25. Viaje al norte de Sikim, primer día.

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Río TeestaUltimo desayuno en la terraza del hotel. El bombayano me dijo que hoy llegaba al hotel el dueño, que era amigo suyo y además gobernador del norte de Sikim, que imagino debe ser como un gobernador provincial. En Turquía también me alojé una vez en un hotel cuyo dueño era el gobernador de otra provincia cercana. Y parece que los hoteles de estas características están siempre bien. Se podría hacer una guía mundial de hoteles con propietarios gobernadores. ¿Tú no la comprarías? Este hotel desde luego ha sido uno de los más limpios en los que yo he estado nunca en la India. Me voy a la agencia de viajes. Allí conozco a mi compañero. Británico como me dijeron. Le pregunto si habla español pues, aunque los británicos son el país más monolingüe del mundo, es frecuente que te encuentres a alguno que ha estado en la Costa del Sol y sabe decir “paella” y “cerveza”. Si son americanos saben decir “señorita” y “buenos días”. Pues éste nada de nada pero habla polaco. Claro que su familia es polaca y él se llama Pedrovitch o algo así. Entonces le digo que si le llamo Pedro y me contesta muy serio que no, que le llame Alfred. Claro, es que debe ser Alfred Pedrovitch e igual cuando era niño en el colegio le llamaban “pedro” y a lo peor en inglés eso suena fatal, como “manzanilla” o “acerolla” y es que los niños pueden ser muy crueles. Los de la agencia me piden que si me pregunta cuanto he pagado que diga bastante más, que es lo que ha pagado él. Así lo haré pero me siento un poco incómodo y espero que no me pregunte nada. Me dicen también que vamos a llevar dos guías en lugar de uno. ¿Por qué? Pues porque Pedro, quiero decir Alfred, está enfermo y necesita a alguien que le lleve la mochila. Hombre, así está bien que pague más, porque yo también soy un hombre blanco pero me llevo mi equipaje siempre. Hay hoteles en los que tengo que sostener casi una batalla con eso. Llego y un renacuajo que mide la mitad que yo se empeña en cargar con mi equipaje. Y no lo consiento. En este caso aún me parece poca la diferencia. Total que en este coche vamos: el conductor, que se llama “ML” como si fuese un rapero de Queens y que es hindú de Siliguri, Tashi, que es el guía que conocí ayer, lepcha de 19 años, Zigmee, de 24 y casado con una niña de tres años y que yo pensaba que era lepcha pero que es tamang, otro grupo étnico de Sikim y que habla tamang como no podía ser de otra manera, Alfred y yo. Al salir de la agencia me colocan una especie de bufanda amarilla de raso que parece que da buena suerte en este tipo de viajes. Muchos coches las llevan atadas a la parrilla del radiador. Alfred se la quita a los 5 segundos. Yo por no hacerles un feo la llevo todo el día. Alfred parece realmente enfermo. Le pregunto y me dice que es que está tomando antibióticos y además tiene algo en los dedos de la mano y he notado que no respira bien. Lleva viajando seis meses por la India. Bueno, más que viajar viviendo. Creo que me ha dicho que ha vendido el piso, se ha comprado una buena cámara fotográfica digital y se ha venido aquí. Quiere vender las fotografías. No sé si sabe mucho o no de este tema, pero para hacer las fotos siempre tomo yo la iniciativa, pero es que al pobre le cuesta hasta bajar del coche.
El coche es un todo terreno, pero aquí llaman “jeep” a todos sean de la marca que sean. Aunque no es muy viejo es un poco cacharro. Tiene tres filas de asientos y dos filas más en los laterales en la parte del equipaje. En toda la parte posterior solo lleva lona. Bastante incómodo. Caben 12 ó 14 pasajeros pero si son indios se pueden meter hasta 20 así que nosotros vamos francamente anchos, aunque las piernas van justillas.
