29. Gangtok, ultimo día.

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Un thangka del Namgyal Institute of TibetologyDespués de las precariedades de Thanggu he decidido quedarme un día en Gangtok y en mi querido hotel a descansar. De verdad que después de lo del “hotel” de ayer esto parece el Palace. Yo nunca he estado allí, pero tengo una amiga que sí estuvo, no sé si pernoctando o con algún amor o sólo tomando café, pero me explicó que el papel higiénico era de dos colores. Vaya, un lujo. Yo cuando estoy en situaciones así me acuerdo de algo menos lujoso pero que en aquel momento no lo hubiese cambiado ni por papel como el arco iris: una ducha en el desierto del Sahara después de un día duro de viaje. La ducha estaba en un cuartucho pero eso del agua dulce mojándote… Pues como los lavabos del Palace. Una maravilla.
Volviendo a Gangtok. Desayuno como siempre en la terraza frente a las montañas, pero me estoy un buen rato. He decidido no hacer nada en todo el día. En las mesas de al lado hay un grupo de una docena de personas también desayunando. En algún lugar cercano suenan unas trompetas. Me levanto a mirar y uno del grupo me señala de donde procede la música. Son unos monjes budistas situados en una terraza. Parece que se ha muerto alguien allí y están haciendo una ceremonia fúnebre. Sigo charlando con el informador. No sé si es un guía o un pariente del resto. Él es de aquí pero los demás son de Calcuta y se incorporan a la charla. Son de origen chino y bastantes de ellos católicos. Me dicen que en un templo cercano al hotel va a haber una ceremonia a la una porque viene un gurú de Birmania con ese fin. He entendido que ellos venían de Calcuta por eso. No sé que pintan los católicos. Imagino que también harán turismo. Me invitan a un panecillo y a una pasta que no puedo rechazar a pesar de que estoy esperando mi tortilla. Me insisten en que vaya a lo del gurú. Imagino que será a “verlo” porque como hable en chino, en birmano, en nepalí o en bengalí no voy a poder seguirlo y tendré que hacer como cuando voy a los entierros, que es la única ceremonia a la que asisto, que me levanto y me siento cuando lo hacen los demás. Imagino que algún día, si vivo lo suficiente, empezaré a asistir a entierros laicos y tendrán que inventarse unas normas fúnebres aunque a lo mejor las copian de “A dos metros bajo tierra”. Que ya está todo inventado.
Sigo un buen rato en la terraza. Son momentos muy agradables del viaje. Echo una ojeada a los hoteles de Pelling, mi próxima etapa. Del que elijo dice la guía que es “quaint”. Lo busco en el diccionario y significa “raro, típico, pintoresco, anticuado”. ¿Cuál será la traducción exacta? Cuando vaya lo sabré. La verdad es que me había propuesto no moverme del hotel pero creo que eso sólo lo podré hacer cuando esté enfermo. Quizá tenga razón Alvaro Pombo que decía que la moraleja de su novela “la fortuna de Matilde Turpín” era que la acción nos hace libres contrariamente a lo que se dice que es la vida contemplativa lo bueno. Así que me voy a mirar lo del viaje de mañana. Me habían dicho que sólo había jeeps compartidos pero que salían muchos a lo largo del día. Me voy a la parada para no tener sorpresas mañana. Resulta que sólo hay uno a las 7 y media y otro a las 12 y media y que por tanto hay que comprar el billete hoy porque además te dan ya el número del asiento. Por el plano que me enseñan vamos 10 pasajeros y el chofer. O sea 2 delante con él, 4 en la segunda fila y otros 4 en la tercera. Como el viaje que hice al venir desde Darjeeling. Luego me voy a ver una estupa que recomienda la guía. Te parece que esto es como en Zaragoza cuando preguntas por el Pilar que todo el mundo sabe donde está. Pues no. La estupa de Do-Drul a pesar de que es enorme y de que es fácil pronunciarlo hay mucha gente aquí que no tiene ni idea de ella. Así que te toca preguntar más veces. Y eso que buscaba gente con aspecto de buenos budistas. Pues nada.
De camino paso por el Namgyal Institute of Tibetology. Te cobran la entrada pero el ticket es una postal. No está mal y si eres budista debe estar muy bien pues es un centro de investigación del budismo Mahayana. Hay una colección de thangkas y de estatuas de Buda y de objetos de culto muy interesantes. Descubro con sorpresa unas oraciones en alfabeto lepcha. O sea que además es una lengua escrita. ¿Cuántos sabrán hacerlo hoy? Un tamborcito de esos que tienen forma de yoyo hecho con cráneos humanos y unas trompetas con tibias. El letrero que los acompaña dice que es para recordar al que los toca la muerte y la impermanencia. Esta palabra la traduzco directamente del inglés “impermanence” que es lo que parece en el letrero. Busco “impermanencia” en las definiciones del Google y solo me aparece en portugués: “possui dois aspectos: a impermanência grosseira refere-se às mudanças visíveis; a impermanência sutil reflete o fato de que nada pode permanecer idêntico a si mesmo, ainda que pelo momento mais curto imaginável.” Por si no tenías claro de qué iba la cosa. Volviendo a los instrumentos musicales. Imagina a la Orquesta Nacional o a la Sinfónica de Berlín, que son unos 150, saqueando el osario de un cementerio. Porque no todas las tibias servirán ni sonarán igual. ¿Y cómo las afinarán? ¿Serán mejor las de chica para los saxos sopranos y las de varón para los saxos