25.Matsuyama. Día2, segunda parte.

by

Dogo Onsen.

De acuerdo con la leyenda fue descubierta en la “edad de los dioses” cuando se encontró a una garza curándose a sí misma en la fuente. ¿Pero cuándo es la “edad de los dioses”? debe ser “desde tiempos ancestrales”. Pues desde esos tiempos este lugar ha tenido una gran reputación por las propiedades curativas de sus aguas. Dicen que son especialmente buenas para el reumatismo, las neuralgias y la histeria. Claro que esto último lo veo poco útil porque tu pareja, por ejemplo, está histérica porque se ha enterado que un cura ecónomo te ha comido el tarro y has puesto todos tus ahorros en Gescartera. No es cuestión de decirle: “Nada mi amor, ahora mismo nos vamos a Matsuyama a darte un baño y se te pasará”. Que creo que incluso puede ser contraproducente. Lo que se llama en términos farmacológicos”una contraindicación”.

Dogo Onsen

El lugar es un complejo con dos o tres establecimientos de baños y un montón de tiendas y restaurantes en la calle de entrada. Justo al comienzo hay una oficina de turismo. Entro y me dicen que sí, que hay una joven que habla inglés. Le saco el trozo de tela que me ha regalado la señora en Ishite-ji para que me explique qué es y qué pone. Me quedo con la duda de si no sabe inglés o no sabe leer japonés o es la primera vez que entra un extranjero y le pide que le lea lo que pone un escapulario. Me dice que…nada. Como hay una figura dibujada y para animarla y que me pueda decir algo le pregunto si es Buda. Gracias a que ya había leído algo sobre él he podido entender que era San Kobo Daishi. ¿Pobre chica, que mal lo ha pasado! Porque solo balbuceaba palabras sin llegar a acabar ninguna frase.

Me voy a los baños. La guía recomienda que vaya a uno que se llama “el agua de los dioses”. La verdad es que me sentía un poco ridículo preguntando “¿es aquí donde “el agua de los dioses?”. Menos mal que he acertado a la primera porque si me contestan que no, que es “el agua de los héroes inmortales…”

Y también menos mal que la guía explica algo de las instrucciones a seguir porque si no te puedes desnudar en la misma calle. Es que primero hay una taquilla en la calle para dejar los zapatos. Y puedes pensar que ya es el sitio para dejar toda la ropa. Pues no.

Ya descalzo hay separación de sexos. Los hombres entramos en una sala grande donde aquí sí hay taquillas para dejar la ropa. Te desnudas, pero del todo, coges la toalla y entonces debes decidir entre dos puertas. Le he preguntado al encargado que cuál debía elegir. Pero no nos hemos entendido así que he esperado y he entrado en la primera que lo ha hecho alguien. La gente lleva una toalla pequeña y yo también. Te encuentras una sala grande donde hay una piscinita adosada a una pared de donde mana agua muy caliente. En las otras paredes taburetes con duchas. ¿Dónde dejo la toalla? Se la ponen en la cabeza pero no enrollada como los piratas malayos sino encima. Veo que dada mi experiencia se me caería al agua así que vuelta a la taquilla a dejarla. Y el reloj.

Inciso.

En este viaje tengo reloj. Pero mío. Es que desde hace más de treinta años no tengo reloj y para algunos viajes utilizo uno digital sin correa, un desecho, pero que funciona y tiene despertador. Mis hijos avergonzados por la penuria de su padre me han regalado para reyes un reloj estupendo. Tiene de todo y además va sin pilas, con células solares. El único problema es que a veces tengo que llevarlo por encima de la camisa, como un macarra exhibicionista con su Rolex. Y además es sumergible. También termómetro, pero me parece que hay que ajustarlo pero es que tiene unas instrucciones muy complicadas y solo he leído la mitad. Total que he pensado que aunque fuese sumergible a lo peor no lo era en agua hirviendo y así lo he dejado en la taquilla.

Pues allí estábamos una docena de señores desnudos dentro de la piscina o sentados en las banquetas. Porque en estos baños todo el personal masculino va “à poil”.

Nota de internet.

Si no sabes francés y buscas esa expresión en la web, no sé por qué aparece muchas veces el nombre de la presidenta de la república francesa.

He pensado que si se me pasaba el dolor del hombro por la tendinitis igual me quedaba aquí una semana. Cuando me he cansado de estar en esa sala me he ido a la otra. Era exactamente igual. Imagino que el encargado cuando le he preguntado al comienzo me debería decir que hiciese lo que quisiese. Ya que estaba allí me he quedado un ratito.

La guía dice que hay una especie de museo en el edifico de los baños. Temo que me pueda meter en el baño de las señoras y pregunto varias veces por el museo. Así en la búsqueda he visto casi todo el edificio: hay tres tarifas; la más barata es donde vamos casi todos; en la segunda te dan un kimono y un té; en la más cara tienes hasta una salita particular. Parece que estos baños salen en muchas obras literarias japonesas.

