42. Nueva Delhi, primera parte.

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“Quien ha ido a la India y solo ha visitado Nueva Delhi no ha visto la India, pero quien ha visitado la India pero no ha estado en Nueva Delhi no conoce la India”.
Ciclóstames el Herrumbroso en el siglo IX después de Trimandro el Vengativo.

Perdonad si alguna de las cosas ya las he contado pero es que Nueva Delhi sigue pareciéndome una ciudad fascinante y me vuelven a sorprender las mismas cosas y situaciones de los viajes anteriores.
La primera la polución, densa y sucia. Muy densa y muy sucia.
Main Bazaar.

Cuando llego a esta ciudad y no es mi primera etapa desde España vengo sin hotel y así lo primero es buscar uno. Me gusta cerca de Pahar Ganj pero no dentro de él, así que siempre me dirijo a la misma zona y voy buscando y cambiando a ver si encuentro un hotel de referencia a donde volver siempre. El lugar está al norte de Pahar Ganj, al lado de la estación. Además he llegado a buena hora pues si llegas muy tarde es probable que los hoteles más interesantes ya estén completos y si llegas demasiado pronto todavía están los clientes de la noche anterior y no te pueden enseñar la habitación aunque sepan que se quedará libre. Pero para evitar pasearme cargado con las dos mochilas decido dejar la grande en consigna. Hemos debido pensar todos lo mismo porque hay una cola considerable. Cuando llevo un rato me percato de que todos llevan un formulario en la mano. ¿Cómo podía ser tan ingenuo de pensar que algo tan complicado como dejar un bulto no iba a tener un procedimiento administrativo ad hoc? ¿Y dónde se obtendrá el papel? Un indio caritativo que está detrás de mí me proporciona uno. Y lo mejor es que cuando llegas al mostrador donde lo recogen te escriben el número del equipaje en un papel y en el bulto. Como un ingenuo pajarito dejo la mochila encima del mostrador. Y el empleado me dice “autoservicio”, que no lo entendía pero que era eso: que coges el equipaje, entras en la consigna y lo dejas donde quieres. Así cuando vas a buscarlo también es autoservicio. Me gustaría saber qué hacen con los impresos que llenas. Quizás haya toda una superestructura recogiéndolos, ordenándolos y archivándolos. ¿Por cuánto tiempo? ¿Dónde los guardan? ¿Cuántos jefes, subjefes y superjefes hay en ese negociado? Una vez en la estación de Ajmer, estando vacía, conté y luego escribí en el blog la cantidad de jefes que había en aquella estación.

Y ya solo con la mochila pequeña, que ahora en el aeropuerto donde escribo el borrador pesa una barbaridad pero que en esa mañana en que llegué era liviana, me voy a la búsqueda del hotel.

Primero me dirijo al que fui el año pasado y que no estaba mal. Han subido bastante el precio y ya no se corresponde con su categoría. En otro la habitación es sin ventanas y no me gusta. Al final encuentro uno normal tirando a malo y me quedo. No será el hotel de referencia que busco.

Y ya en Delhi y con alojamiento hay una serie de cosas que siempre repito. He convertido mi vista a esta ciudad en un rito.

Pahar Ganj.

En este lugar su calle principal se llama “Main Bazar” y algunos llaman así a todo el barrio. Y al revés, algunos llaman Pahar Ganj a esta calle. Y es la calle de los mochileros. Y digo “calle” porque si te apartas un poquito ya no ves a ninguno. De todas maneras después de dejar Calcuta esto es como una invasión de occidentales. Y también medio-orientales porque hay muchos israelitas.

