32. Pelling, segundo día.

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El Kabru, visto desde DzongriAyer en la cena alabaron todos tanto el amanecer que hoy a las 6 ya estaba en la terraza. Esto es lo que dice la guía de las montañas que se ven, pero que yo no sé cuál es cual: “grandes vistas del Kanchenjunga (8598 m.) que parece ser más pequeño que el Kabru (7338) a su izquierda. A la derecha está el Pandim (6691) en forma de pirámide. El macizo que domina la parte delantera es el Narsighn (5825)”. El espectáculo es impresionante pero a lo largo del día se va cubriendo de nubes. Desayuno en el hotel y luego me voy a visitar el monasterio de Sangachoeling que es el otro importante del lugar y que está a unos 45 minutos por un buen camino que acaba en una empinada cuesta en construcción. No pueden llegar los coches y es una bendición porque no hay nadie excepto una pareja de ancianos occidentales con guía. En la cuesta de subida me encuentro con gente cargada de hierba. Parecen el anuncio del Polo. ¿Si hay tanta hierba por todos los sitios por qué la bajan del monasterio? Quizás a sus animales les gusta más o es gente que ha estado desbrozando algo y luego cargan con ello. Me he quedado con las ganas de saberlo. Donde acaban las obras hay cuatro mujeres picapedreras. Son bhutias. Una de ellas protege los dedos de la mano izquierda, con la que sujetan las piedras que golpean con el martillo de la mano derecha, con unos plásticos. Otra mete las piedras dentro de un aro y así ni se da en los dedos ni se escapan las piedras golpeadas. ¿En función de qué les pagarán? Sigo pensando que es un trabajo horrible. Habrá fotos.
El monasterio está situado en lo alto de una colina y es el segundo más antiguo de Sikim. Es de la orden de los Nyingmapa, como el de Pemayangtse que visité ayer, y aunque la guía dice que admite a monjas no he visto ninguna. Hay un encargadillo seglar que me dice que hay 150 monjes en este monasterio pero que están por los pueblos, gorroneando pienso yo, porque en estos lugares con tan pocos recursos que encima les caigan 150 monjes a mesa puesta…Hay también 30 niños estudiando, 2 profesores y 5 monjes viviendo aquí. El primer piso de la iglesia está muy bien. Oigo cantar en el segundo piso y voy allí. Los cantos salen de detrás de una puerta entornada pero no cerrada. Pienso, como ayer, que si quieren ya me dirán que no puedo entrar. Una gran habitación con vitrinas con los libros de rezar e imágenes de Buda y otros. En el centro un Buda azul con una señorita desnuda blanca abrazada. Aquí no pone que no se pueden hacer fotografías. Sigo el sonido del canto y llego a un cuarto donde hay un monje sentado rezando. Es una habitación con una pared con vitrinas repleta de cosas y a la derecha está sentado él. Colgando del techo un globo como los de Nivea de la playa. Es lo mismo que ayer pero sin monaguillo. Me siento al lado del monje. Es un señor mayor y enjuto que sí lee del libro de los rezos. También toca los platillos y el tambor pero como no tiene ayudante echa él mismo algunas gotas del líquido en el copón. Estoy sentado a un metro y medio de él y la tentación fotográfica me persigue. ¿Y si le hiciese una fotografía sin flash y sin clic? Así no le molestaría en su rezo y no se dará cuenta. ¡Es tan fotogénico todo! No puedo resistir más y le hago una foto. Y después otra y otra. Olvido quitar el flash. Imposible que no se haya dado cuenta. Sesión fotográfica. La pena es que como estoy llegando al final de mi viaje también estoy al final de mi capacidad de memoria fotográfica porque hoy hubiese sido para hacer un centenar. Como veo que aún le queda la mitad del libro me levanto y me voy. Cuando viajo con mi mujer y hago una de estas sesiones de fotos ella se pone un poco nerviosa y me dice cosas del tipo “no sé como puedes ser así”, con el mismo tono que si fuese un alcohólico. Pero… pues ella también se lanza al final a hacer lo mismo. Porque yo voy de viaje con un asesino a sueldo y él empieza a liquidar gente y yo le reprendo: “¿Pero como puedes hacer algo así?”. Pero lo que no hago es ponerme a matar yo también. ¿Capito?
