10. Calcuta, cuarto día, 2/2.

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El puente de HowrahSacrificio ritual.
Estoy dentro de la tapia exterior del templo pero en la parte que esta al aire libre y a un par de metros del lugar de la ceremonia rodeado de muchísima gente porque además es un lugar donde no paran de ir a rezar. Llega un fiel con su familia y una cabrita negra en la mano. Parecen sonrientes pero es que a lo mejor todas las cabras tienen esa expresión facial. La meten en un habitáculo pequeño con un señor que imagino bramán y no sé si la bendicen o qué le hacen porque no se ve. La sacan al exterior y la lavan un poquito con agua del grifo, sobre todo el cuello. Hay dos pares de maderas en U clavadas en el suelo. Allí la gente reza, toca las puntas de las maderas con las manos y con la cabeza. Cogen a la cabrita y le meten el cuello en esa U que tiene algo más de un metro de alto. Así la cabeza queda trabada dentro de las maderas. Entonces uno de los oficiantes estira fuertemente de las patas traseras con lo que la cabrita se queda en horizontal al suelo y con el cuello totalmente estirado. El otro oficiante, el que entró en el habitáculo, con una especie de gran cuchillo curvo le pega un tajo en el cuello y la decapita. La sangre que mana del cuello la echan en unos cuencos de los que desconozco el fin pero intentan que nadie los coja. El cura matarife pone una gotita de sangre en la frente de cada uno de la familia y limpia con un poco de agua el tajo del cuchillo. El agua que cae la recoge la señora del de la cabra en un frasco donde hay mas agua. El dueño de la cabra sale del templo con la cabeza en una mano y el resto del cuerpo en otra. En la tapia exterior hay unos matarifes, que creo que ya no son curas, que desuellan al animal y lo despiezan, echando los trozos en un saco de plástico grande que sostiene el oferente. El despiece de la cabeza es lo más espectacular pero no lo voy a describir por si me lee alguien con el estomago delicado. Aunque no había ningún letrero en el exterior del templo de que estuviese prohibido hacer fotos los despiezadores no me han dejado hacer ninguna, e incluso querían que no estuviese allí, cosa que obviamente no he hecho. Dado que la gran parte de la población es vegetariana no sé que harán con la cabrita despiezada. Quizás se la regalen a algún amigo cristiano, musulmán o sij, pero vista la higiene del proceso yo no sé si aceptaría el regalo. Ultimo detalle: donde decapitan al animal forma parte del templo aunque este al aire libre y como siempre hay mucha gente rezando y tocando as maderas en U, se llenan los pies de sangre. Ya sabéis que en los templos hindúes, sijs y musulmanes hay que ir descalzo. Y en casi todos los budistas. Paso la mañana en el templo entre la multitud (está hasta la televisión) y regreso a sacar el billete de tren para cuando tenga que volver a Delhi.
En una casa de cambio me preguntan si soy ruso. Que no. Que si soy francés. “¿De dónde crees que soy?” “Yugoeslavo”. Para matarlo, ahora que ya no existe ni el país. Le digo que casi y ya sonriente acierta: “checo”. Así que me he ido “checo” y con los euros, porque encima no me ha dado el cambio que quería. Se me olvidaba decirlo: también se regatea el cambio.
Después de conseguir el billete regreso hacia el hotel y paso por un restaurante que recomienda la guía. Dice que aunque ya no es lo que era, que el pollo “saag” es sublime. Como es Santa Kali decido entrar a pesar del elegante vigilante de la entrada. Es uno de esos restaurantes que tanto gustan a las clases medias indias: con una buena refrigeración y con una mala iluminación. Realmente tiene muchas bombillas pero como aquellas de la posguerra que no se veía nada. Recuerdo que en mi casa cuando había cortes eléctricos mi padre sacaba un candil de carburo y aquello sí que era luz y no la de las bombillas. El pollo “saag” era realmente muy bueno. Camareros uniformados, maitres… No sé si será de buena educación en la India pero he dejado el plato como una patena. Descanso en el hotel y vuelvo al salón de té que descubrí ayer. Entonces veo la utilidad de llevar el gorro de ducha los camareros de los pasteles porque aquí no lo llevan y en mi pastel de chocolate (es Santa Kali) ha salido un pelo. Lo he apartado cuidadosamente pero cuando he acabado con el pastel ya no estaba. Imagino que el chocolate hirviendo será bactericida. La única duda que tengo es si los pelos pueden llevar priones porque ya os acordareis que estos son proteínas y solo se les puede destruir quemándolos. Si fuera amigo del doctor Badiola (¿Qué habrá sido de el? Cuando la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, aparecía en la tele todos los días y ahora aunque será igual de sabio, como si no existiera), le preguntaría por el peligro de haberme comido ese pelo con chocolate. De allí me voy a escribir a Internet.
Otra vez un montón de españolas. Cuando llegan a este sitio hablan a gritos como adolescentes aunque todas andan de los 25 a los 35 años. Rápidamente se suben a un altillo donde hay camisetas y otras prendas étnicas. Hoy la pregunta estrella ha sido: “¿han llegado las camisetas de las tallas grandes?”. Pues en el altillo se pueden tirar toda la tarde. Vuelvo a pasear por la zona del mercado donde es una locura de gente y de monumentos a Kali. Y creo que la chica del IWCA no lo tenia muy claro porque la gente compra como en Diwali, engalana las tienda como en Diwali, en algunos comercios los dueños y empleados hacen ceremonias como en Diwali y en la calle no paran de tirar cohetes, ¿no será Diwali?

2 comentarios to “10. Calcuta, cuarto día, 2/2.”

  1. LUIGI Says:

    que interesante el sacrificio de la cabrita pero que espeluznante!

  2. Angel desde la India Says:

    De todas maneras mejor el sacrificio de la cabra que el de los primogenitos como quiso hacer Abraham con Isaac.

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