39. Hiroshima, día 2. Primera parte.

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Tras las abluciones y todavía maravillado por las prestaciones de este hotel me voy a desayunar, que además está incluido en el precio. Y parece mentira que den ese desayuno. Todos los clientes gente joven con aspecto de irse a trabajar, muy arreglados y comiendo veloces. Echo ojeadas a mi alrededor para ver como se desenvuelven con las distintas piezas, pues aunque aquí hay más herramientas solo utilizan los palillos.

Hay unos triángulos de arroz (no sé como se llamará esa figura geométrica) de cinco cm. de lado y tres de ancho. Yo he cogido uno y lo he partido como he podido con los palillos para luego poder cogerlos mejor. Un gordito que tengo enfilado lo coge entero y lo va mordiendo. Además del desayuno japonés hay también algún bollo dulce, mermelada y mantequilla. Magnífico.

Me voy andando hasta la estación con las indicaciones de un recepcionista.

Al lado de la estación hay una oficina de correos y a pesar de que ya les he enviado una postal a mis nietos les mando otra desde aquí para que sepan de Hiroshima y su barbarie. Y aunque ya voy conociendo algo del país vuelve a sorprenderme su organización: en un mostrador hay dos gafas para ver de cerca. Son de montura roja muy majas. No, yo no me pongo gafas de montura roja pero quizás mi mujer sí y pregunto cuanto valen. Que no las venden. Están allí por si alguien las necesita al hacer alguna gestión en esa oficina.

Aunque he titulado la crónica de hoy “Hiroshima” debería decir “Miyajima” que es donde voy a pasar el día.

Gracias a la información que me proporcionaron en la estación al llegar ayer ha sido facilísimo: primero el tren y luego el trasbordador. Y como todo el mundo va allí no hay problemas.

Miyajima.

Es una isla famosa porque está el arco “flotante” de un santuario shinto.

Según la guía “uno de los tres sitios más fotografiados de Japón”. Y a mí es que eso es que me saca de quicio. Como”uno de los tres más grandes mamones de mi comunidad autonómica”. (Si fuese de mi comunidad de vecinos…) Por que, ¿cómo lo saben? Pueden controlar las visitas, y aquí es fácil porque todos llegamos en un ferry. O sacar estadísticas de las veces que aparece en flickr o en todos los repositorios de fotografías de la red, pero, “¡el más fotografiado!”… ¿Quien lo calcula? Son esas chorradas que estropean la credibilidad de una guía seria y bien documentada como ésta.

Cuando estás llegando a la isla ya lo ves y es precioso, sea el primero, el tercero o el quincuagésimo nono más fotografiado. Y afortunadamente hace un día precioso. De vez en cuando intento coger algún telediario para ver si soy capaz de entender la previsión meteorológica y he visto que dentro de dos días va a llover, pero no sé donde. Porque ponen un cuadro con los nombres de las poblaciones o distritos o autonomías en el eje de las “X” y los días en el de las “Y”, y en las intersecciones un solecito o una nube, y dentro de dos días con lluvia. Pero no sé donde. Pues me quedo igual. En esa búsqueda, y a veces espera en la tele, me he percatado que no hay pelis ni series americanas, Aunque todos estos hoteles tienen unas pocas cadenas gratis, puedes comprar una tarjeta para más canales. No sé si son películas serias o son de las de “solo para adultos”. En un viaje por el este de Turquía en un hotel me salió una cadena donde emitían porno japonés o coreano y lo más gracioso es que lo hacían todo debajo del agua. Todo. Con lo difícil que es en tierra firme. Pues imagínate a cinco metros de profundidad.

Esta isla, además de la famosa puerta, tiene el templo que va detrás, otros templos, un pueblecito con una calle llena de tiendas para turistas y restaurantes, un teleférico que sube a una montaña y ciervos. Te advierten que tengas cuidado con ellos porque pueden llegar a comerse tu pase del tren. Desde luego que son bastante atrevidos pero todos los que vi iban sin cuernos.

En el viaje en el trasbordador he visto algunas bateas y he caído que no he visto en ningún sitio mejillones. Ni siquiera en el mercado de pescado de Tokio. ¡Con lo buenos que están!

Me dieron una hoja con todas las posibilidades de visitas en esta isla, de tres a seis horas. Como tengo todo el día haré la de seis y así podré fotografiar la famosa puerta con el sol de la mañana y el del atardecer.

Itsukushima-jinja. Así se llama el templo o, mejor, el conjunto al que pertenece la puerta. No sé si será uno de los lugares más fotografiados de Japón pero yo me he hinchado de hacerle fotos.

Torii flotante de Itsukushima-jinja.