Salgo al exterior y me siento un rato en un banco a escribir algunos apuntes. Como el señor mayor occidental quiere hacer una foto de la fachada donde estoy sentado me levanto para que la haga a gusto. Me lo agradece y tenemos un largo rato de charla. Pensaba que sin los españoles y ni la holandesa no hablaría con nadie. Son una pareja de California, Gabriela y Simón, aunque él es de origen húngaro. Aunque habla un inglés perfecto tiene algo en su acento que me recuerda a Billy Wilder. Parece imposible pero no sabe quien es. Los llevo viendo desde hace varios días. Han estado en España en Madrid, Segovia, Toledo (“¡qué bonito!”), y Andalucía. En Castilla entendían el 80% del español y en Andalucía el 10%. Una pareja encantadora.
Salen los niños de una capilla, de la que compruebo luego que tiene varios santos, un gran molino de rezos y una especie de bancos escolares. Sólo son una docena y el encargadillo les manda limpiar un grupo de estupas. Algunos llevan un trozo de hierro con el que rascan las manchas de humedad y otros arrancan las hierbas con las manos. El jefe me confirma que en el monasterio de Pemayangtse hay 300 ó 400 monjes pero que están viviendo por los pueblecitos de la zona. Que es una bendición que vayan los monjes. Así que calculo que más de 300 y los 150 de aquí son unos 500. En mi pueblo dirían que es una “pedreada”. (“Dícese del granizo cuando cae en gran cantidad especialmente en verano y destruye la cosecha de fruta. Utilízase como sinónimo de plaga o peste”). Le pregunto por lo de las monjas. Que no hay ni ha habido. Que él tiene tierras en un pueblo de por aquí y que los lepchas y bhutias también tienen, pero no los nepalíes, y que viene aquí a trabajar. Me explica muchas cosas sobre donaciones. Va y viene a ver a los niños que limpian. La última vez que hablo con él lleva una vara de bambú en la mano y me dice que la vara es “Mr. Understanding” y me sonríe. Al cabrón se la hubiese roto en la cabeza. Visto la mirada que le dirijo y que con el tema de las donaciones no me va a sacar la pasta no vuelve a hablar conmigo.
Hay un joven padre lepcha con un niño de 6 meses sentado en la hierba. Pienso en mi nieto y en que no le dejas llevarse nada a la boca. Este con medio año ya ha debido aprender pues su padre no le dice nada, coja lo que coja. La guía dice que este es un lugar estupendo para ver la salida del sol pero me parece que no vendré. También dice que hay un crematorio que utilizan los budistas lepchas y bhutias de los pueblos de los alrededores. Veo un sendero y me lanzo a buscarlo. Paso por un par de cabañas que tienen alrededor un trozo de tierra de cultivo minúsculo. Al final lo encuentro. Es como un cobertizo con cuatro columnas y techo. Sé que es un crematorio porque dice un letrero cuando empezó la obra y lo que costó. Además hay unos maderos quemados cerca. Yo lo único que he visto semejante son los famosos de los ghats de Benarés pero allí los restos los tiran al río Ganges y como cuanto más pobre es la gente menos madera emplean, menos queman al muerto y algunos van al río antes de ser cenizas. ¿Qué harán aquí? Husmeo un poco pero no veo restos por el bosque que además es muy tupido. La guía decía que había un par de crematorios y éste es muy moderno. Además el encargadillo bastardo me había dicho que los restos de algún monje muy bueno los habían enterrado en una estupa por aquí arriba así que sigo buscando más. Me meto por un estrecho sendero, pero nada. Y no encuentro a nadie para preguntarle. Hasta me parecía oler a muerto pero debía ser el olor del bosque. Encuentro una estupa antigua y deteriorada y un lugar que igual era el antiguo crematorio pero sin ningún rastro de nada y decido regresar. Creo que en Gujarat también vi uno al lado del mar el año pasado pero no recuerdo qué hacían con los restos. Me pregunto que si aquello sólo sirve para un grupo de la población que harán los demás. Cuando bajo del monasterio es más de la una. Está claro que no puedo viajar con nadie. De regreso al hotel paso de nuevo por la oficina de turismo para saber algunas cosas de los transportes públicos de la zona. Aprovecho para preguntar que hacen con los restos de los crematorios y con los hindúes. Que éstos tienen otro crematorio en otra parte y que con los restos al final sólo quedan cenizas y que los tiran al aire. Pues como te caiga una cadera o un fémur en la cabeza te vas a enterar. Pero no he querido insistir.
