Esto es vida. Estoy en un buen hotel, puedo escribir el borrador cómodamente sentado y acabo de cenar lo mismo que ayer. En esta ciudad, o mejor, en este país sino te gustan los fideos y la sopa estás perdido.
Shikoku.
Matsuyama, como dije ayer, está en la isla de Shikoku. Unas palabras sobre ella.
Honshu es la isla más grande y donde están las grandes poblaciones. Al norte de ella está la isla de Hokkaido y al sur la de Kyushu. Honshu forma una ele invertida, o mejor una imagen especular de una ele mayúscula. Así Kyushu estará siguiendo la punta del palo inferior hacia bajo y Shikoku estaría debajo del palo inferior. Creo que lo mejor será mirar un mapa.
Esta isla es famosa en la historia sobre todo porque tiene un Camino de Santiago pero en budista. Desde hace más de 1000 años (¿cuántos tiene el camino español?) los peregrinos han recorrido la isla siguiendo la dirección de las manecillas del reloj y los pasos de San Kobo Daishi, quien vivió entre los siglos VIII y IX. ¿Qué siguen los peregrinos? Pues los “88 templos sagrados de Shikoku”. Un camino de 1400 kilómetros. Leo que la primera guía de ese peregrinaje es del año 1685 y que antes de ella los que se aventuraban desaparecían con cierta frecuencia en el terreno montañoso de la isla. Luego la cosa se fue modernizando y hasta ahora. Lo que ocurre es que hay algunos que quieren volver a los orígenes austeros de aquellos primeros siglos y parece que hay un retorno a volver a hacerlo a pie. Así dura de 30 a 60 días. Y es muy importante que cuando llegues al templo 88 regreses al primero porque si no no se cierra el círculo. Pero no lo entiendo. Y como este país está todo tan organizado no hace falta que vengas vestido de peregrino budista desde tu localidad. En el primer templo del circuito parece que te venden de todo lo que necesitas.
Pero yo no he venido por eso. En parte porque quiero ver un Japón diferente al de los grandes centros turísticos como Kioto y porque en todos los sitios hay cosas interesantes para ver.
Es una isla montañosa e incluso los japoneses lo consideran como algo remoto. Aunque esto ha cambiado hace pocos años porque hay varios puentes que cruzan desde Honshu, e incluso uno del ferrocarril como pude comprobar ayer mismo.
Matsuyama.
Es la ciudad más grande de la isla: más de medio millón de habitantes. Tiene dos puntos notables: un castillo, que claro está se llama Matsuyama-jo, y unos baños. Cuando le he dicho a mi amigo Hiro que estaba aquí rápidamente me ha aconsejado que fuese a los baños. Debe ser como lo de San Sadurní y el cava. Tienen, además, siete de los 88 templos, uno de los cuales parece importante. Disponen de una red de transporte público por tranvías y más de una estación de tren, como he descubierto.
Ayer, al hacer la inscripción en el hotel me ofrecieron la posibilidad de tomar el desayuno. Todo en japonés, pero como siempre con fotografías de los platos. ¡Con lo poco que les costaría a los restaurantes españoles hacer lo mismo! Aunque sepas castellano, porque los camareros son de lo menos explicativos de todas las profesiones excluidos los médicos. Porque te ponen en la carta “pierna de cabrito a lo monegrero”. Y cuando le preguntas siempre contesta: “le viene con una salsa”. Y no te digo si eres extranjero y lees: “secreto de cerdo con rovellones”. Imagino que siempre se preguntarán qué secretos puede tener un gorrino. Con la foto mucho mejor. Y si además te ponen el plato reproducido en plástico ya es la leche. Pues así elegí yo el desayuno: por las fotos.
Me sacan una bandejita tapada, un bol tapado, de fácil acceso, y otro bol también tapado, de acceso casi imposible. Es que en este país la presentación culinaria es un primor. Mi mujer, que le encanta fotografiar los platos de comida, aquí se volvería loca. Levanto el cuenco fácil y está lleno de arroz blanco. Levanto el difícil. No lo levanto. Tras mucho porfiar (que me da vergüenza pedirle a la camarera que me lo hiciese ella) descubro que era sopa. Debe ser que con el vapor se hacía el vacío o algo de la tensión superficial o algún fenómeno paranormal. Después levanto la tapa de la bandeja y está lleno de cosas preciosas y desconocidas pero muy buenas. Todo de fácil comer excepto un trozo de salmón frito que con los palillos se hacía un poco arduo. Si mañana me ponen los mismo preguntaré un par de cosas que no sabía donde ponerlas y me las he comido pero seguro que mal. Pero todo estaba buenísimo.
Ayer, me dio tiempo a pensar y organizar las siguientes etapas del viaje y creía que al llegar aquí los de la información turística me podrían aconsejar el mejor camino para visitar las otras partes de la isla que quiero ver, pero dado el fracaso con el inglés decidí organizarlo por mi cuenta. Así quiero ver un pueblo del centro y una ciudad del este de la isla (ahora estoy en el oeste) y luego volver a Honshu.
Voy a la estación y pido un billete para pasado mañana. El empleado me muestra varias salidas posibles, elijo una, teclea o mejor toca la pantalla y en 10 segundos tengo el billete. Bueno en realidad dos porque no hay tren directo. Me sigue sorprendiendo la eficacia de este país. Con lo fácil que lo tendrían los de RENFE y los jerarcas de los ambulatorios españoles (en especial los madrileños) si viniesen aquí para ver como lo hacen. Conseguir una cita para dentro de tres meses de un especialista en mi “centro de especialidades” te cuesta una hora. También podrían importar diez mil japoneses, que seguro que a muchos les encantaría ir a España, aunque quizás cuando llegasen aquí actuarían como los indígenas. Y se jodió la eficacia.
Esta mañana España está durmiendo pero dentro de unas horas elegirá entre el Sr. Rodríguez y el Sr. Rajoy, y yo decido ir a visitar la isla de Kashima, pues la otra opción la de los baños la guía recomienda no ir en fin de semana por la afluencia del personal.
De la isla dice que es un lugar muy popular entre la gente de la zona y que es fácil llegar hasta allí. Incluso que te puedes quedar a dormir allí. Primero coges un tren hasta otra población y desde allí en un ferry hasta la isla.

El pueblo al que llego está desierto, quizás por ser domingo. Las casas son de dos plantas y si tienen espacio suelen tener un árbol perfectamente podado. Las calles sin aceras en altura, sólo unas bandas pintadas en el suelo, lo que también vi en algunas calles laterales de Tokio. Y una limpieza que me sigue sorprendiendo. El ferry sale cada 30 minutos y el que lo conduce es un tío encantador. La isla está muy cerquita y sólo vamos una pareja joven con un niño y con artilugios para pescar con caña y yo. Pensaba que eso de que era un lugar popular significaba que iba a estar a tope al ser domingo; pues parece que no.

El ferry tiene un ciervo de plástico enorme encima del toldo de la cubierta. Y es que la isla está llena de ciervos. El de la recepción del hotel se quedó muy sorprendido cuando le dije que iba a venir a visitar esta isla y me dijo que “animals”. Se debía referir a los ciervos.