Lo que diferencia Pahar Ganj de barrios semejantes de otras grandes ciudades de Asia es que aquí sigue habiendo vida autóctona auténtica. Claro que están las tiendas de ropa india que solo llevan las occidentales; que ves a todos los tatuados occidentales de Delhi y siempre con los brazos y piernas al aire (¿para qué sirve llevar un tatuaje si solo lo sabes tú?); que están los únicos restaurantes con letreros en hebreo; que hay la mayor concentración de sitios de internet de la India, de agencias de viaje y de casas de cambio; que no verás tantos hoteles pulgosos juntos en tu vida; pero también verás tiendas de ropa india para indios y que no te pondrías jamás, sobre todo si fueses un niño; muchos puestos con vegetales, tiendas con especias, con menaje de cocina, con cualquier cosa que un ama de casa india necesita para su quehacer diario. Y gente, mucha gente. Y cuando parece imposible, en una calle estrecha donde apenas cabe un coche se cruzan dos coches y como no podía ser de otra manera se atascan los coches y un montón de ciclorickshaw que circulan en cantidad por allí. Y encima vacas. Cuando llevas un tiempo sin verlas, como yo en este viaje, te parece imposible que haya vacas en el centro de una ciudad como ésta. Y vacas quiere decir grandes cagadas en medio de la calle. Y entonces ves a un occidental madurito con una maleta enorme con ruedas y piensas en la mierda que se va a llevar.
Y de vez en cuando a una pareja occidental de mediana edad sobre un ciclorickshaw con una sonrisa en su cara de no estar creyéndose que están aquí. Y los tipos más estrambóticos, también occidentales, que te puedas imaginar. Y los mendigos más destrozados que puedas ver en este país. Y niños malabaristas, muy pequeños haciendo su exhibición en la calle. Y de repente un joven en una moto tocando el claxon, pero de coche, sin parar y a toda velocidad.

Todo eso y mucho más en Pahar Ganj.

Voy a cenar siempre al mismo sitio. Antes había un camarero que en cuanto me sentaba me traía mi plato favorito. Y me tomo después de cenar un zumo de granada también siempre en el mismo lugar. Incluso hay un lisiado en una silla de ruedas y que tiene un puesto de té que me saluda al recordarme de otros años.

Y basura, mucha basura.

A las ocho de la mañana están barriendo las calles, los barrenderos y los de las tiendas. Estos la echan al centro o la recogen y le prenden fuego. Y las calles quedan limpias hasta que a partir de las 10 empieza a venir gente y a tirar todo lo que se puede tirar a la calle.

Y siempre veo a un vendedor de “sujeta cazos”, un artilugio que es como una pinza pero que no he visto nunca a nadie comprar ni utilizar.

Y un restaurante al que me gusta ir a desayunar donde puedes tomar té negro y un cruasán y estar sentado tranquilamente y donde solo hay occidentales. También tienen internet y debe ser el primero del barrio que abre. Hoy estaba a las 9 de la mañana tecleando. Habré parecido uno de esos colgados matutinos de internet que se pasan la vida con el ordenador. Es que si tienes un billete electrónico de avión puedes reservar el asiento pero solo 24 horas antes. O sea que no soy un “colgado matutino” que soy un “colgado vespertino”.

En este barrio hay también un buen restaurante tailandés pero está en un hotel de lo más cutre. Vaya, que si no lo sabes no pasas de la puerta, pero en su terraza da gusto por la noche. Este viaje no he podido cenar allí.

Cuando regreso de Pahar Ganj a mi hotel tengo que pasar por debajo de un puente. A esas horas hay mucha gente durmiendo allí. Pero por la mañana hay puestecitos de venta. Uno de ellos es un sastre con una máquina de coser. Como está tumbado en el suelo leyendo un periódico sino fuese por la máquina creerías que es un mendigo.

Pues leí hace un par de meses que el ayuntamiento quería derribar todo el barrio y hacer algo nuevo.

Muy cerca de la entrada de Pahar Ganj veo estacionado un camión que dice “squad bomb disposal” que imagino que es lo que llamaos “artificieros”. Pero no hay nadie. ¿Estarán buscando una bomba? Ahora en la entrada de ”Main Bazar” han puesto dos detectores de metales y está la policía sentada allí pero además de que no hacen ni caso puedes decidir entrar por allí o por cualquier otro lado.

Basuras.

Lo de las basuras en las grandes ciudades indias sería para una tesis doctoral, por su proceso y el porqué de su ciclo.

