34. Yuksom.

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Estatua de Guru Rinpoche también llamado Padmasambhava, fundador del budismo tibetano. Yuksom fué la primera capital de Sikim donde el primer chogyal, o sea el rey, fue consagrado en 1642 por aquellos tres curas que expliqué que veían huyendo del Tibet. Así que es un lugar muy especial para los sikimeses, aunque no veo que vengan mucho por aquí. Para los occidentales es el lugar de comienzo del treking conocido como Dzongrila y más para el final porque se suele venir con coche desde Gangtok con todo el grupo , se comienza a andar y al acabar los dejan aquí desde donde regresan hacia la capital o van a Darjeeling aunque algunos se quedan a descansar un par de días. También es el punto de partida para ir al campamento base del Khang-chen-Dzonga (o Kanchenjunga) Yuksom está a 1630 metros de altitud y a 35 kilómetros de Pelling. Es un pueblecito con unos pocos hoteles, dos o tres restaurancillos y un lugar para pasear y no hacer nada más. Así que me levanto prontito. El cielo está nublado como ayer pero en algunos momentos se ven a lo lejos las grandes montañas. Desayuno donde cené ayer y que he hecho mi restaurante habitual. Tampoco hay mucho más donde elegir. Pensaba que hoy sería un día de silencio pero estaba equivocado. En el hotel de Pelling, al registrarme, vi en el libro que había un francés con nombre y apellidos españoles. Deduje que sería uno con aspecto excéntrico que había por allí. Pues ahora se estaba sentando en mi mesa. Le pregunté y efectivamente era un francés de origen español. Viaja también solo pero hace algunos recorridos andando. Lleva tres o cuatro meses por la India. Había estado en el país hacía 20 años y no le gusta nada como ha cambiado, especialmente Delhi. No entiende qué le encuentro yo a la India. Algo así me preguntó también Anna, así que tendré que pensarlo. Me voy a ver dos lugares que se pueden visitar fácilmente. El primero el monasterio de Dubdi. Al pasar por delante del puesto de policía veo que el nombre del pueblo está escrito “Yoksam”, así que sigo sin tener claro lo de la trasliteración de esos idiomas al inglés. El camino pasa por delante del centro de atención primaria donde un gran letrero en inglés y medio borrado dice: “la lepra tiene curación. No le tengas miedo. Trátala. La lepra está causada por un germen no por un pecado”. Me ha venido a la cabeza las campañas del gobierno a favor del uso del preservativo. La senda hacia el monasterio está pavimentada y pasa por un precioso bosque con plantas de cardamomo, grandes flores blancas, plantas de pascua enormes y preciosas y varios molinos de oración de los hidráulicos pero que como ahora llevan el agua semicanalizada por otro lugar ya no se rezan. El camino es muy empinado. Arriba cuando llegas al lugar donde está el monasterio te enteras de que es monumento nacional. Es uno de los más antiguos de Sikim y fue fundado en 1710 durante el reinado (¿se dirá chogyalato?) de Chakdor Namgyal y pertenece a la secta Nyingmapa del budismo lamaísta. Ahora no hay monjes con una excepción que contaré luego. Todo el lugar está muy cuidado con gente arreglando los jardines. Al estar en la cima de una colina hay buenas vistas de los alrededores y un poquito de las montañas nevadas. Hay dos edificios en piedra demasiado arreglados o quizás reconstruidos en su exterior. El más grande y parece más moderno tiene dos pisos. En el inferior una pareja pintada en la pared en la misma actitud de fornicio que los días pasados pero aquí él es azul y con una cara terrible y ella roja y también espantosa. El cuidador me advierte que no se puedan hacer fotografías en el interior pero es que no había visto la prohibición. De verdad. Así que me pierdo la foto del viaje: tres grandes caracolas blancas, pulidas, de las que emplean en las ceremonias para tocarlas como una trompa, sobre unos gorros rojos de esos que también se ponen en las ceremonias. Pero no se puede hacer la foto, ¡qué le vamos a hacer! Doy un paseo, veo que es un lugar apacible y hay unos cómodos bancos así que me siento a escribir un