Es muy frecuente utilizar incentivos en forma de dinero para lograr una mayor productividad, es decir, para reducir el tiempo empleado en realizar una actividad. Cuando estos implicados han logrado bajar el período de concesión de licencias a menos de la mitad, nadie les reconoce el esfuerzo, ni siquiera los que presuntamente habrán recibidos las alabanzas (¿y los votos?) por esa mayor agilidad municipal. Se me escapa algo, pero creo que hay que aclarar esta ingratitud.