40. Delhi,segundo día.

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Connaught Place, gran círculo en cualquier mapa de DelhiEsta mañana me voy a buscar la prometida habitación para dejar el equipaje. Luego me voy a pues tengo que hacer compras por allí. Las tiendas no abren hasta las 10 ó las 11 y además no hay apenas nadie. El centro de la plaza está recién arreglado y con unos jardines preciosos pero no se puede acceder allí. O lo dejarán solo de adorno o están esperando la inauguración. En una librería veo un libro sobre grupos tribales. Dice que en Sikim sólo hay dos, los lepchas y los bhutias y que éstos a su vez tienen un montón de subgrupos. No me saca de las dudas que tenía sobre este tema porque había gente que se reconocía solo como bhutia y otros como lachungpa pero no bhutia. He hecho en papel algunas fotografías y me voy a buscarlas. Les echo una ojeada en la tienda y hay un grupo de chicas jóvenes esperando las suyas. Ven una de una flor y dicen que “beautiful”, luego cuando ven una de mi nieto hay grandes exclamaciones. Dos minutos de vanidad en un mes no es nada. Vuelvo a Pahar Ganj. En el camino de regreso tengo que pasar por un par de pasos subterráneos para cruzar de una acera a otra y en las escaleras me encuentro al barrendero más tonto del mundo: barre empezando por el escalón de abajo y subiendo. De esta manera va echando la basura hacia abajo y ensuciando lo que acaba de barrer. A lo mejor es que quiere que no se le acabe nunca el trabajo. Paso al lado de un par de “public conveniences” que es como llaman a los urinarios que hay en la calle. Un olor denso, denso. Hay mucha gente que los utiliza pero que hace el pipí en las paredes exteriores, en la calle. Imagino que les da asco entrar y como higiénico para ellos, lo es más mear en la calle que no en el interior de aquello. Llego a Pahar Ganj. El año pasado hubo un atentado por estas fechas allí y en un par más de mercados de Delhi. En una de sus entradas hay un arco detector de metales que imagino que colocaron entonces y allí se ha quedado en medio de la calle. Cena e Internet. Vuelvo a buscar el equipaje y me encuentro con una pareja de cingaleses. Han venido a la India para ir a la embajada española pues ella quiere ir a una escuela de protocolo internacional en Madrid. Suena a chino pero debe ser verdad. Siempre que me encuentro con cingaleses me preguntan porqué no he visitado su país. Tendré que hacerlo. Veo a grupos de peregrinos por allí. La vida del peregrino es dura porque les pegan unos trotes horribles. Y con un taxi al aeropuerto.

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