22. Gangtok, segundo día.

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Logotipo de la BRODesayuno frente a las montañas en la terraza del hotel. Uno de los mejores momentos del día. Esta noche hemos pasado de tres horas y media de diferencia horaria a cuatro y media. Hablo de esto con el australiano padre que a pesar de lo del antónimo de laxante no me guarda rencor. Me despido de ellos. Luego, una breve charla con una pareja de belgas flamencos que conocí ayer. Me cambio de habitación. En este hotel me he cambiado cada día. Tiene tres cosas que me encantan: el cuarto de baño, la limpieza de la cama y que la hacen con dos sábanas y la terraza. No es como el de las españolas pero está muy bien. Como es domingo voy al mercado del que la guía dice que está especialmente animado hoy. Imagino que cuando se editó debía estar a nivel de la calle, pero ahora han hecho un edificio de cuatro pisos y terraza y no debe ser lo mismo. El primer piso, el más interesante y animado, es donde están los vegetales. Lo curioso es que huele a vegetales. Son pequeñitos como los habitantes: patatas, berenjenas, tomates, hasta las coliflores son pequeñas. La mayoría de los vendedores tiene aspecto mongoloide y cuando ves a uno que parece indio es algo exótico en este ambiente. Algunas mujeres con zarcillos de oro en la nariz. Casi todas con caras inexpresivas pero de vez en cuando aparece alguna vendedora cuya cara podría ser portada de una revista. Hombre, no son como las de Corporación Dermoestética, pero es que no sé de donde sacan a esas chicas. Hay puestos con pescados secos con esos olores a salazones que te despiertan el apetito. El resto de los pisos tienen ropa y apenas clientes. Arriba desde la terraza una vista magnífica de la ciudad. Unos niños juegan al críquet. También lo había visto en Darjeeling lo de utilizar las terrazas para jugar. Hay que ser muy hábiles para no mandar la pelota a la calle. Juegan con unas palas hechas con cualquier madera. Me piden que les haga fotos. Aquí para eso no hay ningún problema. Las escaleras del mercado están llenas de manchas del “pan” escupido. En una avisan que esta prohibido escupir bajo multa de 50 rupias. Saliendo me encuentro con unas niñas pequeñas y les hago “la foto” del viaje. En la calle hay letreros que indican el mercado del pescado, el del pollo y el del vacuno. Voy al del pescado y no está mal. Hay media docena de puestos con el mismo pescado de río, una especie de barbo grande. El método de cortarlo es diferente: tienen un gran cuchillo curvo como clavado en la mesa y cortan las piezas en rodajas hacia fuera cogiendo el pez con ambas manos. Después me voy a ver algo que es la primera que veo en la India: una carnicería de vacuno pero como las de España. A veces había visto tiendecitas pequeñas en la calle pero nunca en plan grande. En los mostradores nada de terneros, son animales muy grandes. Hablo con el carnicero y le pregunto si es musulmán. Me dice sonriendo que sí. Empieza a deshuesar una cabeza y le saca un ojo. Le pregunto si se come, se ríe de mi ignorancia, me dice que no y lo tira al suelo. Desde luego no es para estómagos delicados, pero no está mal. Hay fotos de todo. Me pregunto que si han venido aquí las españolas qué tipo de desinfectante habrán utilizado y si se habrán puesto mascarilla y botas de ésas que se ponen para entrar en los reactores atómicos. Me voy a comer a un restaurante tibetano al lado del mercado que he hecho mi restaurante habitual. Rollitos de primavera vegetarianos. Son enormes y rellenos de espaguetis. Como es domingo me premio con una cerveza. Tengo un problema moral porque cuesta lo mismo la bebida que la comida y eso que en Sikim los impuestos sobre las bebidas alcohólicas son menores y encima la fabrican aquí. Por la tarde me voy a visitar el monasterio Enchey. Aunque no está lejos del hotel hay una buena subida. Le pregunto el camino a un uniformado. Como lo veo amable le pregunto también si es policía o militar pues lleva un uniforme caqui. Resulta ser policía de Sikim. Me dice que los policías de este estado deben ser del mismo estado. Y percibo algo que debe ser una norma habitual: las policías autonómicas deben tener