24. Gangtok, cuarto día.

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Sello de 1949 de la India En el desayuno se me acerca el bombayano de ayer (¿habrá un libro con la lista de los gentilicios más importantes del mundo?). Me explica sitios preciosos del norte. Todos fuera de los límites. Además solo los conoce de oídas. Siempre te recomiendan sitios que no han visitado y a los que no puedes ir, porque aquí hay lugares que si estás solo aunque fueses a una agencia de viajes no te lo pueden organizar. Tienes que ser por lo menos dos, aunque antes se necesitaba ser cuatro por lo menos, pero esto lo han suavizado. Me dice que Natunla, el paso que hay después del lago donde estuve, es muy bonito. Le vuelvo a explicar que allí no puedo ir ni acompañado y que no entiendo por qué. Su explicación: hace un par de años fueron dos extranjeros sin permiso. Hubo una avalancha de nieve, los sepultó y que como no sabían quienes eran…vaya una trola seguida de una tontería porque no dejan ni acercarte. Es bastante general en los indios que cuando te quejas de alguna situación rara, jamás se ponen de tu parte. Tienen pudor de criticar nada de su país.
Como la posibilidad de ir al norte se va complicando decido preguntar por el sitio más lejano al que puedo ir yo solo con transporte público y dentro de los límites. Paso por la oficina de información turística, por una agencia de viajes, una estación de autobuses y una parada de jeeps colectivos. Al final tengo suficiente información pero es bastante desalentadora porque todo resulta bastante complicado. También paso por la oficina de correos para enviar un par de postales. Este país es capaz de fabricar una bomba atómica y no logran hacer sellos de correos que peguen. Te venden el sello y le pasas la lengua (¿cómo lo harán las de Teresa de Calcuta, a partir de ahora “teresianas”?. Seguro que se han comprado algún artilugio en España, importado de USA y fabricado en Indonesia para estos casos en que metes en sello por un lado y te sale con la saliva ya puesta). Pues como si intentases pegar una piedra de río. En todas las oficinas de correos tienen algún tipo de pegamento para estos casos. Aquí un engrudo que parecía un potaje de garbanzos. El aplicador-removedor era un bolígrafo sin tinta, o sea como un esqueleto de bolígrafo. Pero tenía tantos grumos y tan gordos que el sello flotaba por encima de la postal. Cuando ya había acabado he visto como los hacían los indios: cogen un poco de engrudo con la yema del dedo índice y lo pasan por el sello o por el sobre porque los sobres tampoco pegan. El resto que les queda en el dedo se lo limpian en la parte inferior del mueble donde esta colocado el engrudo. Como en mis pesquisas de los transportes me he ido alejando del centro he acabado bastante lejos, así que vuelvo con un taxi colectivo. Muy bien y barato. Como en esta ciudad no hay autobuses urbanos todo el mundo los utiliza. Entro en un centro de artesanía de Sikim. Hay unos tarros de guindillas en los que dicen que son quizás las más picantes del mundo. Hay textiles hechos con pelo de conejo, la famosa lana de angora. Una vez compré un chal precioso de ese material para un regalo pero no me atreví a decírselo porque igual le daba repelús.
Como en el restaurante habitual y pido algo típicamente tibetano que no había probado: “thenthuk”. Como no tengo ni idea de qué es le pregunto al camarero si es muy picante. “¡Qué va, si sólo son fideos!” Aquí la gente si no hay mesa libre se te sienta en la tuya pero sin decir ni mú. Así hoy se me acoplan dos jóvenes. Cuando me sirven el plato, que es una sopa espesa con trozos cuadrados de pasta, lo empiezo a comer y pica como un demonio. Encima los jóvenes se sorprenden que me lo coma así y me dicen que me tengo que poner una salsa muy picante. Claramente para los indios la comida tibetana debe ser como el arroz con leche. Al pasar por la agencia de viajes de todos los días me dicen que tiene un grupo para un viaje mañana al norte de cuatro días. Que hay un británico, y una pareja formada por una colombiana y un francés. Es curioso porque cuando estaba llegando me he cruzado con una pareja que hablaban en castellano y ella parecía sudamericana. O sea que eran ellos. Pero a él no parecía gustarle el viaje porque se quejaba de que le dirían las montañas que tenía que ver. Veremos si son ellos y si a pesar de lo que oí les gusta hacerlo. Digo que de acuerdo y me voy al hotel. Al regresar pago el viaje y me dicen que salimos a las 9 de la mañana. Son tres noches con regreso la tarde del cuarto día. Y habiendo ya pagado me dicen que al final iremos solo el británico y yo que es lo que quería evitar porque si no congenias con el otro pueden surgir problemas, pero ya está hecho. Me presentan al guía que es un jovencito lepcha. ¡Y yo que creía que ya no existían! Me voy a Internet y a cenar al restaurante de siempre. Pido otro plato tibetano, “bhakthuk”, que es como el de la comida pero con la pasta como si fuesen alubias blancas. Son las 7 de la tarde y debe ser la hora oficial de cenar porque está lleno. Los reservados también y veo una de sus funciones: beben algo de alcohol sin que los vean. Me sorprende ver en uno de ellos a un monje budista con un joven bebiendo cerveza. A algunos jóvenes al acabar la cena, con la cuenta les sirven un cigarrillo. No sé si es cortesía de la casa o lo pagan aparte pero es el restaurante con más fumadores de todo el viaje. Vuelvo a Internet de nuevo pues no sé si estos días por el norte me podré conectar. Auna, mi proveedor de pago de correo electrónico, vuelve a sorprenderme. El año pasado en Turquía me dieron de baja por un error suyo y además de no poder conectarme a mi correo durante varios días me borraron todo lo que tenía guardado. Ahora es ONO y tiene una pantalla de recibimiento tan elaborada (tan mal elaborada) que en una hora (60 minutos) no he podido ni escribir la dirección y contraseña. Seguramente la línea es lenta, pero otro correo y éste gratuito ha tardado un par de minutos. Y eso, insisto, que es de pago. Seguramente hay suministradores peores y con el servicio técnico más malo pero no los conozco.
Consejo gratuito para la Dirección de los Correos indios. O como se llame el organismo. El método para conseguir que los sellos peguen. Haces correr el bulo (aunque a lo mejor es cierto) de que los sellos de Pakistán pegan con solo aplicarles la saliva. El primer ministro se entera e inmediatamente ordena que todos los sellos indios de correos también se peguen. Porque si son capaces de enviar un misil o hacer explotar una bomba atómica al día siguiente de que lo hagan los paquistaníes, el fabricar un sello debe ser coser y cantar.

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2 comentarios to “24. Gangtok, cuarto día.”

  1. jose luis Says:

    Como está la zona de turistas, y qué tal para hacer trekkin? aunque según cuentas no debe ser fácil, con tanto permiso.
    En Delhi ví a dos jóvenes monjes budistas entrar en un Pizza-Hut.

  2. Angel desde la India Says:

    Es ideal para el trekking pero hay que llevar por lo menos botas. El resto se puede comprar allí. Vi una tienda con ropa de montaña muy bien surtida en Tibet Road, por si te decides a ir. Por supuesto, mientras no cambien las leyes ,debes hacerlo con una agencia y un grupo.

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