lo haría así. Y encima la recepcionista que hay cuando llego es una monada. Al enterarse de que soy español me dice: “hola, ¿cómo estás ¿”. “No me digas que hablas español”. Pues no, pero estaba interesada en el país. No sé si también nos considerará “enérgico, energéticos o vigorosos” o qué. No me he atrevido a decírselo porque quizás esas preguntas en el mundo nipón son inconvenientes.

El hotel.

En la recepción hay dos pantallas con internet de acceso libre pero hay que estar de pie. Esto tiene la ventaja de que no se va a poner nadie allí y tirarse dos horas pues para 15 ó 20 minutos está bien pero si no es muy incómodo.

La habitación no tiene armario pero sí una mesa para escribir con un sillón tipo oficina. Está ideado para poner tu ordenador portátil pues tiene conexión de internet y puedas trabajar cómodamente. La mayoría de los hoteles tienen conexión de internet en las habitaciones pero las sillas o sillones son más decorativos que funcionales. Tiene un aparato eléctrico cuyo fin desconozco pero pienso que como tiene un depósito pequeño será para poner un insecticida y eliminarlos cuando sea la temporada. Por si las flais pregunto en recepción. Ya no está la guapa y ahora hay dos que hablan un poquito de inglés: es un humificador. Enfrente del ascensor, en el descansillo de cada piso, hay varios plancha-pantalones, flexos para la mesa de tu habitación, y una cafetera que sirve gratis varias clases de café, chocolate y te verde. ¿Qué más necesitas? No me digas que un grifo de cerveza de barril.

Les pregunto para ir a comer. ¿Comida japonesa? Pues sí. Me mandan a un restaurante cercano. Difícil entenderse. Pido un plato de sashimi. El cocinero lo corta delante de mí. Es un artista. Sólo unas láminas de pescado crudo con una hoja verde y wasabi. ¡Qué bueno que estaba! Al acabar de comer le hubiese dado otro abrazo al cocinero-cortador como a la chica de información. (Y a la recepcionista guapa).

Con ese espíritu me he ido a visitar el parque de Hijiyama del que la guía dice que es notable en primavera por sus cerezos en flor y que además tiene un museo de arte contemporáneo.

Museo de arte contemporáneoEstá un poco lejos pero voy con tanto ánimo que me paso de largo casi un kilómetro. Es un parque en una montañita con unas escaleras mecánicas para subir hasta allí. Mucho arbolado y muy pocos bancos para sentarse pero con bastantes lavabos públicos. Pienso en Aranjuez y sus famosos jardines. Cuando un japonés los visite no se creerá que no haya ni un lavabo. Ni uno. En eso tiene razón el Sr. Rajoy que decía que los políticos solo se ocupan de la esencia de España y sus regiones (él también) pero no de que haya servicios públicos (él tampoco).

Y los cerezos siguen agarrotados en esta primavera tardía. O sea que no veré las famosas flores japonesas. Se ve a alguna señora con perrito paseando por allí pero en general poca gente. En una ladera un cementerio pero muy pequeñito. ¿Dónde meterán aquí a los difuntos? Los americanos les resolvieron el problema en el año 45. Y entonces pienso en las recreaciones históricas. Es un tema que acabo de descubrir. Los fanáticos las llaman simplemente “recreaciones”. En ese ambiente no hay gente pija, (sí un poco trastornada pero eso lo provoca cualquier afición desmedida), porque si no las llamarían “las recre”.

¿Cómo harán aquí las recreaciones? Pues será fácil: sin batallas previas y todos muertos de golpe.

El museo está a punto de cerrar cuando llego. Cerca hay una plaza llamada Moore que quizás sea por una escultura que hay en medio.

Plaza Moore

A mí ese nombre siempre me recuerda a mi pueblo pues hay allí una calle llamada “teniente Moore”. A lo mejor es de cuando ese famoso escultor fue teniente pero no lo creo. A lo mejor era su padre. En esta plaza de Hiroshima hay unos cerezos enormes que cuando florezcan, con esa escultura y el museo al fondo, deben ser muy fotogénicos. Hoy había un joven sentado tocando una trompeta. Es que debe ser muy difícil tocar ese instrumento en este país con lo respetuosos que son. En España además de que cuanto más ruido mejor (si no véanse las fiestas patronales promovidas por los ayuntamientos con el dinero público, o sea el tuyo y el mío, aunque no te dejen dormir), te pones en la calle o en cualquier subterráneo del metro y puedes tocar lo que quieras. Lo hagas bien o mal. Y a mí me parece bien que no se hagan distinciones. Porque es como los que dicen que les parece bien que en las playas vayan con las tetas al aire, pero solo las jóvenes. Siempre que no sean sus hijas. Pues en eso como en la música, si se permite, que lo haga quien quiera. Claro que lo de las tetas si no estás de acuerdo con no mirar —que sí mirarás— ya está solucionado pero lo de la música te la tienes que tragar de todas maneras. Así es fácil ensayar cualquier instrumento sea en tu casa o en la calle si lo puedes transportar, pero en Japón la cosa está más complicada.