Parece que antes los plebeyos no podían acceder al templo por tierra y tenían que llegar por mar con barcas y así se construyó esa entrada dentro del agua. La llaman “floating torii” pero de “flotante” no tiene nada, excepto la impresión en algunos momentos de marea alta.

Como es un santuario sintoísta la puerta tiene esa forma de letra griega pi, Π, con un palo horizontal más, y como está cerca de la orilla en un terreno bastante llano, se puede acceder hasta ella andando si la marea está baja. Esto para hacer fotos es un problema pues no para de ir gente hasta allí para fotografiarse y no hay manera de cogerla vacía. Así que si quieres hacerle buenas fotos te debes enterar de las horas de las mareas o estarte todo el día en la isla, que es la mejor opción.

El templo también se visita y es muy fotogénico.

Cuando entro salen de una estancia un grupo de sacerdotes vestidos de blanco, otros de azul y otros de rojo y forman una fila. (Cuando digo “sacerdotes” quiero decir personal con uniforme pues dado mi desconocimiento del mundo shinto soy incapaz de distinguir un sacristán de un canónigo).

Itsukushima-jinja.

Los de blanco llevan unos gorritos negros sin adornos pero los de color llevan unos casquetes con unas láminas metálicas como si fuesen unas plumas muy curiosas. Y empiezan a marchar en fila de a uno sobre un fondo rojo de la pared de madera que volvería loco a un fotógrafo.

¿Tan bueno había sido yo para merecer esto? Al final sale un abuelito bastante machacado que casi no podía ni andar sino era con la ayuda de otros monjes. Debía ser el jefe máximo por el respeto y el cuidado con que lo trataban. Debe ser una gozada ser mayor en un entorno religioso, porque en el laboral, y más en España, a los 50 ya le hubiesen dicho que no servía para nada.

Y la gente veía todo este desfile pero no le daba demasiada importancia. Claro que era todavía muy pronto y quizás para ellos ver una ceremonia así es como ver una misa católica en España.

Llegamos al templo y ayudan al abuelito a subir a la parte más alejada de los fieles. Los de blanco se quedan más cerca en una fila y resulta que eran los músicos: seis de viento y dos de percusión. De los de viento tres tocaban una flauta muy aguda y los otros tres un instrumento que era la primera vez que lo veía en mi vida. Los curas que iban de azul o rojo se colocan a los dos lados del altar. Entre ellos y el personal hay dos filas de asientos con ocho o diez feligreses que deben ser los que han encargado el festejo. Todos hombres y con traje oscuro. Cuatro de ellos llevaba un chaleco blanco por encima. Tocan la música, pero con partitura y todo, y cantan un poquito. Entonces salen dos jovencitas con trajes como de ópera china (nunca he visto ninguna pero me los imagino así) o de la corte imperial en la peli “La maldición de la flor dorada” y se ponen a bailar. Y otra jovencita que se sitúa detrás de los músicos con un instrumento de cuerda de casi dos metros de largo. Luego algunos de los curas de colores van a buscar comida y con mucha ceremonia y ritual lo llevan hasta el altar. Y música y movimiento. Luego recogen todo de nuevo.

Itsukushima-jinja.
El abuelito baja hasta donde están los de paisano y aparece un fotógrafo con una máquina de 6×9 y les hace una foto a todos juntos. Yo también. Quiero decir que los fotografío, no que me incluyen en la foto.

Más de una hora estuve viendo y oyendo aquel espectáculo. Y todo sin esperarlo. Es lo más bonito que he visto en mucho tiempo. El ballet de las chicas fue algo precioso. Y la suerte que he tenido, porque cinco minutos antes no hubiese visto el cortejo y me habría ido.

Cuando regresan al lugar de donde salieron le hago una foto al abuelito jefe. Me miró fijamente parecía que quería decirme algo pero no lo hizo.

Este santuario es original del siglo VI y Taira-no-kiyomori lo volvió a construir en 1168.

Todos los edificios del conjunto están comunicados por pasillos y todos de colores. El recinto tiene una longitud de más de 300 metros.

Para los estudiosos: es de estilo shinden-zukuri, punto culminante del periodo Heian (siglo VIII al XII).

La puerta principal se llama O-torii y tiene 16 metros de alto con sus pilares principales de 10 metros de circunferencia. La actual data de 1875 y es la octava vez que se reconstruyó desde la primera vez.

Torii flotante de Itsukushima-jinja.

Después de la ceremonia sigo por allí intentando hacer fotos de la famosa puerta e intentando cogerla con poca gente pues va bajando la marea y cada vez el personal se acerca más. Y así paso casi toda la mañana allí.

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