5. Calcuta, día 2.

by

Duermo de un tirón y casi no llego al desayuno. La verdad es que estas jóvenes cristianas dan solo una hora para hacerlo. El comedor, tipo colegio, tiene unas grandes mesas corridas. Hay dos grupos de jovencitas indias y uno de extranjeras.
Hoy iré al cementerio británico como hice el año pasado. Esta cerca del hotel y puedo ir andando. Paso por delante del arzobispado católico de Calcuta y de algunos grandes colegios de la misma fe.
La visita ha resultado tan interesante y conmovedora como la otra vez.
Hay unas zonas limpias y muy cuidadas pero otras bastante sucias y abandonadas. De todas maneras me sigue sorprendiendo que se mantenga en este lugar tan céntrico a salvo de la fiebre inmobiliaria.
Quizás ya lo dije el año pasado: el lugar me recuerda al camping municipal de Córdoba situado en un lugar de lujosas residencias. Cordobés, el día que dejes de votar a Rosa Aguilar habrás perdido el camping municipal y todo el espacio verde que tiene y tu no serás quien habrá ganado el terreno para hacerte una mansión de varios millones de euros. Al tiempo.
En este cementerio hay, sin embargo, una invasión moderna: unas torres metálicas para sujetar unos paneles publicitarios. Un horror.
Encima de la tapia del cementerio hay dos hombres enjutos dando con un mazo cada uno alternativamente. Tienen una foto impresionante pero pienso que si lo hago se darán cuenta y quizás pierdan la concentración en la cadencia y si uno se despista le atizara un garrotazo al otro, así que desisto.
Una lapida conmovedora: “Mrs. Dennison de 26 años y su hija (sin nombre lo que me hace suponer una muerte en el parto de madre e hija) fueron enterradas el 30 de septiembre de 1806. El capitán E. S. Dennison sobrevivió a ambas, pero solo unos pocos días y murió el 16 de octubre. Se unió a ellas en la muerte y fue enterrado a los 31 años”.
Otra no tan conmovedora: uno que se murió a los 54 años y del que dice que fue residente en Mirzapore como cirujano civil y que luego estuvo dedicado a comerciar con casi todas las partes del mundo. “Su nombre como comerciante (lo traduzco de “mercantile man” pero no sé si implica alguna otra cosa) fue ilustre y su pérdida lamentada por muchos amigos personales”. Y aquí tienes a uno que murió solo y sólo le lloraron sus amigos. Hombre, yo tengo amigos que también me llorarán y si no llegan a las lagrimas sí a la aflicción, pero es que después de tantos desvelos comerciales por todo el mundo, al final ¿qué?
Querría visitar más cementerios, pero con la costumbre hindú de la cremación y de arrojar después las cenizas al río no tendré muchas oportunidades. Además si lo escribiesen en hindi o en bengalí tampoco me enteraría.
He encontrado otra lápida que me ha impresionado por la vida que llevó: “Edward Gordon de Madrás, comerciante, que fue teniente del 65 regimiento de infantería (imagino que es la traducción de “of foot”) de Su majestad y durante varios años comandante de la escolta militar del Nizam de Hyderabad, murió en Calcuta en 1855 a los 49 años”. Y sigue con despedidas de los amigos. Nada de familia, claro que con toda esa vida no tendría tiempo. Pero, ¡qué vida!, ¿no?
En otro lugar un comandante levanta un monumento a la memoria de su “corneta”. Luego te percatas de que tienen el mismo apellido. así que a lo mejor era su hijo o su hermano pero es raro que el corneta tuviese 32 años y su pariente fuese el comandante.
Para acabar una lapida en memoria de Henry Louis Vivian Derozio, profesor, poeta y patriota. Al editor dejo que nos ilumine sobre el personaje, pero con ese nombre estaba predestinado a esas tres profesiones o aficiones.
Digresión semántica.
Profesor es claramente una profesión. Poeta puede ser una profesión pero suele ser mas bien una afición o ambas cosas. Patriota. Aquí estoy lleno de dudas. Una afición, quizás. Una profesión… pues para dedicarse y vivir de ello tienes que pertenecer a un partido nacionalista, mejor si es de nacionalidad histórica -aunque conozco a alguno del PAR que no vive mal de ello-, o bien a la derecha nacional española y ser pobre porque los ricos no necesitan ser patriotas. De profesión, quiero decir. Fin de la digresión.
Ayer estaba lleno de fuerza a pesar del cansancio y cambio de horario y me pegué una paliza de andar. Hoy la he notado y al mediodía estaba hecho polvo, así que comida ligera y descanso reparador.
En el restaurante descubro que algunas indias tienen busto (por decirlo fino y sin concupiscencia pues esta es una observación de antropología social y si digo “tetas” pues parece otra cosa). Y ninguna tiene piernas. Habrá millones de chicas en Calcuta, vaya, si son 18 o 20 millones pues por lo menos 8 o 10 millones. Que son muchos millones de mujeres. Pues ni una con las piernas al aire. Siempre con los saris o las más modernas, y aquí son frecuentes, con pantalones largos.
Luego me voy a la zona mochilera. Las tiendas iluminadas como en navidad, con bombillitas, y algunas con mucha gente. Diwalli es como Navidad y la gente siente la necesidad de comprar, pero es que aquí los descuentos en los precios son antes de la fiesta.
Me acerco al New Market. Es un sitio muy interesante pero con los ganchos más pegajosos de todo Calcuta. No te los puedes quitar de encima. Uno, después de varias preguntas sin contestarle me dice que “qué es lo que más te gusta de Calcuta”. Le digo que “no me gusta que me sigan”. Y va el tío y me suelta que es la típica reacción de un español. ¡Hay que joderse! Por lo visto somos los únicos que reaccionamos así. Pero insisto: son pesados, pesados y eso que lo sé y ni contesto, ni les miro, ni menos les sonrío a ninguno, pues siempre tengo que acabar diciendo que “¡no me sigas!”. Uno para ver si se iba me he parado delante del escaparate de una joyería y ha tenido la desfachatez de decirme que lo que estaba mirando eran imitaciones.
En la plaza que hay delante del mercado ponen un altar enorme con Kali y cuatro estatuas mas a cada lado. No sé si serán avatares de la diosa o bien santas o amigas suyas. Lo investigaré. Pero sí que son igual que las del año pasado así que no sé si las guardan como en la Semana Santa española de un año para otro o las destruyen como en las Fallas, pero desde luego las hace el mismo.
Voy al sitio de internet de ayer. También muchas españolas. ¿Es que no hay españoles solidarios? Imagino que habrá turnos y a esta hora que debe ser la peor se quedan los varones.
Me voy a cenar a un restaurante de los que la guía califica como “travellers café” (con acento, como en castellano). Los hay en todas las zonas mochileras de las grandes ciudades y se parecen muchísimo los unos a los otros. Suele haber solo occidentales jóvenes y alguno del país despistado o bien que va allí a ver el ambiente. La comida es india o china pero no demasiado y con poco o nada picante. Mucha pasta, zumos y son baratos. Y los occidentales que están allí fuman sin parar, seguramente para compensar las prohibiciones de sus países. Bueno, no en España, y menos en Madrid porque si fuese por Doña Esperanza se podría fumar hasta en los quirófanos.
Otra vuelta por donde el altar de Kali donde ahora canta un grupo musical y a dormir.
Desde el hotel se oyen cohetes pero nada comparable a un Diwalli que pase en Delhi.