poco. Entonces aparece el único monje que hay. Lo curioso es que Pilar y Robert me explicaron que se habían encontrado un monje que hace meditación y que vivía en una casita. Como son filobudistas o budistas o mediobudistas y además creo que los invitó a merendar lo encontraron fascinante. Lo siento chicos, pero ese monje a base de estar meditando solo en una cabaña durante 3 ó 4 años se ha pasado un poco de rosca o bien que como dicen en mi pueblo “le falta un riego” y en el vuestro “li falta un bull“. Intentaré explicar brevemente lo que ha sido una charla o mejor una exposición por su parte de más de una hora. Vuelvo a la situación original. Me siento en un banco. Hay un medio sol pero muy agradable. Todo limpio y apacible. Los que quitan la hierba con la mano hacen menos ruido que una cigarra y entonces se planta ante mí el cura Dgchen. Me dice que si puede hablar conmigo e imagino que quiere practicar su inglés. O que está aburrido. Error. Quiere hablar conmigo de algo que no he logrado saber, ni cual era su objetivo a pesar de que en un momento le he interrumpido y le he dicho que a donde quería ir a parar porque yo estaba totalmente perdido. Lo que quería decirle era: “¿a dónde vas por estos andurriales mentales?” Pero, ¿cómo se dirá en inglés “andurriales”? Pero se lo he dicho claramente: ¿cuál es el fin de tu explicación? Pues no sé si tenía comienzo y me ha cogido a mitad de una disparatada elucubración mental, pero desde luego parecía que no tenía fin. En sus dos acepciones de “término, remate o consumación de algo” o bien de “objeto o motivo con que se ejecuta algo”. Pues empieza preguntándome que si había estudiado. Que sí. Y cuando arranca la lista con “biología” y antes de decir la segunda palabra le digo que sí, que biología. Y en aquel mismo momento he comprendido que algo de su cerebro no funcionaba bien. Se ha puesto a aplaudir y a reír de forma incontrolada. Y eso no es normal. Que yo me encuentro en la ermita de Santa Bárbara, conocido lugar de mi ciudad natal, con Darwin y no me alegro tanto. He ido a preguntarle algo sobre él y me ha contestado que se iba a presentar. La verdad es que no sé si su inglés era bueno o malo pues al pobre Alfred que era bueno, su inglés no él, no le entendía nada. Pues a éste algo parecido. Que se había marchado del Tibet y había venido a la India. Se había ido a estudiar budismo al sur y que ahora estaba en una casita haciendo meditación. La verdad es que de detalles nada, que se los he tenido que preguntar todos. Cruzó la frontera con 15 años y ahora tenía 30 y tantos y que llevaba 3 ó 4 meditando y que pensaba seguir así 30 años más. ¿Y el cardamomo quien lo recoge? ¿Y quien quita la hierba? No se lo he preguntado pero me han dado ganas de hacerlo. Pues ha empezado a explicarme algo de las células nerviosas, del cerebro, de la vista, de los sueños, que no he entendido nada. De lo poco que he entendido ha sido que la religión pon tiene 20 mil años de antigüedad, el budismo 2550, el hinduismo 3 mil. Luego me ha hablado de Alibaba o algo parecido aunque al comienzo me parecía que me estaba hablando de Adán y Eva. Primero estaba él de pié y yo sentado, luego me he levantado yo también. En un respiro suyo me he sentado y he intentado seguir con la escritura. Se ha sentado a mi lado y me ha hecho un numerito que también hizo a Pilar y Robert: ha hecho crujir todos los huesos de la espalda sin moverse, imagino que era toda la columna y al final todas las vértebras cervicales, que he estado a punto de preguntarle si daba masajes pero es que la contractura la tengo en un glúteo y podía considerarse un poco atrevido por mi parte. La verdad es que lo de los ruidos era un poco escalofriante. ¿Imaginas que vas la cine y el de la butaca de al lado hace eso? Sales echando leches. Pues al final se ha callado. Pero solo 5 minutos. Y entonces me dice: “¿Tienes un cojín?”