28. Viaje al norte de Sikim, cuarto día.

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El monasterio de PhodongThanggu y regreso. La diana a las 5 y media y una sorpresa. Ha estado nevando durante la noche y amanece todo blanco. Peor todavía: sigue nevando aunque ligeramente. Empezamos con un desayuno estupendo, mejor “empiezo” porque Alfred decide seguir con su gachas con agua. A mí me han ofrecido leche fresca de yak. Insisto en lo de “fresca” porque generalmente la leche es en polvo. La de yak es más espesa que la de vaca y buenísima. Y cuando ya pensaba que habíamos acabado, una tortilla. Igual de fea que la de ayer y es que las hace el guía tamang. El británico está realmente asustado. Que si la carretera estará nevada, que habrá hielo, que él ha tenido una furgoneta y que es muy peligroso. A mí me van a contar lo de la furgoneta que he tenido una más de 10 años. Lo que me preocupaba es que el tiempo empeorase y nos tuviésemos que quedar allí varios días así que prefería regresar. La carretera se veía sin nieve, el coche tenía tracción a las cuatro ruedas y los neumáticos no estaban mal.
El plan de hoy era ir a visitar el valle de Chokta pero para eso había que subir más y ya estábamos a 4200 metros y además había muy poca visibilidad. Así que sugerí que era mejor empezar a bajar y regresar a Gangtok aunque no viésemos el valle esperado. Alfred se sintió aliviado y les dijo a los chicos que era una decisión “anglo-española”. Después del fantástico desayuno y la “sabia” decisión de regresar surgió el siguiente problema: el coche no arrancaba. No he visto una cosa igual en mi vida. Han puesto un hornillo de petróleo, como los que había en España en los años 50 y 60 en las cocinas en la transición del carbón al butano, debajo del coche en la parte trasera. No sé si calentaban la transmisión o el depósito de gasóleo, pero han estado un buen rato allí. Tanto que uno de los guías se ha tomado un té debajo del coche. Luego el chofer ha abierto el capó y ha echado por encima del motor una gran olla de agua hirviendo. Y así ha arrancado. Todo ese proceso ha retrasado algo la salida.
Al salir del pueblo y pasar por delante de un cuartel recogemos a un soldado sij de 22 años que llevaba más de un día esperando que alguien le llevase hacia Gangtok. Visto el trasiego de camiones militares que hay en esta zona pensaba que para ellos debía ser fácil el desplazamiento pero no debe ser así. Cuando empezamos a bajar desaparece la nieve y aparece la lluvia durante un rato. Paramos con frecuencia para hacer fotos, casi siempre a petición mía aunque Alfred también se apunta luego. Sigo sin entenderle y los chicos menos todavía. Como tienen previsto llegar a comer al mismo restaurante en donde estuvimos cuando veníamos y eso será sobre las 2, deciden que tomemos té en una parada de control de la policía. Con el desayuno que nos hemos metido, un cristiano aguanta hasta la cena, pero digo que bien, que paremos a tomar un té. Allí solo tienen galletas y al británico le apetecen unas samosas, que son unas empanadillas grandes rellenas de patata. Se las van a buscar. En general ha estado todo el viaje un poco exigente. Yo diría que más que exigente, impertinente. Desde luego no es la persona con la que yo atravesaría el Sahara. Los guías se desvivían por complacernos y él siempre quería algo que allí no había. Se ha apalancado en el asiento delantero y no se ha movido de allí. Yo, por si habían visto la película de Alatriste y creen que todos los españoles somos así, no de guapos, sino de resistentes y austeros he intentado dar la imagen.
Conforme íbamos bajando, el bosque alpino se transformaba en bosque húmedo tropical con esas grandes formaciones de bambú que le dan ese aspecto tan especial. A veces la flor de pascua (Euphorbia pulcherrima) pero de 2 ó 3 metros de alta y la que llaman “costilla de adán” (Monstera deliciosa) formando una planta enorme trepando por los árboles. Una preciosidad de paisaje. En una de las paradas en que había unas colmenas silvestres enormes que se forman en las paredes rocosas del bosque, Alfred ha decidido sacar el trípode. Vista que la cosa iba para largo le he dicho al chofer que yo mientras tanto iba bajando andando por la carretera y ya me recogerían más delante y así vería tranquilo el paisaje y haría las fotos que quería sin tener que parar el coche. La verdad es que tardaron mucho rato y estaba empezando a preocuparme porque el chofer no hablaba mucho inglés. Y quizás me estuviesen esperando pero había bajado una gran cuesta y decidí seguir andando hacia delante. Cuando al fin llegó el coche el guía estaba muy preocupado porque había tenido miedo de que me hubiera pasado algo. Que allí la gente no era de fiar. Le pregunté por qué y me dijo que es que no habían ido a la escuela. No se lo expliqué pero los mayores bastardos que he conocido en mi vida habían ido todos a la universidad y el más miserable si no había ido lo parecía.
Paramos a comer en el sitio previsto. A mitad de comida aparece una pareja de americanos. Ella lleva una Canon reflex digital y él una Leica también digital. Alfred considera que son de su categoría fotográfica y se pone a hablar con ellos como un descosido. Quizás si hubiese aparecido una pareja de españoles yo hubiese hecho lo mismo y es que creo que el pobre se ha sentido un poco solo, pues con los guías no hablaba y conmigo las conversaciones duraban poco y siempre las empezaba yo, pero es que le preguntaba por cortesía “que tal estás” y en lugar de responderme la fórmula del manual o sea “fine” me lanzaba un discurso que quería decir que le dolía mucho la espalda. La conversación más larga que tuvimos fue la del “calastro” y la menos fructífera porque a pesar de todas sus cualidades no volveré a tomar esas gachas si hay otra cosa. Pero viendo su afán de hablar con los recién llegados me dio un poco de pena por lo solo que debió haberse sentido.
Una de las paradas finales del regreso era el monasterio de Phodong que además de estar recomendado por la guía también me lo alabaron mucho las españolas teresianas. Después de una buena subida estaba todo cerrado. Unos jóvenes novicios nos dijeron que el monje que tenía la llave se había ido. Y así llegamos a Gangtok donde dejamos al soldado sij que seguro que no ha hecho un viaje en su vida con tantas paradas. Regreso gozoso a mi hotel. Me voy a internet y luego a mi restaurante tibetano favorito. Como son las ocho de la tarde, aunque es sábado, sólo hay una mesa ocupada con un grupo de jóvenes bebiendo cerveza. Yo también pido una pero con un problema moral mayor que la vez anterior: la cerveza me cuesta el doble que la cena. En el grupo de los jóvenes no hay ni una sola chica. Al pagar la cuenta me percato que hay un letrero que dice que este restaurante está hipotecado con el banco tal. Es como si entrases en España en una casa, vaya, en casi todas las casas, y dijera en letrero: “esta casa tiene su hipoteca con La Caixa”. Le pregunto si el restaurante es del banco o suyo. Parece que ya ha pagado la hipoteca pero el letrero sigue allí. Regreso al hotel donde me encuentro con una cama de verdad.
Consejo para un viaje al valle de Yumthang.
Si te llevas una botella de agua que esté muy llena o que sea una botella que has traído de España porque las que venden aquí son muy flojas y con las subidas y bajadas, los cambios de presión acaban reventándolas.
Datos prácticos.
Una rueda de coche tamaño todo terreno pero tipo normal cuesta 4300 rupias, unos 80 euros lo que es bastante caro para la India. El litro de gasoil 25,25, un poco menos de medio euro. Sacar el carnet de conducir 5000 rupias, unos 90 euros y un mes de tiempo. No sé si será fácil convalidarlo pero con lo que cuestan en España te vienes aquí y en un mes te lo sacas y encima estás de vacaciones en un sitio precioso. Y al volver si metes la pata puedes decir: “Es que yo me saqué el carnet en Sikim, ¿sabe agente?, y allí conducen por la izquierda.”