Nota militar.
La nomenclatura de regimientos, batallones, etc… sigue unas normas que desconozco y así no sé si es el “regimiento 65” o el “65º regimiento”. Baste deciros que en la guerra civil española, según me informó un experto en el tema, dependía de si era en el bando republicano o en el faccioso.

Nota del editor. Como ocurre con frecuencia, algunos hombre ilustres son desconocidos porque no los conocemos; no ocurre igual con Wikipedia que sí conoce muy bien a Henry Louis Vivian Derozio (1809-1831), que de antepasados portugueses siempre se consideró hindú. Autodidacta, comenzó a escribir poesía a los 14 años; a los 19 fué elegido profesor del “Hindu College”, creado 12 años antes por el primer reformador social hindú Ram Mohan Roy. Librepensador y ateo, su influencia como profesor en sus tres años de docente fué tan importante que sus alumnos fueron llamados los derozianos. Una parte de la futura elite india del s. XIX pasó por sus aulas, donde se hablaba de la emancipación de la mujer, se criticaba el dominio británico y el papel de la religión. Murió de cólera a los 22 años y, debido a sus ideas, fué enterrado extramuros del cementerio de Park Street, que AL ha mencionado.
Fué uno de los nombres importantes en el movimiento social llamado “Renacimiento Bengalí” que se extiende desde el siglo XIX hasta el Nobel Tagore en el XX.

Anuncios

Una respuesta to “5. Calcuta, día 2.”

  1. Angel de la India Says:

    Veo que le editor me ha corregido, seguro que sabiamente, pero en la lapida y en la nota que envie ponia “Henery” como nombre de Derozio.
    Y con su explicacion entiendo que es una lapida conmemorativa pues no lo enterraron alli.
    Visto el personaje me alegro de haberlo encontrado y citado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s