31. Pelling, primer día.

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Monasterio de PemayangtseLas cosas de día siempre tienen mejor aspecto que por la noche. De todas las maneras la dueña del hotel me ha prometido una habitación mejor para hoy. Desayuno en el comedor que incluso tiene una estufa encendida aunque no hace especialmente frío. Pruebo el “pan tibetano” que es como un chapati pero más grueso. Desde la calle veo las grandes montañas al fondo pero más cerca que desde Gangtok. Me voy a visitar el monasterio de Pemayangtse que es una de las atracciones del lugar. La guía dice que es un paseo de 30 minutos y que está perfectamente señalizada. Nasty de plasti. Aquí no hay macarras grafiteros que manchen los letreros pero el tiempo pasa y la naturaleza es implacable. Los letreros no duran toda la vida y la India no se caracteriza por sus labores de mantenimiento. Afortunadamente me encuentro con una pareja que va en esa dirección. Son profesores de un orfanato cercano donde me dicen que van voluntarios europeos. Hace tiempo hubo un español que se llamaba Juan. El ha estudiado español y para demostrarlo al despedirse me dice “ciao”. Por supuesto en el rato en que vamos juntos me pregunta por las corridas de toros y encima me dice que en Barcelona gustan menos que en el resto de España. O sea que se sigue predicando en tierras lejanas. Imagino que la frase sería algo así como “las corridas de toros son una costumbre primitiva y salvaje pero en Barcelona no nos gustan”. Pues a mí tampoco. Y me encanta Barcelona. Y no me gustan los propagandistas que ni siquiera eran nacionalistas porque ¿qué pensarían de los de Tortosa o de los de Bot? O sea que sólo los de Barcelona. Al despedirme me indican el camino y que luego hay letreros. Pues al llegar a la primera bifurcación no hay nada. Aparece un ángel de la guarda en forma de amable señorita que no sólo me indica el camino, sino la dirección de la siguiente bifurcación. Y así llego al monasterio. En el camino de entrada me encuentro con un anciano limpiando la cuneta o cortando hierba o quizás ambas cosas a la vez. Breve charla. Es gurung. Foto. El camino está lleno de banderas budistas verticales. Las suelen poner en cañas de bambú de más de tres metros de alto y van a lo largo de todo el mástil. Aquí es algo realmente espectacular pues las banderas suelen ser de un solo color y las hay azules, verdes, amarillas, blancas y rojas formando grupos monocolores. Una maravilla visual añadida a la gran cantidad de flores que hay en el monasterio y su entorno. Hay un montón de jeeps en la entrada con occidentales e indios pero se van cuando llego así que visito todo en solitario. Aquí en lugar de cobrar una entrada como en Rumtek o ser gratis como en casi todos, te piden un donativo con recibo. Como no tengo ni idea echo una ojeada a las visitas previas y doy de acuerdo a la costumbre. Avisan que está prohibido hacer fotografías dentro aunque luego estás sometido a grandes tentaciones. ¿Las lograré superar? Realmente es un monasterio que merece la pena.
Pemayantse significa “loto perfecto sublime” o de la manera que coloques los adjetivos con “loto”. Construido en 1705 y reconstruido varias veces, pertenece a la orden Nyingmapa. Tiene una estructura de tres pisos que se pueden visitar aunque alguna habitación está cerrada. Paredes pintadas, esculturas de las manifestaciones del gurú Padmasambhava, Budas y Bodhisatvas. Le pregunto al monje taquillero y me dice que rezan a las siete de la mañana así que si madrugo igual vengo otro día. Y quizás porque ve que le voy a seguir preguntando me dice que habla poco inglés. Oigo que rezan en el segundo piso y voy para allá. La voz viene de una habitación que está medio cerrada. Dudo pero al fin entro. Siempre están a tiempo de decirme que no. Es una habitación cuadrada de unos tres metros de lado. La pared del fondo está cubierta de armarios de cristal con figuras en su interior. Hay un cura sentado rezando en voz alta en