“Les armes au matin sont belles et la mer.”
Saint-John Perse
El amanecer ha compensado la cutrez del vagón. La luz, por otra parte, muestra el mal estado general del material. Está sucio y viejo aunque no quedan rastros de vida de los insectos que anoche cubrían el techo. Es que el choque entre lo esperado y lo hallado ayer por la noche fue terrible. Cuando compré el billete y dado el precio le pregunté las características del vagón al jefe de estación de Katha. Grandes sillones reclinables, aire acondicionado, o por lo menos ventiladores. Incluso imaginé un tren tipo Talgo. Pues ha sido tipo “tango”: viejo, fané y descangallado. Una desgracia. No tiene ventiladores, los sillones reclinables están “reclinados” pero fijos, sucios y hechos polvo. Las puertas correderas que comunican con los otros vagones, y al lado de la cual estamos sentados, están siempre abiertas. Entre nuestro vagón y el de delante hay una separación de más de 30 centímetros. Sin luz, como ayer por la noche, no sería difícil meter el pié. O sea que todo esto comparado con el precio del billete ha sido un atraco. Ya sé que con mi billete los militares que gobiernan este país no se harán ricos pero me jode bastante pensar que encima vaya a parar a sus bolsillos.
Desayuno en el “vagón restaurante” y un rato de escritura.
Pasa el revisor. También hay un rito con esto. Va como alguien importante con camisa blanca. Con él un joven con camisa azul. El joven te pide el billete y se lo entrega a él. Lo mira, lo estudia, lo investiga. ¡Cuánta lectura e información se puede sacar de un billete de tren! Al final se lo entrega al joven que te lo devuelve a ti. Para el ferroviario master del universo como si tú no existieras.
El paisaje es una gran llanura con campos de arroz y gente trabajando en ellos. Hoy es domingo. ¿Sabrán que, como me decían los padres escolapios, podrían ir al infierno por incumplir el primero de Los mandamientos de la Iglesia? (Nosotros decíamos de la “Santa Madre Iglesia”) Pues sólo está permitido trabajar en obras de caridad y apostolado. Y éstos que están con el arroz no creo que lo hagan por ninguna de esas dos cosas. Aunque bien es verdad que una delegación de las grandes superficies y grandes almacenes han conseguido modificar ese mandamiento, al menos en España y quizás aquí también se aplique esa exención y ese arroz sea para las estanterías de Carrefour o Alcampo. Pero me queda una gran duda: ¿por qué lo que en 1955 era pecado mortal hoy no lo es? Que ibas a trabajar un domingo, te morías en accidente de trabajo y al infierno para toda la eternidad, dónde es el llanto y crujir de dientes. Y encima la familia también se quedaba en otro infierno dadas las pensiones de viudedad y orfandad de la época. Las religiones siempre tan adaptativas, por lo menos con el capital.
Las palmeras, altísimas, aparecen diseminadas por los campos. De vez en cuando el zedi dorado de una pagoda.
El ayudante del revisor, el que te pide los billetes para pasárselos a él, viene a verme. Es un joven guapo y moreno que habla un inglés estupendo. Sus padres son de Madrás y su padre fue militar en el ejército británico. Después de la independencia se quedaron a vivir aquí. Me explica que sus abuelos viven en Inglaterra pero que él nunca los ha visto. Como me ha dicho que su padre tiene 84 años deduzco que me ha hablado de sus abuelos maternos o bien que su abuelo paterno es uno de los hombres más viejos del Reino Unido. Es curioso que siga diciendo Madrás, como yo, y no Chenay como en la India actual. Ha resultado ser una conversación muy interesante.
Pasamos al lado de lo que parece un lago enorme que es en realidad un producto de las últimas lluvias. Cuando estamos cerca de Mandalay y el tren va despacio se suben niños y jóvenes. Unos buscan botellas de plástico del agua mineral. Si las puertas de comunicación están cerradas y no pueden pasar de un vagón a otro se suben al techo del tren y lo hacen por arriba. Se cuelan por el estrecho espacio que hay entre los vagones. Creo que si frenase bruscamente podría quedar alguno aplastado. En nuestro vagón y con la separación que hay con el anterior los hierros harían como una cizalla. Cuando estamos más cerca del destino sube incluso algún taxista para ofrecernos sus servicios.
Y ya hemos llegado de nuevo a Mandalay, con algo más de una hora de retraso, así que al final han sido unas 12 horas y la mañana mucho más esperanzadora que la llegada nocturna.
NB.
Noé, el tamil, me dice que el viaje de Katha a Mandalay en el vagón y clase que hemos viajado nosotros cuesta 4210 kyats. Aproximadamente 3,37 dólares. Nosotros hemos pagado 26, o sea que 7,7 veces más. O en tantos por ciento hemos pagado el 771% de lo que paga un birmano. Qué ganas tengo de que llegue un birmano, mejor si es un general y por el billete de Madrid a Zaragoza le cobren 1000 euros. O más.