De las cosas interesantes que recomienda la guía me quedan las ruinas del palacio Rabdentse y decido ir a verlas. Un empleado del hotel me dice que están a 45 minutos por la carretera y que es muy fácil. Me encuentro por el camino con el San Jerónimo panadero. Me pregunta si encontré bien lo de Internet y le explico la verdad, que me perdí. Tenía que haberle mentido pues cree que fue por su culpa por el mapa que me hizo. Al rato llego a la puerta de lo que parece un jardín botánico y por donde pasé ayer cuando buscaba lo de Internet. Se pasa por un jardín y se entra en un cuidado sendero que te lleva hasta el palacio. A 450 metros antes de llegar hay un letrero que te anima a no desfallecer. Y así cada 100 metros con frases del tipo ”te falta poco y es maravilloso lo que te espera”. Lo curioso es que están sólo en inglés. Esto es un monumento nacional y depende de algún organismo oficial de Calcuta. Imagino que estando en Sikim debería estar en nepalí pero los visitantes, por lo menos hoy, son todos bengalíes y si lo escriben en bengalí los de Sikim se quejarían. Tendrían que hacer como en los billetes de las rupias que están en 15 idiomas y en inglés. Cuando estoy llegando me encuentro de nuevo con Gabriella (con dos eles, me entero) y Simón con su guía. Breve charla pero acertado diagnóstico por su parte: que está demasiado restaurado. Recuerdo que esto pasaba con Salazar en Portugal, que debió decir: ”que me los dejen como nuevos”, y veías castillos que parecían recién hechos. Nos despedimos pero quizás nos volvamos a ver pues ellos van a Yuksom y yo he decidido ir también allí. Y llegas al palacio. Fue la segunda capital del reino pues Tensung Namgyal, el segundo chogyal de Sikim e hijo de Phuntshog Namgyal llevó la capital de Yuksom a Rabdentse a finales del siglo XVII. Y nuestros jóvenes no son capaces de aprenderse lo Carlos I, Carlos II, el hechizado, y Carlos III. Si tuviesen que lidiar con los nombres de los chogyales… El lugar está muy cuidado y demasiado restaurado. Una serie de terrazas con trozos de paredes y murallas. Nada espectacular pero un lugar precioso por las vistas y su situación. En lo más alto unos depósitos cilíndricos de plástico negro para el agua. Los responsables arqueológicos no se caracterizan en este país por su cuidado estético. Un horror. En una casita tipo cobertizo los restos de lo que quedaba del palacio. Unas piedras con bajorrelieves están en el suelo apoyadas en la pared. La puerta está cerrada pero hay una ventana abierta con verjas. Así se deben ahorrar un guardia. Algunas estupas en una terraza. Cuando salgo veo un cuadro del “Centro de Interpretación de la Naturaleza” que habla de la “Biodiversidad salvaje”. Plantas en flor: 4500. Eso es falso. La biodiversidad se pone a hacer plantas diferentes en Sikim y cuando llega a 4500 le dice al ARN: “párate que ya hemos llegado a un número redondo”. Eso sólo sería verdad en una naturaleza creacionista y que además el creador utilizase una numeración decimal y que encima le gustasen los números acabado en dos ceros. O sea imposible. Orquídeas: 448. Esas sí parece que las han contado. Y además esta tierra es un paraíso para ellas. Rododendros: 36. También. Mamíferos: 144. Muchos me parecen. Porque además estamos hablando de “naturaleza salvaje” y no puedes decir “perro pequinés, perro salchicha, perro pastor, perro ratonero”…Bien es verdad que el “animal del estado” que debe ser como el oficial es el panda rojo y ése lo tienen pocos países pero luego te pones a nombrar mamíferos y te salen seis o siete, pero hasta 144…Peces: 