la posición típica de loto en el lateral derecho. Me siento enfrente de los santos y con la cabeza me dice que no, que me siente también en el lateral a su lado. Me he tirado casi una hora allí. Es que es algo hipnotizante. Aunque él tiene el libro de los rezos enfrente ni lo mira, todo de memoria, o como dicen en francés, que es más bonito, “par coeur”. Con la mano izquierda sujeta un palillo curvo con el que golpea un tambor vertical y al mismo tiempo con un platillo golpea otro que está en el suelo. Con la mano derecha de vez en cuando tira algo hacia el altar. El monaguillo, un niño, siguiendo sus indicaciones va echando un líquido amarillento en un copón que rebosa sobre un cuenco. Parecido a lo que vi en Darjeeling. Llega un momento en que coge el copón y el cuenco y se dirige hacia mí. ¡Horror, ahora me tocará beber de eso! ¿Qué pensarían las higienistas españolas y más aún la francesa de ayer? Afortunadamente ha sido una falsa alarma: se para antes de llegar a mí delante de una ventana y lo lanza a la calle. Luego compruebo que esta en un lateral de la iglesia por donde paso y hay una gran mancha en el suelo. O sea que te puede caer encima porque el niño ni ha mirado ni ha dicho lo de “agua va”. Quizás piensan que por aquí no hay nadie a esas horas pero a los budistas de estos pagos les encanta dar vueltas por todos los lugares religiosos, ya sabéis siguiendo la dirección de las agujas del reloj, y a ellos si les cae quizás lo consideren una cosa bendita. El monaguillo se sienta luego entre el cura y yo y saca un desvencijado yoyo e intenta jugar con él. El cura le dirige una mirada (porque no ha parado de rezar ni un momento) y el niño acompaña el rezo también. Mira el reloj y como debe ir retrasado aumenta la velocidad de la letanía. Me sabía mal levantarme pero no sabía si aquello iba a durar cinco minutos o cinco horas, que en España antes había una actividad religiosa que le llamaban “Adoración Nocturna” en la que un grupo de fieles se quedaban toda la noche rezando dentro de la iglesia y pensando en eso me he levantado discretamente. El piso tercero tiene las cuatro paredes cubiertas de pinturas que parecen recientes. Hay cuatro o cinco paños dorados colgando de las paredes y he pensado que quizás ocultaban ventanas o armarios con los libros de rezar. Error, ocultaban figuras de Buda, o alguno parecido abrazándose a una señorita desnuda que en alguno de los casos era espectacular. Vaya, de Corporación Dermoestética después del tratamiento. ¿Qué están haciendo? Pues como estos de las religiones son tan raros no me atrevo a afirmarlo. Me lo imagino, pero por si acaso no lo digo. Que a mí lo de Adán y Eva y la manzana siempre me pareció una exageración. Se comen una manzana, que tampoco es la mejor fruta del mundo y a pasarlo mal para toda la eternidad. Que si hubiese sido una tortilla de espárragos trigueros, o una botella de Ribera del Duero o un whisky de malta, pero una manzana…Además estaba lo del “árbol del bien y del mal”. Conforme iba llegando a la adolescencia imaginé que había habido algo de sexo, pero los escolapios no me sacaron nunca de la duda. Pues aquí igual y no me atrevo a preguntarle al cura taquillero si Buda y la señorita tapada están haciendo lo que me imagino. Doy una vuelta por el monasterio y me siento al sol a escribir un rato. Viene a verme el monaguillo. Tiene 11 años y me dice que en el colegio o quizás en el monasterio hay 2 lepchas y 24 tibetanos aunque luego otro niño me dice que él es serpa así que no sé si a esos también los cuenta o no. Me pide la guía para hojearla y de golpe tengo alrededor a una docena de niños. Veo al taquillero y le pregunto cuantos monjes viven allí: quinientos. Creo que es un error de interpretación mía y se lo hago escribir. “500”. No me lo creo. Quizás sean todos los monjes de Sikim y me parecen muchos. O todos los de esta orden en todo el mundo. Le he insistido en lo de los mojes en este monasterio pero no ha rebajado ni uno: quinientos.
