22. De Jorhat a Sivasagar.

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Rang Ghar de SivasagarEsta mañana ha amanecido completamente nublado pero sin lluvia. No sé si es bueno o malo pues mi experiencia ciclonera es nula.
Me voy a la estación de autobuses y desayuno allí en un… no sé como llamarlo. Es una habitación pequeñita con mesas estrechas pegadas a la pared y con sillas, de manera que te sientas y comes como si estuvieses castigado. Pido una tortilla de dos huevos. Después de las malas experiencias de Guwahati pregunto antes el precio. Me piden lo razonable. Sacan la tortilla y un camarero la empieza a partir con una cucharilla en una mano y sus dedos en la otra haciendo trocitos pequeños. Me imagino que se ha lavado las manos, o por lo menos ésa, pero no me gusta que me la parta. Luego va y se mete un trocito en la boca. Será para probarlo y ver que está bien de sal. Entonces me doy cuenta que es un cliente que se estaba comiendo “su” tortilla. Vaya, lo descubro porque me sacan la mía cuando ya me estaba levantando a decirle que me la comería de todas las maneras pero que no la partiese más. En el plato con la tortilla me ponen en un lado una salsa verde que no sé de qué es pero que está buenísima y dos cuenquitos con vegetales. Es que eso debe ser el estándar “omelet”, lo que pasa es que el segundo ladrón de Guwahati, el del desayuno, me los cobró aparte. Y entonces te tienes que conformar con insultarlo. Total que éste ha sido un desayuno estupendo.
Luego en autobús a Sivasagar.
Estuve dudando si trasladarme allí con todo el equipaje y quedarme a dormir porque es el punto más alejado de Asam y del viaje al que voy a ir hacia el noreste pues después de aquí vuelvo hacia el sur y el oeste. Al final decido ir y volver en el día desde Jorhat y me evito mover el equipaje y buscar nuevo hotel. Sabia decisión porque además el autobús va a reventar de gente y no sé donde hubiese metido la mochila.
El cobrador me tiene que devolver 2 rupias y decide no hacerlo. Pero es que, me fijo, se las devuelve a todos. Menos a mí. Se las pido cuatro veces durante el viaje. Ya es una cuestión de principios. Al llegar a la estación final se baja antes de parar y desaparece. Voy a por él. Me da el cambio como si nada. ¡Lástima no saber asamés!
¿Por qué Sivasagar? Pues porque estoy muy cerca y porque hay un templo dedicado a Siva muy importante y varios castillos cercanos. La ciudad es como todas éstas. No parece muy interesante aunque imagino que su mercado sí lo será. Sí es muy bonito un estanque que hay en el centro. Es un depósito construido en el siglo XVIII pues esta ciudad fue durante un tiempo la capital de una dinastía que gobernó Asam durante 600 años. A un lado del estanque está el templo Shivadol. Dice la guía que es el templo dedicado a Siva más alto de la India con 33 metros. Es grande pero yo creo que los he visto mayores, aunque no recuerdo a quién estaban dedicados. Como siempre lo más interesante es el ambiente. Hay unos cuantos shadús fuera y brahmanes en el interior. Estos les hacen ritos a las familias que van allí a rezar. En el interior hay una cripta oscura con muchos candiles de aceite. La misma pregunta de hace unos días: ¿quién decidió en Majuli que a Visnú le gusta que los fieles le pongan lamparillas de mantequilla y a Siva aquí de aceite de mostaza? En Majuli pensaba en el derroche de tanta mantequilla aunque puede que la que recogían en sacos en el interior de los templos sea la misma que reciclan luego y la venden en el exterior. Pero, es que todas las ofrendas a los dioses, también al vuestro, al que se escribe con mayúsculas, sea el que sea, deben tener el carácter de “inútiles” y ser un derroche. Hace años ante un exceso de este tipo tuve dudas morales y le pregunté a mi director espiritual. Este me dijo algo así como “¿es que no le darías lo mejor a tu Padre?”. Es que entonces era célibe, porque si no hubiese cambiado lo de “Padre” por “Hijo”. Lo del Espíritu Santo ya es más difícil de colocar. Pues aquí y allí sigue siendo lo mismo.
En la entrada hay un shadú muy viejo. Tiene un montón de cosas que debe vender como amuletos. Tú te imaginas que lo que tiene lo ha ido recogiendo en su peregrinar y que por ejemplo las rudraksh las ha encontrado en un lugar ignoto del Himalaya. Entonces se le acerca un suministrador. Es un señor con una maletita de viajante rota por varios sitios y con aspecto de vendedor. Saca un saquito con ellas pero no se ponen de acuerdo con el precio. Le pregunto entonces por cuanto me las vende a mí. Tampoco nos ponemos de acuerdo.
Después me voy a ver uno de los castillos. El único al que puedo ir fácilmente con transporte público. No he preguntado demasiado y cuanto estoy en el autobús me entra la duda de si tendré que andar 900 metros ó 14 kilómetros pues la información está un poco confusa. Al menos para mí. Y ya me veo durmiendo en alguna aldea de la zona porque no haya autobuses que regresen y…todo malos presentimientos. Y pensar que me fío demasiado. Afortunadamente el cobrador me entiende y me para en un cruce que está a un kilómetro del castillo. Un camino muy bonito con casas muy cuidadas y muchas flores como en Majuli. En una casa un letrero dice que es una productora de cine, lo que me llena de admiración. Llego a Karen Garh. La guía lo define como un palacio de ladrillo, grande pero sin adornos, de cuatro pisos con estructura piramidal. Es del siglo XVIII y es lo que queda de lo que fue la capital del reino de Ahom antes de trasladarse a Sivasagar. Y menos mal que la guía te advierte de los precios y que ya lo sé desde hace unos años y que creo que también el año pasado escribí sobre eso: tarifa para los indios 5 rupias, para los extranjeros 100. Como creo más en la reciprocidad que en la caridad, ganas tengo de que a los indios les cobren en el extranjero 20 veces más. Que esa es la diferencia: el 2000 % más. El Prado son 6 €. ¿Eres indio? Pues 120 €. O mejor, para que sea ejemplar y ya que tú has sido quien ha comenzado 3700 €. La plaza de Nôtre Dame de Paris, por ser indio 500 €. ¿Qué es gratis para los demás? Sí, pero da lo mismo. Y así con todo. La descripción de la guía dice que lo interesante es la vista y el paseo porque el interior esta vacío. Y así ha sido. Y no he entrado. Al regresar una jovencita que estaba delante de su casa sale al camino a charlar conmigo en inglés. Me pregunta de donde vengo y que me ha parecido el castillo. Le he dicho que no lo he visto y lo del precio. No se lo creía. Decía que es que me querían engañar. He tenido que enseñárselo en la guía. Total, que quiere estudiar ingeniería informática y que qué tal está en España. Le he explicado lo de que en España no se habla inglés sino español pues es un error extendido el pensar que en todos los países occidentales se habla el inglés como lengua materna.
Llego a la carretera y vuelvo a Sivasagar con un todoterreno que es un estándar en la India: el Sumo de Tata. Aunque no sean “sumo” también les llaman así. Creo que no es un todoterreno de verdad pues solo tienen tracción a las ruedas traseras. En éste vamos14 adultos y varios niños. Y de Sivasagar con el bus regreso a Jorhat.
He decidido ir al estado de Tripura antes del de Meghalaya, así que tengo que volver a Guwahati y desde allí coger un autobús a Silchar. De allí otro a Agartala, la capital de Tripura. Un joven simpático empleado de la Assam State Transport Corporation (ASTC) me vende los billetes hasta Agartala, pero no me pregunta nada y me encuentro con los billetes ya hechos y el de mañana es el número 1 o sea que voy a ir todo el viaje, que son seis horas, aterrorizado pensando que nos vamos a estrellar. Es que la circulación en la carretera es horrible. Ya os contaré.
Me voy a internet donde estuve ayer pero hoy se me han comido los mosquitos. Espero que al anofeles no le guste el ambiente informático.
Vuelvo al mismo hotel de la cena de todos los días. Y thali de nuevo. Como ya soy un cliente habitual me saludan todos. Hay un camarero que incluso me pregunta por la isla de Majuli. Es que el muchacho es de allí y se lo debí decir al recepcionista y lo comentarían.
Estos viajes continuos me permiten además de mirar el paisaje, contemplar a la gente. El paisaje sigue siendo de grandes campos de arroz y casas al lado de la carretera con palmeras. No sólo es que pasan por el centro de los pueblos, es que luego muchas veces se han seguido construyendo a lo largo de las carreteras y hay kilómetros y kilómetros habitados.
De la gente me sigue sorprendiendo lo mucho que mastican betel, también las mujeres, pero pocas jóvenes. Los hombres llegan a tener muy marcados los músculos de las mandíbulas.