algo en su uniforme que sea una excentricidad. Y no es algo de tipo histórico como en la guardia civil, porque guste o no el tricornio era algo habitual cuando se creó y entonces no era una excentricidad aunque ahora se haya quedado un poco anticuado. Pero es que a éstos les han puesto una especie de plumero encima de la cabeza que sí es bastante ridículo Ahora que todas las policías del mundo simplifican sus uniformes, que creo que hasta los del FBI han dejado de utilizar esos gorritos tan ridículos como los que llevaban Fran Sinatra y Dean Martin en sus películas y los de la CIA ya no llevan las Ray Ban, las policías autonómicas siguen con algún distintivo ridículo o excéntrico.
Cuando llego al monasterio los monjes están rezando. Entro y me siento. Hay media docena de occidentales sentados en un lateral con una manzana delante. Se ve que les va esto por la forma en que están sentados y lo respetuoso de su proceder. Me pongo en otro lateral en que solo hay un par de novicios soplando de vez en cuando en una caracola y otro par con trompetas enormes. La ceremonia es bastante curiosa sobre todo por el sonido. Rezan una especie de letanía y de vez en cuando tocan tambores, una especie de oboes y trompetas largas. En eso sigo a Harold Bloom: es una música graciosa pero no se puede comparar con Schubert. En una gran mesa delante de Buda colocan una especie de tabletas de mazapán. Espero que las repartan al final. Uno de los monjes de la trompeta me sonríe. Empieza a comer una manzana y en ese momento le toca soplar, no puede hacerlo con la boca llena, me río, me ve reír y se ríe más y casi se atraganta el pobre. Le dice a un novicio que me dé una manzana. Me la como también como ellos. Cuando acaba el acto, el de la trompeta al pasar por mi lado me da un paquete de galletas. Debe ser que me ha visto comer con apetito, pero el turrón o lo que fuese se lo han llevado. A lo peor era de yeso o de jabón. Al salir del templo trabo conversación con un indio. Es de Kerala, uno de los estados del sur. ¿Y qué está haciendo aquí? Pues trabaja en el BRO, Border Road Organization, que son las siglas que se ven continuamente cuando viajas por las carreteras de montaña del norte de la India. Aprovecho para preguntarle si es una organización militar. Que es “paramilitar” me ha dicho, pero eso en castellano significa otra cosa porque él quería decirme medio militar y medio civil. Tiene la familia en Kerala y va a verla cada 6 meses. Eso es algo habitual y terrible en este país. Vuelvo al hotel donde escribo un rato. Aparece la pareja de belgas e intercambiamos impresiones e información. Después me voy a cenar y me encuentro con las voluntarias españolas. Me despido de ellas pues regresan mañana a Calcuta. Imagino que ahora me tiraré un montón de días sin hablar con nadie en castellano. Ha sido muy agradable este encuentro.
Información musical.
Los jóvenes que tocan la trompeta larga empiezan uno detrás del otro y así siempre esta sonando una de las dos. Soplan como locos, para herniarse, vamos. La parte final ancha está apoyada en un artilugio con ruedas y cuando acaban la ceremonia resulta que el instrumento es telescópico y se queda en nada.

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5 comentarios to “22. Gangtok, segundo día.”

  1. LUIGI Says:

    Angel, mira que si le haces atrangarse al religioso…menuda faena.
    Lo que yo creo es que te querían introducir en su misticismo hacíendote comer la manzana de “¿adán?”, o a lo mejor es que realmente temieron por tu delgadez (y la verdad es que con el tipo que tienes no me extraña!)

  2. Angel desde la India Says:

    No se me había ocurrido lo de la manzana de Adán pero si hubiese sido Eva quien me la hubiese ofrecido…

  3. jose luis Says:

    ¿Has estado en Kerala? Creo que es muy limpia y tiene una especie de gobierno autónomo muy peculiar.

  4. Angel desde la India Says:

    En Kerala estuve pero hace bastantes años. Ahora no tengo ni idea de como está la situación allí.

  5. José Luis D. Says:

    Yo he estado en Karnataka, el sur de India me resultó más suave que el Norte y la comida deliciosa.Espero volver

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