48. Muchos también pensando que son todos de río. Picos de montaña: 28. ¿Pero que son “picos”? Glaciares: 21. Bien. Y además debe ser fácil contar. Ríos y corrientes de agua: más de 104. ¿Qué pasa que se cansaron de contar? “Hemos contado 104 y todavía no hemos acabado así que pon “más de 104”.” No me parecen unos científicos muy serios, que parece que hayan estudiado una carrera de letras. En la ida he tardado 43 minutos pero es que al final he tenido que correr para no quedar mal con el tiempo que me había fijado el pequeño sherpa del hotel. El regreso es mejor. Veo que está el panadero y paro para comprarle unos bollos. Tres rupias cada uno, pequeñitos y dulces. No tiene otra cosa. Le pregunto si vive aquí siempre. Me dice que no, que por problemas de permisos sólo puede estar dos meses y que tras unas breves vacaciones regresará a Canadá. Y yo que creía que vivía allí desde hacía varios años. “¿Y eres panadero en tu país?”. “No, profesor de biología”. Iba a decirle que se notaba pero además de que lo hace de forma altruista no iba a herirle otra vez en sus sentimientos. Y no sabía que pasaría con la panadería. Amigas teresianas-calcutanas: desde aquí os lanzo el mensaje. Una panadería os espera en Sikim. Hombre, no parece tan heroico como limpiar muertos o dar de comer a tuberculosos pero los huérfanos de un colegio os lo agradecerán y aunque no sepas mucho de repostería no te preocupes que no se notará. Llego al hotel y pregunto por una farmacia pues toso sin parar desde hace días. No hay ninguna. Mi guía que es de 2001 decía que a pesar de la cantidad de hoteles no hay ningún sitio para cambiar moneda, comprar un periódico o utilizar Internet. Y me doy cuenta de que he hablado de los monasterios pero no lo he hecho todavía de Pelling.
Pelling. Está a 1875 metros de altitud y en algunos mapas no aparece. Quizás es que no tenga la categoría de población todavía. Es una sucesión de hoteles a lo largo de la carretera. Elena, la holandesa, me dijo que había contado 68. Se divide en Pelling de Arriba o Upper Pelling, Pelling de Enmedio, o Middle Pelling y Pelling de Abajo, o Lower Pelling. Y no tiene nada. Un par de tiendecitas con cuatro cosas y más hoteles en construcción. Yo estoy en Pelling de Arriba porque es donde me dejó el transporte y además están los hoteles que recomienda la guía. Me he dado una vuelta por Pelling de Abajo y hay hoteles con bengalíes, todos con pinta de pasar mucho frío como en Darjeeling, pero en general bastante vacíos. Mi hotel está bastante lleno pero de occidentales. Cuando digo “bastante lleno” quiero decir que habrá quince o veinte huéspedes. Y si no hay farmacia que es de los servicios más abundantes en cualquier pueblo indio no quiero ni pensar en los médicos. De todas maneras Gayshing está a unos 30 minutos de coche y parece mejor surtido. Pero las grandes montañas al atardecer, hoy que se han ido parcialmente las nubes, son una maravilla. Así que ven a Pelling pero no te pongas enfermo. Vuelvo a cenar al restaurante del hotel con la esperanza de encontrarme con los compañeros de ayer. Efectivamente está Elena sentada con una pareja de sij y europea. Ella me explica sorprendida la situación tan poco habitual. En otra mesa está la pareja española de ayer con otra chica española, Anna. Me siento con ellos. Al final se nos une Elena. Somos los que cerramos el restaurante. Vamos, a las 10 de la noche. Me despido de ellos. La pareja ha sido encantadora. Ella quizás un 27 ó 28% más que él pero ya se sabe que las chicas siempre lo son más. Elena explica una historia casi de miedo.