En la misma plaza en otro banco había otro joven con una guitarra rara. Luego me percato que tiene una botella de whisky de cuarto de litro y dos latas de cerveza. Debe ser el lugar del “botellón musical” de esta ciudad. También hay una foto donde se ve como estaba la zona de enfrente después de la bomba en 1945. El pie de la foto dice que fue tomada por el “US Army”. Obviamente no dice esa frase tópica de “agradecemos al ejército americano la reproducción de la fotografía”.

Regreso al centro. Me encuentro una calle comercial muy importante con todos los árboles floridos. Son pequeñitos y parece que los acaben de colocar y se las han pegado por la cantidad de flores que tienen. Veo a algunas chicas vestidas de baturras japonesas pero van diferente que las de Kioto.

Al llegar a la estación no sé qué pregunté que al verme mayor y solo me dieron un folleto donde estaban los bares, restaurantes y lugares de alterne. En él recomendaban un restaurante que tenía una tienda de alimentación. Allí me fui. Era de los llamados “delicatessen”. Todo lujo. Lo gracioso es que está dedicado a Europa. Es muy caro, pero es que tampoco llegas hasta aquí para comer aceitunas: 100 gramos de 500 a 600¥. Calcula el kilo a 30 ó 40€. Yo las he comprado vivas a 1€ el kilo estas navidades pasadas. Y también había tortilla española: a unos 30€ el kilo. La venden en sectores circulares y veo su interior: tiene patata pero es muy rara. Quizás sea de un cocinero de esos famosos. Una barra de pan cuesta casi dos euros. Y tienen una selección de vinos que sería difícil encontrar en una gran ciudad española. Sigo mi ronda de “mirar y no comprar” y en una calle comercial y muy importante veo una tienda de Zara. No he entrado en ninguna en mi vida pero me alegra verla y además está enfrente de una de Vuitton. Como no conozco los precios en España no entro para comparar.

Y acabo ese largo paseo en mi hotel.

Recreaciones históricas.

Los que se dedican a esto se llaman a sí mismo “recreacionistas”, que dado la connotación de retrógrado que tiene el vocablo “creacionistas” deberían buscar uno alternativo. Porque si tienes una hermana que sale con un “recreacionista”, cada vez que lo dices tienes que repertir la palabra remarcando la “re”, pero con mucho “rrre”.

Curiosamente “recreation” en inglés significa “diversión o pasatiempo”. También “recreo” escolar. Y la explicación que he encontrado de “recreationist” es de alguien que defiende que los parques nacionales, las orillas de los mares, los lagos, etc., deben ser conservados en su estado natural para el ocio, agricultura o estudio científico y también una persona que se lo pasa bien haciendo camping y marchas por la naturaleza .

Primer encuentro con la bomba.

Puerta de la oficina “Kanayama-cho

Cerca del hotel hay un gran edificio propiedad de un banco. Muy moderno. En una calle lateral hay una extraña puerta de piedra. En ella una placa explica que es la oficina “Kanayama-cho” de “The Hiroshima Bank”. El seis de agosto de 1945 a las 8:15 el edificio aguantó. Luego en el solar hicieron uno nuevo pero conservaron la puerta.

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Una respuesta to “37. Hiroshima, día 1.”

  1. luigi Says:

    En cuanto a la información turísitica ya no de los profesionales sino en general de toda la trupe, es realmente alucinante! que envidia!, y corroboro tu pregunta ¿por qué no lo copiaremos/copiarán?

    Joder con los “recreacionistas” (no los de la acepción inglesa)! que afán desmedido el cual no terminamos de entender (algun@s). Como dice mi abuela, les enviaría a una recreación bélica de las que tristemente hay en la actualidad para que “lo gozasen” en sus propias carnes!!

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