6. Calcuta, día 3.

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Lord Mahavira alcanzó el Nirvana en Diwali. Los Jaínes lo celebran también.Hoy Diwalli y en Calcuta es casi imprescindible ir al templo de Kali. Lo mismo hice el año pasado y quizás te parezca una exageración pero sé de gente que va todos los años el 12 de octubre a la plaza del Pilar de Zaragoza.
Voy en metro. Da gusto. La pena es que solo haya una línea y tampoco sé como ira un día laborable a las 8 de la mañana.
Vuelvo a ver las mismas colas larguísimas para entrar y ganchos brahmanes que intentan que entres con ellos y te saltes la cola. Son pesados pero menos que los del New Market. En las cercanías del templo los pobres mas miserables y con las marcas mas atroces. En la España de los 50 –quizás antes, pero no me acuerdo- también se veían en las romerías de los pueblos los tullidos que no había en ningún lugar. En el camino encuentro varias capillas en honor de Kali. Como las que ví ayer en el New Market, no se si las imágenes son de otros años, pero el montaje es nuevo. Hay una impresionante hecha de trozos de caña representando un carruaje con dos caballos enormes de cartón. Parecen de las Fallas, pero no creo que los quemen pero tampoco que los guarden. Vuelvo al sitio de sacrificio de las cabritas. El que sean tan pequeñas no se si es porque forma parte del rito, o es una raza especial o es que son mas baratas. Tampoco se si luego se las comen o qué hacen con ellas. A pesar del exotismo y fervor del ambiente se ven muy pocos occidentales. O ninguno. En un ala del templo hay algo de la organización de la madre Teresa. En un mirador hay una joven occidental fumando. Imagino que a lo mejor no pueden hacerlo dentro. En otro mirador hay un japonés desayunando. En aquel entorno es algo que está fuera del ambiente y parece muy raro. Es como si estuviesen en un escaparate de algo muy exótico para un indio.
En la India se ve bastante gente con vitíligo: hoy he visto a un perro con esa enfermedad.
Decido ir a ver algo de la Calcuta colonial, los edificios oficiales que dejaron los británicos y que no se visitan, pero que son impresionantes.
Al pasar por delante de una de las puertas de uno de ellos hay un montón de periodistas y policías. Muchos micrófonos y cámaras. Sale al exterior un grupo pequeño y se abalanzan todos sobre ellos. En medio una viejecita venerable. Pregunto a uno y me dice que es Madha Patakar, una dirigente de un partido socialista. Intento hacerle una foto pero es imposible. El que me informó me coge la maquina, se acerca y la hace. Al final de las declaraciones suben a un taxi la abuelita y sus acompañantes y con un coche lleno de policías detrás. Realmente debe ser un partido muy pobre o muy testimonial porque eso de ir en taxi…
Luego me pongo a hablar con otro periodista. Se sabe porque lleva un micrófono. Me pregunta lo típico que de donde soy y a donde voy. Me dice que no pierda mucho tiempo en los estados del Noreste. También que él se va con un cámara de televisión al oeste de Sikim y que me vaya con ellos. Realmente es un ofrecimiento tentador y me lo decía en serio e insistiendo pero no van hasta la ultima semana de noviembre y además sin conocerlos de nada me da un poco de miedo cómo podrá resultar. Vaya, he estado a punto de decirle que sí. En definitiva ha sido un encuentro muy interesante. Al final me dice que si no voy a Sikim con ellos que vaya a una reserva natural de Bengala donde hay rinocerontes y elefantes. No creo que lo haga.
Como en un restaurante chino que me coje de paso y vuelvo a mi sitio pues esta noche no podré escribir nada. Regreso al YWCA, recojo el equipaje y a la estación de Howrah. Y menos mal que llevo la hoja de conversión de tarifas del taxímetro porque si no, no me lo creo.
Pasamos el puente famoso y me doy cuenta de que este año no he ido a ver el mercado de flores que hay allí. Pero no me pierdo el espectáculo del interior de la estación, aunque hoy como viajero formo parte de él. La estación es enorme y el anden de mi tren larguísimo. Voy preguntando a los mozos de cuerda por donde caerá mi vagón cuando se estacione el tren. Estoy al final del andén, o mejor al comienzo y no se si he cogido un tren mas largo en mi vida. Si fuese mas largo no cabría en esta estación. Cuando llega me subo a mi vagón. Es importante subir pronto pues si va lleno tendrás problemas para colocar tu equipaje al ser literas y tenerlo que hacer debajo de los asientos. Busco mi asiento, pregunto a un empleado del tren y me confirma que es allí. Guardo el equipaje. (Importante la bolsa protectora de la mochila para evitar recoger toda la suciedad del suelo y luego ponerla encima de tu camisa). Luego me pongo las chanclas. (Mas importante todavía en un viaje tan largo). Y ya estoy aposentado para las próximas 24 horas.
Al rato aparece el revisor. Que el mío es otro vagón. Casi me alegro porque en el departamento contiguo, en la litera del pasillo, hay un joven que tiene el dedo índice del pie (¿se llama también índice aunque no sirva para indicar? Quizás en los pies tienen otros nombres) de mayor longitud que el pulgar. Y creo que eso era una anomalía o característica genética de esas que siempre has estudiado y de repente te lo encuentras allí. Me tenia como hechizado y no dejaba de mirarle los pies.
Cambio al nuevo vagón. Son departamentos de tres literas en cada lado, o sea seis y dos en el pasillo (las peores). Afortunadamente va todo medio vacío y en el mío va solo un joven de unos treinta y uno con pinta de nepalí de treinta y tantos. Son tan efusivos y cariñosos que no me dejan ni un momento.
El más joven creo que es policía, subinspector, y habla un inglés atropellado del que entiendo la mitad. El otro resulta ser nepalí, como había imaginado (no siempre acierto pero tengo mucha imaginación al respecto y siempre les busco un origen), es militar profesional y parece que se va a retirar. Y no habla casi nada de inglés. O sea que voy a dormir muy seguro.
El policía no deja pasar a ningún vendedor, y los hay continuamente, sin preguntarle por la mercancía. Le pregunta el precio, se lo hace sacar del envoltorio, lo toca, lo prueba, lo enciende, lo desarma y luego no compra nada. Una de las veces convence al nepalí y compran una tela de algodón para cada uno. Ni idea de para que les puede servir. Me dicen que para secarse y cosas así. Pero la RENFE india nos ha proporcionado dos sabanas limpias, una manta, un almohadón y una toalla. Es puro consumismo. Barato pero consumismo.
La familia del nepalí vive en Shillong y se empeña en darme su teléfono y dirección para que los vaya a ver. También me da el teléfono de su familia en Nepal. Y por supuesto me pide el número de mi teléfono celular. Se quedan muy sorprendidos cuando les digo que no tengo.
Y he tenido que volver a dibujar el árbol genealógico de mi familia como el de los guisantes de Mendel y del que dije que lo tendría que plastificar. El militar también tiene una hija y un hijo y se alegra de la coincidencia. Apetitosa cena. Mis compañeros, aunque sólo son las ocho de la tarde, se empiezan a preparar para dormir. Entonces aparece un joven que es compañero del nepalí, me lo presenta y me dice que estuvo en California en una especie de cursillo y que allí conoció a un español maravilloso. Le explico que a lo mejor era mejicano u hondureño pero me dice que no, que era español. Pues allí me tuvo explicándome cosas del ejército, de los comandos, pues ellos lo son, de Irak. Yo no le entendía casi nada pero no paraba ni un momento. Pensé que tendría que pasar la noche así. Afortunadamente le llamaron al móvil y aproveche la ocasión para escaparme al lavabo y a la vuelta ya no estaba allí.
Preparé mi litera y a dormir. Y tuve la seguridad de que con tanta protección no entraría ningún malhechor en el departamento.