Elena.
Tenía que comunicarse con su familia por Internet así que decidió ir al lugar que yo le había explicado. Yo fui por un camino a través del bosque que le desaconsejé, pero sí que podía ir por carretera a unos 5 kilómetros. Preguntó al salir del pueblo y se fue en dirección apuesta a la correcta. Da la casualidad que en esa dirección no hay ningún núcleo de población cercano. Cuando llevaba dos horas andando dedujo que se había equivocado y vio una casa con gente. A pesar de que habla algo de hindi no logró hacerse entender con los de aquella casa. Decidió regresar pues se iba acabando la tarde y se veía andando de noche por allí. Llegó un coche en dirección a Pelling. Lo paró. Respiró aliviada al ver que era una buena familia hindú, una pareja con una niña. Les explicó que se había perdido y quería regresar a Pelling y que empezaba a estar preocupada. Que bien que la familia también iba a Pelling. Lo mejor que le podía haber pasado. Cuando va a subir al coche le dicen que el viaje le va a costar 150 rupias. Se quedó no sólo sorprendida sino decepcionada de ver como aquellos desalmados estaban aprovechando su situación personal de miedo y desamparo. Ese recorrido podía costar 10 rupias como mucho y le pedían 15 veces más. Creo que les insultó en holandés todo lo que pudo y decidió no subir. Pensándolo fríamente 150 rupias, menos de 3 euros, te quitan la angustia y el miedo pero yo creo que hubiese hecho lo mismo. Le expliqué un sucedido que me había pasado en Roma hacía tiempo.
Historieta.
Había ido a Roma a una reunión de trabajo y el hotel estaba bastante alejado del centro. Una noche fui con otro compañero a cenar a Piazza Navona. La primera sorpresa es que en el restaurante no servían vino: habían declarado algo así como “cena seca”. ¿Por qué? Porque aquella noche Italia jugaba la final de la copa del mundo y se preveían problemas. Ninguno de los dos lo sabíamos, aunque parezca mentira. Después de la cena supimos que había ganado Italia. Los futboleros sabrán qué año fue. Las calles se llenaron de gente y la policía cortó la circulación en todo el centro. Vimos el jaleo, llegamos hasta la Piazza Venezia y salimos de la zona a la búsqueda de un taxi. Imposible conseguirlo. Llegó un momento después de mucho andar que mi compañero derrotado, y no es broma, se echó largo en un jardín y dijo que él se quedaba allí a pasar la noche. No recuerdo pero imagino que la climatología sería favorable. Conseguí arrancarle de allí y al fin y bastante tarde encontramos un taxi. “Al hotel tal”. “De acuerdo pero le cobraré tanto”. Una cantidad que era 4 ó 5 veces lo que habitualmente pagábamos. Me pagaba el transporte mi empresa pero me dieron ganas de maltratarlo verbal y físicamente. Como Elena. Pero visto como estaba mi colega le dije que de acuerdo. Por supuesto puso el taxímetro en marcha por si le paraba la policía. Al llegar al hotel le pedía el recibo por la cantidad convenida pues le dije que tenía que cobrarlo de mi empresa. Me bajé y ya desde la calle le pagué lo que marcaba el taxímetro. Si hubiese podido me hubiera matado. Se puso a gritar y a insultarme y le dije que de acuerdo que entrase en el hotel y que llamásemos a la policía. Mi compañero, Antonio, que quizás ahora sea algún afamado personaje del mundo musical al que se quería dedicar, pasó el resto de la estancia romana aterrorizado pensando que el taxista nos vería y nos atropellaría.
