Aunque todo sea igual desde el primer día de mi llegada no deja de sorprenderme la limpieza de los lugares públicos, el orden en todos los aspectos, la gentileza de la mayoría de la población, la falta de conocimiento del inglés entre la gente que trabaja en actividades relacionadas con el turismo, la puntualidad de los trenes, la eficacia de los empleados del Japan Railways, la cortesía de todo el mundo, la presentación de las comidas …pero hay algunas cosas que me han llamado especialmente la atención.
1. La informática.
Primero ha sido encontrarme con páginas de hoteles que están solo en japonés. Y eso me hace imposible cualquier consulta. Otras veces la página estaba en inglés pero al intentar hacer la reserva de la habitación te arrancaba el programa de correo Outlook en japonés pidiéndote los parámetros del correo POP y del SMTP. Tengo que reconocer que no utilizo el Outlook pero de cualquier manera tendría que reconocer cada posición donde escribir la información. Porque ése es el principal problemas que te encuentras con los ordenadores aquí: el Windows está en japonés y por tanto todos sus mensajes salen en ese idioma. Los que habéis leído mis crónicas de Turquía quizás recordaréis los problemas que me daba el Windows en turco pero había algunas frases que lograbas aprender o entender un poco por su situación en la pantalla. Aquí nasty de plasty. Y encima en algunas ocasiones he pasado sin querer del teclado en latín al teclado en kana, o sea con caracteres japoneses. Y no he podido continuar escribiendo a no ser que haya pedido ayuda pues la información para volver a latín está en japonés. Y tampoco he logrado escribir mi querida eñe. O el guión bajo que utilizo en una de mis direcciones de correo.
2. Limpieza fluvial.
He pasado con el tren por encima de algunas rieras. Y estaban limpias, limpias. En España tendrías que ir a un arroyo de alta montaña y cerca del nacimiento para encontrarte algo así, porque lo habitual sería una mezcla de cañas, maleza y plásticos. Aquí nada igual. Y encima el agua de los grifos buenísima. Si éste es un país tan industrializado, ¿dónde envían la porquería?
3. Escatología doméstica.
Una amiga que ha estado en Japón me advirtió que en los hoteles los asientos de las tazas de los retretes estaban calientes y así al sentarte te daba la desagradable sensación de que acababa de levantarse alguien.
En este hotel hay una taza de ésas. Y hay advertencias de cosas que no debes hacer, pero no da más explicaciones. Lo primero que te sorprende es que tienes unos mandos como de nave espacial. Bueno, un poco menos, pero más que una tostadora. Y efectivamente puedes poner el asiento calentito o muy caliente. Después en cuanto te sientas suelta un chorro de agua, que no logro acostumbrarme y doy un salto y me levanto porque me parece que ha funcionado la cadena sin hacer yo nada. Y luego hay tres botones que dicen: stop, ducha y bidet. Perdí un rato y me senté delante de la taza para ver como funcionaba y por donde salía el agua, porque lo del bidet me lo imaginaba pero lo de la ducha ni idea. Pues los miré, los toqué y los apreté pero nada. Llegué a la conclusión de que como no podían estar estropeados (no en Japón) es que los habrían puesto como “no utilizables”. Pues hoy me siento, suelta el chorro, me asusta y me levanto, me vuelvo a sentar y me apoyo sin querer en el botón de “ducha” y me sale un chorro que me moja el culo. Resulta que solo funciona cuando estás sentado.
Ya sé que todos los que tenéis casas modernas y chalets acosados también tenéis estos artilugios pero yo era la primera vez que los veía. Tengo un amigo con un adosado pero cuando voy a verle siempre me mandan al retrete del servicio (¿le llamarán “servicio del servicio”?) y allí tienen lo que técnicamente llaman “sanitarios de obra” o sea los más baratos y claro no he visto nunca algo así.
Total que me parece una gilipollez lo del “calentito”, la ducha y el bidet. Y además está lo de tener algo eléctrico pegado al culo con lo peligroso que es. Claro que en este país todo va a 110 voltios pero en España una descarga a 220 en esa zona del perineo te puede dejar desgraciado. O al revés. ¿Habéis visto alguna película de Russ Meyer? Era un director muy estrambótico que hacía unas películas muy divertidas. En los 70 proyectaron algunas suyas. En una hay una pareja que están fornicando, ella encima, y en el momento del climax -ya sabes que es eso y si no lo sabes no tienes ni idea de lo que te has perdido: mejor que el sushi- ella mete la mano en una lámpara del techo que está sin bombilla. Fue algo increíble. Pues imagínate que sale el chorrito del agua, sea “ducha” o “bidet”, y que en ese momento se conecta a 220 voltios. No quiero ni pensarlo.
Nota poética. (Para compensar lo de arriba).
En mi reproductor de música comprimida suena Ella Fitzgerald cantando “April in Paris”. Pienso en lo maravilloso que sería “April in Kyoto”.

“ Till April in Paris, chestnuts in blossom
Holiday tables under the trees
April in Paris, this is a feeling
That no one can ever reprise”
“Abril en Paris
Castaños en flor
Mesas festivas
Bajo los árboles
Abril en París
Este es un sentimiento
Que nadie puede jamás repetir”
Y aquí, para acabar con una sonrisa, la traducción de un lugar de internet con letras de canciones:
“Hasta abril en París, castañas en flor
Tablas del día de fiesta debajo de los árboles
Abril en París, ésta es una sensación
Que nadie de la poder reprise siempre”.
Aparte de la increíble última línea, lo de las “castañas en flor” es todo un hallazgo botánico.
16/06/2008 a las 18:21
Osú! no me imagino lo «agradable» que debe ser que te de un «calambrazo» en esa sensible zona a 110 ó a 220 w. (eso si que es una sensación como en la canción!)