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5 comentarios to “28. Viaje al norte de Sikim, cuarto día.”

  1. jose luis Says:

    Yo estuve un tiempo enganchado a la leche en polvo, jajaja. Me encantaba mezclarla con los chais. Añadía tanta leche en polvo al té que se formaba una especie de “mouse” deliciosa. Fué haciendo un trekking, y sucedió porque estaba tan aburrido de los chais, que pensé en variar su fórmula. Además los dejaba enfriar y estaba más rico todavía. Mi navaja me servía de batidora, cuánto más tiempo batía, mejor era el resultado.

  2. Angel desde la India Says:

    Joseluis, afortunadamente no te encontré en ese treking porque eso de batir la leche con una navaja debe dar un poco de miedo cuando se la ves hacer a otro y encima tienes que pasarr una semana con él.

  3. jose luis Says:

    Pues, recuerdo llevar tenedor, pero supongo que a mi espíritu aventurero le pegaba más lo de la navaja. Eso sí, no llegué al afeitado salvaje.
    Y si, hubieses sufrido mucho porque éramos dos los que batíamos a golpe de cuchillo. Además los linguos siempre estaban cerca, y convenía no descuidarse mucho, sobre todo porque nuestro lomo y nuestro chorizo parecían atraerlos.

  4. Antonio Says:

    Hola Angel :

    Por fin he encontrado un hueco para escribirte ,
    Sikim tiene que ser muy muy bonito , pues ya lo creo que nos gustaría ir con vosotros.
    Lo del militar tiene una explicación , como en España , si se va de permiso no puede subir en vehículos militares , pues estos solo son para el personal de servicio, aunque como en todo siempre caben prevaricaciones.
    Esta claro que ese pobre no tenia buenos enchufes

  5. Angel de la India Says:

    Ya veo que siempre hay alguna explicación para las conductas militares aunque a los civiles se nos hace cuesta ariba entenderlas porque aquel pobre chico llevaba más de 24 horas esperando en aquel lugar inhóspito y te encontrabas siempre vehículos militares por la carretera. Como tú dices no debía tener enchufes.

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