10. Tokio. Día 3.

by

Templo de Yasukuni.Hoy es domingo y para compensar el madrugón que debió pegarse Hiro ayer, hemos quedado un poco más tarde.

Vamos a visitar el Yasukuni-jinja. Es un lugar sagrado sintoísta dedicado a los dos millones y medio de japoneses muertos en las guerras desde 1853. Sé muy poco de la historia de este país pero me parece que la mayoría murieron en las guerras que sostuvo Japón en el exterior hasta los bombardeos americanos del la segunda guerra mundial que ya fueron dentro del país. Parece que es un lugar muy controvertido y yo recuerdo protestas de China y Corea cuando algún primer ministro japonés lo ha visitado, especialmente porque a finales de los 70 fueron enterrados aquí un grupo de muertos considerados criminales de guerra por otros países. Ya sabéis que la diferencia entre “criminal de guerra” y “héroe de la patria” depende de la derrota o de la victoria. Y no os pongo ejemplos.

Templo de Yasukuni.

Hiro me explica que es un lugar de peregrinación de grupos de extrema derecha y que también se han producido algunos problemas con grupos de chinos que lo han visitado. Debe ser como el Valle de los Caídos. Por los fachas, no por los chinos. En su entrada hay un pequeño “rastro” especialmente de objetos militares. De todas las maneras es un lugar tranquilo con bonitos y cuidados jardines y gente que va a rezar. Los sintoístas cuando rezan dan dos palmadas. Y aquí, por lo menos, no te hacen descalzar como en Birmania, que en cuanto entrabas en un recinto sagrado aunque hasta el templo hubiese un pedregal o un barrizal tenías que quitarte los zapatos.

Ha pasado algún grupo uniformado que Hiro ha detectado como de extrema derecha. Llevaban bordado en su uniforme un crisantemo que es el símbolo del emperador. Muy cerca hay un palacio donde se desarrollan combates de artes marciales. Parece que el primer concierto de los Beatles tuvo lugar allí y provocó muchas protestas entre grupos tradicionalistas que consideraban indigno el concierto. ¿Pasó los mismo con el primer y segundo conciertos del grupo en España que fueron en plazas de toros?

Al lado está el museo de la guerra. Así que todo bien juntito.

Nos vamos a los cercanos jardines del palacio imperial. Este palacio ocupa el lugar donde estaba el castillo Edo desde el que mandaba, el sogún, gobernaba Japón. En su día fue el castillo más grande del mundo. Hoy solo queda un gran foso y algunas murallas realmente impresionantes por la calidad de su construcción. En el interior una terraza en lo que era la parte inferior de una gran torre del homenaje.

Palacio imperial

El palacio actual que se acabó en 1968 reemplaza al que construyó el emperador en 1888 y que fue destruido por los bombardeos americanos. (La guía dice “aliados” en vez de “americanos” imagino que con fino olfato político para quitar hierro, pero no me imagino a los otros “aliados”, como los franceses del año 44 ó 45, o a los polacos llevando bombarderos hasta allí). Como el emperador vive en este lugar el palacio está cerrado al público, excepto los días 2 de enero y 23 de diciembre, cumpleaños del emperador. La entrada en los jardines está controlada, además de cerrados los lunes, miércoles y viernes. El sistema de control es muy curioso. A la entrada te dan una ficha de plástico numerada. Cuando te vas la devuelves. Como hay dos puertas por lo menos, pues hemos entrado por una y salido por otra, imagino que a la hora de cierre cuentan las fichas y descubren que hay unos pardillos perdidos y se dedican a buscarlos. Estas son las típicas cosas que solo pueden funcionar en un país tan disciplinado y organizado como Japón. Imagínate lo que pasaría si los domingos tuviesen un sistema parecido en los jardines de una gran ciudad española. Hace poco volviendo en un tren de cercanías desde Madrid pasó el revisor. Por supuesto con una pareja de guardias de seguridad. Dos jóvenes no llevaban billete. Bueno, según ellos sí que lo tenían pero después de entrar en la estación y pasar el torno lo habían tirado. Pues tampoco llevaban dinero para pagar otro. Ni carnet de identidad. Afortunadamente uno de ellos llevaba teléfono celular y pudo llamar a su madre: “¡máma, máma –con fuerte acento llano en la primera sílaba- que vayas a la estación a buscarme! ¡Qué no, máma, que es que no llevo billete!”. Imaginas a esa buena mujer que a las 10 de la noche está tranquilamente cenando mientras ve su serie favorita en la tele, cambiándose de ropa y caminado hasta la estación toda preocupada y cabreada y pensando que qué habría hecho mal en su vida para merecerse ese hijo. Pues ese público en el Retiro de Madrid, por ejemplo, un domingo. Dos mil retenidos porque han entrado por donde no debían y no tienen ficha, porque la han tirado, o porque “no me pasa por los cojones entregarla, ¿te enteras tío?”.

Pero esto es Japón. Bastantes extranjeros paseando por allí. Y unos jardines muy cuidados. Algunos árboles con el tronco y las ramas principales cubiertos con una especie de venda de arpillera fina como si fuesen una momia.

Ejemplo de árbol friolero.

Algunos, pocos, cerezos con flor y con muchos fotógrafos alrededor. Aunque quizás no fuesen cerezos. De vez en cuando viejecitas pintando. Pero, a pesar de los “muchos” que digo, eran realmente pocos los visitantes. Este es un lugar donde aparte del emperador no vive nadie y está rodeado de grandes edificios de oficinas como pasaba en los jardines de Hama-rikiy que visité ayer. Parece que antes estaba prohibido construir en sus alrededores estos monstruos arquitectónicos pero que ahora lo han permitido. Horrible.