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7 comentarios to “6. Calcuta, día 3.”

  1. jose luis Says:

    ¿qué sitio te gusta más? upper bed (junto al ventilador costroso), en medio, abajo con todos los bultos y zapatos, o las del pasillo con todos los que pasan.
    Para mí, es difícil de elegir, pero creo que arriba estás más aislado.
    24h. en un tren quitan muchas fuerzas, espero que no sean 32h. al final del viaje. Ya nos contarás.
    Supongo que lo sabes mejor que yo, pero te aconsejo que no tomes chai de los vendedores ambulantes. Recuerdas lo que conté del amigo que se quedó medio maniquí, creo que le vino de un chai.

  2. Angel de la India Says:

    Joseluis, lo del maniqui me hace reir cada vez que lo pienso aunque para vosotros fuese una tragedia.
    Sobre lo de las literas: me parece muy interesante tu observacion y hare una entradilla otro dia pues creo que es importante elegir la que mas te conviene en funcion del tipo de viaje que quieras hacer.

  3. LUIGI Says:

    Aquí también tenemos un presidente que va en taxi siempre que va a la Moncloa pero en este caso si es testimonial.
    Feliz viaje.

  4. Chiqui Says:

    Yo tengo el “dedo índice del pie” más largo que el pulgar… ¿eso es malo doctor?

  5. Carmen V Says:

    ¡Qué joven eres jodío!

  6. Angel de la India Says:

    Chiqui, pus menos mal que no he viajado contigo en el mismo tren porque sino no hubiese dejado de mirarlo y creerias que era un fetichista de los pies.
    Cuando vuelva ya mirare,pero creo que eso indicaba algo genetico. O era hereditario. Miralo en el resto de tu famila. O mejor no, no vayas a ser adoptada. Tendras que mirarlo en tus hijos.

  7. Angel de la India Says:

    Carmen, en tu frase, que espero sea elogiosa creo que para que no hay dudas sobre el significado habria que una coma despues de “eres”. No se.
    Pero los años me pesan cada dia mas. Y caudno no te pesan es que estas como en esa peli de Coppola en blanco y negro que cuando se moria flotaba. Entonces no te pesa nada.

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