27. De Sílchar a Agártala.

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Ayudante del cobrador.Dije que me llamasen a las cinco y lo han hecho a las cinco menos cuarto. Sí, ya sé que son sólo 15 minutos, pero a esas horas parece toda una vida.

Intento desayunar una tortilla pero en el único lugar abierto solo puedo tomar té.

El autobús es de los que llaman “E-class” o sea “clase de ejecutivo”. Cuando lo compraron debía ser la leche pues además es de los “2+1”, pero ahora tiene tanta mugre que es de lo más cochambroso. No recuerdo haber visto ningún autobús nuevo o con aspecto de tal, pero alguna vez los comprarán, ¿no?

De Sílchar a Agártala (en word no se puede escribir esta palabra pues siempre la corrige automáticamente a “Apártala”) hay 360 kilómetros y me han dicho que tarda 12 horas. Pues poco más o menos como ayer. Así podré contemplar el paisaje pues viajamos de día. Al poco de salir veo la única fábrica en todo mi viaje por Asam. Me parece que es una fábrica de papel.

El paisaje es el de siempre: campos de arroz y pueblecitos rodeados de palmeras. Me sorprende ver una vía de tren paralela a la carretera pues en ningún sitio dice que lo haya. Pero hemos pasado varios pasos a nivel e incluso en uno hemos tenido que esperar el paso de un tren. O sea, que sí lo hay.Locomotora en Silchar.

En una aldea veo a unos colchoneros trabajando la lana. El año pasado los vi en Sikkim y pensé que eran músicos pues llevan unos instrumentos que parecen una cítara. Todavía me acuerdo siendo niño cuando venía el colchonero a varear los colchones. Le llamaban de mote “Caracol” y para mí era como una fiesta. Y luego se dormía tan bien…

A pesar de que en el autobús van algunas señoras, el conductor para cuando él tiene pis pensando solo en los pasajeros varones que somos los que bajamos, pues lo hace siempre, (no éste sólo, todos los conductores) en lugares totalmente descubiertos, sin un árbol , arbusto o piedra.

A las 10 de la mañana, o sea a las tres horas y media de viaje, veo un letrero que indica que faltan 217 kilómetros: hemos ido a un promedio de 37 kilómetros por hora. Imagino que es que luego la carretera será horrible.

Como esta noche no se me han secado los calcetines y voy en un asiento individual, y me está dando el sol, los saco y me pongo uno sobre el brazo y otro sobre el hombro. Pienso que si me ve algún otro viajero, quizás como los hindúes son tan dados a los ritos, pensará que soy de una secta que se los ponen como eso que se ponen los militares en las hombreras. Me he dormido un poco y al despertarme ya no me acordaba de ellos y me he quedado perplejo: ¿qué hacen esos calcetines ahí? Pero se han secado. He recordado que este verano cuando estuvimos en el monte Popa conocimos a unos jóvenes españoles y uno de ellos nos explicó que él no se lavaba la ropa; cuando estaba sucia la tiraba y se ponía otra. Yo me hubiese tenido que traer 29 camisas, 29 calzoncillos y 58 calcetines. Si te paran en la aduana al entrar en un país se creerán que vas a vender a los mercadillos.

Pasamos por lugares en los que hay grupos de picadores de piedra. Pero más que picapedreros son machacadores de piedras. Ya lo he contado, pero a mí ese trabajo me da mucha pena y rabia. Casi siempre son niños o mujeres (lo que indica que dentro de la escala salarial es de lo peor pagado) dándole con un martillo a una piedra tras otra de un montón hasta transformarlo en grava fina. Pienso que con una sencilla máquina se resolvería fácilmente pero también que se quedarían sin trabajo. A mí me parece que la verdadera pobreza de la India es ésta: trabajos horribles y durísimos que sólo se mantienen porque les pagan una miseria y además evitan un estallido social. Ésa es la pobreza y no los mendigos de Delhi o de Calcuta, que solo te piden dinero a ti, occidental de corazón sensible.

Los arrozales se van cambiando por bosque tropical. En algún momento veo un letrero que dice: “Indian Rangers. North Tripura”. O sea que ya hemos cambiado de estado. También veo que hay camiones que descargan ladrillos macizos, que tanto utilizan en la construcción en la India. Luego estos ladrillos los machacan a mano como hacen con las piedras. Con lo fácil que sería hacerlo en la fábrica. Tampoco sé para que los utilizan. Quizás es que aquí no tengan canteras de piedra y sí mucha arcilla y así sirve de base para las carreteras que están arreglando. Como una especie de balasto.

Así como hay viajes de lujo que llevan como acompañantes a profesores de historia y de arte yo tendría que llevarme a un aparejador y un ingeniero de obras públicas para que me fuesen resolviendo los misterios.

En muchos sitios construyen unos puentes de bambú con una o dos cañas para pisar apoyadas en una estructura en “X”. Con cuatro cañas hace una pasarela.

Paramos a comer pero solo hay thalí y muchísima gente, así que me temo que hoy será desayuno-comida-merienda-cena.Camiones esperando la formación del convoy.