Así que si lo piensas bien le dices al bastardo de Pelling que de acuerdo con las 150 rupias pero que le pagarás al llegar y cuando lo haces, te bajas del coche, coges un ladrillo, que en la India son macizos, y le rompes el parabrisas. Total que Elena, después de su comportamiento heroico, decidió seguir andando por la carretera cada vez más preocupada y cuando ya se había hecho de noche cerrada apareció otro coche que afortunadamente iba conducido por una sikimesa con otro par de chicas que la llevaron hasta el hotel. Y así acabó felizmente la historia de Pelling.
Nos despedimos todos con esas despedidas europeas de besos en las mejillas cosa imposible de pensar en la India. .

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2 comentarios to “32. Pelling, segundo día.”

  1. jose luis Says:

    Eso de quedarse solo y de noche en lugares desconocidos me pasó también en India. Bajé a Almora, para conectarme a Internet un rato, después me metí a cenar en el restaurante de cristianos que me recomendaste. Se me hizo de noche y tenía que volver hasta Paparchuli, a unos 3 kilómetros por carretera. Como no me apetecía andar de noche por la carretera, más que por miedo, decidí coger un jeep compartido, pero fué imposible, ya no habían más jeeps compartidos, por lo que mi única opción era coger uno para mí solo, y claro me pedían mucho dinero, y claro al igual que ella me negué y decidí volver a pata.
    El primer susto me lo llevé cuando en medio de una oscuridad casi total, y andando por el medio de la carretera, ya que me daba miedo caerme por los precipicios que había a un lado y acercarme a los árboles que habían en el otro, me salió un cerdo “gigante” haciendo ruido con sus cerditos detrás. Vale, pensé, que todo lo que hay por aquí sean cerdos. Da la casualidad que había escuchado que había leopardos por la zona, cosa que no creía, pero que empezó a pasarse por mi cabeza. Estoy seguro que hace no muchos años los había, pero ahora ya no. Os informo que estábamos a unos 5O km. de la reserva de tigres de Jim Corbett.
    Pues con este panorama podéis imaginar como según avanzaba por la oscuridad me iban asaltando cada vez más dudas. Primero los animales salvajes, y luego la posibilidad de perderme por un tramo de bosque que tenía que cruzar para llegar hasta el sitio donde me alojaba, e incluso dudaba de encontrar de noche la salida de la carretera al hostal.
    Cuando supuse que estaba a la altura del hostal me metí por el bosque y enseguida me acojoné muchísimo porque era muy difícil seguir el sendero sin tropezar. Además empezaba a sentir el corazón más arriba de su lugar habitual. Al final llegué, pero fué un poco calvario. Todos se habían preocupado un poco por mí.
    Lo mejor empieza después, porque hablando con mi compañero de viaje recordamos que vimos a un vagabundo muy colgado por los alrededores hacía un par de días. Además gustaba de acercarse a uno y gritarle, a la vez que pedía con la mano abierta. El tipo llevaba mierda milenaria en todo su cuerpo y su cara era de terror.
    Yo me reía porque me imaginaba que podía haberlo encontrado por el bosque y con la tensión que llevaba en ese momento no se que hubiera pasado.
    Pero aquí no acaba la cosa porque aquella noche, una vez nos metimos en nuestra “habitación” empezamos a escuchar unas carcajadas que hacían eco por todo el valle, no pararon en toda la noche y eran carcajadas mezcladas con lamentos y gritos, demasiado para mis nervios. No es miedo exactamente lo que pasé, pero aquella noche decidí no separarme más de mi compañero en todo el viaje. Efectivamente los gritos eran del personaje en cuestión, al cuál vimos al día siguiente otra vez, con sus mismas historias y oliendo a putrefacción.

  2. Angel desde la India Says:

    Joseluis, ¿intentas que no vuelva a la India?

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