20. En Majuli.

by

Om hindú(Este borrador lo empecé a escribir en un transbordador que me iba a llevar desde Kamalabari a Nimatighat, pero han anunciado otro antes y hemos salido pitando todos los que estábamos allí y por poco no lo cogemos. En este barco me siento en la cubierta inferior, donde no quise hacerlo cuando veníamos ayer, pero es que está lloviendo. Se sienta a mi lado un señor con aspecto típico bengalí, un poco gordito, de unos 50 años con bigotito y casco de moto puesto. Se me presenta y me cuenta sus hazañas profesionales y su situación académica. No le entiendo casi nada, sólo que es ingeniero mecánico y que trabaja para el estado en el departamento de educación. Al cabo de varios intentos de repetir yo «educación» y hacerle, por cortesía, alguna pregunta al respecto sobre la situación de la educación en la isla, y el venga repetir que no, que educación no, resulta que decía «irrigación». Como no le cuento nada de mi vida me lo pregunta. Espero que dado el casco que lleva también lleve moto y se vaya al llegar porque ya me estaba diciendo lo mucho que le gustaría a su familia conocerme. Y encima cuando intento escribir me quiere
dictar en ingles lo que tengo que poner. Pero no sugerencias, no, que me decía: «escribe, el turismo en la isla de Majuli… ». Le mire fijamente a los ojos y le dije que escribía en castellano y no sé si algo más porque la relación se enfrió, pero no del todo.
Será porque he nacido en clase trabajadora (pero de los años 40 que no era como ahora), porque en los sitios austeros como este hotel de Garamur duermo como un tronco. Mi familia dirá que lo hago en cualquier sitio, que no es verdad, pero aquí he dormido de un tirón. Y con mantita. Y sin picaduras.
Ha estado lloviendo toda la noche y por la mañana lo sigue haciendo.
Tengo que coger un autobús a las 7 de la mañana y pedí que me llamasen a las 6, pero me despiertan el resto de los clientes. No es que hagan mucho ruido, es que aquí se oye todo.
Hoy en el desayuno he roto mi costumbre de la tortilla francesa porque no habia; un par de chapatis con dos cuenquecitos de algo vegetal que es el desayuno habitual en todos los sitios.
Cojo el autobús que me deja en el cruce hacia la satra de Uttar Kamalabari. Tiene la misma estructura y ambiente que la de ayer. Hay un arco de entrada a partir del cual tienes que descalzarte, lo que pasa es que ayer estaba seco y hoy esta todo mojado y con barro. La diferencia es que aquí se ve gente viviendo. Un joven me saluda. Es un monje y me enseña un poco todo aquello. Me dice que son 100 monjes. Muchos me parecen, pero será verdad. Le digo que creía que iba a haber mucha más gente viendo todo esto o rezando pero yo soy el único ajeno a la comunidad. Me explica que es que los rezos comienzan por la tarde. Me enseña «su casa» que son un par de habitaciones donde hay un niño pero no he llegado a entender quien era. Me insiste para que me quede allí no se si hasta los rezos o también a dormir. La gente es muy amable pero no sé como piensa que puedo pasar el día con él si con nuestro nivel de comprensión nos lo hemos dicho todo en cinco minutos. Me explica que todos los monjes son asameses y que no hay mising.
Al salir me encuentro a otro joven. Me dice que tiene 14 años y que dentro de siete será monje. Los dos chicos eran realmente guapos. Tengo fotos. A la salida me encuentro con un señor y tres niños mising a los que también fotografío. Todos son gente encantadora. Y como ando por caminos y me fastidia perderme pregunto por la dirección correcta mil veces.
Las casas suelen tener un jardincito delante y en general todo esta muy cuidado y limpio.
Regreso así andando hasta Kamalabari que esta a unos dos kilómetros de la satra. Desde allí voy a visitar la de Auniati. Al poco de empezar me para un coche «compartido» y me voy con ellos.
La satra de Auniati no tiene nada que ver con las otras. Por lo menos el día de mi visita. Antes de llegar hay puestos a los dos lados del camino donde venden baratijas del tipo de feria de pueblo y otros donde venden material para las ofrendas, que en este caso son unos cuencos de barro con unos 300 gramos de mantequilla y una mecha en medio. Y barras de incienso. Y se me acerca uno que quiere hacerme de guía. Me dice que es estudiante. Le pregunto que porque no está en clase. Cazado. Que está aquí por el negocio. Pues no conmigo, forastero.