Ya que estás allí la recomendación es ir a comer a un bar famoso por las cervezas que sirven. Y como hoy ya había tenido mi ración de limpieza espiritual y corporal decido celebrar la victoria de todos los políticos (lo siento Llamazares) y tomarme una cerveza. No está el plato que recomienda la guía pero me dicen que tienen uno parecido: unos trocitos de pescado crudo con wasabi y unas hierbas. ¡Buenísimo! Comiendo pensaba que tengo unos gustos sencillos para la comida; sería feliz comiendo como las focas: unos pescaditos crudos, unos calamares, unas gambitas,…El bar era muy agradable y tenían una música de jazz de fondo muy bonita. Y además he roto el maleficio de los fideos.

Cuando regreso a coger el tranvía vuelvo a entrar en la oficina de turismo. Ahora hay otra joven. Le pregunto si habla inglés. Con un acento perfecto me dice que “un poquito”. He deducido que con ese acento y esa frase de modestia es que hablaba muy bien. Error. Saco la tablilla que llevo para mi amigo y le digo si me la puede traducir. Pues lo mismo que la otra vez. Que no sé sino sabía inglés o no sabía japonés. Es que no quiero llevarle a mi amigo algo equívoco. Como esos que se hacen tatuajes en birmano medieval, que quizá pone “tonto del culo” y ellos lo muestran orgullosos. No sea que la tablilla facilite un embarazo y el receptor ya no está para esos trotes. Al final logro arrancarle algunas palabras. Saco la conclusión que es algo bueno y no del tipo “condénate en el infierno, ¡mamón!”. Lo que he entendido ha sido: “Protégeme de las enfermedades y de las cosas malas. Dame felicidad”. Y en otro: “Pido la felicidad para todo el mundo”. Me parecen tan simples que me recuerdan las de los deseos de los niños cuando los entrevistan en las televisiones el día de Reyes: “Pido paz para todo el mundo y que se acaben las guerras”. Aunque lo que realmente le pedirían a la lámpara de Aladino sería un juego de esos electrónicos. Pues la pobre chica de la oficina de turismo lo mismo. Para que se sintiese útil le he preguntado donde se coge el tranvía, que era a diez metros de la puerta.

En esta excursión matutina ha habido dos cosas que me han sorprendido: una, que cuando los peregrinos van en grupo y viajan en un autobús, cuando regresan a él, un empleado recoge los bastones de cada uno en una especie de paragüero para bastones de peregrino. ¡Mira que son organizados! ¿Hacen lo mismo los del Camino de Santiago español?

Los peregrinos dejan sus bastones

La segunda cosa es que todos los peregrinos llevan una camisola blanca impóluta. ¿Cómo consiguen que sea blanca con más de 30 días de viaje? Los del autobús está claro que llevarán un armario especial con una camisa para cada día (y que además en autobús no les costará tantos días), pero ¿y los que van andando?

Regreso al hotel. Breve reposo y me voy a dar una vuelta por el centro. Esta vez yo solo con un mapa y sin preguntar a nadie doy con el restaurante de ayer y con el otro que recomiendan que sirve pollo crudo. Entro en unos grandes almacenes y cometo el error de visitar la sección de alimentación. ¡Qué cosas y qué buenas deben estar todas! No puedo resistir la tentación y me compro tempura de vegetales, unos pescaditos y una bandeja de sushi. Me la comeré en el hotel.

Peregrino en Ishite-ji

Cojo el tranvía para regresar y descubro ya en marcha que hay tranvías circulares y el que he cogido me va a dar un viaje de 270 grados en lugar de los 90 previstos. Le pregunto al cobrador y me explica cuidadosamente en japonés que me he equivocado de dirección. Afortunadamente un señor que oye al conductor se acerca y me lo explica en inglés. Bajo y cojo otro en dirección opuesta.

Regreso al hotel, vuelvo a leer El País por si hay más noticias de las elecciones y me dedico a escribir este borrador.

Nota de traducción.

Esta noche he pensado en los apuros de las pobres empleadas de la oficina de turismo a las que les he preguntado sobre la traducción inglesa de las tablillas. Pues quizás sería como si a ti, que sabes inglés, te pregunta un turista que le traduzcas en ese idioma un trozo del Eclesiastés: “5:8 Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos”. Al final dices también que “Pido paz para todo el mundo y que se acaben las guerras”. Y si eres marxista puedes añadir: ”y un huevo duro”. (“ And a hard-boiled egg”).

Anuncios

4 comentarios to “25.Matsuyama. Día2, segunda parte.”

  1. Carmen Says:

    Dejo tus crónicas por un tiempo y te encuentro, completamente amariconado, dándote unos bañitos en un balneario. Me encanta.
    Por cierto qué gusto que en los balnearios te permitan darte los bañitos desnudos que es lo propio, en la civilizada y católica España pretenden
    masajearte con bañador, un total sin sentido.
    Muy bueno lo de la nora de traducción

  2. Angel del Japón Says:

    Carmen, que lo de los baños no es por lujo ni por lujuria, es por conocer la realidad antropológica de los nipones.
    Lo de ir desnudo no es que te lo permitan, es que lo hacen todos, así que me imagino que es que lo exigen.

  3. Luigi Says:

    tienes razón Carmen, este angelito se esta humanizando!

  4. Angel de Japón Says:

    Mejor lo de “se está humanizando” que lo de “te encuentro, completamente amariconado” aunque sé que ambos comentarios están hechos con cariño.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s