. Y no sabía que decirle porque si le digo que sí, además de mentirle, igual me lo pide y si le digo que no a lo peor me regala uno y solo me falta un cojín meditador en mi equipaje. No había manera de salir. Porque aunque intentaba evitarlo él venga con lo del “cushion”. Derrotado le hago escribir la palabra: “question”. Pues no, no tenía ninguna pregunta. Y me he marchado. La próxima vez que me pregunte un “meditator” le diré que soy fresador que imagino que debe ser algo así como “strawberryness”, aunque antes buscaré en Google “los fresadores y el budismo” no vaya a tener una sorpresa. Regreso al pueblo y me voy a ver la estupa de Norbugang. Este es otro sitio apacible que tampoco he podido aprovechar. Parece ser el lugar más sagrado de Sikim pues la estupa fue construida al lado de donde Puntshog fue coronado como primer chogyal de Sikim en 1641. Al lado de la gran estupa hay un árbol que dicen fue plantado ese día y que por tanto tiene más de 400 años. También hay una construcción en piedra con cuatro escabeles donde se sentó el rey, el lama que era el gran Lhatsun Chembo Nyingmapa y los otros dos lamas que lo coronaron. Yuksom significa “punto de encuentro de los tres lamas”. Con dos sílabas mira si puedes decir cosas. El idioma yuksomiano irá bien para las parejas que se llevan mal y no quieren discutir pero sí chinchar al otro. Llega él tarde y ella le dice “ru”, que significa: “la cena la tienes en el congelador y es el trozo de pastel de cuervo que te dejaste ayer en el desayuno”. Porque hace falta tener fe sikimista para creerse eso. Y hablando de fe: en el suelo hay una roca rodeada de un pequeño cercado. En esa parte hay encima del suelo una tabla de unos 20 centímetros por 10 con una agarradera. La levantas y ¿qué hay debajo? La huella del lama antes nombrado. Que en aquel tiempo los lamas debían tener los pies como los discos de las radiales (amoladoras). En la entrada del recinto hay una escuela y el maestro me ha invitado a entrar. A mí, en principio, tanta facilidad sin pedir yo nada antes me escama un poco y he dicho que no. Total que a los dos minutos o era hora de cerrar o el maestro la ha adelantado, porque han salido los niños vestidos de seminaristas budistas y el maestro ha venido a verme. Me ha explicado que el árbol de la coronación era el más antiguo de Sikim. He estado a punto de decirle que era biólogo y que no me viniese con esos cuentos, pero después de la experiencia del meditador le he cogido miedo a esa declaración y no le he dicho nada. Se parece a lo de las 4500 especies de Pelling. Este estado tiene siete mil kilómetros cuadrados de los que el bosque cubre casi el 83%, o sea 5800 kilómetros cuadrados de un bosque denso, denso. Vamos a ver ¿quién ha dicho lo del “más antiguo”? ¿Hay alguien que se haya recorrido todos los bosques de Sikim? Quizás los mismos de la “biodiversidad” y los más de 104 ríos. ¡Anda ya! El maestro, que no me abandona, me explica que ésa es una escuela budista para niños pobres, pero que él es hindú y está pagado por el gobierno indio. Tiene 28 estudiantes del grado 1 al 4. Y venga hablarme de los donativos. Se empeña enseñarme la escuela. Paupérrima. Y que si la tienen que pintar con los donativos. Y la situación estaba poniéndose un poco molesta para mí porque nunca había tratado con un profesor mendigo profesional. Al final le digo que le daré todos los bolígrafos y rotuladores que llevo en el equipaje. Que no, que le diera el dinero y que ya compraría los bolígrafos él. Para zanjar el tema le he dicho que creía que no éramos los extranjeros quienes teníamos que solucionar el problema de la enseñanza en la India. Y encima me ha dicho que el árbol aquel era un pino. Ni hablar. Ni siquiera de la familia de las pináceas. De vuelta al pueblo paso por el CIC de Yuksom y veo su significado: Community Information Centre. Cierran a las cuatro de la tarde y cuesta como en Pelling 3,33 veces más que el precio de la hora de Internet en Calcuta, a lo peor sólo a los extranjeros y los de aquí lo tienen gratis, porque si lo que quieres es promover las tecnologías de la información y dices “si en Madrid cuesta un euro la hora pues en Seno, provincia de Teruel, voy a poner un centro oficial para promover Internet a 3,33 euros la hora”. Perfecto. Me voy a comer. Antes saco el billete de jeep para mañana.