Nada que ver con la paz y la calma de ayer y de esta mañana. Como sigue lloviendo sigue estando todo con barro. Llego a la sala principal de rezar. En todas las satras es igual: grande, ésta muy grande, rectangular y aunque en el resto de los edificios cubiertos el suelo es de cemento, el de esta sala es de tierra apisonada. En el centro de la sala hay unos monjes cantando. Parece que a los monjes neovisnuitas les gusta mucho cantar y creo que también bailar. En los extremos de la sala la gente coloca los cuencos con la mantequilla en el suelo y enciende la mecha. Se arrodillan delante de las lamparillas y en un momento del canto de los monjes se postran todos. Luego se forma una cola de fieles esperando entrar en una habitación semejante, pero con más adornos, a la que vi ayer. Se arrodillan formando un semicírculo delante de un cura y este les va dando con gran parsimonia una flor o una hoja a los bienaventurados que están mas cerca. Ayer ya me dieron una y sin
tanta ceremonia.
En la gran sala, de los 4 ó 5 monjes que había cantando se ha quedado uno solo que toca unos címbalos. Un horror. Cuando se cansa toca palmas, como aplaudiendo, pero es peor todavía. Estos tendrían que pasar una temporada en el templo dorado de Amritsar, que aquellos si que tocaban y cantaban bien.
Todos los neovisnuitas llevan túnicas blancas, o como se llame ese tipo de vestido, con ribetes rojos. Un señor se me presenta, me cuenta sus meritos profesionales y me lleva a un lugar donde hay gente esperando. Me explica que allí la gente hace una promesa. ¿Qué es lo que prometen? Pues lo único que he entendido es que prometen no decir falsas palabras. ¿Serán mentiras? Hay jóvenes esperando con una cuerda alrededor de la frente. Luego me presenta a su mujer. Todos encantadores.
En definitiva que lo de Auniarti era lo famoso estos días, y el 23 será en la satra de Garamur. A mi lo que me hace falta es un documentalista que me informe previamente.
Vi estos días un reportaje de la BBC de Michael Palin sobre un viaje al Himalaya. Y es que iba a tiro hecho. Veía lo que vi hace un par de años en la frontera indo-paquistaní y la representación teatral que hacen sus ejércitos y que tanto enardece a las masas pero él estaba en el lado paquistaní y luego pasaba al indio. Decía que llevaba 21 maletas. O sea que no iba solo o que es un dandy, porque luego iba a ver al Dalai Lama y llevaba zapatos blancos. Quizás es cosa del protocolo.
Pero estaba muy bien el reportaje, sólo que le tengo envidia. Por el documentalista. No por el Dalai Lama que fue lo mas flojo del reportaje, pero como todo el mundo se quiere hacer la foto con el…
Del satra de Auniati al muelle. Me subo al transbordador que hay atracado en la orilla. No son todavía las 11 de la mañana y me dicen que no sale hasta las 2 de la tarde así que dejo la mochila en un asiento de un banco para tener guardado el sitio y me voy a comer a un garito que esta al lado, en la orilla del rio. Una de las mejores comidas del viaje. Regreso al barco y se ha ido. Vaya susto. Es que lo han corrido unos 50 metros para dejar sitio a otro que esta llegando. Dentro están todos los que dejé esperando. Cuando empiezo a escribir el borrador uno de los pasajeros dice que el barco que acaba de llegar es el que se va a ir. Carrera y nuevo barco. Esta vez en la cubierta inferior pues el tiempo esta empeorando, llueve y hace fresco.
Los peregrinos llevan unos vestidos blancos muy ligeros y se protegen con algún jersey o chaqueta pero se ven jodidos de frio. Cuando llegamos después de casi dos horas al muelle, que es un trozo de un banco de arena en el Bramaputra, otra vez carreras para llegar al autobús y coger asiento. Tenemos que andar por un barrizal unos 300 metros, pero todos llegamos. También el que intentaba dictarme, que va sin moto a pesar del casco. Como hay tanta gente no me ve, afortunadamente.
Y al final a mi hotel.

Anuncios

3 comentarios to “20. En Majuli.”

  1. jose luis Says:

    Qué emoción con tanto cambio de barco y tanta carrera, hay que estar alerta todo el tiempo.
    Los reportajes de Michael Palin por el Sáhara y el Himalaya son bastante buenos, aunque por supuesto va con todo hecho.

  2. Angel de la India Says:

    Estoy de acuerdo contigo.

  3. LUIGI Says:

    me hubiera gustado ver tu cara cuando no viste el barco (ni a tu mochila!), uf, menuda gracia!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s