33. De Pelling a Yuksom.

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El 17º Karmapa, Ogyen Trinley Dorje, nacido en 1985Esta mañana me despierto antes de las 6 y decido volver a ver el aclamado amanecer de Pelling. Desde mi ventana se ven las grandes montañas así que aguanto allí hasta que empiezan a dar los primeros rayos de sol sobe el Kanchenjunga. En la terraza ya hay una señorita en estado contemplativo y luego aparece uno en estado semidesnudo buscando la ropa que tenía tendida. Debe viajar con menos equipaje todavía que yo. O es que ha subido en pijama aunque la mañana es fresca. Realmente el amanecer es una maravilla. Y si tienes alguna duda de cual es la montaña más alta en aquel momento se acaba: la que primero recibe los rayos del sol. Sube el dueño del hotel y enciende unas ramas verdes en un horno que hay en la terraza semejante a los que había en el “Observatory Hill” de Darjeeling. Luego le echa un puñado de algo que luego descubro que es harina como la que también utilizaban allí. Unas gotas de algo con un palo que hace de hisopo, breves rezos y a otra cosa mariposa. Afortunadamente estoy a barlovento porque el horno hace un humo de mil demonios. Regreso a la habitación y las habituales abluciones de los varones: pipí, afeitado y ducha. Voy al restaurante y al poco aparece la nueva española de ayer, que es la única del grupo de la cena que está en mi hotel.
Anna. Ha sido todo un descubrimiento. Una entusiasta y practicante de viajes extraordinarios. Me ha proporcionado mucha información y nos ha contado historias increíbles. No sé su edad ni voy a suponerla por si me lee y me equivoco desfavorablemente.
Historia de una suposición.
La dueña del hotel es una joven de unos 30 años que anda vagando por la recepción o larga en un sofá con cara cansada y casi siempre con mal aspecto. Ayer me percaté de que tenía tripita, vaya un poco más que tripita. Entonces le digo sonriente: “estás embarazada, ¿verdad?”. Cagada. Que no y que ya tenía una hija. Debí transformar mi sonrisa en un rictus y me fui como pude.
Sigo con Anna. Periodista en excedencia. Cuando empezó a explicar, ayer en la cena, alguno de sus viajes, y eran apasionantes, fue lo primero que pregunté: “¿qué profesión tienes que puedes tener tanto tiempo?”. Pues antes eran de un mes pero ahora estaba de excedencia un año. Ha ido en bicicleta por lugares como Paquistán, Mongolia o Australia. Y le encanta hablar de viajes. A los que nos gusta mucho este tema corremos el peligro de que al hablar parezca que somos como un pavo real, macho, que saca las plumas de cortejo. Pues no. Es pura pasión por el viaje aunque pueda parecer que alardeamos de ello. Y es fantástico cuando te encuentras con alguien así. A mí personalmente me gusta más escuchar que contar un viaje. Quizás sea egoísmo porque así me entero de cosas, trucos, recorridos que no conozco. Nos despedimos.
Después de varias planificaciones he decidido ir a Yuksom, desde allí intentaré ir a Tashiding y luego a NJP. Los últimos días son los más complicados porque tienes que ajustarte a las fechas y dejar un pequeño colchón por si surge algún problema de transporte, pero no quieres pasar ese “colchón” en un pueblo horrible. Lo que ocurre es que las ciudades que son nudos de transporte y a las que obligatoriamente tienes que ir para coger ese tren o autobús de largo recorrido que te lleva a la ciudad con aeropuerto para volver a Europa suelen ser ciudades espantosas como NJP. O sea que hay que llegar a tiempo pero no demasiado.
Para ir a Yuksom desde Pelling tengo que ir a Gayshing y desde allí coger otro jeep colectivo hasta Yuksom pasando por Pelling de nuevo, donde dejo la mochila pues me han dicho que si no cuando llegan a Pelling van llenos y no tienes plaza. Nada más salir a la calle el primer coche que pasa va a Gayshing. Al llegar allí le pregunto dónde están los coches que van a Yuksom. Que él va allí y además es el primero que sale. A lo mejor es algo habitual hacer esto o es que piensan que los extranjeros somos idiotas porque llego a las 9 y saldré a las 12. En la estación de autobuses me encuentro de nuevo con Anna que está esperando salir para Darjeeling. Adiós. Luego pienso que de todas las fotos que he hecho durante el viaje no tengo ninguna de las teresianas, ni de Pilar y Robert, ni de Elena ni de Anna. En Gayshing busco un medicamento para mi pertinaz tos. No hay forma de encontrar la farmacia pero es que venden otras cosas además de las de farmacia y también es consulta médica. Me venden un jarabe que parece que son todo hierbas. Busco algún componente químico pero me dicen que no tienen otra cosa. Le pido pastillas como caramelos para la tos. Me los saca y cuando quiero llevarme ambas cosas me dice que no, que me lleve sólo una. Honrado. Regreso a la estación de