Paramos al poco en otro punto donde hay varios autobuses delante. Una cosa extraña porque siempre tardan en parar varias horas después de la comida. Le pregunto al ayudante del cobrador, un chaval muy despierto, y me dice que saldremos a las dos. Y faltan tres minutos. Siempre que paramos son cinco para pipí y 15 para comer, pero solo tres minutos no lo entiendo. Aprovecho para comprarme en un puestecito un chapati y un huevo duro. Y me dice que corriendo al bus. Lo raro es que parece que todos los autobuses se ponen en marcha al mismo tiempo. ¡Es un convoy! En la guía decía que todos los vehículos deben viajar en convoyes armados en dos secciones de la carretera entre Agártala y Kailasahar pero yo no sabía que este era ese tramo. Había dos o tres, o quizás más, jeeps con soldados y con uno de ellos de pie en la parte posterior con una ametralladora sobre un trípode. Como éste iba con un pañuelo negro por la cabeza como un pirata y gafas de sol de macarra eran muy cinematográficos. Quizás se ponen así pensando en los filmes.Escolta de convoy.

Al principio pensé que íbamos todos mezclados pero luego comprobé que había una sección de autobuses, otra de camiones y otra de coches.

El terreno era una verdadera selva y muy densa. No sé porqué parábamos continuamente, pero como la carretera era de continuas subidas y bajadas todos los ayudantes de cobrador se bajaban de los autobuses a poner un calzo en la rueda posterior. Al arrancar subían corriendo con la pieza de madera. No sé lo que les pagarán pero en este viaje se ganan de sobras el sueldo. Otra de las misiones de estos chicos es de hacer de espejo retrovisor izquierdo que no lleva casi ninguno. Así asomados a la puerta izquierda le van diciendo al conductor como tiene la carretera y los obstáculos.

Ha habido un buen rato en el que un vehículo con soldados (quizás eran policías de los BRPF, como mis amigos de Guwahati) ha ido inmediatamente delante de nuestro autobús pero no he visto que ni ellos ni los pasajeros estuviesen preocupados. También había soldados apostados en algunos puntos altos al lado de la carretera.

A las cuatro hemos parado otra vez. Creía que se había acabado pero era solo un reagrupamiento. Y de nuevo hemos vuelto a circular; delante los camiones, después los autobuses y al final los coches.

En un momento determinado nos hemos cruzado con un convoy aparcado esperando nuestro paso en sentido contrario. He contado 55 camiones, 20 autobuses y unos 10 coches. No sé si tienen horas fijas, como cuando hemos arrancado a las dos, o lo hacen a lo largo de todo el día. Y he pensado en que pasaría si uno pincha. Pues debe ser un acojone que se vayan todos, se haga de noche y tú esperando que vengan los malos a sacarte las mantecas.

Y a pesar de todo lo que parece ha sido el viaje más seguro de todos los que he hecho, pero no por el contingente policial, seguro, porque íbamos todos en fila, no había adelantamientos locos, ni ninguna otra imprudencia. Creo que la única solución en la India para su indisciplina viaria es la conducción en convoy.

No sé cuando se ha acabado la protección, pero cuando estábamos a algo más de una hora del destino, y ya de noche, el autobús ha vuelto a lo de siempre: adelantamientos indebidos sin visibilidad.

Ya cerca de Agártala pasamos por algunos pueblos. Ni una luz de alumbrado público. Sólo las tiendas. Cuando cierran se queda todo a oscuras. Por eso quedo sorprendido cuando entramos en la capital de estar de nuevo en una ciudad.

Llegamos casi a las ocho, o sea que han sido 13 horas y media.

Pregunto en el mostrador de venta de billetes de la estación de autobuses por mi próximo destino y si saben si el hotel que he elegido está cerca. Sale un empleado, me acompaña hasta un ciclorickshaw , le explica donde tiene que llevarme y cuanto tengo que pagarle.

Eso es comenzar con buen pie.

En el hotel solo tienen una habitación libre que es de super-lujo-alto-standing-la-leche. Les digo que no. Me dice el recepcionista que cuánto quiero gastarme. Que ése no es el problema. Es que no quiero una habitación así. Al final hemos quedado que hoy me quedaré en esa pagando el precio normal y mañana me cambiaré a una normal. De todas maneras voy a pagar mucho más de lo que pensaba pagar.

La habitación no está mal, pero no para el precio que me querían cobrar. Además, ¿para qué quiero yo una cama tan grande?

El hotel tiene un restaurante que también recomendaba la guía y está muy bien. El único defecto es que es de los que les gusta a los indios: no se ve casi nada.

Y dada la hora me quedo sin internet. Y a aprovechar esa habitación tan cara, que ésa es otra: si llegas tarde no la utilizas nada.

Los habitantes de Tripura en inglés “tripuri” que parece el gentilicio de algún pueblo vasco. Yo les llamaré tripurianos o tripurenses.

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2 comentarios to “27. De Sílchar a Agártala.”

  1. jose luis Says:

    Qué bien quedarían esos altos cargos militares con calcetines colgados de la solapa en lugar de medallitas de guerra. Y que dijesen, éste me lo cogué después de un día duro recogiendo chapapote. Eso si que serían hombres que trabajan para su país.

  2. Angel de la India Says:

    Joséluis, que tú también trabajas para el país y no recoges chapapote.
    Un abrazo

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