Comenzamos el viaje, sabiendo la dirección y pensando en el movimiento del sol elijo el asiento de la izquierda de la segunda fila. Alfred se sienta a mi lado, los guías al lado del conductor y el equipaje detrás. Al poco de salir ya reclama el desayuno. Paramos en Tashi Point, un precioso mirador para ver las montañas y que además recomienda la guía. Realmente debe encontrarse mal porque lleva un forro polar y un anorak encima y yo voy con una camisa de manga corta. No, no soy de Sestao, es que con el sol se está muy bien. Cada vez que paramos uno de los chicos coge la mochila con el material fotográfico de Alfred y entonces caigo que eso es lo que he hecho todos los años con mi mujer en los viajes, excepto en el último a Camboya que se ha pasado a un equipo digital ligerito. Estos fotógrafos siempre necesitan un criadico que cargue con todo. Y yo era ése. Pero como el británico está soltero (me lo ha dicho un guía) tiene que buscarse a alguien que se lo lleve. Y aquí vuelve a suceder lo que pasó en el tren a Darjeeling: yo tengo una vista maravillosa y él pegado a la roca todo el rato. Y así reclama un poco molesto ir delante al lado del chofer. Los guías como están acostumbrados a ir tres con el chofer delante pretenden ir así pero Alfred los manda detrás conmigo. Así que hago el resto del viaje al lado del tamang y el lepcha que afortunadamente son delgaditos. En la carretera hay muchas obras, algún desprendimiento y gente trabajando. No es comparable a las carreteras por las que habíamos viajado antes por el Himalaya. De vez en cuando vuelvo a ver a mujeres que de una piedra considerable hacen grava con un martillo. No sólo es un trabajo duro e imagino que mal pagado, es que es un trabajo inútil pensando en cualquier maquinaria machacadora de grava, aunque así solucionan un problema social sigue siendo horrible. Lo he visto muchas veces pero me sigue impresionando, cabreando y entristeciendo.
Esta excursión debe ser un clásico entre los indios pues hay varios jeeps haciendo el mismo recorrido que nosotros. Cada vez que hay una cascada se paran a verla y a hacer fotografías. Nosotros paramos en una de nombre bonito: “Seven Sisters Fall”. Parece que en lo alto se juntan siete arroyos y dan lugar a la cascada. En un momento del viaje cuando hablamos de la situación personal y familiar con los guías, Zigmee, el casado, me pregunta si me he casado por amor o por acuerdo. Al pobre le he hecho repetir la pregunta varias veces y no es que lo dijese mal es que cuando me preguntan por algo que está fuera de mis esquemas mentales tardo en entender por donde va la cosa. Le contesto que “por amor” y él, muy contento, me responde que él también. Le pregunto si su mujer es también tamang y me dice que hindú. Que la vio en la organización donde venden artesanía y donde estuve yo comprando, que le gustó mucho nada más verla. Que le preguntó cómo se llamaba y ella le contestó que no se llamaba pero él insistió y le dijo que le gustaría verla todos los días en aquella ventana. Bueno, una bonita historia de amor. Le pregunto si viajan por aquí muchos españoles. Pues precisamente el domingo acompañó a un grupo de cuatro españolas al lago Tsomgo. Ya veis, queridas voluntarias teresianas-calcutanas, que aquí se os recuerda. A veces nos cruzamos con algún jeep que lleva un cartón de huevos atados encima del capó. Lo he visto otras veces en Gangtok. Imagino que será el sitio menos peligroso del coche. Los guías intentan complacernos siempre y en una de las paradas de control de la policía compran unas frutas y nos ofrecen. Las había visto antes pero nunca comido. Me dicen que se llama “gova”. Es como un injerto de manzana y membrillo, un poco soso. Alfred las rechaza y se compra y bebe tres paquetes de zumo. Me dice que esa fruta que me estoy comiendo sabe como a un urinario. No hay equivocación con la palabra porque estamos al lado de unos. Yo nunca me he comido un urinario pero él sabrá. Resulta que el zumo que se está bebiendo es de lo mismo: guava. Luego me dice el guía que si tengo diarrea que me coma cuatro y se corta. O sea que es astringente. No quiero entrar en la guerra de los antónimos ni con el británico, ni con el lepcha ni el tamang. Pero os lo dejo como truco de viaje.