Jardines del palacio imperial.

Allí hemos estado un buen rato sentados charlando de nuestro encuentro en Birmania.

Después de comer hemos vuelto al barrio de Ginza. Los domingos cierran un par de calles al tráfico y está animadísimo. Y al anochecer grandes letreros luminosos por todas partes. Toda marca importante tiene allí su edificio propio. Según Hiro, se ha desatado una gran fiebre consumista entre la gente con más pasta.

(Escribo este borrador en la cafetería-recepción del hotel. Un ruidoso grupo de jóvenes occidentales están celebrando un cumpleaños. El de los años, 23, trae una botella de alcohol. Afortunadamente una botella para 8 ó 10 no es nada y se van enseguida. A mi lado cuatro jovencitas japonesas también están celebrando el cumpleaños de una y que otra ha acabado su contrato de trabajo en el hotel. Me sonríen y me ofrecen una copa de vino blanco. La del trabajo se va en abril a Barcelona pues tiene un novio francés allí. Quiere aprender español. Habla un poquito. Pero poquito y es imposible hablar con ella.Fiesta de cumpleaños en hotel.

El novio vive en Castelldefells, que fue el primer lugar donde intenté vivir cuando empecé a trabajar en serio. Desistí cuando me dijeron de los problemas que había con los mosquitos. ¡Qué cosas tiene la vida!

Voy a la habitación y cojo una barra de turrón de Alicante. ¡Qué mejor momento que éste para una invitación! Afortunadamente les gusta a todas. Mi familia debe ser la única en el mundo a la que no les gusta este turrón. Una foto con el grupo y vuelta a la escritura).

En Ginza visitamos la sala de exposiciones que tiene la marca Leica. Es increíble que una marca así pueda tener clientes en el mercado japonés. Hiro me hace la siguiente consideración: Leica es una marca mítica y la gente de 60 años, que está retirada y tiene dinero, hubiese querido tener una cámara así cuando eran jóvenes y no podía pero ahora sí pueden. Y se la compran. Pensad que un cuerpo vale más de 3000€ y que un objetivo ronda los 6000.

(Ahora se me acerca a charlar conmigo un jovencito de Manchester que vive en Hong Kong y que ha venido a pasar un par de días a Tokio. Realmente no se ha sentado en esta mesa por mí sino por las jovencitas japonesas que siguen con su celebración. Le entiendo la mitad pues apenas abre la boca. Después de preguntarme si soy periodista, novelista y no sé que más, le explico que no, que estoy escribiendo un borrador para este blog. Al rato, afortunadamente, me dice que siga escribiendo. Y las japonesas me invitan ahora a una copa de vino tinto. Y el de Manchester que debe estar muy solo y que ve que las jovencitas no le hacen ni caso vuelve a hablar conmigo. Resulta que soy bastante mayor que sus padres. Le vence la vejiga y se tiene que ir al “toilette”. “Bathroom” en USA, me advierte).

Después de Leica visitamos el edificio de Sony.

En el edificio Sony.

Los últimos adelantos y los que van a venir. Simpáticas señoritas te explican cualquier producto con grandes sonrisas. La gran novedad es “rolly” un extraño reproductor de música que da vueltas. Lastima que ni Hiro ni yo estamos interesados en nada.Desde Ginza y sus maravillosas tiendas nos vamos a la estación de ferrocarril. Hiro quiere explicarme los trucos para que pueda moverme yo mañana con facilidad cuando vaya a coger el tren. Está preocupado con mis habilidades para moverme en el trasporte público. Realmente es un laberinto. Quiero regresar solo hasta el hotel pues hasta ahora ha sido como mi ángel de la guarda.

(El manchesteriano ya ha aliviado la vejiga y viene a despedirse. “Mi nombre es “Gay”. “¿Gay?”. Le digo que en español suena algo confuso. Es que es “Guy” pero en inglés suena a “gay”. Me lo imagino en un colegio español: “Soy Gay”. Y es que los niños pueden ser muy crueles. Nos despedimos el “Guy” y yo).

Hiro me deja, creo que con miedo de que me pierda en el metro. Y no me extraña aunque solo tenga que hacer un cambio. En la estación de trasbordo cuento las posibles salidas: 34. ¿Te imaginas una estación así y que te equivocas? Por eso en las indicaciones que te dan para llegar al hotel son: “en esa estación sal por la salida A6. En la calle tuerce a la derecha y cuando llegues a la estación de policía gira a la derecha de nuevo”. ¿Pero como sabes que es un puesto de policía si es algo muy sencillito, no ves a ningún policía dentro y esperas algo como “Police” en el exterior? Pues en japonés se llama “Koban” y no siempre está en caracteres latinos. Parece que tienen una marca especial en la fachada pero en la mía, que afortunadamente sí tiene el “Koban”, lo que hay es un dibujo que parece un ratoncito.

Las japonesas del hotel se van y me dejan la botella de vino que se estaban bebiendo, un Medoc del 2003.

Si me descuido acabaré engatado.

Anuncios

3 comentarios to “10. Tokio. Día 3.”

  1. Luigi Says:

    Joder que bien te lo montas tío! (Que envidia!)

  2. Angel de Japón Says:

    Pues ya sabes: el turrón abre muchas puertas.

  3. Luigi Says:

    ni que lo digas amigo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s