28. Tokúshima. Día 1, segunda parte.

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Ryozen-ji.

El templo número 1. Porque aquí es donde comienza el circuito de los 88 templos. Y eso es lo que he venido a ver.

Es un lugar muy interesante con un complejo de varios templos, uno de ellos muy grande, y un “shukubo” o alojamiento para peregrinos. Dice la guía que es una excelente oportunidad para conversar con otros peregrinos mientras pasas una tranquila noche allí. Yo añadiría que “es una excelente oportunidad” sobre todo si hablas japonés, si no, no sé yo, la verdad.

Me ha sorprendido la tranquilidad del lugar pues me lo imaginaba lleno de gente que comienza el camino, pero quizás no sea buena época o que ya son las tres de la tarde y se empieza por la mañana y ahora solo quedan los rezagados. Así que como no había comido todavía me voy a procurar el sustento. Solo había un sitio y de plato único: fideos. Lo dicho, seas peregrino o no, si no te gustan los fideos y el pescado crudo no vengas aquí. Luego me doy una vuelta por las tiendas que venden todo lo que el peregrino necesita. Un poco tipo “Coronel Tapioca” en zen. Después me voy a visitar el templo principal. Allí me encuentro con el del tren ya pertrechado con el bastón, el cascabel, el gorro y la camisa blanca del uniforme del peregrino. Bueno, éste iba con una variante que es del tipo chaleco.

Dotación de pereegrino.
En el exterior del templo hay un maniquí totalmente equipado para que tomes ejemplo. Dentro del templo también hay una tienda con todo el material. Por si quieres hacer ese camino de realización personal en plan budista allí tienes tres libros en inglés para que te sea más fácil. También hay otra tienda en el templo donde venden cosas religiosas. La señora que lo atiende me pregunta que de donde soy. Y me dice que los hombres españoles somos enérgicos y guapos. Vaya, eso he entendido. Me dice que si me gusta el té japonés y antes de que le pueda contestar se mete en la tienda y sale con una bandejita con un té y una especie de trozo de bizcocho. Y me dice que me siente en el templo a tomarlo. Saco un alfajor que llevo y se lo regalo. Casi se ha emocionado. Vuelve a entrar y sale con una bolsita de tela de vivos colores y me la da. Está llena e imagino que por el peso y el volumen será algo típico y ligero, algo así como unas almojábanas. Estoy a punto de abrirlo y comérmelo allí mismo con ella. Pero como hay sitios en Asia que cuando te regalan algo es de mala educación abrirlo delante del que te lo regala pues me lo guardo por si acaso no le vaya a hacer un feo. Ya me los comeré al llegar a la estación.

Bueno, todo lo que cuento, excepto lo de que somos “enérgicos y guapos”, ha sido en japonés. Y yo mucho “arigato, arigato” pero nada más.

Al llegar a la estación no sé el andén donde debo situarme y es de las que no tienen empleados. Pregunto en una parada de taxis que hay delante. Uno de ellos me acompaña, busca el horario y me dice donde debo ir. Lo de siempre: gente encantadora.

El tren es de un solo vagón, como los antiguos automotores españoles. Lleva un conductor que cuando llega a una estación abre una puerta y comprueba que los que se bajen allí lleven billete. No quiero ni pensar que pasaría en España con un método semejante. La estación está llena de flores y sobre todo de una colección de coles decorativas preciosa.

Coles decorativas
Llega una viejecita y le pregunto si ese andén es el bueno para estar más seguro. Me lo confirma y me siento a esperar. Al rato se sienta ella y me ofrece un bombón. Me han entrado ganas de preguntarle si también encontraba a los españoles “vigorosos y guapos”. Cuando llega el tren me siento enfrente de ella. Me pregunta sino llevo billete. Para tranquilizarla le enseño mi pase.

Al llegar a Tokúshima vuelvo al TOPIA para acabar las consultas. Me dan todo tipo de informaciones. Aprovecho para preguntarle a la jovencita simpática como hacen los peregrinos para llevar siempre las camisas blancas después de tantos días de andar por los caminos. No ha logrado entender mi pregunta o le ha parecido idiota. Así que sigo sin saberlo.

Me voy a a la RENFE y compro billete para mañana. También allí la jovencita que me atiende habla inglés. Mañana me voy a Oboque.

Notas finales.

Duda en la trascripción.

Al escribir el borrador me doy cuenta que no recuerdo exactamente si la señora ha dicho que éramos “enérgicos” o “vigorosos”.

Nota ferroviaria.

En el primer tren que he cogido esta mañana había cuatro asientos en el vagón reservados para señoras.

Asientos para señoras.

También vi en Tokio vagones de metro “solo para señoras” en las horas punta. Allí lo hacen para evitar los achuchones indeseados e indeseables.¿Por qué lo harán en este tren con asientos? Además era un vagón de asientos reservados. He pensado preguntárselo a la chica del TOPIA pero dado el poco éxito con las camisas blancas no me he atrevido.

Decepción.

Cuando llegué a la estación de Bando decidí comerme los dulces de la bolsita que me había regalado la señora de los objetos piadosos. Me intrigaba lo liviano de su peso. Estaba llena de unos paquetitos de papel que tenían dentro nada. Vaya chasco y qué risa me dio. Sobre todo pensando que si le digo, por señas, a la señora que nos los comíamos los dos.

Enseñanza zen: es mejor dar las gracias por las almojábanas y no abrir el paquete.

Una respuesta to “28. Tokúshima. Día 1, segunda parte.”

  1. Avatar de Luigi Luigi Says:

    El último comentario lo aprendiste con «David Carradine» en tus tiempo mozos eh?

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