Ideas de concejal.

by

Hay concejales madrileños muy interesados en acabar con la prostitución con actuaciones peculiares. Como no se atreven a ir contra la demanda por la vía legislativa, a lo sueco, y como la oferta en España no está prohibida, ¡faltaría más! sólo su correlato inevitable el proxenetismo, les da por dificultar la demanda en vehículos a motor. Por esa razón cerraron en su momento el paso en fin de semana por el Paseo de Rosales y hace poco han cerrado el paso de carruajes por la Casa de Campo. En los dos casos adobaron sus decisiones con ganga ecologista a la que ningún terrícola de bien puede oponerse.

De esta forma no se acaba con la prostitución, pero se acaba con el cliente motorizado y se disuade, piensan ellos. De ahora en adelante sólo clientes pedestres y en forma, que la Casa de Campo tiene sus kilómetros. Pero claro está que el concejal responsable (Mr. Nemip, «no es mi problema») no se hace responsable de que las trabajadoras del sexo lleguen a cualquier otro lugar para ejercer su oficio, incluso aunque lleguen andando.

Como no podemos suponer que nuestros munícipes sean simplemente hipócritas sino que son raros, pero por nuestro bien, extrapolamos a gran escala sus actuaciones y sugerimos que cierren al tráfico rodado la ciudad desde las bardas del monte de El Pardo hasta el límite con Leganés y desde Alcorcón hasta Coslada y en general todas las entradas nacionales, provinciales, comarcales y vías pecuarias. Y si otros municipios limítrofes se enriquecen con el comercio carnal y se aprecian oleadas de peatones rijosos abandonando en tropel la ciudad, se siente. Mantenga nuestro Ayuntamiento la moral bien alta con menos ayuntamientos de pago. Advertimos que el plan puede fracasar a pesar de su brillantez porque las trabajadoras y los peatones del sexo (de pago, pps o pay per sex) han demostrado una tenacidad que les ha afincado de manera permanente en sitios egregios del centro de la ciudad, de los que no les ha desalojado ni la construcción disuasoria de hermosas playas de granito de precios exorbitantes, sitios para los que parece que nuestro concejal carece de ideas.
¡Con lo fácil que sería exigir un CIF para ejercer (y dar derechos universales, como dice nuestro ministro)! Pero cree el Estado (o quien cree por él) que el Estado no debe obtener «ingresos de la indefensión de las mujeres». Aparte del inmenso desprecio por estas mujeres que la expresión refleja, no alcanzo a ver porqué unas Administraciones del Estado pueden pensar así y otras creer razonable expulsarlas de «su lugar de trabajo» a cualquier otro sitio y además prohibir en su entorno el tráfico rodado como apestadas objetivas.
Además, y no lo eche en saco roto el concejal, su actuación puede crear en las mentes españolas, ya bastante confusas con algunas actuaciones en especial municipales, la falsa asociación prostitución-peatonalidad y, como ahora el caminar está muy recomendado por los cardiólogos, la falsa asociación prostitución-salud. No puedo hablar por las trabajadoras y los usuarios del sexo (de pago), pero los peatones que conozco estamos en contra.

Nota: no mencionaremos aquí el siniestro detalle de la nacionalidad de una mayoría de esas mujeres, ni la remisión a «las mafias» indefinidas de cuaquier problema que les afecte, ni el hecho verificable de su presencia numerosa, porque es sabido que los españoles (y nuestros dirigentes más aún) somos angelicales y no tenemos participación en la crueldad del mundo.