Lo dicho, el sitio merece la pena, es precioso y apacible, lástima que no se puedan hacer fotos en el interior. Perdón, quería decir que no se deban hacer fotos en el interior. De regreso a Pelling encuentro en la carretera un horno del que había una información en el monasterio que decía que el dinero que sacaban de allí era para el orfanato. Entro a preguntar por el camino del CIC, siglas desconocidas para mí, pero que es el único lugar con internet en la zona. Es que los profesores de los huérfanos me habían dicho que el camino para ir al CIC empezaba enfrente de la panadería que está a un kilómetro del pueblo, más o menos. El panadero es la viva imagen del santo de “Las tentaciones de San Jerónimo”.Un canadiense alto y enjuto con una gran barba. Muy amable me dice que sí, que ése es el camino y me dibuja un mapa. Dejas la carretera y te metes en una pista que pronto se transforma en un camino por el bosque. A pesar de que el mapa estaba bien adolecía de lo que todos los mapas hechos por gente que conoce el camino y dan por supuesto que no hay bifurcaciones dudosas. Me he perdido cuatro veces. En una de ellas he aparecido en un instituto de investigaciones agrícolas y en otra dentro del jardín de lo que debía ser la casa del gobernador comarcal pues había policía y coche oficial. Así con pérdidas y preguntas al final he salido del bosque y he aparecido en una carretera y al final en el CIC. Resulta ser el centro administrativo de toda la región. Y efectivamente había internet pero si no encuentro otro medio de llegar hasta aquí no volveré. El teclado tiene una tecla de “dormir” donde está en otros lo de “suprimir” y pongo a “dormir” al PC cada dos minutos. Aprovecho para preguntar si éste es el sitio para ampliar el permiso de 15 días que te dan para entrar en Sikim pues se me acaba dentro de cuatro y no sé cuantos días estaré todavía. Unos amables policías escriben en esos librotes gordos e inútiles y luego se lo llevan a firmar al jefe que debe estar muy ocupado o artrítico porque tarda una eternidad. Salgo de allí dispuesto a volver andando por la carretera pero da la casualidad que a uno que le pregunto es el pasajero de un jeep colectivo de gente que está allí resolviendo asuntos y que pasa por Pelling. Me dice que suba y me siento al lado de una medio loca sherpa. Me dice cosas a voz en grito en inglés para que todos sepan que habla inglés y luego se las dice a su hermano en nepalí, imagino. Después se lanza a una discusión a propósito de mí con un funcionario que también sube en el coche y que intenta hablar conmigo. Regreso al hotel y suculenta comida. Como es un poco tarde estoy solo en el comedor. Entra un joven israelita que se quita las botas al sentarse. Me pregunto si en un restaurante de Tel Aviv también hacen lo mismo y a lo mejor es una costumbre ancestral y ya se sabe que contra eso no se puede luchar. Entran dos más y forman un grupo tan ruidoso como los que me encontré en Darjeeling. Quizás se pueda englobar dentro de lo que sería la “algarabía semita”. Al final de la tarde doy un paseo hasta la oficina de turismo. El muchacho que la atiende da todo tipo de explicaciones y además me hace un mapa manuscrito de la zona y me incita a viajar por ella. Hay una pareja de jóvenes esperando que resultan ser españoles y también no tan jóvenes como parecen. Sigue la charla con un paseo y acabamos cenando en mi hotel pues tiene el restaurante más acogedor. Están relacionados con la obra de San Vicente Ferrer y son muy aficionados a la fotografía. Así que entre el tema del voluntariado y el fotográfico charlamos hasta las tantas que en Pelling son las 10 de la noche. Durante la cena se nos une la holandesa de ayer. Se llama Elena Madera de Roble, en holandés. La conversación es muy divertida con una mezcla de inglés, castellano y de vez en cuando con palabras como “barretja”. Yo a esta holandesa le tengo mucho respeto porque ayer al rato de conocernos me preguntó si era algo así como el jefe del grupo de los franceses. Seguramente captó mi mirada a la loca recoge-boñigas. Luego cuando estuvimos hablando si era antropólogo, que es una de las profesiones que me hubiese gustado ser en mi vida. A partir de ahora tendré que tener cuidado con el asunto del budismo porque él, Albert, es filobudista y muy conocedor del tema. Aprovecho para preguntarle si era posible que lo que me había parecido que había entre Buda y la señorita era algo más que amistad y parece que es algo de budismo tántrico y de una especie de orgasmo que no sé si es infinito pero sí de horas. O sea infinito. Realmente estoy confundido. Yo pensaba que Buda después de haber dejado de ser el príncipe Siddharta de sexo nada de nada. Bueno, como digo, confundido estoy. Creo que también Elena está confundida con nuestra conversación y le explico que los españoles siempre acabamos (o empezamos) hablando de sexo aunque sea a través de Buda. Me explica que en Holanda los hombres sólo hablan de fútbol. No iré a ese país o si voy sólo hablaré con señoras. Por cierto, que ella ha estado esta mañana en el monasterio formando parte de un grupo en un viaje por la zona y ha visto los trapos que cubrían a Buda y no los han levantado porque les han dicho que estaba prohibido mirarlos. A ver si he cometido un pecado budista.
Madres.
El último día en Gangtok vi a una joven occidental vestida o disfrazada de monja budista. Ya debe ser una putada que una hija tuya decida ser monja pero que además venga a un monasterio de Sikim…Pues allí estaba su madre con ella. Seguro que su padre se ha quedado en Milán maquinando alguna venganza para liquidar al que la captó. A veces no hay culpable fuera del propio sujeto pero es mejor pensar que tu hija o hijo ha sido engañado. Pero la madre no. Ella estaba al lado de su hija en Gangtok. Porque además si te explican lo de Cristo y tal aún puedes seguir el hilo del argumento aunque no estés de acuerdo y entender de qué te hablan, pero si te sueltan lo del gurú Padmasambhava y su manifestación como el gurú Dhakmar no me extraña que el padre esté buscando un sicario. Aunque siempre tienes la esperanza de que un día recobre la razón y de que tú vivas lo suficiente para verlo.