tenores? Toda una ciencia. Afortunadamente les da por el metal y la madera. Pero dado el fin moral unido a un instrumento de trabajo se me ocurre que para pensar en la muerte y en la impermanencia los teclados de ordenador sí que podrían estar hechos de huesos humanos. Todo el teclado sería muy difícil pero solo las teclas sí se podrían hacer con trocitos. También el ratón. Las pantallas no, que ya no son de materia sólida, solo plasma y líquido y con esos componentes no se puede pensar en el más allá. En una sala del piso superior una exposición de fotografías, casi todas antiguas, a la mayor gloria de la monarquía de Sikim. No me ha gustado que me hiciesen descalzar igual para el museo que para la exposición. Yo que soy partidario de la ley de reciprocidad creo que habría que hacer igual con todos los visitantes indios en Europa. Entran en una iglesia, pues a descalzarse. Van al Prado o al Louvre, pues lo mismo. Porque no me vale decir que en el museo había imágenes de Buda porque en el Prado también hay muchos cristos y vírgenes. Por cierto que he descubierto en esta visita que Buda nació de una virgen, como también Krishna. Es curioso como las religiones vuelven siempre con las mismas leyendas, que como algo literario es muy bonito pero el que luego te lo tengas que creer ya es otra cosa. Hace tiempo oí una leyenda de un grupo americano precolombino donde una virgen había sido fecundada por un rayo de sol cuando se bañaba desnuda y el hijo que había tenido también había sido algo extraordinario. Preciosa historia.
Hoy se celebra el cumpleaños del Gurú Nanak y es fiesta nacional. No sé si porque es domingo o porque aquí hay pocos sijs, al margen de los militares, no se nota nada especial. Cojo un taxi colectivo para regresar al centro. Ya sabéis que para mí cuando logras viajar en el transporte público en una ciudad ya te has hecho con ella y te empiezas a sentir cómodo. Me voy a comer al restaurante en el que cené con las españolas. Siempre me pasa lo mismo. Leo algo de la carta de lo que entiendo el componente principal, o sea el sustantivo, pero no conozco el adjetivo. Hoy era queso con algo. Lo pregunto, vuelvo a entender lo del queso y el resto de la explicación como si fuese marciano. O lepcha, que para mí es lo mismo. Estaba buenísimo. Regreso al hotel y me tomo un té en la terraza aprovechando la puesta de sol. Hoy está algo nublado pero se está muy bien. Hablo con una pareja de alemanes por si han ido a Pelling para que me recomienden un hotel pues como estaré varios días me gustaría que fuese algo como éste. Que no han estado. Se van ellos y aparecen los chinos de por la mañana. Menos mal que el que me ha invitado al rezo no estaba porque no he llegado a tiempo y además no estaba muy seguro de ir porque igual de repente dicen que “el español ése que venga y que lea la epístola” o algo así. Que una vez nos nombraron en una iglesia de Kinshasa repleta de fieles y todo el mundo mirándote y tú has ido como a ver un documental pero ellos están por la religión. Vas pero en plan anónimo. Pues estaba en la terraza a punto de irme y empiezan a oírse unos ruidos como si los chinos-calcutanos estuviesen echándose pedos. No me he atrevido ni a mirar pero he pensado que quizás era una costumbre ancestral aunque como no paraban estaba un poco incómodo. De repente se echan a reír porque a ellos también les debía parecer algo así y resulta que los ruidos venían de donde el muerto de esta mañana que eran otra vez los monjes tocando unas trompetas que parecían ventosidades, nunca mejor dicho. Desde luego no podrían pensar que era yo porque estaba situado a sotavento, pero lo he pasado mal. Un rato a Internet y vuelvo al hotel para cenar allí, cosa que no he hecho ningún día a pesar de que la guía recomienda su restaurante, que se llama “oyster” no sé qué. Lo de “oyster” es ostra en inglés pero quizás signifique alguna otra cosa además de molusco bivalvo porque lo de las ostras en Sikim no lo veo nada claro. Y menos como especialidad. Como es domingo y ha sido mi día de reposo le pido al camarero una cerveza. Que no puede ser porque es “día seco” y si me la sirven les pueden poner una fuerte multa. Cuando pasa el gerente le pregunto si es por ser domingo. Resulta que lo son todos los días de luna llena y algún otro del calendario lunar. Eso de las religiones y sus prohibiciones cada día lo entiendo menos. ¿Qué tendrá que ver la impermanencia con la cerveza y la luna llena?
Ha sido un día tranquilo, sin historia y sin sorpresas. Una maravilla.
Nueva palabra.
Labio leporino en inglés es “harelip”, que uno de la casa real sikimesa, no sé si el chogyal o su hijo, lo tenía y en los retratos siempre se fotografiaba por el lado “bueno”.
Sueño.
Esta noche he soñado por primera vez en todo el viaje. Estaba en una sucursal del BBVA y llevaba en la mano un expediente de esos llenos de hojas dentro de una carpetilla amarilla. No sé como se me ha caído al otro lado del mostrador. Le pido a un empleado que si me lo puede dar. Y el cabrón me pregunta que si tengo permiso de trabajo, a mí que estoy en el paro. Afortunadamente cuando iba a saltar el mostrador y darle su merecido al bribón me he despertado.

Una respuesta to “29. Gangtok, ultimo día.”

  1. jose luis Says:

    Joder Angel, qué sueño más chungo.

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