taxi-jeeps a esperar y a escribir un rato, primero dentro del coche y luego en un banco de piedra. El coche es más pequeño que los que he viajado estos días pero aún así se podrán meter 10 pasajeros y el chófer. Las ruedas delanteras están recauchutadas pero tienen buen dibujo todavía. Las traseras están lisas, lisas. El día está muy nublado pero espero que no llueva. El jeep lleva una pegatina promocionada por el monasterio de Rumtek que dice: “Al gobierno de la India. Permita, por favor, que el H. H. 17 Karmapa Ogyen Trinley Dorje pueda asumir su sede en el monasterio de Rumtek”. ¿Os acordáis del monasterio lleno de policías? Pues se ve que no sólo la CEE es un grupo de presión en España sino que los países budistas también tienen a sus obispos presionando. Estos días después de lo que he hablado con Pilar y Robert y de lo que he ido leyendo y viendo me doy cuenta de la transformación de un pensamiento en una iglesia, que le sucedió al budismo y luego al cristianismo. Primero porque no sabemos que dijeron o pensaron ni Buda ni Cristo porque todo está dicho a través de sus discípulos y después escrito a través de sus exégetas y modificado por los copistas y otros intermediarios. ¿Cómo alguien puede decir que eso es así porque lo dijo Buda o Cristo? Y además ninguno habló de liturgia que es lo que necesita un sacerdocio detrás. Viendo los ritos de los lamas budistas de esto días me preguntaba que qué tiene que ver eso con Buda. ¿Quién ha fijado el rito? Y sobre todo, ¿con qué objeto? Y al final te encuentras una pegatina pegada el parabrisas de un coche o unos señores vestidos de negro hasta los pies pidiendo en una manifestación dinero y privilegios.
Y ahora un poco de escatología, pero en su segunda acepción de “Tratado de cosas excrementicias”, la guarra, no la de las cosas transcendentes. Le pregunto al conductor por los lavabos y me pregunta si es para “short”. Que sí, que solo es para pipí. Me acompaña hasta donde hay un señor que tiene la llave de los urinarios y al que le da una moneda. Y piensas que si está cerrado con llave y encima ha pagado algo aquello estará como los chorros del oro. No recuerdo haber estado en un lugar tan asqueroso y tan nuevo al mismo tiempo. Insisto en que está cerrado. Pues hay tres dedos de algo líquido en el suelo y pienso en el que entre allí con chanclas. Para acercarte a los mingitorios hay dos ladrillos en el suelo. A pesar de que solo es para “short” alguno ha tenido alguna necesidad “large” o “long”, que no sé cuál es el antónimo en este caso, y también los ha utilizado. Un asco.
Salimos a las 12 y al cabo de media hora volvemos a pasar por Pelling donde recojo el equipaje. Lo dicho, parezco un idiota. Además hemos ido todo el viaje sólo 2 ó 3 pasajeros hasta casi el final. El paisaje es siempre el mismo, bosque húmedo con algunos campos de arroz y cardamomo. Llegamos a Yuksom a las dos y pico. Búsqueda y hallazgo de hotel y comida. Ligero paseo. Esto tiene buena pinta. Lástima que esté nublado porque habría una bonita puesta de sol. Me acerco hasta el hotel elegante del lugar para tomarme un “tea small pot”. Nada de “small” porque salen más de tres tazas. Y de repente veo que el sol está iluminando un pico nevado. Es el Kabru, un siete mil. Aunque este pueblo está dentro de un valle y no tiene las vistas de Pelling. Cuando salgo se ha hecho de noche y no se ve absolutamente nada pues el hotel está a unos 300 metros del pueblo. Siempre llevo una linterna encima. Al llegar a mi hotel compruebo que es que además se ha ido la luz eléctrica. Parece que hay cortes con frecuencia pero que no duran más de media hora. Ceno en el mismo restaurante de la comida y en el que hay bastantes extranjeros, o sea seis o siete. A las ocho cierran así que ceno de casualidad. Hoy sólo he hablado con Anna esta mañana y con una pareja de jóvenes alemanes en la comida. Prontito a dormir porque aquí no hay nada que hacer por la noche y ni siquiera podré ver la BBC porque el hotel no tiene televisión.
Viuda.
Ayer cuando iba a las ruinas del palacio me crucé en la carretera con una joven que llevaba una especie de túnica o sábana blanca. Deduje que era una viuda después de ver una preciosa y terrible película india que trata del tema de las viudas en la India. Se le veía pobre e incluso un poco trastornada. O quizás es que la pobreza extrema produce ese aspecto. Cuando regresé a Pelling la vi sentada en el suelo comiendo un paquete de patatas fritas. Pensé en cómo pasaría la noche aquella chica en un ambiente tan frío. Intento que la miseria no me afecte pero hay veces que no lo puedes evitar.

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Una respuesta to “33. De Pelling a Yuksom.”

  1. jose luis Says:

    La peli es Mother India?

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