24. Guwahati, la venganza.

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Emblema del CRPF

“¡Qué dulce es la venganza, aunque sea pequeñita!”.
Trimandro el vengativo. Siglo IX antes de Ciclóstanes.

Cuando llego a Guwahati y como viajo con Assam State Transport Corporation (ASTC) y el siguiente billete que ya compré en Jorhat para ir desde aquí a Silchar es de la misma compañía creo que ya no tendré que moverme. Voy a un mostrador a que me confirmen con que autobús salgo. Es que es muy importante que en los billetes te pongan la matrícula del vehículo pues suelen estar todos mezclados en los andenes sin ningún orden. Y además si es de noche puede ser complicado.
Y de nuevo vuelve a surgir el síndrome de Guwahati o “esta ciudad es un problema para mí”. Pues parece que el billete que llevo no vale. Venga a preguntarme si he pagado el billete. ¡Pues claro que lo he pagado! ¿Pero donde? Pues en el mostrador del ASTC de Jorhat. Parece mentira pero a pesar de ser una estación de autobuses solo para los de la ASTC (y las compañías oficiales de otros estados que llegan a esta ciudad) pues en ésta hay varios, demasiados, sitios que son mostradores de venta de billetes. Y me mandan a otro. Menos mal que aparece un joven empleado amable –tanto que hasta el final no estaba convencido que no fuese un gancho de otra compañía u hotel- que además hablaba algo de inglés, que me llevó hasta cuatro oficinas de venta de billetes. Al final uno más listo, o más jefe, llamó a Jorhat y le confirmaron que sí, que lo habían vendido allí. Pero es que estaba en papel oficial de la compañía e impreso por ordenador. Pero fue una media hora jodida. En la oficina pude dejar la mochila y luego ir a otra a que me cambiasen el billete. ¡Por fin tenía el bueno!
Tenía dos horas por delante hasta que saliera el autobús. Y yo tenía clavada la espina del timo de la cena en el restaurante del sij la última noche que estuve aquí. Incluso había vuelto la mañana que me marché pero estaba cerrado. Tenía apuntado el precio de dos de las cuatro cosas que me había tomado y aunque estaba seguro que una ensaladita que me puso se consideraba guarnición del plato, quería que el dueño del restaurante me dijese como la suma de todo eran 89 rupias. Y allí me fui. “¿Me recuerdas?” Pues claro que me recordaba. “Pues mira el pescado 30, el té 10 y ¿el resto?”. Entonces salen tres tíos grandes del restaurante, le preguntan al dueño que de donde viene la cuenta que tienen que pagar. Les debe parecer un atraco, como a mí. Y uno de ellos casi se pega con un camarero. Salen el resto de los empleados del restaurante, pobres y enclenques chicos. El cliente estaba enfadado, muy enfadado. Y muy agresivo. Lo que entendí es que el camarero, que era el único de tamaño normal, creía que se marchaba sin pagar y había intentado detenerle. Pero quizás fue otra cosa. Y yo esperando que el sij me dijese lo de mi cuenta. Les digo a los tres enfadados clientes que a mí me había cobrado 10 rupias de un té. “Imposible. Un té vale 2 rupias”. Pues aquellos tres no hablaban inglés pero hicimos causa común. El sij, que estaba loco para que nos fuéramos pues toda la bronca era en la puerta del restaurante, me dice que el resto de mi cena eran 15 rupias de una cosa y 8 de la otra. Aunque era un timo esos importes, la suma eran 63 o sea que además de los precios me había robado 26 rupias. ¿Qué no es nada? Pues claro que no es nada. ¿Pero a ti te gusta que te timen y luego te roben?
Y el sij que nos fuéramos de allí pues aquello era un hervidero de gente y esa publicidad no era lo que más le interesaba en una calle que están los restaurantes uno pegado a otro. Y los tres grandotes me dicen que ellos son policías pero no policías de Asam, como si por esa circunstancia no pudiesen intervenir oficialmente. Así que el más exaltado y el que casi se pega se va a buscar o llamar a alguien. Os recuerdo que no hablaban inglés así que mi entendimiento de los hechos era solo parcial. Vuelve y dice que vayamos a denunciar el caso. Llegamos al puesto de la “Assam Police” (AP). Pues parece que los “míos” eran de la “Central Reserve Police Force” (CRPF), un cuerpo paramilitar quizás parecido a la guardia civil y que a los “mossos d’esquadra” de Asam no les hacen mucha gracia. Así llego con ellos al despacho de un oficial gordito de la AP. Quizás un teniente. No les deja hablar e incluso echa a la calle al más exaltado. Me pregunta que me ha pasado a mí. El pobre no entendía que la cena del timo fue hace tres días. “Es que me tuve que marchar”. Pero fue eficaz porque no entró a valorar si los precios eran ajustados y ciertos o no. Solo cogió mi cuenta e hizo llamar al dueño del restaurante. Cuando llegó le echó la charla y le dijo que me tenía que pagar 26 rupias. Yo ya le había dicho antes que el dinero no me importaba que lo importante era el hecho en sí. El sij me dijo que me fuera con él. Quizás quería degollarme nada más salir del cuartel. El teniente que no, que viniese al cuartel a pagarme. Y al sij le faltaba nada para echarse a llorar. Y yo esperando en el despacho del oficial que se había desaparecido. Y los mosquitos guhawatíes que se me estaban comiendo vivo. No he visto tantos y tan atacantes en mi vida. Nunca podré formar parte de la “Assam Police”. Llegó un empleado con las 26 rupias. Me fui. El policía de la puerta que no me podía ir hasta que volviese el jefe. Allí estuve esperando de nuevo hasta que apareció. Me preguntó si me habían dado la pasta. Le insistí de nuevo que el dinero no me importaba que lo importante era el hecho del timo. Me contestó que era una lección para el dueño del restaurante y que así aprendería. Al salir a la calle me estaban esperando los tres CRPF. Grandes saludos y despedidas.
Para celebrarlo me fui a un restaurante elegante que busqué en mi primera visita y que no había encontrado entonces. Pido una especie de plato de pasta. El camarero insiste en que pida más cosas. Menos mal que no le hago caso: el plato era como para tres.
Regreso a la estación de autobuses. Voy a la oficina donde dejé el equipaje. Allí me está esperando el empleado que dio el billete definitivo. Debía pensar que no llegaba aunque eran todavía las 6 de la tarde. Me acompaña hasta el autobús, me busca el asiento y me ayuda a colocar el equipaje. Lo mismo que la otra vez que estuve en esta ciudad: hay gente borde pero también hay gente encantadora.
Cuando sale el autobús aparece el primero que me había ayudado y me da un papel con su nombre y teléfono: que le llame si tengo cualquier problema cuando pase por Guwahati.
Hubiese alquilado una avioneta y tirado billetes de 26 rupias por toda la estación de autobuses y el barrio que la rodea.
¡Que venganza tan pequeñita, pero que dulce!

