Los ciudadanos hacemos mal en aceptar que los candidatos se sacrifiquen por nosotros. Si alguien es capaz de soportar dos años una infidelidad conyugal que le hiere, para ser elegida candidata a una Presidencia, sus votantes deben tener la entereza suficiente para no recompensar ese dolor. Claro es que si su conyuge tiene la desfachatez de ensalzar en público y engañar en privado no merece cargos como premio.