8. Tren a Guwahati.

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Los distritos de AssamEsta mañana me he despertado en la estación de New Jalpaiguri, la famosa NJP que tantos desvelos me provocó el año pasado. Eran las 6 de la mañana y el comando ya estaba sentado y con la ropa de la cama recogida: en situación de revista. Y claro, con ese ejemplo yo me he tenido que levantar también. El policía ha aguantado bastante más rato en la litera, claro que la suya era la de más arriba y la del comando y la mía las de abajo.
Ha pasado un vendedor de chándales y el nepalí no ha resistido la tentación. Allí ha estado un buen rato mirándolo y regateando. En el chándal cabían dos como él, pues es recio pero pequeñito, pero no me he atrevido a decírselo. Al final no se ha puesto de acuerdo con el precio. Luego se ha sentado en la litera del pasillo un pasajero nuevo del departamento contiguo y al primer vendedor que ha pasado ya lo ha cogido. Le ha hecho desembalar todo lo que llevaba: una lámpara de miniatura, otra grande, un aparato de radio con muchas cosas inútiles, una aparato para hinchar ruedas… Parece que le da envidia al nepalí y ha parado a otro vendedor. Debe ser parte del entretenimiento del viaje. Al final, el nuevo, que ha resultado ser “naga” o sea de Nagaland, ha comprado la radio. El policía baja de la litera y charlan sobre la compra. Toda la mañana ha pasado así: el policía dormitando en la litera, el comando leyendo un periódico y mirando mercancías que le ofrecen los vendedores y el nuevo ha comprado en diferentes ocasiones dos cajitas de plastico que son como órganos electronicos, una caja de algo que sirve para curar enfermedades diversas, un gato de plástico que cuando le tira de una cuerda se le enciende la tripa, un helicóptero y al final ha estado a punto de sucumbir a un masajista pues también los hay en este tren. Cuando iba a decir que sí, y a mí me interesaba mucho ver como le daban el masaje pues era un tío muy alto y le dolía encima de la nalga, pues se ha interpuesto otro vendedor de baratijas y ha perdido el interés por el masaje. En una larga parada que he aprovechado para estirar las piernas por el andén, se me ha acercado el masajista y me ha explicado que los vendedores indios no respetan nada. Bueno eso he deducido porque me ha tomado por un indio y ha estado hablando durante diez minutos y yo sonriéndole en plan comprensivo. Claro que me da lo mismo, pero no sé si me hablaba en hindi o en bengali. En esta parada he comprendido mi error de ayer: en el vagón B1, que era el mío, estaba tachado con tiza y escrito BE1, que en ingles suena casi igual. ¡Qué ganas de complicarse la vida!
El comando nepalí me invita a un plátano. A pesar de mis negativas corteses y de que no me apetece mucho me lo tengo que comer. Atravesamos grandes llanuras con campos de arroz. Creo que están a punto de la siega pues están sin agua y amarillean. No creo que se note cuando pasemos de Bengala a Assam. A veces hay alguna cordillera o algún río, pero muchas veces sigue siendo la misma tierra, aunque políticos nacionalistas, de uno y otro lado, estén dispuestos a dar la vida por un trozo de ese sagrado territorio. Bueno, normalmente están dispuestos a dar las vidas de otros. Y así es: Kokrahjar es la primera estación de Assam y todo es igual que antes.
Y llega la hora de la comida. El policía sigue dormitando y el nepalí y yo comemos. Menos mal que ahora sí me invita a un plátano que sí me apetecía. Yo le invito a un trozo de turrón de Alicante. Pasan unos uniformados con unos grandes fusiles. Le pregunto si son policías o militares. Me dice que son policías que ésta es un área peligrosa. ¡Pues lo será, pero en la India en todos los trenes no paran de pasar policías!
Antes de irse el subinspector aparece uno, también del compartimiento de al lado, que resulta ser de Mizoran, o sea un “mizo”, y que como habla inglés le toma el relevo. Es cristiano, como casi todos de ese estado y además de hacer de intérprete con el nepalí, no para de preguntarme y explicarme cosas. Masca betel sin parar aunque se lo traga y tiene la boca roja y cáncer dentro de unos años.
El nepalí aprovecha para decirme que por que no me voy a Shillong con él. Que no, que quiero ir primero a Assam. Pues que en cuanto llegue a Shillong que le llame por teléfono, que el no habla inglés pero sus hijos sí. El de Mizoram también me ha empezado a decir que tengo que ir allí y que me enseñaría muchas cosas. Le he explicado lo del permiso para los extranjeros. Menos mal.
Antes de llegar al destino atravesamos por un puente el río Bramaputra. Es la primera vez que lo veo. ¡Eso es un río!
Estos viajes largos además de conocer gente y ver el paisaje te permiten tomarte un respiro y, a mí, organizar el viaje. La verdad es que este año lo tenia algo desorganizado o mejor sin organizar pues la guía me llegó muy tarde y encima hay tan poca información sobre este territorio y es tanto el desconocimiento, que tengo que sólo tengo claro que visitaré Guwahati y Shillong y el resto lo iré arreglando sobre la marcha aunque ahora tengo una idea mas clara sobre sitios que quizás pueda visitar y otros que no deberé visitar. Además le prometí a mi familia que no iría a ningún sitio al que no deba ir, y que no comeré nada que no deba comer. Y lo voy a cumplir.

Pensamiento matemático ferroviario.
En mis largas horas de tren se me acaba de ocurrir una conjetura. Como es más humilde que la de Poincaré no me atrevo a darle mi nombre. Se podría llamar la “conjetura de los grandes números para todo menos para eso”.
Cuando te explican algo en plan científico y no te convence mucho siempre acaban diciéndote que es que sigue la ley de los grandes números. Si te comes una morcilla de cebolla en ayunas al día las transaminasas desaparecerán. Te la comes durante cinco años que hacen unas 1825 morcillas (“aprox”, que dicen los jóvenes), te haces el análisis y sigues igual o peor que antes y además el hematocrito con tanta hemoglobina de cerdo unida al ácido cebolléico lo tienes peor que los ciclistas de la Vuelta a España. Se lo dices al “científico” que te ha recomendado ese remedio y te dice que es que sigue la ley de los grandes números. Algo así como si mil millones de personas se comiesen un billón ochocientos mil millones de morcillas durante esos cinco años les bajarían las transaminasas. Como dicen algunos: fijo que desaparecerían. Pues esa ley tan exacta nunca se aplica a “eso”. Vas al médico y le dices que te salen muchos orzuelos. Pues nunca te dice: “verá joven, lo que tiene que hacer es fornicar más. Por ejemplo, hágalo todos los días con desayuno, comida y cena durante cinco años y descanse los 29 de febrero de los bisiestos” (que te pueden caer uno o dos). O vas y le dices: “mire doctor (¡les encanta que les llames así aunque casi ninguno lo sea!) que es que se me está gangrenando el codo”. Y nunca te dice: “Debería dejar la vida de mortificación que lleva y hacer el amor cada ocho horas (¡cuánto les gusta esa periodicidad a los doctores!) durante un mes. Descanse un lunes y vuelva a empezar.”
Es que de Calcuta a Guwahati da para mucho.

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Una respuesta to “8. Tren a Guwahati.”

  1. Chiqui Says:

    jajaja…. ¡¡ese pensamiento matématico ferroviario es total!!

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