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5 comentarios to “24. Guwahati, la venganza.”

  1. Carmen V Says:

    Ya me gustaría a mí que en España las reclamaciones funcionaran tan bien.
    Eres genial

  2. Angel de la India Says:

    Carmen, es que funcionó muy bien para mí, pero al dueño del restaurante no le dieron muchas oportunidades. Lo que me imagino es que la policía, que no es tonta, sabe de los contínuos abusos de esos comerciantes pero que la gente, que allí siempre es de paso (los que lo conocen van a otros sitios), no tiene tiempo de ir a quejarse. Y lo que no hacen es tardar tres o cuatro días en denunciarlo. De ahí la sorpresa del oficial de policía.
    Pero fue divertido y reconfortante.

  3. jose luis Says:

    Bueno, ya has estado en la comisaría y no has hecho nada. Igual me pasó a mí.

  4. Chiqui Says:

    Hay que fijarse siempre en la gente encantadora y amable…
    Hay que quedarse con ese recuerdo dulce que te hace esbozar una sonrisa.

  5. El sol es… » Blog Archive » 14. La India 2013. 6 de octubre. Domingo. De Guwahati a Shillong. Segunda parte. Says:

    […] por un gran cuartel de la “Central Reserved Police Force”, la CRPF, con un grupo de los cuales tuve un altercado en el 2007. No fue con ellos, si no que me ap… No los […]

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