La gente tira todo a la calle. No hay papeleras pero donde las hay da lo mismo. A lo largo de todo el día y especialmente cuando cierran las tiendas pasan algunos con unos grandes sacos recogiendo cartones, plásticos y cualquier cosa que pueda tener algún valor para ellos. Algunos son niños bastante pequeños que como no pueden cargar el saco lo van arrastrando. Por la noche los dueños de algunas tiendas para deshacerse de los restos y otros para calentarse un poco hacen pequeñas hogueras con cartones y plásticos. Las vacas a lo largo de todo el día se comen todo lo que encuentran. Por las mañanas los barrenderos además de limpiar la calle escogen para ellos lo que pueda valer algo. Lo que recogen, que se supone que con esa criba ya no vale nada, lo llevan a una especie de almacén, que está en medio de alguna calle, donde echan toda la basura. Allí, aunque parezca mentira, hay más gente rebuscando. Al final llega un camión que se lleva todo a un vertedero, donde imagino que habrá alguien buscando lo que nadie ha querido recoger, o comerse, como las vacas, hasta ese momento. ¿Pero qué llegará allí?Lugar donde se deposita la basura antes de llevarla al vertedero.

Khari Baoli.

Esta calle es donde venden las especias y los frutos secos. Voy hasta allí en un ciclorickshaw y siempre me da pena el esfuerzo que tienen que hacer esos chicos enclenques. Y como en las cuestas arriba se tienen que bajar y empujar, a mí me dan ganas de hacer lo mismo y bajarme y andar. Alguna vez lo he hecho pero no les parece bien. Y eso que yo voy solo, que a veces van familias enteras subidas en uno. Camino de allí se pasa por un puente sobre el ferrocarril. Esta vez había cientos de madejas de algodón puesta a secar. Hay un grupo de hombres dándoles la vuelta para que se sequen antes. Me ha recordado lo de las rimas del cava.

Había decidido no hacer fotografías en Delhi pues siempre hago las mismas. Consejo: si no quieres hacer fotos en esta ciudad déjate la cámara en el hotel. En Khari Baoli no he podido resistir la tentación. Y es que esta calle es algo increíble.Khari Baoli.

Por encargo familiar busco vainilla pero no la encuentro por ningún sitio. Al final un especiero entendido me dice que es que aunque la vainilla se produce en el sur de la India, no se utiliza en su cocina y que por tanto no la venden. Según él solo se encuentra en sitios para turistas. Me encanta cuando alguien me resuelve una duda. El año que viene volveré a comprar a su tienda.

Desde allí y por Chandni Chowk voy a la zona de la Gran Mezquita. Grupos de trabajadores de oficios sentados en el suelo en las aceras con los útiles que los distinguen para que la gente sepa si dirigirse a un fontanero o a un carpintero.
Esperando la contratación. Se pasa por delante de uno de los grandes templos sij de Delhi con muchos de ellos por los alrededores. También muy cerca todas las tiendas de reparación de máquinas fotográficas. Un oficio a extinguir.

Por allí compro las cosas de metal en lugares a los que tienes que ir acompañado por el laberinto de callejuelas, con tiendas con leones metálicos de tamaño natural y donde piensas que tendrán que tirar los tabiques para sacarlos de allí.

Y conforme vas llegando a la mezquita el ambiente cambia. Ya casi todos son musulmanes. Y ves carnicerías. Hace años descubrí un pequeño restaurante donde solo sirven pescado frito o pollo frito. Lo del pescado es una excentricidad en aquel ambiente y siempre que puedo voy allí a comer.

Regreso con otro ciclorickshaw y paso por una calle cuyas tiendas son todas papelerías dedicadas especialmente a las invitaciones de bodas y productos semejantes. Y las de la India son algo espectaculares. Si alguno de vosotros o algún ser querido va a casarse y quiere epatar a sus invitados tiene que encargar las invitaciones aquí.

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2 comentarios to “42. Nueva Delhi, primera parte.”

  1. Chiqui Says:

    Es significativa la frase que has puesto en primer lugar.
    Me encantan tus descripciones… Yo no podría dejar la cámara en el hotel. ¡¡Que diferente es todo lo que narras de la India, y de esta ciudad, a lo que estamos acostumbrados!!

  2. Angel de la India Says:

    Y eso que la primera frase se escribió en el siglo IX después de Trimandro el Vengativo. Pero hay cosas que no cambian.
    Gracias.

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