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4 comentarios to “22. De Jorhat a Sivasagar.”

  1. LUIGI Says:

    anda que ya se la ibas a liar (al manipulador de las tortillas) ein?

    me parece increible el disparate en la diferencia de los precios, que pasada!

  2. Angel de la India Says:

    Eso de la diferencia de los precios siempre lo escribo pero es que me cabrea bastante. No he vuelto a ir al Taj Mahal desde la subida, o mejor, las veces que he ido aún eran con el precio unitario pero alllí al comienzo hubo hasta algún plante de turistas. Lo que pasa es que ¿quièn va a ir a Agra y no visitar el Taj Mahal?

  3. jose luis Says:

    Yo. El primer día lo rodeamos entero en un ricksaw, y el segundo nos surgió un problema que nos hizo dejarlo para otra ocasión. Una pena, pero fué causa mayor.
    Lo de los todoterreno es verdad, yo he pasado más miedo que en ningún sitio de la India. Una de las veces nos llevó un conductor sin permiso para hacer de taxi. Nosotros no lo sabíamos. Cuando estábamos a mitad del recorrido, unas seis horas, nos encontramos un control de policía, y al tío solo se le ocurre parar y dar marcha atrás por esas carreteras! A los 500 metros ya nos habían parado y nos llevaban junto al conductor a una comisaría. No pasó nada con nosotros pero nos retrasó mucho, además de otras molestias. Al final llegamos de noche al último pueblo y los diez últimos kilómetros se me hicieron eternos, con poquísima luz, niebla y ellos de fiesta en el todoterreno. Y sabiendo que si te despeñas, te despeñas para siempre.

  4. LUIGI Says:

    pues no te quiero decir nada en la maravillosa y espectacular travesía de Manali a Leh, que caída y que vértigo!

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