Si vienes por aquí el mejor asiento es el de detrás del conductor, el número 6. Me lo vende una joven con un niño dormido en sus brazos: 50 rupias. El billete, no el niño. Me siento a comer y al rato se me acerca ella con el niño en brazos. Pensaba que era una mendiga pero en este pueblo no he visto ninguno, excepto el maestro de esta mañana. Se sienta en una mesa cercana y me mira de reojo. A los cinco minutos se me acerca y me dice que si tengo el billete del viaje. Se lo doy y me dice que son 40 rupias, me da 10 y modifica el precio del billete con un bolígrafo. Bien raro. Aprovecho para hacerle una sesión de fotos al niño que es muy gracioso. Breve descanso y me voy a los careros de Internet. Luego té en el hotel elegante. Hoy sigue nublado y no puedo ver el sol sobre las montañas nevadas. Estoy escribiendo y en la mesa de al lado hay dos jovencitas y un jovencito. En un momento dado tengo que intervenir en la conversación que versa si en España una marca de cerveza es “Corona” o “Coronita” que una de las chicas bebió en Madrid. Y además que esta ciudad le gusta mucho. Les digo que a mí también me gusta mucho y que la cerveza se llama “Coronita”. El es italiano y ellas suecas. Los tres muy guapos. Les digo que en el imaginario colectivo español los italianos son el arquetipo del hombre guapo y las suecas de las mujeres. Les encanta saberlo. Hablamos de las cervezas españolas y me pregunta por la San Miguel, que da la casualidad que es la única de la que me sé la historia. ¡Yo hablando de cervezas! Están en algo de intercambio en Ahmadabad y se sorprenden cuando les digo que a mí me gustó mucho la ciudad donde estuve el año pasado. Desde luego no es el lugar que guste a un joven europeo. Me despido de ellos y regreso al hotel. Y yo que creía que hoy no iba a hablar con nadie. Doy una vuelta buscando otro restaurante para la cena y lo encuentro. Es un local pequeñito donde solo hay sikimeses treintañeros, unos 4 ó 5, que aquí caben unos ocho. Sólo beben, alguno incluso whisky. Lo llevan dos jovencitas, una en la cocina y otra en las mesas. Me tomo una sopa tibetana, phaktuk, que es contundente y va bien por la noche. Me saca una tetera con agua caliente. Es agua hervida para beber. Al acabar la sopa son las ocho menos veinte. Cierran a las ocho así que empiezan a poner el sistema de cierre que es un estándar aquí: unos tablones verticales sobre unas ranuras. Como tomo notas se me acerca la camarera y las lee, o mejor las mira porque a veces ni yo las entiendo. Eso es frecuente, que alguien se te ponga al lado a ver lo que lees o escribes. Lo mismo en Internet. La interrogo: 23 años, soltera. Le digo que tengo un hijo de 30 pero no muestra ningún interés. Que dónde está mi grupo. Aquí siempre suponen que vas con un grupo de un treking. Es de Kalimpong y su padre está allí porque es médico especialista de huesos. Ella ha venido a Yuksom hace 9 meses para ayudar a su hermana que es la que lleva el restaurante. Abren desde la 6 de la mañana a las 8 de la tarde. Una jovencita encantadora y sonriente. A las ocho menos cinco suena un silbato en la calle. Es la policía que advierte que hay que cerrar. Sólo falta un tablón para cerrar totalmente el establecimiento y entran 2 ó 3 más casi corriendo. Imagino que la última copa. Regreso al hotel. Son las ocho y es como si fuesen las tres de la madrugada. Mañana a Tashiding.
En el reproductor de música oigo el aria de Mozart “Vorrei spiegarvi, oh Dio” por Barbara Hendricks. Si no durase casi 6 minutos me lo pediría como música para mi funeral.
Apuntes finales del monje.
Veo ahora en las notas que cuando le pregunté su nombre y como yo no lo entendía me escribió: “Lobsang Dgchen, a simple meditator” por si al cabo de los años se hace famoso. Intenté hacerle un retrato pero no conseguí que pusiera una cara normal pues, aunque le encantó lo de la foto, posaba poniendo cara de alucinado.

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