El paisaje es precioso. Vamos por las laderas de los valles y al final acabamos cruzando el río Teesta. Viéndolo se entiende un anuncio turístico de Sikim: “descenso del río de aguas blancas”, y es que baja con tanta fuerza que a veces toda la corriente es blanca de espuma. Se ven grandes picos nevados y siempre un bosque muy denso. La naturaleza es preciosa pero no veo medios de subsistencia de esta gente. Unos pequeños campos de arroz y nada más. El cardamomo de Sikim tiene fama por su calidad pero no he logrado saber si lo cultivan o es salvaje y lo recolectan del bosque. Un guía me ha enseñado una planta en una parada pero ésa era salvaje y para mi ornamental, como las que venden en los viveros.
Cuando estamos cerca del destino cogen a unas chicas que estaban haciendo autostop. ¿Son lepchas? No. ¿Son tamangs? Tampoco. Claro, serán nepalíes. No, que son gurungs. ¿Y qué lengua hablan? Parezco tonto. Pues el gurung. Tendré que estudiar los diferentes pueblos que viven por aquí.
Llegamos a nuestro destino con la sorpresa de que no es donde me habían dicho en la agencia. Según hablé con ellos desde Gangtok íbamos a ir a Mangan, centro del distrito norte y de allí siguiendo el río Teesta hasta Chungtang. En este lugar se divide en dos valles que van en la dirección norte sur. Uno va hacia el valle de Yumthang , a la derecha, que suele ser el nombre genérico de la excursión, con Lachung como punto de referencia, y otro ramal, el de la izquierda, va hacia Thanggu con Lachen como otra referencia. Y aunque suenen casi igual me dijeron que se dormía la primera noche en Lachen y esto es Lachung. Y me dicen que sólo visitaremos este valle, el de la derecha, que es donde está Yumthang. A mí me da lo mismo pero creo que otra vez confirmaré el itinerario antes de subir y es que nunca sabes lo suficiente. El hotel, en principio, no está mal. Es sencillo pero limpio. Los guías no paran de sacarme té mientras estoy escribiendo el borrador en el comedor esperando la cena. A Tashi, el guía lepcha, lo tengo a mi lado. Estoy oyendo en mi reproductor de música a Marin Marais y como él me había dicho en el viaje que le gustaba mucho la guitarra le dejo escuchar a Ray Cooder en “Paris Texas”. Se queda como hipnotizado.
Así que el viaje será más corto pero espero que igual de placentero aunque como hoy hemos llegado casi de noche no he podido ver nada de Lachung. Escritura de borrador hasta la cena. Como estoy tosiendo mucho -lo hago desde Darjeeling- Tashi me trae una bufanda de esas rizadas que casi parece una boa. Me da un poco de vergüenza pero me da pena decirle que no y me la pongo. A la hora de la cena aparece Alfred con aspecto muy desmejorado. Se ha quedado dormido y baja un poco atontado. La cena ha sido muy buena. Al final parecía que le iba a dar algo al británico pero se ha recuperado. Charlamos un poco pero no me saca de la duda de si se puede decir o no “cloudiest” pues hoy ha sido el día más nublado desde que estoy en Sikim. Ya veremos si puedo dormir esta noche pues he tomado demasiado té. Por cierto, la fórmula según Tashi: dos litros de leche por un litro de agua, té, jengibre y cardamomo. O sea que haces tres litros. ¿Para cuanta gente lo calculará?
NB.
Alfred y Pedrovitch son nombre supuestos pero el personaje es real.

2 comentarios to “25. Viaje al norte de Sikim, primer día.”

  1. LUIGI Says:

    Angel, y lo que tú gozas haciendo de criader de tu mujer! a eso que dices…no hay placer más grande en esta vida que hacer lo que crees que tienes que hacer por una persona a la que quieres de verdad.

  2. Angel desde la India Says:

    Eso parece de Confucio, por lo menos.

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